¿12 capítulos ya? Madre mía, esto se me está yendo de las manos... ¿Qué, lo pasamos bien con el capítulo anterior, eh, pillines? ¬¬3 Pues hoy toca pasarlo mal. Ah, se siente, esto es un drama, sabíais en lo que os metíais cuando entrasteis a leer. Disfrutad del capítulo, os leo abajo~ :D


El sol despuntaba con timidez tras las montañas que flanqueaban el valle, acercándose lentamente hacia la impresionante ciudad de Midgar. Sus rayos anaranjados iban escalando poco a poco las altas torres de los ocho reactores de Mako de la urbe y, en el centro de la vasta estructura, brillaba ya como un faro la cúpula acristalada que coronaba la Torre Shinra. A sus pies, todavía sumidos en la penumbra del crepúsculo, doce guardias sacaban a rastras fuera del edificio a un prisionero poco convencional. Tan poco, como que en lugar de grilletes llevaba puesto un bozal. Tras forcejear con él para quitárselo, lo soltaron apartándose de su rango de alcance, riendo algunos por la hazaña. Entre burlas y aspavientos le incitaron a alejarse y, sin otra opción, la fiera se perdió entre los edificios. Setenta pisos más arriba, un par de fríos ojos azules no perdían detalle de la escena.

La silueta iluminada por el resplandor matutino se alejó del ventanal y paseó por el amplio despacho observando con ojos perspicaces en un plano donde otros no verían, rememorando lo acontecido en aquella misma sala la noche anterior. El albor del amanecer bañaba el lugar con una luz que lo hacía parecer otro, comparándolo con unas horas atrás. Rufus paseó la mirada por el sofá, el suelo, la pared y la mesa. Deslizó los dedos por ésta última, acariciándola como si aún pudiera sentir el calor del cuerpo del ex-SOLDADO retorciéndose sobre la pulida superficie. Ahí mismo, donde se había rendido a él, entregándosele con una pasión desatada y donde finalmente había logrado arrancarle gritos de auténtico placer. Un escalofrío le recorrió el brazo y puso de punta todo su vello. Y una aviesa sonrisa decoró su rostro.

Horas más tarde, sus pasos resonaban por el adusto pasillo de la sexagésimo octava planta, acudiendo a hacer una visita extraoficial al jefe del Departamento Científico. Lo encontró enfrascado en algún tipo de macabro experimento, consistente en lanzar descargas sobre una furibunda criatura dentro de un tanque de contención. Los chillidos del animal, algo amortiguados tras el cristal, llenaban la sala. El presidente entró con paso relajado y las manos en los bolsillos, sin que su presencia alterara al científico.

—Buenos días, Hojo —saludó cordial.

—¿Buenos días? —La voz del aludido sonó áspera a la par que no se molestaba en ocultar un deje sorprendido. No despegó los ojos del cristal blindado mientras hablaba— Algo bueno ha debido de ocurrir para que lo sean…

—Se podría decir que he tenido una epifanía —Mientras respondía con notable optimismo, el presidente paseaba por el laboratorio examinando sin mucho interés los artilugios y aparatos de los que sólo Hojo conocía su función, toqueteando alguno vagamente— y mi fe en algún que otro de tus inventos se ha visto renovada.

Detuvo su paseo apoyándose relajadamente en una mesa, encarando la figura encorvada del profesor, que continuaba dándole la espalda. Mas ello no nubló ni un poco la sonrisa de satisfacción que adornaba el rostro de Rufus Shinra.

—¿En qué invento, concretamente? —inquirió Hojo, volviendo a soltarle una descarga al pobre animal que se retorcía dentro de la cámara de cristal.

Rufus observó el resplandor azulado que los relámpagos de energía emitían al incidir sobre el cuerpo de la criatura. Su rostro no mostró la menor alteración ante el sufrimiento del sujeto. Esperó a que los chillidos cesaran para retomar la conversación.

—En cierto regalo con que me obsequiaste hace unas semanas.

Hojo permaneció pensativo unos segundos, con la pluma suspendida sobre el papel en que anotaba a saber qué, aparentemente haciendo memoria sobre lo que el presidente le estaba hablando.

—Oh —emitió al caer en ello. La pluma rasgó el papel, retomando sus anotaciones—… Qué bien. Me alegra verle satisfecho.

Sin añadir nada más, ni volverse, ni dar señal alguna de sentirse interesado por el tema, siguió escribiendo en su hoja de datos. Shinra frunció el ceño, desconcertado por la reacción de Hojo. Su sonrisa desapareció.

—¿Y ya está? —inquirió, confuso— Me parece una respuesta muy pobre, viniendo de ti… Creí que estarías más interesado. Sobretodo habiendo sido tú quien me pidió que le aportara datos del resultado…

El profesor levantó la mirada de la hoja y volvió a enfocarla en el tanque. En su interior, la cada vez más debilitada criatura jadeaba por el dolor mientras trataba de ponerse en pie. Sin responder al presidente, la mano el científico acudió una vez más al interruptor de descargas y activó la máxima potencia. Esta vez, el resplandor fue mucho mayor y más duradero, durante el cual los ojos y la boca del animal se abrieron de par en par mientras sus alaridos de dolor resonaban a través del cristal. Ambos hombres mantuvieron sus ojos fijos sobre éste hasta que el cuerpo acuciado de descargas de la criatura cayó inerte al suelo, echando espuma por la boca. Sus ojos se quedaron abiertos.

Rufus clavó su mirada en la chepa de Hojo, aguardando a que se dignara a girarse hacia él. El profesor dejó la hoja sobre la mesa, sin anotar nada más.

—Me temo que una buena noticia no logra desempañar el acumulo de las malas —murmuró con voz lánguida. Hojo apagó el sistema y se apartó, dirigiéndose a otro lado del laboratorio, aún sin conceder al presidente su mirada—. Y digamos que, después de la cortesía que he mostrado solucionándole sus problemas con Strife, esperaba algo más a cambio… Algún obsequio quizás. Supongo que he sido un ingenuo.

Shinra empezó a comprender por dónde iban los tiros. Su mirada se afiló. El buen humor con que había entrado ahí se había esfumado casi por completo.

—¿Tiene esto algo que ver con la bestia de Cosmo Canyon? —preguntó.

—Era un sujeto de experimentación muy valioso que, como sabrá, me fue arrebatado de este mismo laboratorio por Strife y los suyos —respondió Hojo de inmediato, confirmando a Rufus que había dado en el clavo—. Y, en algún momento, confiaba en que su captura me facilitara volver a tenerlo en mis manos. Al menos, cabía esperarlo, sobre todo después del chasco de haber perdido a Aeris Gainsborough, otro valiosísimo espécimen…

Shinra soltó un suspiro exasperado. ¿Cuánta gente iba a echarle en cara lo de la chica?

—Por favor, ¿tú también? —Se mesó la frente con una mano con gesto de cansancio— Bueno, el asunto del perro de AVALANCHA ha sido algo imprevisto… Cloud lo eligió, ¿qué iba a saber yo que lo querías?

Por fin, algo en sus palabras hizo que Hojo se volviera hacia él. A través de las gafas, sus oscuros ojos fulminaron al presidente con rencor.

—Tal vez podría anteponer las necesidades de uno de sus empleados a las de un vulgar prisionero, Señor Presidente. Si es que posee algo de conciencia moral que le permita tener cierto reconocimiento a mi trabajo.

Qué ironía que Hojo le hablara de moral, pensó Shinra. Realmente, el profesor era el único al que Rufus permitía hablarle de ese modo, y era porque ambos sabían demasiado bien que La Compañía no podía prescindir de él. Por eso, muy a su pesar, Rufus no podía permitirse tenerle descontento. Ambos se mantuvieron ácidas miradas unos instantes, hasta que el presidente desvió la suya con hastío, lanzando un nuevo suspiro. Se apartó de la mesa y aproximó unos pasos a Hojo.

—Está bien. ¿Qué quieres a cambio?

Las lentes de Hojo brillaron cuando éste inclinó la cabeza en gesto pensativo. Una sonrisa cruzó su pálida cara por primera vez.

—El único espécimen que queda en este edificio que haya estado en mis manos alguna vez.

—¿Vincent Valentine? —aventuró Shinra. Pero por la risa despectiva de Hojo, dedujo que no.

—Por favor… Valentine no tiene nada más que ofrecerme; todo lo que quise sacar de él ya lo saqué en su momento. No… No hablo de él.

El científico clavó en Shinra unos ojos sagaces. Cuando comprendió, la mirada del presidente mostró un profundo desagrado. Cloud… Hablaba de Cloud. Se guardó la respuesta que habría deseado darle y mantuvo la cautela. Hojo le miraba intensamente, aguardando… Sabía que no podría negárselo. Rufus levantó el mentón altivamente antes de responder, tratando de conservar la autoridad.

—Ya veremos —se limitó a decir.

No pareció una respuesta decepcionante para el astuto científico. Eso era casi como una promesa viniendo de labios de Rufus Shinra, para quien un rotundo «No» no era algo difícil de sentenciar.

—Muchas gracias, señor presidente —musitó, dirigiéndose de vuelta a sus tareas—. Esperaré ansioso su resolución. Mientras tanto, disfrute de mi regalo. Intuyo que con el resultado obtenido, no será la última vez que lo vaya a usar. Que pase un buen día.

Con esa última frase, le invitó a abandonar su laboratorio. El presidente no se hizo de rogar. Pero antes de que alcanzara la puerta, Hojo le detuvo con su voz, recordando un último asunto.

—Oh, por cierto… —Su tono sonó serio de nuevo— Dígale a Reeve Tuesti que si vuelve a colarse en mi laboratorio sin permiso, acabará en una de mis jaulas. Ya es la segunda vez. Se creerá que no tengo cámaras…

Rufus chasqueó la lengua con molestia. Otro que no hacía más que dar problemas. Al final tendría que encargarse de él. Sin decir una palabra, fulminó una vez más la espalda torcida de Hojo antes de marcharse. Un desagradable sabor de boca se le quedaría para el resto del día por culpa del irritante científico…


Hace una semana.

Jueves.

.

¿Cloud?

La voz del presidente atravesó el frío y muerto silencio de la habitación. La oscuridad de la estancia impidió por unos segundos a Shinra localizar la silueta de Cloud, hasta que lo halló encogido como un niño en un rincón. El ex-SOLDADO no dio señal de oír su llamada ni sus pasos al acercarse. Parecía ido. ¿Estaría enfermo quizás?

¿Estás vivo? —inquirió sarcástico. Cloud siguió sin responder. Rufus alzó la cabeza lanzando un suspiro— Creía que después de haberte librado de mí por una noche te encontraría de mejor humor…

No había vuelto a visitarle tras aquella inoportuna llamada telefónica a su habitación que frustró su intento de probar la droga en Cloud. El asunto que le sacó de la alcoba había requerido de todo su tiempo hasta entonces. Y ahora, por fin libre, sólo podía pensar en gozar de un merecido momento de placer con el ex-SOLDADO; pero parecía que primero tendría que traerle de vuelta de donde quiera que se encontrara.

¿Cloud, estás oyéndome? —El tono de su voz adquirió un deje impaciente. Unos segundos después, justo cuando ya pensaba acercarse y reclamar su atención, la voz ronca de Cloud hizo acto de presencia.

¿Cuánto ha pasado ya?

La pregunta dejó a Shinra desconcertado, no sabiendo a qué se refería.

¿De qué, exactamente?

De esto —musitó el ex-SOLDADO con una voz desprovista de vida, anémica y fatigada— ¿Cuánto tiempo ha pasado… desde que nos capturaste?

Las cejas del presidente adquirieron un ángulo desigual, fruncidas por la confusión. ¿A qué venía eso ahora? Elevó los ojos hacia el techo, haciendo memoria para responderle.

Unos… diez días. Un tercio de mes. Cómo pasa el tiempo —añadió sonriéndose malévolo— ¿Por qué lo preguntas?

Cloud no varió su expresión ausente ni su postura. Sus intensos ojos celestes seguían mirando sin ver la pared frente a sí. Shinra le observó en silencio y lo notó mucho más decaído de lo habitual. No atisbaba en él rastro alguno del sempiterno desafío que había mostrado hasta entonces en todo momento. Parecía sinceramente falto de fuerzas y de voluntad.

No me has dejado verla —musitó el ex-SOLDADO con la misma voz mortecina— ni una sola vez. Desde ese día. No me has dejado hablar con ella, ni siquiera un minuto.

Rufus al fin comprendió de qué iba a ir la conversación; no pudo decir que le agradara el tema. Desvió la mirada, aburrido e irritado. No sabía por qué, pero el hecho de descubrir que era Aeris lo que ocupaba la mente de Cloud le hizo sentirse resentido. Pero antes de que encontrara alguna respuesta mordaz que darle, el ex-SOLDADO se le adelantó.

No te he pedido nada —aseveró. Volvió levemente la cabeza para observar por el rabillo del ojo la silueta de Shinra tras de sí. Sus ojos mostraron un sutil brillo de ruego—… Es lo único que te pido. Si no vas a dejarla ir ni estás dispuesto a deshacerte de mí… Déjame verla. Por favor.

La atención del presidente volvió a él con renovado interés al escuchar ese par de palabras y se reflejó en su rostro la sorpresa que le provocaron. Era la primera vez que le oía rogar. Cuando se recuperó del asombro, recobró su semblante habitual, mostrando en sus ojos una altiva maldad.

¿Por qué iba a hacer eso? —se burló con crueldad— Con lo mal que te portas, no te mereces un premio, me parece a mí.

Cloud le devolvió una mirada derrotada antes de volver a clavarla en la pared. Pero Shinra continuaba intrigado. Y con cierto deje molesto, le inquirió:

¿Para qué quieres verla?

Sólo quiero saber que está bien… —respondió Cloud quedamente.

Eso ya te lo puedo decir yo.

No me jodas —increpó, dirigiéndole unos ojos cargados de rencor—… Sólo quiero verla, tan sólo un momento… Estar con ella, hablar con ella unos segundos aunque sea… —Su mirada cayó lentamente hacia el suelo, recogiéndose de nuevo contra la pared. Tomándose un par de segundos, antes de atreverse a soltar una peligrosa proposición—… Luego haré lo que me pidas.

Rufus creyó que sus oídos le engañaban cuando escuchó aquello último. Fue una sorpresa mucho mayor que la anterior. Y por eso necesitó confirmarlo.

¿Lo que… yo te pida? —repitió, incrédulo. Muy despacio, acortó la distancia que los separaba. Alargó una mano y recogió con sus finos dedos un suave mechón de flequillo de Cloud, mesándolo entre sus yemas. Sonrió con malicia— ¿Estás siendo consciente de tus palabras, Cloud? —preguntó despacio.

La cabeza del ex-SOLDADO permanecía apoyada en la pared y sus ojos fijos sobre ésta, dejando que Shinra acariciara su cabello durante unos segundos que se tomó para convencerse de la respuesta. En ese instante, clavó una afilada mirada sobre Rufus, al tiempo que su mano atrapaba la muñeca del presidente.

Muy consciente —gruñó entre dientes, apartando esa impertinente mano de sí— ¿Y tú?

Shinra sostuvo aquellos ojos cargados de odio devolviéndole una sonrisa divertida.

Primero Aeris… comprendo —Asintió con la cabeza. No podía negar que la oferta le parecía muy tentadora—. Y luego… harás lo que yo te pida. Sin rechistar. ¿Son esos los términos? ¿Se acabaron los mordiscos y patadas, o lo de hacerte el muerto? —añadió con voz suave.

Cloud asintió mirándole con firmeza. El presidente parecía encantado con aquel giro en los acontecimientos. Sonrió más ampliamente y soltó una nueva risa breve.

Muy bien… Debo reconocer que sabes ofrecer un buen trato, Cloud. Haces que sea difícil rechazarlo —Alargó la mano para acariciarle la mejilla pero el ex-SOLDADO le esquivó con brusquedad. Le miraba intensamente a los ojos; parecía aguardar algo más. Shinra entendió que quería una confirmación por su parte—. Bien… Te llevaré a verla mañana. Hoy es tarde.

Por un momento Cloud pareció a punto de protestar, pero se contuvo. Eso era lo más cercano a una promesa que podía esperar de Rufus Shinra y, si tenía que aguardar unas horas más, con tal de verla, esperaría. Aunque esas horas le fueran a matar de impaciencia.

También Shinra comprendió lo que sus palabras se traducían para sí mismo. Prorrogar el tener a Cloud entre sus sábanas una noche más hasta cumplir su palabra. Su mente cambió drásticamente de objetivo. Se olvidó del fármaco y lo enterró en un rincón de su mente, donde no volvería a contemplarlo hasta más de una semana después. Una nueva herramienta de control sobre Cloud había aparecido en escena, y lo mejor era que no otro, sino el ex-SOLDADO, era quien le aportaba la idea: Aeris. ¿Cómo no había caído antes en usarla de esa forma?

Pese a marcharse de la celda sin haberle puesto una mano encima a Strife, no lo hizo de mal humor. La expectativa de lo que el día siguiente le iba a deparar le emocionaba. Como un niño la víspera de Navidad. Dejó a Cloud tranquilo por esa noche. Que ansiara el reencuentro… Mientras él ya planeaba un nuevo uso que darle a su principal prisionera de ahora en adelante.

Cuán ignorante estaba siendo de lo que unas horas después ocurriría en realidad, de lo torcido que acabaría saliendo ese plan. Que en lugar de lograr acercarle a Cloud, le alejaría tanto que pasaría los siguientes cinco días sin siquiera atreverse a tocarle. Ninguno de los dos podía sospechar lo que esa breve conversación desencadenaría. Pero uno de ellos especialmente… No podría olvidarla jamás.

Ni dejar de desear haberse quedado en silencio en su rincón.


.

Tiempo después, una escena muy parecida a aquella se repetía. Encogido en una esquina, el cuerpo de Cloud se movía sutilmente al compás de una forzosa respiración, que denotaba no sólo el dolor que lo atenazaba, sino la tensión manifestada por la presencia del recién llegado a la habitación. Podía sentir esos pérfidos ojos heladores clavados sobre él, con esa asquerosa expresión impertérrita en su repugnante cara. No necesitaba mirarle para saber que la estaba poniendo. Cuánto la odiaba… Se notó empezar a temblar, cerrando los puños con fuerza para contener la rabia que, como brasas, había prendido la sola aparición de Rufus Shinra en el cuarto.

—Enhorabuena —Una voz cargada de un negro odio salió de lo más profundo de la garganta de Cloud, ronca y temblorosa. Sus ojos, brillando en la penumbra con una feroz intensidad, fulminaron la pared de tal forma que podrían haberla derretido—. Ya lo has conseguido. Has logrado que por fin alguien no pudiera resistirse a tus encantos… Aunque hayas tenido que recurrir a las más retorcidas trampas.

El sonido del picaporte de la puerta al cerrarse le indicó que estaban a solas en la habitación. Tras ello, una insolente y leve risa despectiva le hizo temblar aún más de rabia.

—Vamos… No finjas que estás enfadado —La cínica voz de Rufus amartilló sus oídos—. No recuerdo haberte visto pasarlo mal anoche…

Con los ojos refulgiendo un fuego azul salido de las mismas entrañas de la tierra, Cloud clavó en Shinra por encima de su hombro la más furiosa de sus miradas. Y su odio aumentó aún más al ver la provocadoramente tranquila expresión de éste.

—Te destrozaría la cara ahora mismo…

—... Si pudieras, ¿verdad? —completó Rufus, sonriendo con crueldad— Pero los dos sabemos que te quedarás con las ganas.

Cloud apretó las mandíbulas con ira, rechinando los dientes, igual que un lobo en un rincón de su jaula. Pero un repentino vértigo sacudió su cuerpo y le obligó a desviar la mirada. Las jodidas esposas de Mako volvían a hacer de las suyas, reaccionando al aumento de energía en su cuerpo que la ira estaba provocando. Maldijo en su mente en todas las formas que conocía al hijo de puta que estaba tras él. No sólo no podía matarle, sino que ni siquiera podía odiarle.

—Vete al Infierno, quédate ahí y déjame en paz. Es el lugar donde mejor encajas.

—Uf… Cuánta hostilidad —Shinra sacudió la cabeza. El sonido de sus pasos se aproximó a Cloud—. Cualquiera diría que te he estado torturando, en lugar de hacer que te corrieras en mi mano como un adolescente.

—Cállate —ladró Cloud en su rincón. Y luchando contra el vahído que el Mako le provocaba, se volvió hacia él, mirándole a los ojos—. No sabes cómo conseguir que sienta placer al estar contigo y tienes que arrancármelo a la fuerza, ¿verdad? Estás dispuesto a lo que sea para tener esa ilusión, incluso a drogarme —Shinra mantenía una expresión impávida. Como una jodida estatua de mármol. Pero Cloud no se dejó engañar por ella. Bajó un poco el tono de su voz al continuar—… Qué pena me das. Debe ser frustrante. Dime Rufus… ¿Tan mal te sienta saber que lo único que me despiertas es asco?

Los témpanos de hielo que le miraban ocultaron toda emoción a su interlocutor. Con su habitual desdén, Rufus redirigió sus pasos hacia la cama, donde se sentó y continuó observando a Cloud desde ésta.

—Eres un mentiroso —insistió el presidente con arrogancia, sonriendo despiadado—. Oí perfectamente cómo de esa boquita salía mi nombre, gemido de una forma deliciosa… —se regodeó, al parecer insensible a la feroz mirada que de un momento a otro volcó Cloud sobre él. De hecho, la instigó con escarnio— Sí… Creo que nunca podré olvidarlo… «Rufus…» —imitó, insolente.

Aquella provocación fue la gota que colmó el vaso. Cloud no esperó a oír más antes de levantarse de golpe y pararse a menos de medio metro de Shinra. Temblando de la cabeza a los pies, le fulminó desde arriba con la mirada irradiando furia, con los dientes y los puños apretados y resistiendo el dolor de su cuerpo, que no estaba en condiciones de permanecer en pie. Y desde la cama, un tranquilo Rufus elevaba la mirada hacia él, ajeno al peligro que corría y aguardando sin una pizca de alarma la siguiente acción de Cloud.

—No te entra en la cabeza, ¿verdad? —masculló éste, furioso— No… claro que no; el amo y señor de Midgar, rodeado de lameculos por todas partes… ¿Tan poco acostumbrado estás a oír un «No» que no lo entiendes cuando te lo dicen? Pues para todo hay una primera vez… Así que óyeme bien, Rufus: Prefiero estar MUERTO que dejar que me toques.

Ahora ya apenas unos centímetros separaban sus rostros. Cloud se había ido acercando e inclinándose hacia delante conforme hablaba. Su cara enrojecida de cólera casi tocaba la de Rufus. Las esposas de sus manos brillaban con intensidad, haciendo temblar sus puños; su aguante era impresionante. Pero Shinra permanecía impasible y con los labios ligeramente curvados en una sutil sonrisa.

—Una lástima que no estés aquí para que se cumplan tus deseos. Sino los míos, Cloud —puntualizó Shinra con una mirada implacable—. Y como no pienso matarte, sólo te queda resignarte a la alternativa…

—¡GAARG! —Un alarido de frustración brotó de la garganta de Cloud, gritándole iracundo a Rufus en la cara antes de apartarse de él. Eso era lo único que podía hacer, gritar. Cuando lo que deseaba con toda su alma era poder hundirle el puño en la cara.

Se dio la vuelta, alejándose de esa mirada que le ponía enfermo mientras se sentía hervir por dentro de una rabiosa cólera que necesitaba hacer estallar de algún modo. Apoyó los puños en la pared, notando sus venas arder por el Mako. Jadeaba entre dientes furioso, insultado y humillado por ese hombre que poblaba sus pesadillas tanto dormido como despierto. Se volvió hacia él e hizo lo único que podía hacer.

—¿A qué coño estás jugando, eh? ¿Para qué me quieres retener aquí? ¿Sólo para follarme? Si tienes que recurrir a estos trucos tan rastreros, no debe de gustarte ya tanto… ¿No has tenido ya suficiente? ¡¿Por qué no me dejas en paz, por qué no te deshaces ya de mí?! —gritó con todas sus fuerzas, encendido de ira—... ¿A dónde cojones quieres llegar? ¿No ves acaso que te desprecio?

La sonrisa de Rufus había desaparecido. Desde la cama, le observaba con una seria y significativa expresión. Algo de lo que había dicho Cloud le había afectado. Mientras el silencio sólo era roto por los jadeos de Cloud, Shinra introdujo una mano en el bolsillo, buscando algo en lo que hablaba con voz tranquila y sin mirarle.

—¿Que a qué juego? —Su voz brotó considerablemente más seria—Resulta, Cloud, que me gustan los retos. ¿Sabes cuánto tardé en adiestrar a Dark Nation, mi perro guardián, hasta que dejó de intentar arrancarme la cara de un mordisco? Tengo mucha paciencia con lo que me interesa —su mano emergió del bolsillo, mostrándole, sostenida entre el índice y el pulgar, la pequeña ampolla con el suero—. Si tengo que valerme de artimañas y ayuda extra para conseguir lo que quiero, no me importa recurrir a ello. Claro que sé que me desprecias… Pero también que esto, hace un mes, no habría funcionado contigo. ¿Me habrías dejado acaso besarte, te habrías estado quieto mientras te comía el cuello? No… Yo a eso, lo llamo progreso.

Cloud le miraba de hito en hito, sin creerse las palabras que con tanta desfachatez salían de la boca de Shinra. Le comparaba con un perro, como si le estuviera domesticando. Pero no se detuvo ahí…

—¿Que a dónde quiero llegar, me preguntas? —Rufus se inclinó hacia delante, mirándole directamente a los ojos— Si en tres semanas he conseguido inyectarte esto, imagínate lo que lograré de ti en un par más. Tú podrás ser una fiera, pero yo soy un domador experto. Voy a hacerte mío, Cloud, y no hablo sólo de tu cuerpo. Conseguiré, sin tener que recurrir a esto —Agitó el botecito en su mano— que vengas a rogarme que te folle. Te lo juro, Cloud. Porque, a partir de ahora, no voy a obligarte más. Vendrás tú a mí, por la cuenta que te trae. Y si eres inteligente, dejarás de intentar negarte y tu vida será más fácil —Shinra suavizó el tono, lanzándole una mirada sagaz—. Yo puedo hacer cosas por ti, Cloud. Puedo hacer que no tengas que volver a luchar por comida ni arriesgar el pellejo por un par de guiles. Y sólo te estoy pidiendo a cambio una cosa…

La expresión de Cloud había pasado de la incredulidad a la indignación. Taladró a Rufus con una mirada asesina, creyendo conocer la respuesta antes de formular la pregunta.

—¿Qué cosa?

Una diabólica sonrisa se instaló en el rostro del presidente.

—Que te entregues por completo a mí. En cuerpo y alma. Tu cuerpo ya lo tengo —Le miró con una expresión perversa, mientras apoyaba el mentón en el puño—… Ahora quiero el resto. Quiero que me ames.

—Estás enfermo —increpó Cloud con desprecio— ¿En qué universo podría yo amarte? A alguien como tú… ¿Quién podría?

—Tienes mucha razón… —Le sorprendió Rufus, relajando su expresión y acariciándose distraídamente la barbilla— He oído las cosas que se dicen de mí… Que si nunca nadie me ha visto llorar o sangrar, o que soy aún más cruel que mi padre…

—Eso no es algo que se diga, es una evidencia… —interrumpió Cloud.

—Así que, ¿quién podría amar a un monstruo desalmado como yo? —prosiguió como si no le hubiera oído— Pero tú ya has comprobado que yo no todo el tiempo soy cruel… Puedo ser bueno contigo. Y podría serlo siempre. Hasta incluso pensaría en quitarte esos grilletes —Los señaló con la cabeza.

—¿Cuándo, asquerosa serpiente, dices que has sido bueno conmigo? —gruñó Cloud, cada vez más furioso e indignado— Desde el momento en que me encerraste no he visto una pizca de humanidad en ti.

—Eso es injusto, no es cierto —rebatió Rufus, acodándose en sus rodillas y entrelazando las manos en una postura más cómoda—. ¿Acaso no he liberado a tus amigos, cuando es algo que claramente puede perjudicarme? Sólo lo hago por ti. ¿No te traje a esta habitación, en lugar de tenerte encerrado como a un criminal, para que estuvieras más cómodo? —Sonrió mientras señalaba a su alrededor con las manos abiertas—. Tengo motivos de sobra para juzgarte como terrorista y ejecutarte. Y no lo hago, Cloud. Vamos, si hasta te demostré que puedo ser respetuoso con tu dolor… ¿No me porté bien contigo cuando murió Gainsborough? ¿No fui compasivo?

Cloud había ido desviando la mirada, harto de oír tanta mentira… Hasta que escuchó esa frase final. Las últimas palabras de Rufus le atravesaron los oídos como un rayo y fueron suficientes para volver toda su atención de nuevo hacia Shinra, con los ojos abiertos de incredulidad.

—¿Compasivo? —repitió Cloud con un deje tembloroso en la voz y mirándole lleno de rencor. Las esposas brillaron más. Por ahí sí que no pasaba— ¿Cómo eres tan mezquino? —Su voz se tiñó de rabia y el Mako de sus ojos fulguró con odio— Lo único que hiciste por mí cuando murió Aeris fue dejar de follarme durante cinco días y te sentiste como un santo. Después de haber permitido que la asesinaran…

Rufus desvió la mirada un momento y cambió de postura, al parecer, percatándose de que había dicho una frase de más. Miró a Cloud a los ojos y pareció pensarse mejor las palabras antes de hablar.

—Sabes que intenté evit…

—¡Y una mierda! —gritó el ex-SOLDADO fuera de sí, sin dejarle terminar. Shinra había pisado un terreno por el que Cloud no estaba dispuesto a dejarle pasar. Ni una mentira más. No iba a tragar una sola palabra más que saliera por esa sucia boca— ¡No intentaste nada! Te quedaste mirando y dejaste que ocurriera. Eres el puto presidente Shinra, todos y cada uno de los gilipollas que trabajan para ti responden a una sola de tus órdenes como jodidos robots… Y en lugar de detenerles, lo dejaste pasar. No abriste la boca hasta el último momento, cuando ya era tarde. Yo estaba allí, pude ver que aquello iba a terminar mal, dudo que tú no lo hicieras… Así que no me jodas con que intestaste evitarlo. Pudiste evitarlo. Pero no hiciste ¡nada!

—No puedes culparme —reprochó Rufus muy seguro—. Fue un accidente, lo sabes perfectamente.

—¡Claro que te culpo! —Después de haber soltado todo aquello, Cloud sentía que ya no podía parar. Necesitaba decírselo todo y le daba igual cómo terminara. No le haría callar—. En primer lugar, ella no debía estar aquí. Si Aeris estaba aquí fue porque tú la trajiste. No te escudes con que fue un accidente. Por lo que a mí respecta, tú la mataste.

La mirada del ex-SOLDADO en ese instante podría haber prendido el hielo. Hasta Shinra sintió un ligero estremecimiento al verse atravesado por ella. Cloud temblaba, seguramente resistiendo el efecto de las esposas de Mako, que hervían ante su exaltación. Rufus supo que debía escoger las palabras con cuidado si no quería tener que recurrir al controlador para defenderse de él.

Pero, como solía suceder, su enorme vanidad pudo más que la prudencia. Y herido en su ego de recibir tanta falta de respeto, contraatacó de la forma más cruel.

—¿No sería más acertado decir que la mataste tú? —Sus ojos gélidos se clavaron sobre Cloud con inhumana maldad.

—No te atrevas… —advirtió Cloud lanzándole una mirada feroz. Pero Rufus no se frenó.

—¿Quién me pidió verla? —atacó con un tono incisivo, alzando la voz conforme veía que Cloud trataba de evitar escucharle— ¿Quién necesitaba urgentemente hablar con ella, estar con ella unos segundos, saber que estaba bien…? —repitió cada una de sus frases.

—Cállate…

—¿Quién provocó toda esa situación? —siguió Rufus, implacable— También estaba yo allí… Vi lo que pasó. Y si alguien desencadenó que ocurriera lo que ocurrió, sin duda fuiste tú.

—¡CÁLLATE!

Las paredes retumbaron con aquel desgarrador grito, que precedió a un ataque impulsivo por parte del iracundo ex-SOLDADO. Se lanzó sobre Rufus dispuesto a hacerle probar su puño, invadido por la misma ira asesina que, días atrás, le hiciera apretar el gatillo de aquel revolver descargado en la habitación de Shinra. Pero este ataque no pilló al presidente desprevenido. Su mano aferraba dentro del bolsillo el regulador de las esposas mientras hablaba y estaba preparado para subir el nivel. Pero solamente gracias a que Cloud se había alejado unos metros, logró accionarlo a tiempo. De haber permanecido el ex-SOLDADO tan cerca como estaba antes, habría encajado el golpe antes de tener tiempo de reaccionar.

Una potente descarga eléctrica sacudió el cuerpo de Cloud. Su puño alzado estaba a punto de caer sobre la cara de Shinra, cuando sintió que todo se volvía negro. Abrió los ojos como platos sin ver nada; estos adquirieron un marcado color azul, más intenso aún de lo normal. Y como si le hubiera alcanzado un disparo, Cloud se tambaleó, perdiendo momentáneamente la conciencia y cayendo hacia atrás. Quedó tendido de espaldas en el suelo, boqueando y arqueándose con dolor. Desde la cama, Rufus aguantaba la respiración, aferrando el mando entre los dedos sin poder disimular la tensión en su cuerpo.

Aquel desagradable episodio puso fin a sus ganas de alargar el encuentro. Soltó todo el aire que había reteniendo y se levantó de la cama dispuesto a irse, airado. Pero un quejicoso sollozo llamó su atención. Al mirar al suelo, descubrió a Cloud haciendo acopio de fuerzas para moverse, colocándose de costado, encogido en postura fetal mientras se debatía entre el dolor físico y el anímico.

—¿Y te atreves… a llamarte compasivo…, hijo de puta? —masculló con sumo esfuerzo.

Rufus le contempló sin moverse. Cloud estaba de espaldas a él, pero las convulsiones de su cuerpo y sus sollozos no dejaban duda de que lloraba, derrotado. Algo entonces se apoderó del presidente Shinra. No supo si ciertamente era esa «compasión» de cuya falta Cloud le acusaba, simple lástima o tal vez algo más. Pero, despacio, se acercó a él, acuclillándose en el suelo y trató de girarle hacia sí. En cuanto notó su tacto, Strife se agitó, debatiéndose contra él. Shinra le sujetó de los hombros con firmeza y, cuando Cloud lanzó hacia él un brazo para apartarle, éste le sujetó de la muñeca. El ex-SOLDADO trató de zafarse, pero no le quedaba ni una gota de fuerza con que luchar contra Rufus. La frustración se vio reflejada en sus sollozos.

Quedó tendido, con el rostro en el suelo cubierto por el flequillo y colgando del brazo que Shinra le sostenía. Rufus se inclinó un poco más y quiso apartar sus cabellos, pero Cloud le rechazó de nuevo, mascullando «No me toques» una y otra vez. Para frenar su incesante lucha, Shinra le tomó del pelo, controlándole al fin y alzándole el rostro hacia sí. El ex-SOLDADO mantuvo los ojos cerrados, con una expresión contraída por el dolor.

Durante unos instantes, Rufus no hizo más que mirarle en lo que Cloud emitía leves quejidos y sollozos, sin importarle ya contener su llanto delante de él, sin fuerza ni voluntad para seguir luchando. Era tanto el dolor en su cuerpo y en su alma, que ya no podía más. Esta roto.

—Basta ya —gimió casi sin voz, entre lágrimas de desolación—… Déjame en paz ya…

—Sshh —susurró Shinra, acallándole. Le sostuvo con firmeza, pero sin más fuerza de la necesaria—. Cálmate… No quiero esto, Cloud. No quiero hacerte daño. ¿Vale?

Los ojos del ex-SOLDADO se abrieron y enfocaron a Shinra entre lágrimas. En un mar de capilares enrojecidos por el llanto, su intenso color azul se veía más hermoso y más letal que nunca. Pues aquella mirada destilaba puro odio y dolor.

—Es lo único… que haces —increpó entre dientes, todavía jadeando, mirando a Shinra directamente a los ojos a una distancia mínima. La cabeza le daba vueltas, el dolor palpitaba en cada fibra de su cuerpo. Sentía que no aguantaría mucho más consciente. Pero antes de sucumbir, reunió la fuerza y el furor necesarios para terminar de hablar—. Eres… un puto monstruo… Shinra. Dolor… es todo lo que puedes ofrecer… ¿Quieres… quieres mi cuerpo? Es todo tuyo. Pero amarte… es lo único a lo que no puedes obligarme.

Ese rostro hirviendo de desprecio se clavó en las retinas de Shinra. Sus dedos se aflojaron y terminaron por dejar libre a Strife, quien, de vuelta al suelo, se encogió sobre sí mismo retorciéndose de dolor y abatimiento. Rufus se incorporó pero no emprendió la marcha aún. Le contempló desde arriba con una expresión fría y reflexiva.

—Me da exactamente igual lo que opines —murmuró con voz altiva, sin apartar los ojos de la figura contraída de Cloud—. Yo no maté a Aeris Gainsborough y nunca lo pretendí. Puedes echarme la culpa todo lo que quieras, eso no va a alterar nada. Ella está muerta y tú aquí —Shinra dejó caer todo su orgullo sobre el ex-SOLDADO como puñaladas. Cada palabra descargada añadía más peso al alma torturada de Cloud—. Y nada de lo que digas o pienses va a hacer que eso cambie. A mí nada se me pone por delante, Cloud. No he tenido suficiente aún. No tendré suficiente hasta que consiga que me ames. Y te juro que lo lograré.

Giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta, cerrándola al salir con un portazo. En la desolación del cuarto, Cloud se rindió a su sufrimiento hasta que su mente no pudo más y desfalleció en el suelo justo donde Shinra le había dejado. En cuanto al presidente, se encerró en su alcoba lleno de ira y la descargó lanzando contra la pared todo lo que estuviera suelto. Todo el buen humor con que había recibido esa mañana había quedado hecho cenizas. El abismo que le separaba ahora de Cloud parecía imposible de salvar.

Apoyó sendas manos sobre la cómoda ahora vacía, con los hombros encorvados. Su mirada se topó con el espejo que coronaba el mueble y su reflejo le devolvió una expresión de cólera. Sus ojos furibundos, su pelo revuelto y su rostro enrojecido. «Monstruo». Cuántas veces lo había oído murmurar. Pero era la primera vez que dejaba que le afectara. Agarró el borde del espejo, imprimiendo fuerza a sus dedos mientras fulminaba esa imagen suya con odio. Y tiró de éste hasta que se desencajó, quebrándose en decenas de pedazos como una telaraña que desfiguraron su reflejo y multiplicaron su rostro en cada pequeño fragmento.

Varios pares de ojos fríos como el hielo le devolvieron la mirada.

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Fin del duodécimo capítulo.


Bueno, bueno, bueno, la cosa se ha caldeado... Parece que al pobre Rufus no le puede salir nada bien. Pero me da a mí que esta vez el mal trago no se le va a pasar tan fácilmente, no sé... Suposiciones mías desde fuera.

¿Qué os ha parecido? ¿Hartos ya de tanto drama? ¿Deseando que se acaben de una puñetera vez los Flashbacks? Pues tengo una buena noticia si ese último es vuestro caso: el próximo capítulo que luce el número 13 será el que concluya con ellos. ¡YES! Por fin será desvelado, desnudado y expuesto todo lo que nos falta por saber de lo acontecido hasta los cinco días anteriores al capitulo 1 de este fanfic. Hoy ya se han rebelado algunos detalles respecto a la desafortunada muerte de Aeris, pero no querréis perdérosla... O sí. En ese caso, no lo leáis, haced cosas más productivas que bastante tiempo os he robado ya.

Dos millones doscientas cuarenta y ocho mil trescientas dos gracias a todos los que habéis aguantado hasta ahora y una más a los que pensáis seguir aguantando. ¡Que todavía queda mucho fanfic! La musa no para y yo tengo que seguirla... A los que me dejáis reviews ya sabéis: os adoro y os alzaré un altar en algún momento que tenga tiempo, al que rezaré y dará gracias antes de irme a dormir. Mención especial: EloraP y ReijaZ. ¡Sois amor! Y el resto, si queréis recibir una mención especial, pero sobretodo hacerme la mar de feliz y transmitirme vuestras opiniones, dudas, escritos, testamentos, relatos, amenazas verbales o gráficas, cartas-bomba, etcétra, sólo tenéis que escribirlas ahí abajo, que no se tarda ná, y darle al botón de enviar ("Post review" para los amigos). Porque de verdad que me ayudan mogollón y, especialmente, me inspiran para seguir escribiendo. ¡Adelante!

Besotes y abrazotes y a pasarlo bien. ¡Hasta el jueves que viene!