La triscaidecafobia es el miedo irracional al número 13. Se considera normalmente una superstición. La fobia específica al viernes 13 se llama friggatriscaidecafobia (de la diosa vikinga Frigga de donde procede la palabra Friday, viernes en inglés).

Hay mucha gente que considera que, en un viernes 13, la mala suerte hará de las suyas y algo malo va a ocurrir. Si sois triscaidecafóbicos os recomiendo que dejéis de leer ahora. Este es el capítulo 13 de este fanfic. Y el Flashback que toca cae en viernes. Entrad bajo vuestra propia cuenta y riesgo...


El despacho del presidente Shinra tenía una formidable chimenea. Empotrada en la pared, regia pero discreta, sin ornamentación. No era más que un recuadro que se alzaba desde el suelo hasta el metro y medio, sin muebles frente a ella. Su única función era la de calentar el tan amplio despacho cuando el tiempo arreciaba, y con ese fin se hallaba ahora encendida.

Rufus Shinra se apoyaba sobre el ventanal cuyo cristal le protegía de una caída de más de sesenta pisos y de la fría lluvia que caía con vehemencia sobre Midgar. Esa lluvia que llevaba días azotando la ciudad y parecía no tener fin. Resguardado del clima, el presidente había colgado su chaqueta en la silla, luciendo solamente camisa y chaleco y una copa de fuerte whisky en la mano, de la cual iba dando cuenta más deprisa de lo recomendado. Con el otro brazo apoyaba su peso sobre el cristal y oteaba los tejados de la imponente ciudad bañados por la lluvia, mientras trataba de ahogar sus pensamientos con el alcohol y el sonido de la radio, en la que la voz de una impasible locutora informaba:

—«… La Compañía Shinra asegura que los disturbios del Sector 7 han sido ya controlados. Un contingente de la unidad especial SOLDADO ha sido enviado a mantener el orden en los suburbios. Pese a haber sido detenidos al completo hace varias semanas, tres miembros de la organización terrorista AVALANCHA han sido puestos en libertad bajo estrecha vigilancia de La Compañía. Shinra asegura tener la situación bajo control y afirma que no hay motivos para temer un nuevo ataque de los terroristas mientras el resto de la banda continúe bajo arresto. Aun así, recuerda a los ciudadanos que se trata de activistas peligrosos y violentos y recomienda evitar las calles cercanas a los pilares o circundantes de los suburbios…»

Rufus alzó la copa en su mano, perdiendo la mirada y el pensamiento en su interior ambarino. Su rostro detonaba cansancio. Ni siquiera ahí, en la torre de su castillo, podía olvidarse de AVALANCHA. El mundo parecía conspirar para no darle ni un momento de paz. Alzó la mirada por encima del vaso, hacia el inmenso vacío lluvioso que se abría al otro lado del cristal de la ventana. Tres miembros libres y correteando por ahí abajo. Cuatro aún encerrados. Uno a quien jamás dejaría salir… Y uno que ya nunca volvería a ver el cielo azul.

Por culpa de este último sus planes se habían torcido. Una ausencia que Cloud nunca dejaría de echarle en cara. Y pensar que siempre creyó que estaba mejor muerta… Ahora, ni desde el otro mundo dejaba de atormentarle su presencia.

Aeris Gainsborough… Qué cara le había salido su muerte.


Hace una semana.

Viernes.

.

El corazón le dio un vuelco al escuchar la puerta abrirse. Cloud clavó su mirada sobre las figuras que ingresaban en su habitación hasta que divisó la única que le importaba. Flanqueado por sus hombres y a la contraluz del umbral, Shinra le esperaba con una actitud desganada.

Vamos.

Entre temeroso y ansioso, Cloud se puso en pie. Dos guardias se acercaron a él y engancharon sus esposas una a la otra, inmovilizando sus manos de nuevo. Pero los ojos del ex-SOLDADO no se despegaban de los de Rufus. Cuando le guiaron hacia la puerta, Cloud frenó en seco para dirigirse al presidente, mirándole intensamente.

Me has dado tu palabra —recordó.

Que sí, pesado… —masculló Rufus sin mirarle.

La comitiva avanzó por los pasillos del edificio Shinra en casi absoluto silencio. Tomaron uno de los ascensores y, cinco minutos después, se detuvieron frente a la enorme puerta de acceso de alguno de los muchos departamentos que poseía la compañía. El presidente en persona sacó una tarjeta de su bolsillo y la pasó por un detector. La puerta se abrió con un sonido sordo. Ingresaron en una sala más pequeña, austera y fría, con varios monitores apagados y otra puerta metálica al fondo. Los guardias guiaron a Cloud hasta ésta.

El corazón le latía nervioso. Confiar en Rufus Shinra era una apuesta arriesgada y no podía negar que todavía a esas alturas, albergaba sus dudas de la veracidad de aquella promesa. Mientras algunos guardias encendían los monitores a su espalda, Cloud buscó a Rufus. El presidente se hallaba a su lado, regio y serio, con las manos entrelazadas a la espalda y la vista al frente. Se negaba a devolverle la mirada.

Uno de los agentes desunió las esposas de Cloud, dejándole las manos libres de nuevo. El ex-SOLDADO se las miró sorprendido.

Tienes quince minutos —La tosca voz de Shinra le hizo volver su atención hacia él. Éste no se había movido un ápice—. Ni uno más.

Cloud le observó unos segundos, analizando su gesto. Algo molestaba a Shinra y eso sólo podía significar que estaba haciendo algo que le desagradaba. Para Cloud, se traducía en cumplir una promesa que le había hecho.

Gracias —murmuró, no sin esfuerzo.

Rufus hizo un gesto con la cabeza semejante a haber recibido una picadura de mosquito. Estaba claro que aquello no le encantaba.

No se te ocurra hacer ninguna tontería —musitó con calma mientras bajaba la mirada. El rifle de uno de los guardias que se hallaban tras Cloud asomaba entre ellos dos. Shinra levantó ligeramente el cañón con un dedo—. Media docena de estos ojos te estarán vigilando. Procura portante bien o no volverás a verla.

El ex-SOLDADO tragó saliva y encaró la puerta con firmeza. Al fin, ésta se deslizó a un lado y se le permitió la entrada. No pudo evitar la sorpresa al verse dentro de un compartimento estanco, con otra puerta frente a él. Miró atrás con desconcierto.

Esa puerta se abrirá cuando se encienda la luz verde —señaló Shinra, mostrándole un foco que brillaba de un rojo intenso—. Espera hasta entonces.

Apenas dijo la última palabra, la puerta se cerró, dejando a Cloud enclaustrado en el compartimento. Al instante, empezó a notarse más nervioso. El corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho, empezó a faltarle el aire y a sudar. Cerrando los puños, se colocó frente a la siguiente puerta y clavó sus ojos sobre la intensa luz roja, mientras trataba de tranquilizarse. Su respiración agitaba fue lo único que escuchó durante unos angustiosos segundos. Por fin, el resplandor que llenaba el diminuto habitáculo se tornó verde. La puerta se deslizó. Y tomando aire, Cloud ingresó por ella.

Se halló en una sala amplia, de paredes, suelo y techo oscuros, potentes luces alógenas y completamente vacía. A excepción de la persona que se hallaba al otro extremo de la habitación y que, en ese momento, sobresaltada, se giraba hacia él. Le sobraron segundos para reconocer su vestido rosa y su larga trenza castaña.

¿Cloud…?

¡Aeris…!

Se lanzó hacia ella incapaz de creerlo. Todavía una parte de él aguardaba la inevitable decepción de verse en una trampa urdida por Shinra. Y hasta que no la rodeó con sus brazos, no se dejó convencer de que era real. Estrechó su cuerpo con tanto ímpetu que la levantó del suelo. Sintió inmediatamente sus brazos rodearle los hombros y el tacto de su pelo contra el rostro. Hundió la cara en él.

¡Cloud!... Menos mal… Estás bien —La voz quebrada de Aeris le llegaba amortiguada desde su cuello— No sabía nada de ti, no sabía dónde estabas… He preguntado muchas veces, pero no querían decirme nada…

Tranquila… —Cloud acarició suavemente su cabeza, atrayéndola más. No podía creer que estuviera tocándola, después de doce días sin saber nada de ella— Tú… ¿estás bien?

Le costaba hablar; no dudó que Aeris se diera cuenta. Pero sentir por fin el tacto de otra persona que no fuera Rufus era más maravilloso de lo que nunca pudo imaginar. Sentía ganas de romper a llorar. Tanto tiempo confinado soportando a ese cabrón…

Sí… Sólo… Me dejan en una celda todo el día —musitó ella con un deje inocente y tranquilizador, mientras se separaba. Cloud se apresuró a ocultar su mirada, serenándose. Pero Aeris lo notó; ella lo notaba todo— ¿Y los demás? ¿Dónde están?

Están bien —mintió Cloud. No tenía ni idea.

¿Y tú…? —Una mano de Aeris acudió a su rostro, acariciándole la mejilla y buscando sus ojos, percatándose de que no quería mirarla. Cloud trató de rehuirla, pero fue peor. Al tomar su muñeca para apartarla, ella recayó en la gruesa esposa que lucía— ¿Qué… qué es esto? ¿Qué te han hecho?

No pasa nada —Él tomó sus manos, acariciándolas entre las propias distrayendo su atención. Tan suaves, tan delicadas… Cómo las había echado de menos.

Aeris aún le miraba profundamente preocupada. Sus ojos se centraban ahora en algún punto del cuello de Cloud. Liberó una de sus manos y la llevó hasta allí.

Te han herido… —musitó acariciando una rojez en su piel.

Rápidamente, Cloud retiró esa mano y ocultó su cuello girando la cabeza. No quería que supiera, jamás... No tenía por qué saberlo. Pero Aeris parecía estar sufriendo al verle así. Ella le notaba débil, cansado, más pálido… Algo le atormentaba y no quería contárselo. La joven bajó la mirada, compungida.

Lo siento… Cloud, yo… Debí ser más precavida, no debí dejar que me cogieran… Todo era una trampa para atraerte y yo no…

No —El ex-SOLDADO se inclinó buscando sus ojos—… No, Aeris, no fue culpa tuya, fue… —se atragantó, cerrando los ojos. Sabía la respuesta— Fue culpa mía. No actué bien, no te protegí… Debía rescatarte, no acabar aquí también. Me lancé sin pensar, yo… Joder —La última maldición se quebró en su garganta, mientras bajaba la cabeza contrayendo la expresión con dolor. Vincent y Tifa… ¿Por qué no los escuchó?—… Lo siento, Aeris, lo siento tanto… Perdóname…

Apoyó la cabeza sobre su hombro; ella le rodeó con sus brazos, abrazándole con ternura. Le consoló con palabras tranquilizadoras, acariciando su pelo y su espalda, refugiándole en esa mágica aura de paz que siempre transmitía. Era una de las mayores virtudes de Aeris: que pasara lo que pasara, todo era bondad y dulzura con ella. Estar a su lado era ver la luz al final del túnel.

Tal vez por eso estaba tan enamorado de ella.

Al otro lado de la pared, a través de un monitor, dos ojos azules como el hielo observaban la escena con la frialdad de un glaciar. Los dos jóvenes se abrazaban y reconfortaban, ajenos al rencor que desprendían aquellos ojos que los miraban. El amor que invadía la habitación se convertía en veneno para Shinra. Unos nocivos celos atravesaban su negra alma al ver cómo Cloud la abrazaba, la forma en que parecía adorarla… ¿Para eso le pidió verla? ¿Para humillarle? ¿Para demostrarle lo mucho que podía amarla y la manera en que se entregaba a sus brazos, tan deseoso, tan dócil?… Pues se acabó.

Ya es la hora —enunció al escolta que tenía a su lado.

Sólo han pasado siete minutos, señor presidente —expuso éste con cautela tras mirar su reloj.

Shinra le lanzó una mirada glacial.

He dicho que ya es la hora —repitió en un tono que no toleraba réplica—. Sacadle.

El guardia inclinó la cabeza afirmativamente e hizo un gesto a dos de sus compañeros. Rufus volvió a clavar la mirada en los dos jóvenes.

Dentro de la sala, los dedos de Aeris recorrían el rostro de Cloud con suma ternura, tratando de reconfortar el dolor que percibía a través de los ojos del ex-SOLDADO.

No te preocupes… Todo acabará pronto —susurró ella, de nuevo ejerciendo ese increíble poder apaciguador—. No es la primera vez, ¿verdad? —Sonrió. Cloud no pudo evitar corresponder del mismo modo—. AVALANCHA siempre encuentra la forma de salir airosa de todo. Por eso me encanta formar parte. Porque los buenos siempre ganan.

Cloud liberó una leve risa por la nariz. Esa forma de hablar, siempre tan optimista, como si no existiera nada en el mundo que pudiera perturbarla… Todo lo contrario que él. Irremediablemente le arrastraba en su dirección, consiguiendo que hasta alguien como Cloud lo creyera posible. Miró sus ojos, grandes, verdes y bondadosos. Ahora fue él quien acarició su mejilla.

Te prometo que te sacaré de aquí…

Claro que lo harás —sonrió ella, radiante, mientras deslizaba una de sus suaves manos por la muñeca maltratada de Cloud, donde el grillete se clavaba más día tras día—… Eres el héroe. Yo confío en ti.

Esas palabras provocaron un enorme vuelco en su corazón. Su ritmo se aceleró de golpe mientras contemplaba aquel rostro que había logrado lo que nadie hasta el momento: sacarle de las tinieblas en las que vivía encerrado. Cuánto la amaba… Jamás se lo había dicho. Y las ganas irrefrenables que sintió de besarla le parecieron la mejor forma de hacerlo. Se inclinó hacia delante obnubilado por sus ojos… Pero el segundo de más que se demoró en mirarlos, le costaría no llegar a rozar sus labios.

Nunca.

La puerta se deslizó y ante el asombro de ambos, tres guardias entraron por ella seguidos de Rufus Shinra. Cloud miró al presidente sin comprender.

Se acabó el tiempo.

¿Qué? —exclamó el ex-SOLDADO con indignación— De eso nada ¡Dijiste quince minutos, Rufus!

Dije ni uno más, nada de ni uno menos —respondió este con pasividad. Acto seguido, chasqueó los dedos y señaló a Strife.

Dos guardias se acercaron. Cloud se colocó inmediatamente entre ellos y la joven, cubriéndola con su cuerpo. Ella le miró inquieta.

Cloud…

Vamos, Cloud —musitó Rufus con una mueca de cansancio—, no hagas el tonto…

Éste paseó la mirada con nerviosismo de un guardia a otro. Sabía que lo que estaba haciendo era irracional y no llevaría a ninguna parte. Pero se sentía traicionado por Rufus y no estaba dispuesto a ceder. Tenía la impresión de que, si dejaba que le separaran de Aeris ahora, no la volvería a ver.

Rufus lo que veía era un lobo protegiendo a su compañera. Acorralado y furioso. Sin ninguna posibilidad de vencer… pero sin intención de rendirse. Mira que llegaba a ser tozudo…

Ya basta —repitió Rufus sin alzar la voz—. Con tu actitud sólo conseguirás que esto acabe mal. ¿Es lo que quieres, Cloud?

Ambos cruzaron sus miradas. A pesar de esa impasible máscara, el ex-SOLDADO pudo leer en los ojos del presidente el verdadero motivo de aquella furtiva interrupción. Su cara mostraba arrogancia e indiferencia, pero sus ojos emanaban rencor. Le fulminaba con ellos con inquina, directamente a él. Y Cloud supuso el porqué.

Esos segundos de intercambio de miradas no fueron desaprovechados por los guardias. Valiéndose del descuido de Cloud, uno de ellos alargó velozmente la mano y atrapó a Aeris por el brazo, arrancándola de su lado. Ella le llamó alarmada y estiró la mano hacia él al tiempo que Cloud trataba de recuperarla, pero en seguida fue detenido por otro guardia, que le empujó por el pecho con su rifle. Mientras ambos forcejeaban, Shinra observaba sin intervenir, con las manos en los bolsillos en actitud impasible. Al menos hasta que, de un puñetazo, Cloud derribara al agente y el restante le apuntara con su rifle a la cabeza.

Todos se quedaron congelados. La batalla se libraba ahora entre Cloud y el guardia que le encañonaba. El ex-SOLDADO, contra toda prudencia, le encaraba furioso y desafiante, con los puños cerrados y los ojos fulgurando de rabia. El guardia, encrespado, amartilló su arma. Aeris ahogó una exclamación.

Como vuelvas a hacer eso, te la cargas, listillo —masculló el agente sacudiendo el rifle, amenazador.

Shinra observó la escena, tenso. La puerta de la sala se abrió entonces y tres guardias más ingresaron con sus armas preparadas, alertados por las cámaras que monitorizaban la habitación. Antes de que avanzaran más, el presidente los detuvo alzando una mano, pero no intervino en el drama que se desarrollaba frente a sus ojos, manteniéndose tan sólo vigilante.

El agente al que Cloud había derribado se levantó con gesto de dolor, llevándose la mano a la cara. Recibiendo una señal de su compañero, se acercó despacio al ex-SOLDADO y le agarró de un brazo. Otro guardia de los que acaban de entrar acudió para ayudarle, tomando a Cloud del otro brazo y del cabello. A la orden de «¡Andando!» empezaron a arrastrarle hacia la puerta.

No… ¡Rufus, espera! —Aeris alzó la voz implorando por unos segundos más, tal vez queriendo despedirse debidamente. Pero Shinra no se dignó a mirarla.

Cloud no luchó ante sus captores, aparentemente resignado. Sólo cuando estaba a punto de salir, clavó los talones en el suelo y detuvo su arrastre; cuando cruzó su mirada con la de Rufus Shinra. El presidente le devolvió ese frío helador que emanaban sus ojos. Cloud le respondió con un furibundo rencor. Su muda conversación duró apenas dos segundos, lo que tardaron los guardias en empujarle y continuar la marcha para sacarle de ahí. Pero algo con lo que no contaban les obligó a detenerse.

¡Argh!

Un quejido a sus espaldas hizo que todos los presentes volvieran la mirada. Aeris había aprovechado un descuido del guardia que la sujetaba para golpearle en las costillas y deshacerse de su agarre. Miró a Cloud con ojos anhelantes, le llamó y corrió hacia él. Lo siguiente, ocurrió tan deprisa que apenas se dieron cuenta.

El agente que encañonaba a Strife en todo momento, volvió su arma hacia Aeris al verla avanzar. En cuanto lo notó, Cloud gritó y se sacudió de sus captores, lanzándose hacia el guardia para impedir el disparo. Atinó a agarrar su muñeca, pero inmediatamente, éste giró el cañón hacia él, apuntándole al pecho a quemarropa. Rufus Shinra, al ver el arma dirigiéndose al ex-SOLDADO, bramó un sonoro «¡No!». Cloud contuvo la respiración, viendo venir el disparo. Pero una milésima de segundo antes, algo le empujó y una sombra cruzó por delante de él.

El estruendo de una detonación enmudeció la sala.

Cloud abrió los ojos como platos y se quedó inmóvil. Una fuerza empujaba su pecho, amenazando con hacerle caer. Sostuvo aquel peso con las manos antes de darse cuenta de que era el cuerpo de Aeris. Al notar que se escurría entre sus brazos, Cloud la sujetó impidiendo que se precipitara al suelo. Se arrodilló con la joven entre los brazos.

No… no —Un miedo helador comenzó a recorrerle por dentro al ver que ella no se incorporaba—. Aeris…

La volteó hacia él con premura, buscando su rostro. Sus ojos estaban abiertos y le miraban. Sus manos se movían levemente hacia él. Pero en su semblante había una expresión de dolor. Cuando bajó la mirada, los ojos de Cloud se clavaron sobre una mancha escarlata en el vestido de la joven que parecía crecer por segundos, sobre su pecho izquierdo. Palideció de terror.

No… No, no, no, no —Una angustia atroz estranguló su voz mientras llevaba la mano al lugar, intentando taponar la herida. No podía ser verdad. Todo había ocurrido en apenas segundos, ella no podía haber recibido el disparo. Cloud la miró implorante—. Aeris, aguanta, por favor…

Ella tenía la boca abierta, parecía intentar hablar, pero no podía. Agarró débilmente la mano de Cloud sobre su pecho. Ante la mirada del ex-SOLDADO, los ojos de Aeris empezaron a opacarse; su brillo se esfumó. Él no hacía más que suplicar, llamándola, rogando que siguiera con él y tratando de detener la imparable hemorragia desesperadamente. Mientras, poco a poco, todo el pecho de la joven y los dedos de Cloud se teñían de sangre en torno a un pequeño roto en su vestido por el que la vida se le escapaba.

Espera… espera, por favor… Aguanta… —La voz de Cloud se tornaba más ansiosa cada vez, descubriendo con horror que no podía hacer nada.

Y en cuestión de segundos, ella se quedó inmóvil.

Cloud enmudeció. Con la otra mano sostenía su cabeza. La notó pesada. Sacudió con levedad a la joven pronunciando su nombre una vez más. En ese instante, la mano de ella sobre la suya se deslizó y cayó con flacidez. Su rostro sin expresión le devolvía una mirada vacía. Sus brazos colgaban inertes. Sólo entonces comprendió que ya no estaba.

¡NOOOOOOOOOOOOO! —gritó con todas sus fuerzas clavando en ella una mirada de pánico.

A ninguno de los presentes dejó indiferente aquel alarido desgarrador. Todos los guardias observaban inmóviles cómo Cloud agitaba, llamaba y abrazaba el cuerpo sin vida de la joven implorando sin parar que le mirara, que volviera… El agente que había realizado el disparo sostenía aún su arma, totalmente atónito. Desvió su mirada hacia el presidente. Y palideció al ver la expresión de su rostro.

Rufus Shinra dio un paso hacia él y, sin dudarlo, le arrebató el rifle de las manos y le cruzó la cara con la culata brutalmente. El guardia cayó al suelo con un quejido cubriéndose la boca, dejando escapar entre sus dedos un hilo de sangre. Y antes de que pudiera levantarse, recibió otro golpe con el arma en la espalda que lo dejó tumbado. El rifle cayó junto a él.

Poned grilletes a este idiota y sacadlo de aquí —siseó Shinra lleno de cólera.

Mientras los guardias arrastraban al aludido fuera, un doloroso llanto comenzó a escucharse. Totalmente desgarrado, Cloud apretaba a Aeris contra su pecho con el rostro anegado en lágrimas. Los brazos de la joven colgaban exánimes de su cuerpo. Una quemadura se advertía en una de sus manos, con la que había agarrado el cañón del arma para desviarlo antes de que impactara sobre Cloud. Él aún no lo entendía. Todo había sido tan repentino que no le había dado tiempo a asimilarlo y no podía creerlo. Todavía confiaba en que hubiera vuelta atrás, en arreglar aquello de algún modo. Por eso no dejaba de abrazar y llamarla desesperado.

Aeris… Por favor, por favor, no —Su voz se ahogada en lágrimas. Levantó el rostro de su pecho, con media cara impregnada por su sangre, y la miró con una expresión rota mientras acariciaba su mejilla—. No… Esto no está pasando… Por favor… Por favor, no…

Negando una y otra vez con la cabeza, miró sus ojos abiertos y vacíos. Ella ya no estaba allí. Volvió a hundir la cara en su cuello. Y abrazándola con todas sus fuerzas, lloró desconsoladamente sobre ella, incapaz de moverse y sin querer soltarla, esperando que, de algún modo, ella volviera.

Frente a él, Rufus observaba su terrible dolor con distancia. Por una vez en su vida, sin atreverse a interrumpir. Ni siquiera creía que Cloud supiera que estaba ahí; parecía tan inmerso en su dolor que no era consciente de lo que le rodeaba. Ahora mismo estaba muy lejos de allí; siguiéndola, a donde quiera que fuera, tratando de atraparla. En ese estado, nadie lograría separarle de ella.

Hicieron falta severos minutos y varios hombres para conseguirlo. Cloud luchó como un león entre gritos mientras le arrancaban del cuerpo sin vida de Aeris, hasta que el efecto de las esposas, el dolor y la pena pudieron con él. Desfallecido, le arrastraron lejos de ahí. Lejos de la única persona a la que había amado y de vuelta al infierno del que ya no se creería capaz de escapar.

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Entró entonces en un estado de shock que duraría cinco días, sin querer comer ni beber, ni pronunciar palabra alguna. Cinco noches durmiendo junto a Shinra, junto al hombre que le había arrebatado todo. Y muriendo de un dolor en el pecho como el de un agujero de bala, la bala que no recibió pero que acabó con su vida igual que lo hizo con la de Aeris. Y sólo al quinto día, gracias a una pistola entre sus manos que le hizo sentirse vivo de nuevo ante la posibilidad de matar a aquel monstruo despreciable, y a un deseo a conceder por la libertad de sus compañeros encerrados, lograría volver a levantarse.

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Y una semana más tras esos cinco días, Rufus habría perdido todo el progreso logrado con Cloud. Consiguió que se entregara a él por voluntad a cambio de un deseo. Cuando se negó a pedirle el segundo, tuvo que ponerle en su sitio bajo la amenaza de matar a uno de sus compañeros, y volvió a perder sus avances. Recurrir a la droga mágica de Hojo le devolvió una de las noches más increíbles con Cloud, pero engañarle de aquel modo había vuelto a alejar la confianza del ex-SOLDADO. Y la terrible discusión que habían mantenido unas horas atrás no había hecho sino echarle más tierra encima. Ahora tenía la impresión de estar más lejos de Cloud que nunca desde que le capturase. Era un constante tira y afloja en aquella batalla de ajedrez entre los dos, en la cual, cuando Rufus creía haber avanzado, su estrategia se venía al traste y se encontraba sin saber qué dirección tomar a continuación. Incluso habiéndole dejado sin Dama y separado de su escolta, el Rey de Cloud era más difícil de capturar de lo que había pensado.

Su mente atribulada y nublada por el alcohol le atormentaba con aquellos pensamientos obcecados mientras fulminaba con la mirada su tablero de ajedrez perfectamente colocado sobre la mesa de café. Las formas blancas y negras de marfil y ébano relucían con un brillo inusual gracias a la chimenea, creando sombras extrañas que bailaban sobre las casillas y le empezaban a marear. Rufus dejó la copa de whisky junto al tablero y atrapó entre sus dedos la Dama de negras. Se la acercó a la cara, observándola con unos ojos siniestros y una expresión de rabia dirigida hacia la pequeña pieza de madera como si la hiciera responsable de todos sus males.

A esa hora de la noche y tras pasar varias horas encerrado en su despacho bebiendo, con la tormenta que caía al otro lado de los ventanales y la chimenea encendida, el aspecto que presentaba el presidente era cuanto menos perturbador. Acalorado por el licor, tenía la cara enrojecida, el pelo desordenado y sudoroso, al igual que el resto de su cuerpo apreciable por cómo la camisa arremangada se pegaba a su piel. El aura que le rodeaba era tétrica mientras sostenía la figura de ébano cerrando poco a poco el puño en torno a ésta.

La apretó en su mano con fuerza hasta que la quebró, dejándola caer al suelo en dos piezas rotas.

Todo era por su culpa. Por culpa de esa maldita mujer. Por culpa de su embrujo, de su forma de atrapar a Cloud, que ni muerta podía olvidarla. Cloud… siempre culparía a Rufus, le guardaría rencor y no dejaría que lo olvidara. ¿No veía cuánto le dolía su desprecio? Porque sí, le dolía, le atormentaba de un modo que nunca creyó que pudiera afectarle. Ver en sus intensos y hermosos ojos el resentimiento con que le recibía siempre era frustrante.

Cloud nunca podría amarle. Porque… Jamás le perdonaría.

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Fin del decimotercer capítulo.


Señoras y señores... Fin de los Flashbacks.

¿Qué os ha parecido? Ahora entenderéis bien ese odio tan acérrimo que profesa Cloud a Rufus desde comienzo de este fanfic... Como para no, ¿eh? ¿De qué parte estáis? ¿Fue un accidente? ¿Fue culpa de Rufus? Relatadme vuestras opiniones, podemos abrir un debate... Ahora eso sí... Aeris va a seguir muerta igual xD

Lo dicho, a partir de este momento ya no habrá más flashbacks y el fic continuará en linea recta con el momento presente. Se podría decir que, desde este punto, la historia entra en una "Segunda Parte". ¡Porque no os creáis que la cosa acaba aquí! Se avecina ahora un nuevo arco que le dará más acción y que espero no os vaya a defraudar. Muchísimas gracias a todos por haber aguantado 13 capítulos, que se dicen pronto, y que no estarían aquí de no ser por vuestro interés y apoyo con esos maravillosos reviews que me mandáis. Un besazo enorme a todos, os espero el próximo jueves~