Un poco entrado en viernes ya pero ¡aquí estoy! No os iba a dejar sin capítulo después de la que se avecinaba con el anterior... ¬¬D Como no quiero haceros esperar, aquí os dejo con la lectura. ¿Qué va a pasar con el pequeño frasquito rosa? ¿Será al fin la definitiva...?


El azul de sus miradas se enfrentó durante unos eternos segundos. En aquellos ojos imbuidos de Mako, Rufus pudo leer perspicacia. Aun así, Cloud parecía reticente a responder. Se limitaba a observarle desde una amplia distancia, receloso y hastiado. Shinra comprendió que esa noche no podría intentar manipularle o jugar con él. Le convenía convencerle. Necesitaba hacerle confiar, sin tretas ni artimañas, sin hacerle irritar como otras veces. Todo lo que hiciera falta para poder reducir esa distancia hasta la longitud de una mano.

Rufus cortó el contacto visual y se dirigió al mueble bar, del que sacó una botella y sendos vasos, valiéndose sólo de la mano derecha. La zurda permanecía en su bolsillo. Llenó ambos recipientes hasta la mitad y alzó uno hacia el ex-SOLDADO, ofreciéndoselo. Cloud no había variado ni su postura ni su expresión. Por unos segundos no pareció que aquello fuera a bastar, pero finalmente levantó un pie y caminó hasta Shinra. Rufus permaneció con la bebida alzada hacia él, sin decir nada. Pero cuando llegó a su altura, Cloud no tomó el vaso; se limitó a clavarle una mirada fría. Rufus ladeó la cabeza.

—Vamos, Cloud —suspiró—. Si quisiera envenenarte, no usaría un licor tan caro. —Acto seguido se llevó la bebida a los labios y tomó un sorbo delante de él.

Se lo volvió a ofrecer. Tras un instante de cavilación, el ex-SOLDADO se dignó a aceptarlo. Rufus cogió el otro vaso, lo golpeó contra el de Cloud y bebió. Al cabo de un momento, éste le imitó.

Al contrario de lo que seguramente esperaba, el presidente no insistió en su comentario. Ya había hecho su oferta, ahora simplemente aguardaba a que Cloud accediera o no, compartiendo tranquilamente un trago con él. La mano izquierda de Rufus seguía dentro de su bolsillo. La distancia entre ambos era aún demasiada y con los reflejos del ex-SOLDADO no alcanzaría ni a alzar la mano antes de que se la parara. Necesitaba hacerle bajar la guardia.

—¿A quién soltarás? —inquirió Cloud de repente.

Su voz sonó rasposa. Sus brillantes ojos se clavaban sobre Rufus con intensidad. El presidente contuvo las ganas de sonreírse, expresándolo sólo a través de su mirada.

—Dímelo tú.

Le dio la espalda y se dirigió al conjunto de sillones que decoraban un extremo del despacho. Eligió el sofá grande de tres piezas para sentarse, cruzado las piernas y lanzándole desde ahí una mirada con la que le invitaba a acompañarle. No sin reticencia, Cloud acortó la distancia, dejando entre ambos la mesa de café y observó a Rufus desde arriba. Parecía buscar en él algo que no atinaba a encontrar. ¿Soberbia? ¿Burla? ¿Trampas? Por algún motivo desconocido, no las encontraba. Parecía la primera vez que mantenía con Rufus un encuentro normal, como si no tramara nada. No podía estar más equivocado…

—Red XIII —murmuró.

Shinra detuvo la copa antes de que tocara sus labios para lanzarle a Cloud una mirada de sorpresa.

—¿El perro? —inquirió alzando una ceja. Sin embargo, su tono no sonó despreciativo. Hablaba con una voz neutra, igual que aquella vez, la primera noche que le llevó a su dormitorio. Cloud le devolvió una fría mirada, a lo que Rufus se apresuró a rectificar— De acuerdo, no… No tengo nada que decir. Es sólo… que, después de lo de Valentine, creí que sería tu primera elección.

Cloud también lo creyó. Y en un principio, iba a decir su nombre. Pero necesitaba enfocar las cosas de un modo práctico. Y cuando se paró a pensar, Red acabó siendo la mejor opción. Él podía encontrar a Tifa y Yuffie dondequiera que se hubieran ido a refugiar. Además, no olvidaba que, pese a su edad y su forma de comportarse, Nanaki era aún un adolescente. De todos los que restaban, sería quien peor lo estaría pasando. Y así, de paso, le libraba de las garras de Hojo, quien ya había puesto sus ojos sobre el cuadrúpedo tiempo atrás… Quién le decía a Cloud que Rufus no acabara devolviéndoselo al científico.

Vincent podía esperar. Era fuerte, inteligente y pragmático; y sabría mantener la paz entre Cait Sith, Cid y Barret, de ánimo más fácil de calentar. Le necesitaba con ellos aún.

—Muy bien. ¿Estás seguro? —inquirió Rufus mirándole por encima de su bebida. Cloud asintió. Shinra terminó su copa de un trago, tras lo que dejó el vaso sobre la mesa de café, hasta ahora sólo ocupada por el tablero de ajedrez. Cloud le imitó, apenas habiendo probado dos sorbos del suyo. Rufus se acomodó entonces mejor en el sofá, apoyándose en el reposabrazos y reclinándose plácidamente en el respaldo— Ven —le llamó con voz queda.

El ex-SOLDADO tensó el gesto. Comprendió lo que venía ahora. Pero, carente de otra opción, rodeó la mesa que los separaba y se acercó a Rufus, topándose con sus rodillas. El presidente le observó entero desde abajo antes de alzar la mano, tomando su muñeca por encima de la esposa y tirando sutilmente de su brazo. Cloud, confuso al principio, le costó entender qué quería, hasta que se vio obligado a subir una rodilla al sofá y a apoyarse con la otra mano en el respaldo, extendiendo el brazo sobre la cabeza de Shinra. Con cuidado, Rufus sacó su zurda desnuda del bolsillo y la llevó a la cintura de Cloud, atrayéndole, sin dejar de mirarle a los ojos. Lenta y pacientemente, consiguió que el ex-SOLDADO apoyara sendas rodillas en el asiento, flanqueando sus caderas. Cloud le observó celoso mientras Rufus acariciaba con sendas manos sus costados arriba y abajo, arrastrando la tela consigo y desnudando su cintura.

La inquietud de Cloud comenzaba a hacerse patente. Y no sin motivos. A juzgar por cómo había sido el último encuentro entre ellos, no era sorprendente que se sintiera amenazado. Pero Shinra deslizó unos dedos suaves y cuidadosos por su cuerpo, masajeando sus tensos músculos para relajarle. El ex-SOLDADO parecía un gato a punto de saltar. Despacio, Rufus estiró el cuello y acercó sus labios al pecho del joven depositando en él un beso delicado. Pudo escuchar sus latidos. Con la misma calma, subió una mano hasta su nuca y le instó a agacharse un poco, obligándole a doblar las rodillas; pero Cloud todavía se resistía a sentarse sobre las piernas de Rufus. Estaba rígido como una tabla. Aunque logró inclinarle lo suficiente para besar su cuello.

—Ah… —Un jadeo traicionero escapó por la boca de Cloud. Shinra sintió un escalofrío recorrerle por entero. Alcanzó a ver el brazo del ex-SOLDADO, con el que se sostenía sobre el respaldo, estremecerse por completo.

—Cloud… —Rufus alzó la mirada, topándose con los ojos contrarios. Ese azul Mako reflejaba confusión e inquietud. El presidente no pudo menos que encontrarlo arrebatador. Llevó los dedos con suaves caricias hasta su rostro, acariciando apenas en un roce los labios del joven, mirándolos como hipnotizado por ellos— Eres perfecto.

No supo decir si su comentario abochornó o molestó más a Cloud. Pero notó rubor acudir a sus mejillas. Muy delicadamente, le atrajo del rostro para que se inclinara más y poder alcanzar sus labios. Cloud, perdido entre tanto desconcierto, accedió separándolos ya para recibirle. Y sin variar su gentileza, Shinra juntó su boca a la de él, regalándose en un beso lento y casi tierno. Inconscientemente, los músculos de Cloud se fueron relajando y, sin casi darse cuenta, acabó apoyando su peso sobre el regazo de Rufus, dejando caer su mano del respaldo al hombro contrario.

Por fin… Le tenía donde quería. A la menor distancia posible, con sus cuerpos casi pegados y tan sumiso como un cachorro. Ahora o nunca.

La zurda de Rufus volvió disimuladamente al bolsillo, rodeando con los dedos la delgada superficie de la jeringuilla. La sacó muy despacio, mientras con la diestra presionaba un poco más en la nuca de Cloud y profundizaba con cautela el beso, reclamando toda su atención. A tientas, destapó la aguja y recolocó la jeringa entre sus dedos con el émbolo hacia el pulgar. Fingiendo abrazarle, rodeó su espalda con el brazo izquierdo, logrando que la arqueara un poco, y abrió los ojos para observar por encima del hombro contrario su siguiente maniobra.

La aguja brilló intensamente en su mano. Como si de un puñal se tratara, apuntó con ella hacia Cloud. No podía arriesgarse a una inyección directa en vena. Quizás fuera más lenta… pero una intramuscular funcionaría también. Y, acercándola lo más posible al deltoides del ex-SOLDADO, imprimió fuerza a su mano… Y la clavó.

—¡Ngh!

Cloud gimió dentro de su boca en cuanto sintió el pinchazo, abriendo los ojos y sacudiéndose para descubrir lo que pasaba. Rufus le agarró fuertemente de la nuca y le retuvo el segundo que le hizo falta para, nada más inyectar, bajar el émbolo y sacar la aguja; lo último justo en el momento en que Cloud lograba zafarse de él.

—Arg… ¿¡Qué coño…!? —El ex-SOLDADO se apartó de Shinra de inmediato poniéndose en pie y retrocediendo. Tropezó con la mesa, que le hizo caer al suelo y derribó todo lo que había en ella. Desde ahí, se llevó la mano al brazo contrario, donde un pequeño punto rojo y un dolor punzante evidenciaban el pinchazo. Miró al presidente con desconcierto y rabia— ¿¡Qué has hecho!? ¡Arg…!

Se oprimió más fuerte el lugar de la punción mientras cerraba los ojos y apretaba las mandíbulas, encogiéndose con evidente dolor. Rufus entretanto ya se había puesto en pie y marcando una distancia prudencial con el ex-SOLDADO. El fármaco se absorbía muy rápido, pero no lo bastante como para impedir que Cloud le partiera la cara si quería. Por eso mismo, tomó del bolsillo de su chaqueta el mando de las esposas mientras en la otra conservaba la jeringuilla.

Le vio retorcerse de dolor en el suelo, incapaz de hacer otra cosa que apretarse el brazo. Rufus alzó la cánula vacía ante sus ojos. Hojo ya le había advertido que vía intramuscular podía resultar irritante y más lenta, de ahí que le sugiriera desde un principio la intravenosa. Pero bueno… No todo podía salir perfecto. Al menos había conseguido inyectarle. Ya sólo era cuestión de esperar… y observar.

—¿Qué me has clavado, hijo de puta…? —gruñó Cloud desde el suelo mientras se arrodillaba para ponerse en pie, fulminándole con una intensa mirada de odio.

—Cálmate —sugirió Rufus con voz tranquila. El ex-SOLDADO tenía la cara encendida de rabia y trataba de levantarse sobre sus pies sin mucho éxito—. Será mejor que te relajes o te resultará más incómodo…

—¡Vete a tomar por culo! —bramó Cloud levantándose de un salto con intención de ir hacia él. Rufus alzó el mando por reflejo… pero antes de tener que activarlo, Cloud se precipitó contra el sofá entre quejidos de dolor— Aagh… Argh…

Con la cabeza contra los cojines, sin poder valerse de las manos, trató de impulsarse para levantarse. Pero le resultaba imposible coordinar las piernas. Desde su brazo sentía extenderse algo parecido a fuego líquido, que discurría poco a poco hacia arriba, penetrando en la vena cefálica. En poco tiempo llegaría a la subclavia y alcanzaría el corazón, propagándose desde ahí al resto de su cuerpo. Fuera lo que fuera esa sustancia, le invadía como un rápido veneno y estaba empezando a afectarle. Se sentía arder.

Shinra guardó la cánula en su chaqueta y, cautamente, bordeó los sillones trazando un círculo en torno a Cloud sin dejar de vigilarle. Por el suelo habían quedado esparcidos sendos vasos ahora vacíos, cuyo contenido goteaba por la mesa hasta la alfombra, y decenas de piezas blancas y negras derribadas de su tablero rodaban entre el alcohol. El ex-SOLDADO jadeaba entre quejidos, agarrándose el brazo como si tratara de frenar el avance de la droga con su fuerza. Se impulsaba contra el sofá para incorporarse y volvía a caer sobre él una y otra vez. Rufus se colocó a su espalda, guardando unos tres metros de separación y le observó. Cloud acababa de caer tumbado al suelo y respiraba como si le faltara el aire. Despacio, buscó la alfombra con las manos para ponerse bocabajo y tratar una vez más de levantarse.

Alzó la mirada entre resuellos y enfocó al presidente. Éste le devolvía la suya entre intrigado y algo inquieto. El ex-SOLDADO comenzaba a notar un calor tremendo extenderse por todo su cuerpo. E, inconscientemente, se llevó una mano entre las piernas, donde la sensación se hacía más intensa.

—… Rufus… ¿Qué… me has puesto? —inquirió con la voz ahogada. Su frente estaba perlada de sudor. Los quejidos de dolor habían comenzado a volverse distintos, más gimientes y sus jadeos más profundos— Gah… Aaaagh… Ah…

Cloud apoyó la frente contra el suelo, tratando de controlar aquella irrefrenable sacudida. Separó las rodillas y, mientras arañaba la alfombra con una mano, con la otra presionaba su entrepierna. ¿Qué le estaba pasando…?

Shinra permaneció observando en silencio, fascinado. Por su forma de debatirse, Cloud parecía estar luchando contra algo muy poderoso. Pero llegó un momento en que sus contorsiones cesaron, quedándose encogido en el suelo, apoyado en las rodillas y la frente y sin hacer más que jadear. Precavidamente, Shinra avanzó hacia él guardando el mando de vuelta al bolsillo. No creía tener que necesitarlo. Se acercó despacio hasta agacharse a un metro de él para observarle.

—Cloud… —le llamó. El ex-SOLDADO no respondía. Rufus se inclinó un poco más, apoyando una mano en el suelo para buscar sus ojos.

Cloud jadeaba y gimoteaba débilmente por la boca entreabierta. Tenía sus azules ojos desenfocados y un hilo de saliva caía desde sus labios a la alfombra. Al no ver reacción en él, Shinra le cogió del pelo y le levantó la cabeza del suelo, dirigiendo aquella perdida mirada hacia sí. Pareció que al ex-SOLDADO le costaba centrar sus ojos, pero finalmente lo hizo con aspecto aletargado. Acto seguido sacudió la cabeza y trató de empujarle; mas, para sorpresa de Rufus, lo único que hizo fue agarrarle del hombro mientras bajaba la cabeza de nuevo.

El presidente aguardó, observando que la lucha interna del ex-SOLDADO aún no había terminado. Aferraba la solapa de la chaqueta de Shinra mientras todo su brazo temblaba, jadeando sin parar y encogiéndose sobre sí mismo de cuando en cuando con un gemido más alto. Aún parecía inmerso en tratar de entender lo que le estaba ocurriendo, y verse incapaz de controlarlo debía ser frustrante. Empujó finalmente a Rufus, alejándole de sí y apoyando esa mano en el suelo para tratar de mantenerse erguido. La otra, permanecía perdida bajo su cuerpo, interna entre sus muslos.

Shinra esbozó una artera sonrisa. Con una rodilla hincada en el suelo y en la otra apoyando un brazo, se inclinó hacia delante y buscó sin ningún temor la mandíbula de Cloud con los dedos, izándole suavemente el rostro hacia sí. Cuando lo hizo se encontró con una mirada oscurecida de un azul impactante, las pupilas dilatadas, las mejillas ruborizadas y los labios entreabiertos dejando escapar ahogados jadeos.

—¿Qué nos pasa, Cloud? —preguntó satírico, acercando su rostro al del ex-SOLDADO. Éste pareció temblar más— ¿Te notas algo raro? ¿Hmm…?

Unos escasos cinco centímetros separaban sus bocas de tocarse; Rufus sentía el cálido aliento de Cloud sobre la suya. Le vio contraer la expresión por un breve instante, un resquicio de la poca resistencia que le quedaba ya, pero sin que aquellos asombrosos ojos se separaran un segundo del rostro del presidente. E, incapaz de contener más el deseo, se rendía a aquella apabullante sensación que fustigaba su cabeza, lanzándose con fervor a reclamar esos labios. Shinra se vio presa de la sorpresa por un momento, pero no tuvo reparo en responder a aquel ardiente beso con la misma intensidad, rodeando la nuca de Cloud con los dedos firmemente.

El ex-SOLDADO demandaba su boca con torpeza, fiera y desesperadamente. A los dos segundos lanzó sendas manos a la chaqueta del contrario y la aferró como si la vida le fuera en ello, tirando de Rufus hacia sí para profundizar aquel ávido beso. El presidente le agarró de las muñecas tratando de controlar su impulso, pero Cloud parecía querer devorarle. Literalmente, le mordió la boca en un momento de sedienta pasión. Rufus se separó ante la ferocidad del ex-SOLDADO y recordó las advertencias de Hojo. Efectivamente, al mirar aquellos ojos nublados por el deseo vio lo que le había comentado el científico y que tanto le costó creer: un deseo irrefrenable de lujuria. Y si no se imponía sobre él, corría el riesgo de que Cloud le sometiera.

Tiró del ex-SOLDADO y le puso en pie sosteniéndole con brío y lanzándole una feroz mirada retadora que éste le devolvió. Lo empujó hasta que la espalda del joven golpeó contra la pared. Cloud soltó un quejido ahogado y cerró los ojos por el impacto; Shinra aprovechó para tomarle del cabello, apoyándole la cabeza contra el muro y lanzándose a por su cuello.

— ¡Gah! —Un intenso gemido escapó de la boca de Cloud. Sus puños se aferraron con más fuerza a la ropa del presidente.

Rufus mordió, besó y succionó toda la piel que tenía delante, apresando al ex-SOLDADO contra la pared usando su propio cuerpo. Cloud reaccionaba fantásticamente bien a sus atenciones. Gemía, se retorcía entre el muro y el torso de Rufus y exponía su cuello para que él lo disfrutara. Pero parecía que Shinra no podía confiarse ni un segundo. Pues cuando soltó su cabello para deslizar la mano por el costado del joven, Cloud se lanzó a por su hombro mordiéndole con ferocidad.

—¡Argh! —Rufus protestó por el dolor, pero al tratar de apartar a Cloud de sí se encontró con que no podía. Intentó quitárselo de encima y recibió la fuerza en contra del ex-SOLDADO, que acabó empujándole hacia atrás hasta hacerle chocar contra su escritorio, clavándole el borde en la espalda con rudeza— Ngh…

Tuvo que echar las manos atrás para apoyarse e impedir que Cloud le derribara sobre la mesa. Libre de ellas, el ex-SOLDADO aprovechó la momentánea soltura para tirar de la camisa de Shinra y abrirla, reventando todos los botones. Pasó las manos bajo sus hombros y las ancló a su espalda, lanzándose luego hambriento a por su piel, mordiéndola con ansia. Rufus emitió un nuevo quejido por el brusco trato y los arañados de las uñas de Cloud en sus escápulas. El ex-SOLDADO le cercaba cada vez más contra la mesa, entorpeciéndole los movimientos e impidiéndole escapar. Era hora de hacer algo o en cuestión de segundos ya no podría.

Desesperado por quitarse a Cloud de encima, cruzó el brazo por delante del cuello de éste, presionando en su garganta para apartar sus dientes y le empujó a un lado con el codo al tiempo que con la pierna le hacía una zancadilla. Logró hacerle perder el equilibrio y derribarle al suelo con estrépito, por poco acabando junto a él, pues Cloud se afianzó a su camisa al verse caer.

El golpe dejó al ex-SOLDADO inmóvil en el suelo y a Shinra encorvado sobre él, con las piernas a cada lado del cuerpo contrario y sujetándole del cuello para impedir que se levantara. Cloud yacía de costado pero sus ojos no se despegaban de los de Rufus, quien había caído sobre una rodilla y estaba muy próximo a su rostro. Por unos segundos ambos no hicieron más que jadear y mirarse, recuperándose del golpe. Los dedos del ex-SOLDADO no soltaban la ajada camisa del presidente.

Rufus le tomó de la muñeca, separándola de su ropa y se la clavó al suelo, buscando velozmente la otra para juntarlas. Sin soltarle, se colocó al final de su cuerpo y se arrodilló, pegando la pelvis al trasero del ex-SOLDADO quien, tumbado de perfil, le ofrecía una posición magnífica. Un gemido escapó de los labios de éste al sentir esa presión y provocó en Rufus un estremecimiento brutal. Se quedó prendado de esos cristalinos ojos cuando le miraron. Aún con la mano de Shinra en su cuello y la otra sujetando sus muñecas, la mirada que devolvían esos ojos era de deseo. Ese gemido era una prueba más de ello. Y Rufus… no se podía resistir.

Movió las caderas hacia delante y, como respuesta, Cloud flexionó la rodilla, levantando la pierna y liberando un nuevo gemido. No se lo impedía; por el contrario, parecía dispuesto a recibirle. Y Shinra desde luego no despreció aquella invitación. Le soltó el cuello despacio, comprobando que, esta vez, Cloud se mantenía quieto. Tomó ahora una muñeca con cada mano y le obligó a apoyar la espalda completa en el suelo, colocándole bocarriba. Se acomodó entre sus piernas abiertas y empujó con sus caderas contra las del ex-SOLDADO.

—¡AAAH! Ah… Ah… —Cloud abrió la boca, arqueó el cuerpo y echó atrás la cabeza para liberar unos gemidos demenciales. Rufus notó la fuerza en sus brazos, pero le contuvo con sus manos, descubriendo que, aun así, podía seguir sometiéndole. Las esposas de Mako cumplían su función a pesar de la droga.

Cloud en realidad no parecía querer escapar. Se retorcía con levedad bajo el peso de Shinra, pero del mismo modo que lo haría un gato: buscando el mayor contacto posible. Esa idea se confirmaba del todo por la forma que tenía de mirarle. Rufus se notó temblar de excitación al recibir aquella mirada plagada de deseo, de ardor. Cloud levantó la pelvis en determinado momento, impaciente por más de aquel roce, y ahora le tocó al presidente gemir. Sin hacerle esperar más, comenzó a mover sus caderas contra las de Cloud del mismo modo que si le penetrara lentamente, uniendo sus pelvis, presionando sobre la entrepierna de Cloud, que no dejaba de arquearse y gemir. Abría más sus piernas, elevaba las lumbares, le buscaba… Y tiraba sin cesar de sus manos aferradas por las de Rufus desesperado por arrancarle lo que le quedaba de ropa.

Shinra descendió en busca de su cuello y atrapó la yugular de Cloud con un feroz bocado. Éste ladeó la cabeza ofreciéndole su piel. Rufus descargó algo más de peso sobre el cuerpo del ex-SOLDADO, sin dejar de menear sus caderas contra las de él, deleitándose con los constantes gemidos del joven que le arrastraban a la locura. Nunca se habría imaginado un Cloud tan participativo, tan dispuesto… Era justo lo que había deseado. Y fue cuando su lengua ascendió, siguiendo el trazo de aquella vital vena hasta la oreja, que confirmó el brusco cambio que el fármaco de Hojo había obrado en Cloud. En otras ocasiones apenas le dejaba tocarle esa zona; la sensación que debía producirle era o bien demasiado intensa o desagradable para él… pero no esa noche.

—¡Gaaah! —Cloud pegó un brusco respingo y el gemido que liberó escapó con una voz muy distinta… Aterciopelada, derretida de placer. Y tensando todos los músculos, se encogió bajo el cuerpo de Rufus buscando huir y a la vez intensificar aquella sensación tan viva. Shinra le retuvo y no se privó de lamer, morder y devorar su oreja en busca de esa deliciosa reacción. Mientras el ex-SOLDADO seguía debatiéndose entre oleadas de goce— Aah… Gaah… ¡Aaah!

Cada vez que Rufus daba un paso adelante, esa irrefrenable lujuria en Cloud parecía multiplicarse. Tras aquel último ataque, le veía estirar el cuello intentando alcanzarle entre jadeos desesperados. Cuando finalmente se lo permitió, el joven comenzó a poblar su hombro y cuello de besos ansiosos, emitiendo sin cesar una retahíla de gemidos cada vez más intensos, terminando por morderle de nuevo. Rufus le clavó de vuelta al suelo y mantuvo ocupada su boca con un feroz beso, que más que un contacto amoroso parecía una lucha. Se besaron con fogosidad como si trataran de devorarse mutuamente, hasta que Shinra decidió cortar el contacto. Estiró los brazos separándose del cuerpo contrario todo lo que la longitud de sus extremidades le daba, y le observó unos segundos. La imagen que recibió hizo que Rufus no pudiera esperar más.

Los levantó a ambos del suelo tirando con ímpetu del otro, y esta vez fue él quien empujó a Cloud contra la mesa del despacho. De un barrido apartó todo lo que molestara, sin importarle dónde fuera a parar, antes de izar a Cloud y subirle al pulido escritorio. Automáticamente ambos se echaron los brazos mutuamente, retomando su desenfrenada lucha de comerse el uno al otro. Rufus tiró de la prenda superior de Cloud, obligándole a separarse un segundo para sacársela por la cabeza. El ex-SOLDADO, entretanto, arrancaba la chaqueta y camisa del presidente con tanto anhelo la tela crujió. Shinra terminó de despojarse de ambas, dejando al fin su torso al descubierto y pasó a rodear el de Cloud con los brazos. Sentir piel con piel, el ardor de sus cuerpos, los latidos desbocados del corazón de Cloud… Era delicioso.

Le tumbó sobre la mesa sin despegarse un centímetro de él. Cloud gimió con urgencia y le apresó con las piernas, atrayéndole hacia sí. Enterró los dedos en el pelo de Shinra, arqueándose y gimiendo cuando sintió la boca de éste atrapar su nuez, succionando con fuerza. Las manos de Rufus trazaron un recorrido por todo el torso desnudo de Cloud hasta sus pantalones, donde desabrochó con prisas para empezar a pelearse a tirones con sendas prendas inferiores, separándose de la mesa en el instante que necesitó liberarle una de las piernas. Le tomó de los muslos y volvió a internarse entre ellos, tirando de Cloud y arrastrándole sobre el escritorio hacia sí. El ex-SOLDADO dirigió su ansiosa mirada al punto donde contactaban sus cuerpos ahora y observó jadeante los cómo los dedos de Rufus desabrochaban ahora sus blancos pantalones. Cloud echó atrás las manos y se agarró al otro extremo de la amplia mesa, buscando algo a lo que anclarse.

—Rufus… —jadeó con una ronca voz impregnada de excitación.

Aquello hizo a Shinra levantar la mirada hacia él con un atisbo de sorpresa. La visión que tenía frente a sí era casi quimérica. Cómo imaginar que en algún momento tendría a Cloud Strife tumbado sobre su mesa, abierto de piernas para él, listo para recibirle, jadeando, mirándole ansioso y llamándole por su nombre con semejante voz. Su cuerpo se contraía con espasmos de impaciente ardor, delatando los marcados músculos bajo la piel, especialmente en los brazos, que no dejaba de estirar hacia atrás buscando un mejor agarre para sus manos. Rufus deslizó una mano por su muslo, hasta la pelvis. El miembro de Cloud lucía erecto, excitado. Por primera vez… Ahí se delataba el increíble efecto de la droga de Hojo. Shinra lo acarició, observando de inmediato cómo toda la piel del ex-SOLDADO se estremecía al tiempo que liberaba un hondo gemido. Estaba muy duro. No haría falta que le estimulara.

Y no era diferente en sí mismo, como comprobó cuando terminó de abrir la tela y liberó su sexo excitado que, al roce con el de Cloud, le provocó un tremendo escalofrío. Tomó ambos entre sus dedos, juntándolos y recorriéndolos de arriba abajo. Tuvo que sujetar a Cloud de la cadera ante el arrebato de pasión que le dio, retorciéndose sobre la mesa como un animal en celo, gimiendo y aferrándose al otro extremo con desesperación.

—Aah… Aagh… Ru-Rufus… —le llamó entre dientes, respirando tan agitado que parecía que le faltara el aire. Buscó su mirada con anhelo, suplicante, encontrándose con la de Shinra mirándole a través del flequillo que le caía sobre el rostro. Ninguno podía esperar más. Y el presidente no se hizo de rogar a aquella muda súplica. Tomó su miembro, dirigiéndolo a la entrada de Cloud y, agarrándole de las caderas, penetró su interior— Ah… ¡Gaaaah!

El ex-SOLDADO formó un perfecto arco con su columna. Shinra hizo lo mismo, sintiendo que las vértebras tiraban de él hacia atrás, recorridas por una tremenda descarga de placer. Cerró los ojos y gimió profundamente mientras seguía internándose dentro de Cloud, en aquel estrecho y caliente interior. No era menor la resistencia que otras veces, pero la falta de lucha por parte del joven era una novedad a tener en cuenta. En lugar de huir, contraerse por el rechazo o tratar de empujarle, le recibía… Era mágico. Rufus ancló sendas manos a los coxales de Cloud y comenzó un frenético ritmo de embestidas, sin contenerse en absoluto. Dejando que los gemidos de placer del contrario le embridaran y condujeran hacia el éxtasis.

Gemidos, en realidad, era decir poco… Cloud prácticamente gritaba de goce. Se había abandonado completamente a aquella terrible e irrefrenable sensación que le había invadido desde el pinchazo de esa aguja. Durante unos escasos minutos se había resistido, había luchado, negándose a aceptar lo que su cuerpo demandaba… pero ahora que ese hambre había encontrado lo que necesitaba para saciarse, ya todo lo demás le daba igual.

Y es que aquella droga, si bien privaba de voluntad, no lo hacía de consciencia. Cloud era muy consciente de lo que ocurría a su alrededor, de cada una de sus acciones y de su antinatural forma de comportarse… Pero de un modo abstracto, nublado. Era como si alguien dentro de él, una parte de sí mismo que no reconocía, le hubiera susurrado: ¿Por qué no? ¿Por qué no dejarse llevar, por qué no hacer por una vez lo que le pedía el cuerpo y abandonarse al placer? Qué más daba que fuera con Rufus Shinra, qué más daba lo mucho que le odiara, lo que le había hecho a él, a los suyos… Si por un solo instante se permitía el lujo de olvidarlo todo y rendirse a la solución más fácil. Era mucho más duro resistirse… Y por dios, que la recompensa era mejor. Ya se arrepentiría cuando llegara el momento. Ahora, sólo quería calmar aquel ardiente deseo que parecía no querer dejarle escapar.

—¡Ah, ah, ah…!

—¡Gah… aah… Ah…!

Los gemidos de ambos se entremezclaban, cada vez más altos y más intensos. La mesa temblaba bajo las embestidas de Shinra y los tirones de Cloud, que acabaría dejando la marca de sus dedos del modo en que se aferraba al borde. Rufus se inclinó sobre el cuerpo desnudo del ex-SOLDADO y mordió uno de sus pezones arrancándole un grito. Cloud soltó una mano para llevarla al pelo de Shinra, lo que provocó que su cuerpo se zarandeara más sobre la mesa. Rufus le agarró más fuerte de las caderas y sintió al instante los muslos de Cloud apretarle las suyas. Pero pronto aquella posición se mostró insuficiente para su frenético ritmo. Necesitaba sentirle más, fundirse con él, clavarse en su interior hasta lo más profundo.

Ávido y completamente entregado a ese deseo, Rufus salió de Cloud y tiró de él, arrastrándole hasta bajarle de nuevo los pies al suelo. Brusca y urgentemente, le colocó de cara a la mesa y empujó contra ella al tiempo que rodeaba su cintura con un brazo y dirigía apremiante su sexo de nuevo a la entrada de Cloud. Entre jadeos extasiados, el ex-SOLDADO se apoyó en el escritorio y separó las piernas, anhelante por tenerle de nuevo dentro. Cuando sintió el duro falo de Rufus atravesarle, arqueó la columna hacia atrás liberando un hondo gruñido de placer.

—¡Ugh! —Cloud contrajo los músculos de su interior, apresando el miembro de Shinra. Al instante pudo escuchar cómo éste gemía como loco junto a su oreja. Su brazo le apresó más fuerte y por unos segundos se quedaron inmóviles, hasta que Rufus sintió la urgencia de retomar las embestidas.

Empujó a Cloud y le derribó sobre la mesa. Le tomó de las caderas con sendas manos y arremetió contra él con unas penetraciones salvajes. Cloud estiró un brazo sobre el escritorio buscando algo a lo que aferrarse, pero ya no alcanzaba al otro extremo. Cerró los puños y apretó los dientes, sintiéndose perder en una espiral de placer que amenazaba con hacerle perder el conocimiento. La vista se le nublaba, los oídos se le embotaban, haciéndosele imposible discernir cuál era su voz y cual la de Rufus entre tanto gemido de placer desenfrenado. Y sin ser consciente, comenzó a acompasar a Shinra en las embestidas, retrocediendo cuando él avanzaba, haciendo chocar sus cuerpos con tanta intensidad que sentía la cabeza del sexo de Rufus clavarse en su más profundo interior, en el nódulo de todo su placer.

—¡Aaah! ¡Aah! ¡AH! —La voz de Cloud sonaba desgarrada, agónica de puro éxtasis. Lo que en otro momento habría sido un terrible dolor en sus entrañas, ahora era un demente placer. No podía contener por más tiempo su excitación. Deslizó una de sus manos entre sus piernas y buscó su miembro, que sintió increíblemente duro. E igual de frenéticamente que Shinra embestía en su interior, empezó a masturbarse en busca del ansiado clímax.

Ni su acompañamiento ni su mano buscando placer pasaron desapercibidos para Shinra quien, a su espalda, no perdía de vista uno sólo de sus gestos. Y al ver cómo el ex-SOLDADO se llevaba una mano a su sexo, no resistió la tentación de ser él quien le otorgara tal placer. Agarró su mano, deteniéndola. Cloud emitió un gemido de protesta, pero en seguida se tornó en delicia cuando sintió que era la mano de Rufus la que se deslizaba a un ritmo veloz por su miembro, estimulándolo con el mismo furor que si se tratara del suyo propio. La mano de Cloud no regresó a la mesa, sino que se aferró al pantalón de Shinra, tirando de él reclamando que esas salvajes embestidas se hicieran más fuertes. El presidente se cernió sobre Cloud, juntando su torso a la espalda empapada de sudor del ex-SOLDADO y jadeó de placer sobre su oído. Ahora eran como un solo cuerpo, unidos piel con piel, quemándose mutuamente con su calor, fundiéndose en un placer sin igual como ninguno de ellos había experimentado antes.

Rufus aún quería más. Y apoyó el codo en la mesa para poder deslizar la mano por el torso de Cloud, instándole a erguirse mientras él se asomaba sobre su hombro. El ex-SOLDADO volvió el rostro entre gemidos desesperados, saturado de tantos estímulos. Pero sus ojos lograron hacer contacto con los del presidente. Y aquella mirada que se devolvieron les atrajo irrefrenablemente el uno al otro como imanes. Rufus buscó la boca de Cloud y se deshicieron en besos apasionados, interrumpidos por los jadeos y gemidos de ambos, pero sin descansar de ir a beber más el uno del otro.

Aquello fue lo que hizo rebosar el éxtasis de los dos, incapaces de soportar una provocación más. Cloud llevó la mano a la nuca de Rufus, reteniéndole junto a él pero sin poder continuar un solo beso, pues su boca estaba ocupada en liberar los gritos, casi angustiosos, que avecinaban su inminente clímax en manos de Rufus. Y éste, aferrando el pecho de Cloud con una mano como si le fuera en ello la vida y masturbándole frenéticamente con la otra, rugió de placer sobre su hombro apurando con ferocidad las últimas embestidas en lo más hondo de Cloud antes de alcanzar el orgasmo con un grito.

—Aah, aah… ¡Aaaaaah!

—¡Gaaaaaaahh!

Los últimos estertores de tan intenso éxtasis provocaron aún unos cuantos envites más por parte de Rufus, hasta que la adrenalina y la testosterona de su cuerpo se rebajaron. Esa explosión de energía le dejó consumido en cuanto desapareció, y sólo entonces fue consciente de lo increíblemente intenso que había sido. La impresión se reflejaba en su rostro mientras resollaba, tratando de recuperar el aliento y sintiendo todo su cuerpo palpitar y pesarle como plomo. Cuando consiguió enfocar su mirada, se encontró con el cuerpo de Cloud todavía unido al suyo y derrumbado sobre la mesa, en iguales condiciones de extenuación que él. Veía su espalda subir y bajar con cada forzoso jadeo y un hilo de saliva caer de sus labios.

Rufus desenterró su mano de debajo del cuerpo de Cloud y la llevó al cabello dorado del ex-SOLDADO, apartando el flequillo que no le dejaba ver su rostro. Admiró su piel enrojecida y sudorosa, con la mejilla aplastada contra la mesa, incapaz de levantarse. También tenía los ojos abiertos y la mirada desenfocada, presa de la estupefacción y el agotamiento, en un estado de semiinconsciencia.

Alzó entonces la otra mano ante sus ojos, la que hasta hace unos segundos se deslizaba a un ritmo frenético por el miembro de Cloud. Y en sus dedos observó la semilla de su placer, inequívoca prueba de un orgasmo. Entre jadeos, Shinra esbozó una leve sonrisa. Con la diestra, acarició vagamente el pelo de Cloud antes de dejar caer la cabeza, apoyando la frente en la espalda del joven. Necesitaba unos instantes para recuperarse antes de ser capaz de moverse de ahí, pues incluso se sentía mareado. Pero había merecido la pena. Vaya que sí la había merecido…

Que no se le olvidara felicitar a Hojo.

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Fin del undécimo capítulo.


¿Por qué me saldrán así de largos sólo los capítulos que tienen lemon...? Motivación de la musa, supongo. Bueno, bueno ¡Un hurra por Rufus! Parece que por fin ha conseguido lo que quería... O no. No creáis que la cosa termina aquí, ya veremos qué opina Cloud del asunto cuando se recupere y recuerde la noche de juerga que ha pasado con el presidente... ¡No os perdáis lo que viene ahora!

Agradecimientos de nuevo a mis dos seguidoras más fieles, EloraP y ReijaZ. Un capítulo sin vuestros reviews sería como no haberlo subido... Y al resto mi infinito amor por leer aunque no comentéis, cosa aún así que no estaría mal. Adelante: escribidme vuestras dudas y tribulaciones, pensamientos oscuros, mensajes de amor, mensajes de odio, amenazas de muerte y sugerencias, ya sabéis que los necesito tanto como el aire que respiro. ¡Quiero conocer vuestras opiniones!

Un besazo enorme y buenas semana~