Ahogado: En ajedrez, el ahogado es una situación en la que el rey no puede moverse y no tiene otras piezas que puedan hacerlo.

Hello there! Aquí seguimos, una semana más. Que disfrutéis del cap~ ^3^


La gruesa puerta de metal se abrió con violencia, impactando contra la pared con el estrepitoso ruido de los goznes oxidados. El causante de tan busca entrada se alejó del umbral, buscando el extremo más apartado en aquella azotea. La luz del atardecer obligó al presidente Shinra a hacerse visera con la mano para evitar que el reflejo del sol sobre el océano le dejara ciego. Comenzó a rebuscar en sus bolsillos con aspecto inquieto y malhumorado, hallando al fin un estuche metálico que reveló un interior lleno de cigarrillos. Tomó uno, guardó el estuche y se colocó de espaldas a la brisa, cubriendo el pitillo con la mano para poder encenderlo. Una vez logrado, tomó una amplia calada y alzó la cabeza para expulsar el humo, cerrando los ojos con aire al fin relajado.

Necesitaba ese momento de silencio. Estaba harto de reuniones interminables, de leer informes y de oír los insoportables peloteos de sus adinerados socios. Por lo que, aprovechando un receso de la última reunión, se había escapado lejos de miradas indiscretas y compañía insustancial para tener un momento propio. Rufus se apoyó en la barandilla y contempló el vasto océano que se abría ante él, bajo la inmejorable vista del cuartel general de Junon. Cerró los ojos y dejó que la brisa marina sacudiera su cabello, aspirando ese aire con diferencia mucho más puro y limpio que el de Midgar. Se llevó el cigarro a la boca y tomó otra calada, observándolo luego con disgusto.

—Preferiría que fueras una copa… —suspiró contrariado. El tabaco no era su mejor aliado cuando se encontraba tenso o ansioso, pero era mucho más discreto que llevar una botella de whisky y más elegante que sacarse una petaca del bolsillo. Tenía una reputación que mantener.

Golpeó el pitillo con el dedo para retirar la ceniza sobrante, que de inmediato fue arrastrada por el aire. Dio otra calada y lo retiró despacio de sus labios, observando los dibujos que trazaba el humo al salir por su boca y encontrarse con el viento. Sus ojos enfocaron el cigarro… y recayeron en las pequeñas cicatrices que surcaban los dedos que lo sostenían. Giró la mano para observar su palma, donde algunos cortes más ya curados evidenciaban las heridas sufridas una semana atrás. Repasó abstraído las marcas con los dedos de la otra mano, llevando su mente lejos de allí, de vuelta a Midgar. De regreso a aquella última noche marcada por cristales rotos, sangre, calor abrasador, alcohol, lluvia y sexo. La primera vez que había logrado transportar a Cloud hasta el orgasmo sin valerse de trampa alguna… Y quién lo hubiera dicho, con lo mal que comenzó el encuentro. Con intento de estrangularle y todo…

Alzó la mirada y siguió fumando, perdiendo sus ojos en el extenso mar teñido de tonos naranjas. Cuando notó la dirección que estaban tomando sus pensamientos, sacudió la cabeza para bloquearlos. Por su propia salud mental, evitaba pensar en el joven. Un sabor amargo remordía su conciencia cuando lo hacía, y no era algo ni que le gustara ni a lo que estuviera acostumbrado. Lo que en cambio no podía evitar, era aquella ansiedad por regresar lo antes posible a Midgar… Y volver a sentir en sus carnes el calor del ex-SOLDADO.

—Cloud… —Su nombre escapó en forma de suspiro por sus labios.

Dio una última honda calada al cigarrillo antes de apagarlo contra la baranda y arrojarlo al vacío. El viento soplaba hacia el continente, llevándose el humo, la ceniza y sus divagaciones tierra adentro. Hacia Midgar.

Cómo iba a imaginar que, a cientos de kilómetros de distancia, otra mente también pensaba en él.

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Temblaba de pies a cabeza. Los ojos le ardían del esfuerzo que le suponía retener las lágrimas de dolor que pujaban por salir. De no ser por las cuerdas que le mantenían sujeto, las piernas no serían capaces de aguantar su peso.

¿Cuánto más iba a durar aquello?

Nunca en su vida había deseado más perder el conocimiento. Pero incluso entonces y a pesar de los grilletes de Mako, su fortaleza le hacía aguantar hasta donde otro ya se habría desmayado. Su resistencia era su maldición. Y sabiendo que la extenuación no llegaría, sólo podía rezar para que aquello terminara de una vez. Pero, con no uno sino tres SOLDADOs deseosos de obtener su parte, era una esperanza lejana.

Una arcada le sacudió al sentir cómo entraba más de la cuenta ese miembro dentro de su boca, mientras su dueño no dejaba de emitir gemidos cada vez más ansiosos y de tirarle del pelo con vigor. No pasaron dos segundos más antes de sentir cómo se le llenaba la boca de un fluido denso y viscoso que casi le hizo vomitar. Cuando el SOLDADO se dignó a sacar al fin su sexo, Cloud lo escupió todo y tosió profusamente, notándose ahogar. Unas risas crueles se dejaron oír por encima de sus expectoraciones.

—Cómo eres, chico… —Al instante, notó una presión en la comisura de los labios que le hizo abrir sus enrojecidos ojos para enfocar al SOLDADO que tenía delante. Éste, con una rodilla subida a la mesa a la que se encontraba atado para llegar mejor hasta él, le ofrecía de nuevo su sexo recién aliviado mientras le levantaba la cabeza, tirando de su cabello— Vaya desprecio… ¿No te gusta el sabor de mi verga?

—A lo mejor es que quiere que se la chupes tú también —río otra voz.

Cloud taladró con la mirada al que tenía delante mientras el semen seguía discurriendo por sus labios. Pareció que aquella imagen gustó al SOLDADO, pues se sonrió más ampliamente mientras le repasaba la comisura de la boca con el glande.

—¿Es eso, Strife? ¿Te sientes desatendido? Parece que no disfruta lo suficiente contigo, Gerald… —insinuó al compañero que, en ese momento, disfrutaba de su turno de ensartar al ex-SOLDADO.

—Es normal; después de haber abierto yo el camino con la mía, la tuya ahora le sabe a poco —se burló también el tercero, que observaba la escena cómodamente desde una silla.

—Bueno, eso puede arreglarse… ¿Te aburres, chaval? ¿Quieres un poco de atención tú también ahí abajo? —inquirió el aludido de las bromas, deteniendo sus embestidas sobre Cloud un momento para colar la mano entre las piernas del joven y tomar su miembro. Todos rieron al ver al chico tensarse y tratar inútilmente de evitar su mano— ¿O prefieres que te lo haga más fuerte?

Pegó una brusca sacudida con la pelvis, hundiéndose profundamente en su interior. El ex-SOLDADO apretó las mandíbulas y cerró los ojos con dolencia. Las ataduras de sus manos temblaron cuando estrujó los puños con fuerza.

Cierto era que el dolor había mermado con el paso de los minutos. Cuando le poseyó el primer SOLDADO o, como éste se jactaba de decir, «abrió camino», había sido mucho peor. Ahora, con el segundo, apenas sentía una intensa quemazón… Y la sangre ayudaba bastante. Manando del desgarro que sufrió en el primer trance, actuaba como lubricante y desensibilizaba en gran medida. Pero el dolor volvía de forma aguda con cosas como esa: una embestida más fuerte, unas penetraciones más profundas… Y entonces se sentía morir.

Más risas maliciosas tronaron en sus oídos, jocosas ante su sufrimiento. Resollando y sacudido de temblores, cerró los ojos y bajó la cabeza, volviendo a repetirse que aquello acabaría pronto.

—Aparta, Rosh, es mi turno —El que permanecía observando se levantó de la silla, mostrando su miembro erecto asomando por la bragueta del pantalón, mientras lo masajeaba con la mano. Empujó al que seguía frente a Cloud para colocarse en su lugar.

—Tranquilo, Jasper… Hasta que vuelva el presidente, es todo nuestro. Tenemos más ocasiones para repetir.

—Ya, pero… No puedo irme hoy sin probar esa boca tan sucia —murmuró el SOLDADO mientras subía la rodilla a la mesa y acercaba su sexo a Cloud. Sin dejar de sonreírle con mordacidad, le agarró del pelo—. Abre la boca, mamón…

Cloud se negó. Mantuvo los dientes cerrados, mientras soportaba las incesantes acometidas del tercero y sus dedos clavados sobre las caderas. El tal Jasper le miró contrariado y alzó la mirada hacia su compañero.

—Gerald… oblígale.

—¡Gaah…!

Otro violento empuje terminó por hacerle gritar. El SOLDADO no lo desaprovechó y se introdujo en su boca hasta la campanilla.

—Eso es, campeón… Ahora, no muerdas —añadió, burlón.

Ante las arcadas de Cloud, le sujetó firmemente la cabeza obligándole a aceptarlo, sin pensar por un instante en retirarse, indolente frente a sus toses y aspavientos de ahogarse. Procedió a embestir en su boca a la par que su compañero lo hacía al otro extremo. Largos minutos de tortura que soportar de nuevo para Cloud, atrapado entre dos cuerpos e inmovilizado por la mesa, con cada extremidad amarrada a una pata. Pasados más de diez, las manos de Gerald le agarraron más fuerte de la cintura, hundiéndose en su carne y tirando de él hacia sí al tiempo que tornaba esas acometidas frenéticas, gimiendo alto y apenas saliendo de su interior. El miembro de Jasper se endureció e hinchó progresivamente en su boca hasta casi hacerle vomitar, antes de terminar viniéndose en su garganta, casi al mismo tiempo que su compañero lo hacía dentro de él. Cuando ambos SOLDADOs se retiraron, Cloud estaba casi inconsciente. Resbaló por la mesa y cayó como un peso muerto al suelo en cuanto liberaron sus manos de las ataduras.

—Buen chico… Te has portado bien, campeón… —Una jadeante y socarrona voz se escuchó sobre su cabeza.

Desataron también sus tobillos y le subieron los pantalones antes de comenzar a arrastrarlo de las manos. Apenas se le oyó quejarse mientras lo sacaban de aquella sala por una puerta contigua hasta una diminuta habitación sin ventanas. Lo sentaron contra una viga anclada al suelo y ataron sus manos tras ésta. Notó cómo uno de ellos le jalaba del pelo.

—Ya no estás tan respondón, ¿eh? ¿Demasiado llena esa boca? —se jactó otra vez la voz del más alto, Jasper. Le revolvió el cabello antes de dejarle. Riendo y burlándose sin parar, los tres abandonaron la estancia, cerrando tras de sí— Hasta mañana, Strife. Recupera fuerzas…

Las voces y las risas socarronas se apagaron poco a poco hasta que sólo quedó silencio. Pudo comenzar a oír sus propios jadeos, su tiritar y el castañetear de sus dientes. Recogió un poco sus doloridas piernas para intentar sentarse mejor, arrepintiéndose en cuanto el movimiento le devolvió una terrible punzada de dolor en sus entrañas. Notó la sangre resbalar, mezclada con semen. Estaba hecho un asco… Y pensar que sólo unas horas antes celebraba el librarse de Hojo… Quién imaginaría que todavía podía caer más bajo.

Un hilo de saliva colgaba de sus labios. Hasta escupir al suelo le supuso un esfuerzo. Alzó la cabeza, cerrando los ojos y apretando los dientes, sin poder contener un segundo más el llanto. Tenues y ahogados sollozos escapaban de su garganta dolorida mientras unas amargas lágrimas dejaban surcos en su rostro. Liberando con ese lloro todo el pesar que arrastraba en su maltrecho interior.

¿Para qué continuaba luchando? ¿Por qué seguía resistiéndose? ¿Era ese instinto innato en él de no dejarse dominar, de pelear y de seguir mordiendo aunque se quedara sin dientes? Ya lo veía hasta absurdo. ¿Dónde estaban sus motivos para seguir luchando? Ya no protegía a nadie, estaba solo… Se había acabado. No había luz al final de aquel túnel ni recompensa a su perseverancia. Ni siquiera una vida a la que regresar… ¿Cómo hacerlo, después de aquello? Se sentía tan vapuleado y humillado, tan destruido desde dentro, que volver a casa le resultaba impensable… Habían destrozado su orgullo. Ya ni eso le quedaba.

Se acabó. Estaba cansado, abatido. ¿Dónde estaba el interruptor que decía «Rendirse»? ¿A quién tenía que decir «Basta, hasta aquí he llegado, me rindo»? Ya no quería luchar más.

—Rufus… —Su subconsciente evocó aquel nombre en un susurro lloroso, sin siquiera percatarse de hablar. Su nombre era como una tenue luz brillando en medio de la oscuridad. Una luz fría y temible, pero la única que había.

«Vas a caer en semejante infierno que sólo desearás que baje a rescatarte»; aquella voz resonó en su cabeza.

Si había una persona capaz de sacarle de ese abismo de tinieblas y dolor, era Rufus Shinra. El hombre que, con chasquear los dedos, podía hundirle en las brasas del averno o envolverle entre sábanas de seda. Pero, a fin de cuentas… ¿A quién más podía pedir ayuda, en el Inferno, que al mismo Diablo?


Los SOLDADOs doblaron la esquina, sin dejar de reír y bromear, compartiendo entre los tres un humor que, como poco, se tacharía de peculiar. La noche había caído ya sobre Midgar. Por todo el piso cuarenta y nueve, conocido como la «planta de SOLDADO», agentes y trabajadores se preparaban para marcharse a casa. Solamente uno en que nadie recaía parecía demorar a propósito su marcha. Apostado tras una puerta, observando por el dintel a los tres SOLDADOs que salían del pasillo de celdas. No alcanzaba a oír la completa naturaleza de su charla, pero dos palabras y el tono empleado le fueron suficientes para confirmar lo que necesitaba saber.

Reeve sacó discretamente el intercomunicador de su bolsillo, acercándolo a sus labios.

—Está aquí —susurró.

A varios kilómetros de distancia, su voz salía distorsionada por la boca de un pequeño robot con aspecto de gato, en un tono agudo y extravagante. En torno a éste, seis pares de ojos y orejas prestaban total atención.

—… En la sala de celdas de SOLDADO —continuó hablando el pequeño robot.

—¿Le has visto? —inquirió Yuffie, excitada, acercándose más al autómata.

—No. Pero no tengo la menor duda —Incluso con aquella peculiar voz, todos notaron que el tono de Cait Sith decaía al pronunciar esas palabras—. Han salido tres SOLDADOs. Les he oído hablar. Está aquí.

Miradas significativas cruzaron entre los miembros de AVALANCHA. Era al mismo tiempo la noticia que esperaban y la que más temían.

—No podemos demorarlo más —sentenció Tifa seriamente—. En SOLDADO no se toman nada bien a los desertores o renegados. Y ya puede jurar Cloud todo lo que quiera que nunca lo ha sido, pero el color de sus ojos no miente. Corre tanto o más peligro ahí dentro como con Hojo. Se le van a echar encima como perros.

—Si Shinra lo ha dejado ahí, sin duda es lo que esperaba —masculló Barret, escupiendo después al suelo con desprecio—. Valiente hijo de puta… Lo van a matar.

—¿Qué les has oído hablar? —Esta vez fue Nanaki quien inquirió al robot.

—No mucho… Pero en contexto general, puedo aseguraros que hablaban de él y que venían de verle —Miradas preocupadas cruzaron entre todos los presentes— Oh, rayos… Dadme un minuto, tengo que esfumarme.

Cait Sith bajó la cabeza y quedó colgando de sus hombros, inerte. Parecía ser que Reeve no estaba en condiciones de seguir con la conversación en ese momento.

—Bueno, pues ya está ¿A qué cojones esperamos? ¡Vamos! —Cid se quitó el cigarro ya casi consumido en sus labios y lo arrojó al suelo con vigor, levantándose de su asiento de un salto.

—Espera, Cid, no podemos arrancarlos a lo loco —Tifa extendió las manos hacia él al ver que el piloto emprendía la marcha hacia la puerta de la iglesia.

—¿Quién habla de arrancarse? —Cid se giró alzando los brazos, mirando a todos como si estuvieran locos— Digo de ir a buscar el transporte. Que me imagino que no querréis presentaros en la misma puerta de edificio con un ramo de flores y una tarjeta de visita… ¡Vamos, joder!

Según terminaba de hablar, se giraba hacia la salida, haciendo un aspaviento con el brazo para que los demás le siguieran. Tifa se le quedó mirando de hito en hito, pero en cuestión de segundos, todos caminaban en pos del piloto a través del destartalado barrio de los suburbios. Red XIII se detuvo a recoger al inactivo Cait Sith y lo llevó entre sus fauces.

No tuvieron que andar mucho hasta que hallaron lo que Cid andaba buscando.

—Aaahh… Aquí estás. Mi preciosa —saludó a la inmensa nave que se hallaba emplazaba en un claro de ruinas tras el templo. Se acercó y besó la chapa con infinito amor.

—¿A esto llamas tú ser discreto? —reprendió Barret. El piloto se giró hacia éste mirándole como si acabara de insultar a todo lo que amaba.

—Disculpa, jodido ignorante, pero yo puedo hacer que esto se vuelta invisible si me lo propongo —aseguró con un tono enigmático y una sonrisa de suficiencia mientras palmeaba la nave.

—¿Qué te propones? —Tifa le miró con el ceño fruncido, cruzándose de brazos con intriga.

—Ya te digo yo lo que se propone… ¡Volar todo el edificio! —arremetió Barret— O que nos vuelen a nosotros por los aires, porque es lo que conseguiremos si nos acercamos con este trasto… ¿Es que crees que no nos van a ver?

De todos, el único que aún no había abierto la boca clavó sobre el piloto una mirada aguda a través de sus ojos rojos. Vincent sabía que Cid era impulsivo y temperamental, pero también muy astuto. Y le bastó observar la manera altanera en que éste se apoyaba sobre su adorada nave para comprender que tenía un plan en mente.

—Creo que entiendo lo que pretendes —murmuró con su voz de ultratumba. Todos salvo Cid observaron a Valentine con sorpresa. El piloto le sonreía arrogante.

—Por lo menos hay uno que confía en mí… ¡Andando pa' dentro!

—No ha dicho nada de que confíe… Sólo que entiende tu demencia —corrigió Yuffie mientras todos seguían al piloto al interior de la Highwind.

—No seas impertinente, princesa, que a ti te toca una parte importante en mi plan… —señaló Cid.

—¿Qué…? —La joven ninja se detuvo mirándole desconcertada y con cierto tono asustado.

—Tranquila… te lo pasarás bien. Ya verás... —aseguró el mayor, desapareciendo ya por la portezuela.

Vincent posó una mano sobre el hombro de la muchacha, empujándola suavemente hacia delante.

—Confía en él. Sabe lo que hace.

—¿Cómo estás tan seguro? —acusó ella.

Pero no recibió respuesta. Vincent se limitó a guiarla adentro, seguidos del resto.

Como todos, el de ojos rojos estaba preocupado. Ese rescate no iba a ser sencillo y nada aseguraba de hecho que fuera a salir bien. Pero todos, incluido Cid, eran conscientes de una cosa: que más oportunidades como aquella no iban a tener. No podían desperdiciarla. Vincent estaba convencido de que su amigo había tenido tiempo de concebir y madurar aquel plan. Ahora era cuestión de hacer partícipes al resto y terminar de pulirlo.

—La última vez lo intentamos bajo tierra y fue un fiasco… Ahora lo haremos a mi manera —sentenció Cid, una vez reunidos todos en el puente de mando.

—Cid, no es por menospreciar tu plan, sea cual sea, pero no me parece que usar la Highwind vaya a ser una buena idea —opinó Tifa con un deje intranquilo. Barret, a su lado y cruzado estoicamente de brazos, asintió con energía—. En cuanto la vean aparecer, nos acribillarán… No podremos acercarnos.

—Ya os he dicho que no la van a ver aparecer —insistió Cid mientras se colocaba detrás del timón. Recibió cinco miradas escépticas. El piloto apoyó sendas manos sobre el gobernalle y les devolvió una cargada de astucia—… Porque no nos vamos a acercar.

—¿De qué hablas? —Barret, exasperado, alzó una mano bruscamente hacia él.

—¿Cuántos cigarrillos llevas, tío…? —se burló Yuffie, alzando una ceja con incredulidad— ¿O es que se te ha acabado el tabaco y te has fumado otra cosa?

—¡Será posible! ¡No se puede hablar con vosotros! ¡Haced el favor de cerrar el jodido buzón y abrir las orejas de una vez! —bramó el piloto perdiendo la paciencia— Ya veo la fe que tenéis en mí…

—Cid —La voz de Vincent acotó al fin la discusión. El ex-Turco miró fijamente al aviador—, por favor. Dinos en qué consiste tu idea.

Éste alzó el mentón y soltó todo el aire por la nariz con gesto orgulloso antes de responder. Gracias a Valentine, parecía que por fin estaban dispuestos a escucharle.

—Lo que yo propongo —comenzó más seriamente— es usar la Highwind de plataforma… Para lanzar un proyectil…

—¡¿Vas a tirar una bomba?! —exclamó Yuffie a voz en grito.

—No exactamente, princesa —Cid la señaló con el dedo y le lanzó una mirada audaz—. El proyectil que tengo en mente es mucho más pequeño, más ligero y absolutamente invisible a sus radares y a sus ojos. Y me alegro que me hagas precisamente esa pregunta. Porque lo que pretendo lanzar… Es a ti.

Las caras de asombro que prosiguieron a sus palabras no fueron nada comparadas con la de la propia ninja. Sus grandes y negros ojos se abrieron con infinita sorpresa, mientras trataba de procesar esa inesperada aseveración. Pero en cuanto lo hizo… Una sonrisa aviesa y emocionada se dibujó en su rostro.

—¿Dónde hay que firmar?

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Fin del decimoctavo capítulo.


Sé que ha resultado un poco más corto de lo habitual, pero así me los lanza la musa... Y lo que va ha venir ahora requería un capítulo a parte bien estudiado y ejecutado... (no sé si os habréis dado cuenta de que intento picar vuestra curiosidad para el próximo ¬¬D Van a pasar cosas~~~)

Muchísimas gracias por seguir apoyando esa pseudo cosa medio escrita que yo llamo fanfic y que vosotros no sé como llamaréis, pero que agradezco infinitamente que os guste ^^ Desgraciadamente sigo y seguiré de exámenes finales una temporada, así que de momento mis actualizaciones continuarán siendo tardías. Espero recuperar el ritmo de un capítulo semanal en cuanto acabe. Con suerte para entonces logro llevar escritos varios y volver a tener en la reserva ^^

Un beso enorme a todos por seguir leyendo y dos besos más enormes a los que me dejáis reviews. Si queréis tener dos besos virtuales la próxima vez, ya sabéis, ¡animaros a dejarme vuestra opinión! La valoro muchísimo, especialmente ahora que ando de musa caída por culpa de los Jod*** exámenes . Un abrazo si estáis igual que yo. ¡Hasta la próxima!