Infierno: en ajedrez, se llama infierno a aquella situación en la que la mejor jugada es abandonar.
¡Hola holita! ¿Me habéis echado de menos? Espero que sí porque yo a vosotros mucho T3T Sólo confío en que la espera merezca la pena.
Si no es mucho pedir, la estiraré unos segundos más para hacer un par de aclaraciones sobre este cap. Debido a que tengo una musa de lo más cabrona, a veces me da la sensación de que me complico mucho la vida con algunas escenas... Espero que no vayáis a perderos. Pero es que tal cual la musa me las lanza, las tengo que escribir: Hay un par de flashbacks en este episodio que se cuelan, como solía ocurrir al principio del fic, en medio de un momento presente. Y se diferencian por letra cursiva y no cursiva ;)
Y segunda cosa: vuelvo a hacer uso de la barra horizontal pero NO para separar momentos temporales, sino escenas que tienen lugar al mismo tiempo. Y ahora, confiando que las aclaraciones no os hayan liado más en vez de ayudaros, sin más dilación, os dejo con el cap. Hasta ahora~
Movió los dedos con debilidad, volviendo a ser consciente de ellos. La sensibilidad comenzó a retornar poco a poco a sus manos dormidas conforme la sangre circulaba de nuevo. Y con ella, volvió el dolor. Cloud emitió un quejido ahogado, apenas audible, sintiendo cómo los grilletes mordían sus muñecas como dientes de acero. Abrió los ojos con debilidad, retornando a la realidad de la que el sueño había logrado evadirle por unas horas… Pero de la que desde luego no podía ayudarle a escapar.
Seguía en la misma sala oscura y en la misma incómoda postura en las que se hallaba desde hacía horas, con la única compañía de sus propios pensamientos y el sonido de las cadenas. Intentó mover el cuello, pero la barra metálica que cruzaba tras su nuca no se lo ponía fácil. Ese acero pasaba por detrás de sus hombros y los extremos terminaban en sendas esposas de sus manos, manteniéndole los brazos en cruz y sin posibilidad de doblar los codos. Sus tobillos también se hallaban engrilletados y unidos por otra barra más corta, que le obligaba a permanecer de rodillas y limitaba su movilidad. Hacía mucho que ya no sentía las piernas, completamente dormidas de aguantar su peso en esa posición durante horas. Pues para rematar el invento, todo el cepo estaba unido mediante cadenas a la pared, dejando a Cloud en una inmovilidad casi total. No había ventana alguna que le diera una pista de la hora que era. No sabía si era de día o de noche, ni cuánto tiempo habría pasado dormido, que podía ser desde minutos hasta horas. Había perdido la noción del tiempo hasta el punto en que ya no sabía cuántos días llevaba ahí metido, desde que Rufus se marchara a Junon y lo dejara en las asquerosas manos de Hojo.
Un chirrido prolongado rompió el silencio. Un haz de luz penetró en la oscuridad lamiendo el suelo y haciéndose más grande conforme la puerta se abría. Una sombra se proyectó sobre éste, recortando la silueta de un hombre. El sonido de unos zapatos mocasines se internó, avanzando a pasos lentos hacia el prisionero.
Hablando del Diablo…
—Buenos días —saludó una voz que cargó de insidiosa malicia aquellas dos palabras.
Cloud se tensó, pero no se movió un ápice. Se negaba a satisfacer al pérfido científico con su sola mirada. Hojo se acercó hasta quedar justo delante de él, observándole con las manos en los bolsillos de la bata.
—¿Qué tal hemos dormido? ¿Te resultan cómodas mis instalaciones? —inquirió con malévola burla mientras evaluaba el intricado cepo en que el ex-SOLDADO se hallaba inmovilizado— Confío en que así sea. Está especialmente diseñada para especímenes como tú. De esos con un exceso de energía que requiere ser sometida convenientemente. Y tiene otra función además… —Le dio un puntapié en una rodilla, percibiendo por la nula respuesta de Cloud que no lo había sentido; se sonrió— Parece ser que ejerce un gran poder sedante. Es por la falta de sangre en las extremidades, lo notas, ¿verdad? Me ahorra mucho en drogas.
Una desagradable risa siguió a esa última frase. Cloud continuaba sin moverse, hablar o mostrar el más leve signo de escuchar a Hojo. Mantenía su mirada fija en el suelo, clavándola sobre éste con tanta intensidad que podría perforarlo.
—Tengo una buena noticia para ti —continuó el profesor con una voz más seria—. Te alegrará saber que he terminado mi trabajo contigo. Ya he extraído todo lo que quería de ti…
Su tono fue bajando conforme formulaba aquella frase, al tiempo que tomaba al joven del mentón. Le levantó el rostro, haciendo tintinear las cadenas.
—… Con creces —concluyó con un tono lascivo. Le acarició el mentón con el pulgar, acercándose un poco más. El cierre de su pantalón quedó justo a la altura del rostro de Cloud, cuya mirada permanecía apartada.
Hojo se sonrió, jactándose con esa imagen. Entretanto, su voz y sus palabras despertaron en la mente del ex-SOLDADO los recuerdos de lo acontecido junto al maníaco científico desde su llegada allí. Desde el primer momento, cuando quedara tendido vulnerable a sus pies nada más ser arrastrado hasta el laboratorio.
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—Veamos… Qué es lo que tienes que fascina tanto al niñato de Rufus…
La rodilla de Hojo presionaba sus escápulas. Le retorcía el brazo hacia atrás para terminar de inmovilizarle. Cloud tenía la cara contra el suelo, jadeando mientras trataba en vano de recuperar la movilidad tras la descarga de Mako. Sintió el pinchazo de la aguja en el cuello; se tensó. Sacudió con debilidad su cuerpo, nada que Hojo no pudiera contener moviendo un poco la rodilla hacia su nuca. Sin poderse defender, recibió la inyección completa en su vena yugular. Para cuando el profesor retiró la jeringuilla, la respiración de Cloud ya estaba cambiando.
—Muy bien… —musitó con su ladina voz mientras le dejaba libre. Hojo examinó la cánula entre sus dedos antes de cubrir la aguja y guardarla en su bolsillo— Probemos con una dosis más baja… Sólo para que te portes bien. Tampoco necesito que te arrastres a mí como un animal en celo. Además… un poco de resistencia siempre lo hace más interesante…
Lo último lo murmuró con un deje obsceno. Cloud sentía la cabeza darle vueltas y un calor abrasador a su alrededor. Trató de incorporarse, sólo logrando quedar bocarriba y seguir jadeando a un compás más lento. Reconocía aquella sensación. No era tan fuerte como la primera y última vez que la experimentó en el despacho de Rufus, pero sí estaba siendo mucho más rápida. Vio a Hojo situarse al final de su cuerpo y arrodillarse entre sus piernas flexionadas sin perder tiempo. En un intento de evitarlo, Cloud buscó echarse atrás y el científico le sujetó de una rodilla para impedírselo, separándole al instante las piernas y colándose entre ellas. Comenzó a desabrocharse el cinturón. El ex-SOLDADO echó la cabeza hacia atrás, intentando controlar el avance de aquella potente sensación, más fuerte de lo que su mente se hallaba en ese momento para combatirla. Mientras, sentía las manos de Hojo deslizarse por su pantalón, abriéndolo, bajándolo.
Hojo terminó de desnudarle sin ninguna resistencia por parte de Cloud, que yacía en el duro suelo incapaz de oponerse. Un gemido proveniente del científico precedió al roce de su falo contra la entrepierna del joven. Pero la tenacidad del ex-SOLDADO volvió a aflorar cuando sintió los largos y huesudos dedos contrarios envolver su miembro, lanzando la mano a agarrar la opuesta para impedirlo. Una risa malévola llegó hasta sus oídos.
—Pobre muchacho… Debe ser frustrante no ser dueño de tu cuerpo, ¿a que sí? —se burlaba el infame científico ante los intentos desesperados de Cloud de dominar su voluntad. Hojo le tomó de la muñeca para retirar esa mano que trataba de interponerse— ¿Cómo se sentirá el placer cuando se lo arrancan a uno por la fuerza… hm? Ju, ju, ju… —se jactó, acariciando lascivamente el sexo de Cloud entre sus huesudos dedos— Por lo pronto… yo voy a degustar lo que tanto hechiza a Rufus… Y a comprobar si realmente vales todo lo que el muy necio paga por ti…
Le ancló la muñeca al suelo al tiempo que se acomodaba entre sus piernas abiertas. Y con la otra mano guió su erección al interior de Cloud, hundiéndose lentamente en él con un gemido placentero. El ex-SOLDADO arqueó la espalda y emitió un grito ahogado. La receptividad que la droga le hacía sentir no era suficiente para eclipsar el dolor de sus entrañas abriéndose al paso del miembro de Hojo. Una extraña mezcla de deseo y horror se entrelazaban de forma aberrante en su interior, incapaces de unirse y batallando la una contra la otra. Sentía que le estallaría la cabeza por semejante caos.
—Aaaahhh… Vaya… —La gimiente voz de Hojo sonó por encima de él.
El profesor bajó la mirada hacia el cuerpo desnudo del joven que, con la respiración entrecortada, se retorcía bajo el suyo presa de unas sensaciones que no podía dominar. Deslizó una mano por su torso, notando al instante cómo se estremecía y el descontrolado latir de su corazón. Esbozó una sonrisa triunfal.
—Tal vez debí haber centrado mis investigaciones contigo en este campo desde el principio… Ju, ju, ju… —se burló. Acto seguido cerró sus dedos sobre la cadera del joven y procedió a embestirle con empeño, hundiéndose en su caliente y estrecho interior acompasado por los gemidos quejicosos del muchacho. Música para sus oídos—Aaahh, sí… Eso es…
Se cernió sobre él y se dejó envolver por el placer. Entre dientes, Cloud logró acallar la mayoría de sus gemidos. Débil, extenuado y terriblemente aturdido quedó a merced del deseo del repugnante científico. Ninguno de sus endebles amagos de resistencia fue rival para Hojo. Pero si creía que aquello era lo peor que le tenía preparado para sufrir, estaba muy equivocado…
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Y es que si algo caracterizaba al perverso científico, era que sabía sacar el máximo partido de cada uno de sus especímenes. Tras violarle tan cómodamente el primer día, para el segundo le tenía reservada una tortura muy distinta. Cloud despertó en el interior de una cámara octogonal intensamente iluminada. Lo primero que vio fue su propio reflejo devolviéndole una mirada de inquietud, pues cada uno de los siete paneles de cristal de las ocho paredes que conformaban la sala se comportaba como espejo. Pese a ello, juró sentirse observado tras su blindada seguridad.
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—Experimento de resistencia del Sujeto B, comienzo. Primera prueba —Una voz tronó en la sala con el característico eco de megafonía, y Cloud pudo reconocer en ella a Hojo. Aunque no pudiera verle, el científico le observaba desde alguna parte—. Adelante.
Nada más oírse la orden, la única pared de la sala que no era de cristal se abrió y entró por ella una fiera de aspecto canino, que nada más ver a Cloud le reconoció como enemigo, lanzándose a por él con las fauces por delante. El ex-SOLDADO se colocó en guardia y recibió al animal con una patada en la boca en cuanto se acercó, lanzándolo contra el otro extremo de la sala. Pero en cuanto se recuperó del golpe, la bestia enseñó su ensangrentada dentadura rugiendo fieramente y volvió a arrojarse contra Cloud. Éste comprendió que no cesaría hasta dejarla inconsciente o matarla.
Consiguió mantenerla a raya aventándola de una certera patada cada vez que se ponía a su altura, hasta que a la tercera, ya no se volvió a levantar. Jadeando y con el corazón a cien, Cloud aguardó en tensión la resolución de aquel «experimento», oteando a su alrededor con los nervios de punta. Pero de ningún modo vio venir lo que sucedió entonces, cuando sus esposas brillaron y una descarga rápida y corta sacudió su cuerpo, derribándole de rodillas con un grito. Escuchó de nuevo la voz de Hojo mientras el dolor se disipaba.
—Primera prueba superada. Sujeto B sometido a descarga de Mako. Segunda prueba. Adelante.
Jadeando en el suelo y sin tener tiempo de recuperarse, Cloud observó con su mirada desenfocada cómo la puerta se abría se nuevo y otra criatura igual que la anterior entraba en la sala. El animal se detuvo mostrando una pose amenazadora, con los hombros encorvados y el pelo del lomo erizado mientras gruñía. Cloud se puso en pie despacio, procurando no hacer movimientos bruscos, fijando los ojos en el animal mientras trataba de recobrar rápido el normal funcionamiento de su cuerpo. Pero la bestia se lanzó a por él sin darle tregua y, esta vez, no le fue tan fácil evitarla. La criatura saltó sobre él, placándole y tirándole al suelo mientras trataba de morderle; Cloud sólo tuvo tiempo de agarrar sus fauces con las manos, clavándose sus dientes en los dedos. Forcejeó con él hasta que logró golpearle con la rodilla en las costillas, arrancándole un gemido y consiguiendo entonces asestarle un puñetazo. La pelea fue más larga esta vez; no concluyó hasta que el ex-SOLDADO logró estampar al animal contra una de las paredes, noqueándolo, derrumbándose sobre éste después jadeando copiosamente. La cabeza le daba vueltas y se sentía terriblemente fatigado. Pero la cosa aún no había concluido.
Otra descarga. Cloud se irguió arqueando la espalda involuntariamente y conteniendo un grito tras sus dientes apretados. Cayó de espaldas sobre el suelo, quedando tendido igual que las dos fieras a las que había vencido y apenas sí escuchó la megafonía de nuevo.
—Segunda prueba superada. Sujeto B sometido a segunda descarga de Mako. Tercera prueba. Adelante.
La puerta se abrió de nuevo. Cloud ladeó la cabeza para enfocar entre un terrible dolor al tercer enemigo. Apretó los dientes e intentó incorporarse, no lográndolo antes de que el monstruo se lanzara sobre él.
Al otro lado del cristal blindado, dos oscuros ojos tras unas redondas gafas observaban sin perder detalle de la lucha. A su alrededor, dos ayudantes anotaban todo lo que ocurría y acataban sus órdenes. Hojo observó sin alteración alguna en el rostro cómo el joven ex-SOLDADO combatía al agresivo animal con bastante más dificultad que con los dos anteriores. Esta vez recibió un mordisco en la pierna y varios arañazos por el resto del cuerpo durante más de diez minutos de lucha. Por un momento, Hojo pensó que no lo lograría. Se quitó las gafas, suspirando con cierto aire decepcionado y limpió las lentes con el dobladillo de su bata, permitiéndose distraerse de la pelea unos segundos. Cuando se las recolocó y volvió a enfocar la escena, Strife estaba enfrascado en el suelo con el animal, con una fiera expresión en el rostro mientras rodeaba el cuello de la bestia con el brazo y hacía fuerza. Tras unos segundos de pugna, sonó un crack, la cabeza del monstruo dio una sacudida y quedó inmóvil. Cloud lo soltó, jadeando exhausto a cuatro patas.
Hojo elevó una ceja, interesado. No pudo evitar admirar la fuerza demostrada por el ex-SOLDADO pese a las dos descargas. A su espalda, sus ayudantes articularon sendas exclamaciones de asombro y procedieron a tomar las notas pertinentes. El profesor observó en su mano el controlador de las esposas, rodeado por sus huesudos dedos. Acarició con el pulgar el pequeño botón que regulaba la intensidad, cavilando para sí. Su atención se desvió de Strife, quien continuaba resollando junto al muerto animal, tratando de recuperar el aliento, sudando y temblando de pies a cabeza.
Cloud sabía que se avecinaba otra descarga. Y era consciente de que no la iba a resistir. Observó las pulseras en sus manos, brillando con un ligero fulgor verdoso. Y de repente, como si algo zumbara en sus oídos, su atención se concentró una de las paredes, devolviéndose a sí mismo la mirada. Pero no era su reflejo lo que estaba observando. Acaba de captar algo… al otro lado del cristal. Durante una fracción de segundo. Se levantó despacio.
—Listo, profesor —murmuró uno de los asistentes cuando concluyeron las anotaciones y prepararon el siguiente espécimen.
Hojo asintió apenas volviendo su mirada hacia él, pero lo suficiente como para no percatarse de lo que se avecinaba. Un enérgico golpe sobresaltó a todos los presentes, incluido el profesor, quien, al volver sus ojos hacia la sala de contención, se encontró de lleno con los encolerizados de Strife fulminándole al otro lado del cristal blindado. Había estrellado sendos puños contra éste, haciéndolo vibrar. Hojo se quedó mirando aquellos fulgurantes ojos y esa expresión de rabia sin poder contener una de sorpresa. El ex-SOLDADO no podía verle desde dentro, pero juraría que le estaba mirando. No sabía cómo… pero le había localizado.
Cloud abrió los puños apoyando las manos abiertas en el cristal, impregnando las huellas sanguinolentas de sus dedos. Desde su lado, podía atisbar una oscura silueta difuminada tras su propio reflejo iracundo. No le quedarían fuerzas para luchar más… pero le sobraban para demostrarle a Hojo que no se dejaría domar fácilmente. Echó atrás la cabeza y escupió con rabia al cristal.
—¡¿Te diviertes?! —masculló entre dientes, lleno de coraje.
Desde dentro, un impresionado Hojo se sonrió.
—Extraordinario —murmuró mientras observaba a Strife jadear y separar finalmente las manos del cristal, pero sin apartar la mirada de dónde sabía que se encontraba él.
Sus asistentes seguían conmocionados, observando al ex-SOLDADO con temor desde detrás del profesor. Éste no despegó sus ojos de Cloud.
—La prueba ha concluido —anunció. Acto seguido activó el controlador, viendo cómo el cuerpo del ex-SOLDADO se sacudía por la descarga antes de caer desplomado al suelo, finalmente inconsciente.
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Los dedos de Hojo recorrieron su mentón con una prolongada caricia antes de soltarle definitivamente. Cloud volvió a dejar caer la cabeza, centrando de nuevo su mirada en el suelo, observando los zapatos de Hojo.
—Es una lástima… Normalmente llegados a este punto, el siguiente paso sería hacerte una necropsia para culminar mi investigación contigo. Pero no puedo —se lamentó— dado que no me perteneces. Y tu amo fue muy explícito respecto al estado en que debías quedar… —Se acuclilló, ladeando la cabeza como un buitre, examinando el rostro de Cloud mientras esbozaba una desdeñosa sonrisa— Creo haber sido bastante cuidadoso en no estropear esa cara… —Le levantó el mentón de nuevo con el índice, evaluándole.
Cloud mantenía su actitud lo más ausente que le era posible. No miraba en ningún momento a Hojo, no alteraba su respiración ni emitía el más leve sonido, tratando de ignorar lo más que podía la presencia del científico. Algo difícil de lograr cuando por dentro se sentía arder.
Durante todos esos días en el laboratorio, no había conocido más que torturas. Aquel primer macabro experimento no fue el último al que le sometió Hojo. Cada vez que recobraba la consciencia se hallaba en medio de otro perturbador estudio que la enferma mente de Hojo quisiera llevar a cabo con él. Despertó maniatado a una camilla con agujas en los brazos, extrayéndole e inyectándole a saber qué bajo un dolor atroz. Otra vez, lo hizo colgando de las manos por cadenas mientras el profesor le sometía a una serie de martirios para probar su resistencia.
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—¡NGGGHH…! ¡Gaaah!
Su capacidad para mantener selladas las mandíbulas y evitar proferir grito alguno llegó a su fin con el atizador. Era como si el dolor penetrara en los músculos de su cara y tirara de cada extremo de su mandíbula para abrirla, deseando escapar por su boca en forma de alarido. Hojo retiró el hierro candente de su costado, evaluando la marca que había dejado sobre la piel ahora quemada. El ex-SOLDADO quedó colgando de las cadenas, sin fuerza en las piernas para mantenerse erguido.
—No está mal… Pero esperaba un poco más —masculló el profesor con cierta decepción, dejando el instrumento a un lado.
Cloud resollaba y gruñía entre dientes, haciendo acopio de fuerzas para levantar la cabeza y lanzarle una mirada envenenada.
—¿Por qué no te lo metes por el culo y me cuentas después? —rugió casi sin aliento.
En seguida recibió una sacudida en la cara con la fusta. Emitió un jadeo por la impresión, pero al segundo casi lo estaba agradeciendo. Ahora le dolía menos la quemadura en las costillas. Hojo se acercó y le cogió del pelo, atrayendo su rostro.
—Si dejaras de proferir vulgaridades, a lo mejor ahorrabas las energías necesarias para soportar este dolor y me ofrecías un buen resultado —reprochó mientras incidía con el extremo de la fusta justo sobre el lugar en que acababa de estar el atizador candente. Cloud cerró los ojos y los dientes mientras se retorcía de dolor ante la impasible expresión de Hojo. El científico apartó el instrumento, recogiéndolo bajo su axila y centrando su atención en el rostro del joven. Una pequeña marca evidenciaba el reciente latigazo, luciendo algo levantada la piel del pómulo—. Uh, vaya… Esto no será del agrado del Presidente…
Sacó del bolsillo de su bata una Materia Cura y dirigió su magia a la pequeña marca. En seguida, la abrasión desapareció. Pero nada hizo por la quemadura en sus costillas.
—Así, mejor. Y tú procura no crisparme más los nervios o al final acabarás con un diente menos. Y eso es más difícil de arreglar.
Concluyó la frase dedicándole una socarrona y desagradable sonrisa. Cloud no pudo contener el deseo de escupirle. Y no lo hizo. Hojo se quitó las gafas tras recibir de lleno el esputo en una lente, guardándolas con molestia en su bolsillo superior. Pegó entonces un fuerte tirón del cabello del muchacho y se situó a su espalda, obligándole a erguir la columna mientras se pegaba a ella y susurraba junto a su oreja:
—Muy bien, ya que te veo con pocas ganas de trabajar, vamos a tomarnos un descanso, ¿hm?
A base de tirones y sujetándole con fuerza del pelo, le bajó los pantalones hasta dejar sus glúteos al descubierto, internando después la mano y tanteando entre ellos el orificio. Cloud se tensó, sacudiéndose y comprimiendo los músculos para tratar de impedírselo, pero Hojo no tuvo demasiados problemas para controlarle. Podía escuchar su repulsiva risa junto a su oído. El profesor introdujo los dedos en su interior y se recreó masajeando su entrada, pegando todavía más su cuerpo al de Cloud y emitiendo gemidos de goce provocados por la visión del sufrimiento del joven.
—¡Ghh…! Arg… ¡Ngh! —El ex-SOLDADO aguantaba como podía, sintiendo sus piernas temblar y su interior arder ante la intensa fricción de los dedos del científico, que entraban y salían cada vez más rápido. Hojo gemía contra su oreja, disfrutándolo.
—Ah, sí… Esto te gusta más, ¿eh? —se burló con lascivia, mordiéndole el lóbulo.
—¿Haces esto… con todas tus cobayas? —gruñó entre dientes Cloud, furioso, mirándole de reojo.
—Con todas no… Sólo con las más interesantes —confesó Hojo con una repulsiva y lujuriosa voz —. Una pena que no tuviera la oportunidad con tu amiga la Cetra… Pero bueno, para el caso, tú no estás mal…
Una violenta cólera sacudió a Cloud al oírle referirse de eso modo a Aeris. Se revolvió con fiereza, deseoso de quitarse a Hojo de encima y molerle a patadas. En respuesta, el profesor clavó más los dedos en su interior, levantándole incluso hasta ponerle de puntillas y arrancándole un grito. Una risa ladina por parte de Hojo lo siguió.
Le soltó y se acuclilló tras él, separando sus glúteos con las manos e internando su nariz entre ellos, procediendo a lamer con voluptuosidad su entrada. Cloud dio un brinco y lanzó hacia él una coz, tratando de apartarle, repugnado. Hojo recuperó la fusta y le golpeó de nuevo en el costado herido, arrancándole un grito y haciendo que se le doblaran las piernas por el dolor, que se multiplicó en sus muñecas engrilletadas al volver a cargar con su peso. El profesor pudo entonces recrearse en su tarea, introduciendo la lengua, mordiéndole los glúteos y acariciando con sus largos dedos entre ellos, camino al miembro de Cloud. Entre jadeos y quejidos, el ex-SOLDADO bajó la cabeza cerrando fuertemente los ojos, temblando de pies a cabeza ante la impotencia. No era agradable, ni mucho menos. Todo lo que sentía era un profundo asco, especialmente escuchando los grotescos gemidos provenientes de Hojo…
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Así solía ser. Entre experimento y experimento, cuando la obstinación de Cloud se volvía insostenible para proseguir o cuando, simplemente, le apetecía, Hojo tomaba de él lo último que le quedaba por obtener: su cuerpo. Y no solía contentarse con violarle sin más, sino que le hacía soportar sus depravados gustos. Algunas veces, especialmente cuando requería algo de colaboración por parte de Cloud o para prevenir sus ataques, utilizaba su denominado «suero mágico». Pero siempre que podía evitarlo, en realidad prefería no usarlo. Pues cuanto mayor era la reticencia y terquedad de Cloud, más despertaba la libido de Hojo. Los recuerdos de aquellas veces recorrían la piel del ex-SOLDADO como si aún pudiera sentir esos dedos cual arañas trepando por su cuerpo y aquella repulsiva lengua degustando cada rincón. No podría librarse de esa sensación ni aunque se enterrara en arena durante una semana. Y notar ahora su aliento tan cerca, su repulsiva voz hablarle sin cesar pese a fingir no escucharle, especialmente con aquella calma, hacía insoportable la presencia del científico para Cloud en aquella oscura habitación. Había hecho bien en encadenarlo a aquel cepo. Pues lo único que deseaba ahora era despedazarle, como denotaban sus brillantes y fijos ojos que ni siquiera parpadeaban.
—Bueno, muchacho… es hora de despedirse —Hojo continuaba de cuclillas frente a él, ajeno a los tormentosos recuerdos que flotaban por la mente del ex-SOLDADO. Le tomó suavemente del mentón buscando esos penetrantes ojos azules que se negaban a mirarle—. Espero que me eches tanto de menos como yo a ti…
Sus labios se curvaron en una repulsiva sonrisa. Acto seguido sacó su asquerosa lengua y lamió la mejilla de Cloud. En ese momento puso a prueba todo el talante del joven para no girar la cara y arrancarle la lengua de un mordisco. Pero le notó temblar tratando de mantenerse firme y no reaccionar. Ello le provocó una risa y una expresión de admiración.
Se incorporó y procedió a soltar sus ataduras. Al liberar sus esposas de los extremos de la barra de acero que mantenía rectos sus brazos, el joven se precipitó al suelo, sin fuerza suficiente para interponer sus manos antes de estrellarse de cara contra éste, emitiendo un quejido y quedando tendido. Hojo soltó los grilletes de sus tobillos y tiró ligeramente de una de sus piernas, deshaciendo la posición fija en la que llevaban desde hacía horas y restableciendo así la circulación en ellas… Y la sensibilidad. Sintiendo como si miles de agujas atravesaran sus músculos repentinamente, el ex-SOLDADO comenzó a retorcerse débilmente en el suelo presa del dolor, tratando de hallar una postura para sus lánguidos miembros en la que mitigar aquel suplicio. No podía ponerse ni siquiera a cuatro patas. Hojo le observaba desde arriba con una expresión de nuevo seria y las manos en los bolsillos.
—Ha sido un placer… Cloud —concluyó, utilizando su nombre por primera vez en todo ese tiempo. Aquello despertó de algún modo la furia del ex-SOLDADO, que finalmente se dignó a dirigir sus ojos hacia él fulminándole con una ira desmedida. El profesor le devolvió una sonrisa de las suyas mientras se hacía a un lado y permitía que dos hombres uniformados entraran en la cámara, tomaran a Strife de los brazos y, literalmente, lo arrastraran fuera. Hojo no salió con ellos, sino que permaneció inmóvil observando cómo sacaban al joven de su laboratorio. Alzó el mentón recolocándose las gafas sobre el puente de la nariz y murmuró para sí—. Disfruta de tu alivio pasajero, muchacho. Muy breve va a resultarte, me temo…
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Las calles de Midgar se abrían ante él, al fin. Nunca creyó que respirar aquel aire viciado le resultara tan reconfortante. Pero después de prácticamente un mes de encierro, cualquier cosa podía considerarse un soplo de aire fresco.
Vincent Valentine echó la vista atrás por última vez, observando el coloso que se alzaba sobre el centro y corazón de la ciudad, del cual acababa de ser liberado. Él era el último; sus compañeros estarían ya reunidos y trazando un plan para rescatar a su amigo, su compañero y su líder, de quien estaban convencidos no saldría de ahí sin su ayuda. Pero, ¿cómo iba a encontrarlos? Gracias al destino, no tuvo que plantearse esa duda mucho más.
—¡Vincent! —Una voz susurrante le llamó.
Al girarse, descubrió en las sombras de una esquina un ojo brillante y amarillo observándole intensamente. La luz incidió sobre su hocico peludo y rojizo al asomarse.
—Red…
—Sígueme.
Sin perder tiempo en saludos ni cumplidos, el cuadrúpedo se puso en marcha, guiando al pistolero por las oscuras calles. Tras veinte minutos y una buena caminata, llegaron a un lugar que no le era en absoluto desconocido. Vincent se detuvo antes de cruzar las magulladas puertas de la iglesia medio en ruinas que se alzaba en mitad de los suburbios.
—Así que aquí… —musitó con su profunda voz. Red se volvió hacia él.
—Sí… Tifa juzgó que volver al Séptimo Cielo era peligroso.
—Una sabia decisión —alabó Vincent. Ambos entraron al templo.
Una tenue luz proveniente de varios faroles portátiles alumbraba la estancia de piedra, cuyas grandes lámparas de hierro colgando del techo habían conocido tiempos mejores, y hacía mucho que perdieron su funcionalidad. En el centro de la zona iluminada, un grupo variopinto se giró hacia los recién llegados. Valentine pudo apreciar sus gestos de alivio al verle.
—Vincent… Colega —El primero en saludarle fue Cid, que se acercó a estrechar su mano, atrayéndole para palmear su espalda amigablemente—. Al fin.
—¿Todo bien, Vincent? —inquirió Barret con su abrupto tono habitual. El pistolero asintió escuetamente.
Se sentaron en círculo sobre las tablas de madera que cubrían el suelo. La oscuridad envolvente y el frío que se colaba a través de las paredes agrietadas les obligaron a encender un pequeño fuego. A lo largo de esos días, Yuffie había hecho sus incursiones al Séptimo Cielo y traído algunas cosas necesarias y otras no tanto, y gracias a eso pudieron calentarse y compartir un té en torno a la hoguera. Todos agradecían poder llevarse algo caliente a la boca en compañía los unos de los otros. Salvo Cid, que la tenía demasiado ocupada con los cigarrillos que absorbía uno tras otro sin que nadie se diera cuenta de cuándo terminaba el anterior y se encendía el siguiente.
—Bien… ¿Estamos todos al tanto? —inquirió Tifa paseando su mirada de uno a otro, hasta Vincent. Todos, incluido el pistolero, asintieron.
—¿Tenéis un plan? —preguntó Valentine.
Cait Sith dio un paso al frente, con un papel entre las manos.
—He copiado el documento que encontré hace seis días, para que pudierais verlo con vuestros propios ojos. Es una orden de traslado —procedió a recordar los datos esenciales. Resultaba oportuno ahora que todos estaban reunidos de nuevo—. Y está firmado por Rufus personalmente. En él establece cuándo y dónde debe ser trasladado Cloud y exige que se cumpla rigurosamente en su ausencia, por lo que entendemos que no planea volver antes de esta fecha. Según este papel, esta noche la custodia de Cloud pasará de manos, y hasta dice exactamente la celda en la que se encontrará hasta que el presidente regrese y los nombres del personal encargado de su vigilancia.
—¿Dónde está ahora? —inquirió Vincent.
—En el Departamento Científico. Bajo custodia de Hojo.
Un silencio general se instaló entre todos los presentes. Pero la reacción más notoria la tuvo el de la capa roja, quien, de haber podido, se habría quedado más pálido.
—¿Con Hojo? —La expresión de su rostro denotaba lo horrorizado que se sentía ante esa idea— ¿Y por qué hemos esperado hasta ahora? Lleva en manos de Hojo seis días…
—Por dos razones —continuó Cait Sith—: La primera, no podíamos arriesgarnos a un rescate quedando todavía alguno de los nuestros ahí dentro. Shinra ya amenazó con ejecutarnos, a ti de hecho; irrumpir en el edificio y tratar de sacar a Cloud podría llevarnos a lamentar alguna muerte. Y la segunda —El pequeño gato robot bajó la cabeza y las orejas con gesto avergonzado, haciendo una breve pausa antes de continuar—… el Departamento Científico es impenetrable. Y me temo que yo tengo parte de culpa… Debido a mis incursiones allí, Hojo ha duplicado la seguridad. Es imposible entrar. Y aún más imposible salir.
Vincent bajó la mirada, suspirando interiormente. Red, sentado junto a él, notó su turbación.
—Vincent… No eres el único consciente del peligro que corre Cloud allí —Su mirada de comprensión denotaba que entendía los temores del pistolero. No en vano, ambos habían sido víctimas de la perversa mente del científico en algún momento—. No creas que no hemos sopesado los riesgos y amenazas… Todos tememos lo que pueda sucederle en manos de Hojo. Pero si existe una posibilidad de rescatarle, debemos tener las máximas opciones de nuestra parte.
—Exacto —asintió Cait Sith—. Y la oportunidad perfecta es ahora. Su nueva ubicación es más fácil de acceder, tanto para entrar como para salir. He accedido a los planos y puede hacerse. El único problema que se plantea es la guardia que le custodiará…
—¿Por qué? ¿En qué departamento ha caído? —Vincent frunció el ceño temiendo la respuesta. Esta vez no fue el gato quien contestó. Barret volvió sus ojos hacia el pistolero y respondió significativamente:
—En SOLDADO.
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Aún no había recuperado la entera movilidad de sus extremidades cuando los guardias le arrojaron a aquella habitación. Cloud emitió un quejido extenuado mientras los notaba marcharse y dejarle solo. Con una debilidad y agotamiento desmesurados, se retorció vagamente tratando de incorporarse, buscando una pared sobre la que apoyarse. Necesitaba estar sentado, con las piernas estiradas y la cabeza erguida. Dio un largo suspiro cuando lo logró, sintiendo su cuerpo palpitar todavía por el martirio pasado. Pero todo había terminado… Al menos, en lo referente a Hojo. Rufus había acertado. Era sin duda el peor de todos los infiernos.
Tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente, permitiéndose relajarse y con la guardia irremediablemente baja. Por eso, no vio ni oyó la puerta abrirse, y sólo se percató del sonido que produjo ésta al cerrarse, cuando la presencia en la habitación era ya ineludible. Abrió los ojos con sorpresa y enfocó no sin confusión a las tres figuras que acaban de hacer su aparición en la sala. Frunció el ceño, pues tanto la apariencia como la actitud de los recién llegados le resultaban extrañas y confusas. Una sensación de peligro le instó a encogerse vagamente sobre sí mismo.
—Bienvenido a tu antigua casa, Strife —Una voz extrañamente familiar surgió de uno de los tres hombres. Cuando la distancia le permitió examinar sus rostros, Cloud se puso pálido al reconocerlos—. Esperemos conseguir que te sientas cómodo…
La expresión de Cloud reflejaba pánico en ese momento, mientras sus inquietos ojos pasaban de uno a otro agente de SOLDADO. Y no eran sólo sus uniformes la razón de su nerviosismo. Eran exactamente los mismos tres tipos que se colaron en su celda y le pegaron una paliza al segundo día de ser capturado. No dudaba lo más mínimo que, tras la escena que aconteció con el presidente, le guardaran rencor por aquel bochorno y el castigo que debió caerles.
Cloud reaccionó deprisa y, aun sin contar con fuerza suficiente, trató de levantarse de inmediato. Pero ellos fueron más rápidos. Uno de los tres se acercó velozmente y le agarró del jersey, levantándole con brusquedad. Al momento, otro acudía a ayudarle a sostenerle, cogiéndole firmemente de los brazos. Los tres formaron un apretado círculo en torno a él, lanzándole miradas cínicas ante su claro aprieto.
—Veo que te acuerdas de nosotros —dijo el más alto, que se encontraba justo frente a él—. La última vez nos cayó una buena bronca por pasarnos a visitarte sin avisar. Pero, buenas noticias: esta vez, estás tú en nuestro departamento… Y nosotros somos oficialmente tus escoltas. ¿Qué te parece?
Acto seguido le hundió el puño en el estómago. Cloud abrió los ojos y la boca por la impresión sin ser apenas capaz de emitir sonido alguno. Los otros dos le sujetaron fuertemente para evitar que se desplomara. El más alto le cogió entonces del pelo.
—Vas a probar lo hospitalarios que podemos llegar a ser aquí en SOLDADO.
—Cuidado, Jasper —le advirtió uno de sus compañeros con un deje de burla—. Recuerda que muerde más que un perro salvaje.
—Sí, Hojo nos ha advertido que no nos dejemos engañar por su apariencia —comentó el tercero—. Le ha definido como un ángel por fuera que se convierte en demonio en cuanto abre la boca.
Los tres se echaron a reír con socarronería. El más alto, el tal Jasper, pegó un tirón de su cabello para erguirle la cabeza. Para entonces, el temor en el rostro de Cloud había sido sustituido por fiereza.
—Bueno… a mí no me importa que la abra… De hecho creo que me va a gustar mantenérsela abierta —rió con malicia mientras le acariciaba rudamente la cara con el dorso de la otra mano. Cloud fijó sus ojos furiosos en él mientras éste acercaba su rostro—. Nos ha contado un pajarillo… que te gusta recibir favores del Presidente. En ese caso… Trataremos de que no le eches de menos hasta que vuelva —Le sostuvo la mirada destilando a través de sus intensos ojos azules, iguales a los de Cloud, una inmensa maldad—. Sobre la mesa —ordenó.
Automáticamente los otros dos agentes le arrastraron hacia un extremo de la habitación. Cloud no se había percatado hasta entonces del escaso mobiliario que la ocupaba; a juzgar por éste, delataba que se trataba de una especie de sala de interrogatorios. Los SOLDADOs desde luego supieron aprovecharse de las circunstancias. Le empujaron abruptamente contra la mesa, clavándole el borde en la pelvis y tiraron de sus brazos hasta que Cloud notó la tirantez de sus hombros a punto de dislocarse. En ese momento, uno de ellos sacó inesperadamente unos cables de acero de aspecto resistente y entre todos le ataron las muñecas y anudaron los extremos a las patas de la mesa, dejando su tronco completamente estirado sobre ésta. Desde atrás, alguien le agarró de las caderas, tirando de él hacia sí, pero recibió una coz que le hizo apartarse precavido.
—¡Las piernas también!
Igual que hicieron con sus manos, ataron sus tobillos a las otras dos patas de la mesa, dejándole de puntillas y completamente inmovilizado, echado sobre la tabla sin poder hacer más que pegar tirones desesperados de sus ataduras. El corazón le latía desaforado al percatarse de lo vulnerable que se hallaba en ese momento. Sus ojos volvieron a expresar un profundo temor.
—Muy bien, campeón —El tal Jasper se colocó tras él, posando una mano en sus caderas y pegando su pelvis al trasero del ex-SOLDADO. Agarró con los dedos su pantalón fuertemente—. La última vez fuimos muy desconsiderados… Pero ya verás como ahora… lo pasamos bien —murmuraba mientras iba pegando fuertes tirones de su prenda hasta bajarla. Las risas de los otros dos se escuchaban de fondo.
Cloud respiraba agitadamente entre dientes, sintiéndose al borde del colapso nervioso. Creía haber salido de una y ya se encontraba en otra mucho peor. Y esta vez, no vendría Rufus a salvarle el pellejo.
—Hay una cosa que no cambia —murmuró iracundo, tratando de ocultar el temblor en su voz mientras notaba al SOLDADO maniobrar a su espalda—. Seguís siendo tres y yo estoy atado. No sois más que unos jodidos cobardes.
Sintió peso recargarse sobre su columna. La voz del agente sonó ahora mucho más cerca de su oreja.
—Pues este jodido cobarde va a hacerte ver las estrellas, campeón.
Una presión mayor se dejó notar contra sus nalgas desnudas. Y no se detuvo al encontrar resistencia, penetrando indolente en su apretado interior.
Un grito atronador sacudió toda la planta.
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Fin del decimoséptimo capítulo.
Éste ha sido sin duda el capítulo más sufrido para Cloud... A aquellos que esperabais ver un poco más de su estancia con Hojo, mis disculpas. Pero no me sentía capaz de alargarlo más de un capítulo xD Es un personaje realmente difícil de retratar y me llega a poner hasta mal cuerpo... Y si habéis echado de menos a Rufus no os preocupéis, que no acusaréis su ausencia mucho más ;)
Y dicho y hecho, me veo en la obligación de advertir que posiblemente no habrá capítulo el próximo jueves tampoco. Y digo posiblemente porque lo dejo sujeto a las circunstancias. Estoy en plenos exámenes, tengo que estudiar, una musa que va y viene cuando le da la gana y una inspiración defectuosa... Así que prefiero no decepcionaros y, en tal caso, daros una sorpresa con el capítulo si llegara a tiempo. Pero por si acaso, dejémoslo en que el próximo llegará el jueves 29 de Mayo.
Un millón de gracias, abrazos y besos a los que me seguís y os preocupáis (incluso en exceso) por la actualización de este fic. Ver vuestras ganas de saber la continuación de la historia me hace ilusionarme más con ella ^^ Vuestros reviews la mantienen viva, ¡ya lo sabéis! Así que por fa plis, dejadme vuestra opinión sobre este capítulo, si os ha gustado, si os ha horrorizado, si éste tendrá la culpa de que no volváis a leerme nunca más o si me recomendáis que deje la escritura xD Tanto los que me escribís asiduamente como los que aún no lo habéis hecho ¡vamos! Si estáis leyendo estas notas idiotas hasta el final, cuando ya no hay motivación alguna para hacerlo, podéis alargar un poco más vuestro tiempo y dejarme un review ¡que es gratis!
¡Un besazo y hasta dentro de dos semanas! (o no~)
