Promoción del peón: en el ajedrez, cuando un peón alcanza el otro extremo del tablero y puede reclamar el rescate de una pieza mayor.

¡Hola hola! Buenas, idolatradísimos lectores, aquí os dejo un capitulillo recién sacado del horno. ¡A disfrutar!


El viento azotaba tan furiosamente contra la costa que llegaba a mover las aspas del helicóptero que aguardaba en la pista. Una pequeña comitiva encabezada por Rufus Shinra se dirigía hacia el aparato mientras el sol se ocultaba lentamente tras el océano. Siguiéndole muy de cerca, un hombre gordo, que parecía tener serios problemas para mover sus piernas al ritmo de las del presidente, se afanaba en detener su marcha.

—P-pero, Presidente, reconsidérelo… ¿no puede esperar un par de días más? El acuerdo aún no está cerrado…

—Por eso he dicho que te dejo encargado de ello, Palmer —sentenció Shinra sin aminorar sus pasos ni volverse siquiera para mirarle.

—P-pero… los socios… Prefieren que sea usted quien hable con ellos… —Entre resuellos, Palmer trataba de exprimir los últimos segundos que restaban antes de que Rufus se subiera al helicóptero, desesperado— ¿Qué voy a decirles? Se molestarán… ¿Cuál es la prisa por regresar a Midgar?

El Turco que esperaba junto al aparato abrió la cabina para permitir subir al presidente. Mientras se agarraba para tomar impulso, se volvió un instante hacia el sudoroso ejecutivo que aguardaba tras él con el gesto de un perro siendo abandonado por su amo.

—De lo que digas depende que este trato se cierre y, extendiéndonos más, de que yo siga considerado tu continuidad en esta empresa —sentenció Shinra con peligrosidad, ignorando por completo la segunda pregunta—. Por una vez en tu miserable vida, Palmer, utiliza el cerebro. Más vale que se te ocurra algo bueno; te interesa mucho que esto salga bien.

Se giró hacia el piloto y le gritó un sonoro «Arranca» mientras entraba en la cabina. Tseng fue a cerrar la puerta, pero la mano del presidente se interpuso, inclinándose hacia el Turco para que le escuchara por encima del sonido del motor.

—Llama a Midgar. Prepara todo para mi vuelta —El Turco inclinó la cabeza en gesto afirmativo y cerró la cabina. Shinra procedió a colocarse los cinturones mientras se dirigía al piloto una vez más—. Vámonos ya; se avecina tormenta.

Tseng, Palmer y el resto de los presentes se vieron obligados a apartarse conforme las aspas cobraban velocidad y el helicóptero se ponía en marcha, elevándose entre sacudidas por el azotador viento. Y con aquella premura, inexplicable para muchos de los que se encontraban en Junon, emprendió el vuelo de regreso al cuartel general de La Compañía Shinra.

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La oscuridad se cernía sobre Midgar más temprano de lo habitual. Un cielo de nubes negras abovedaba la urbe, amenazando con dejar caer una nueva tormenta. Parecía que la tregua que había concedido el cielo los últimos días terminaría esa noche… Aunque no para todo el mundo eran malas noticias. Un grupo de interesados veía en aquella repentina oscuridad una enorme ventaja… y la invisibilidad que tanto necesitaban, mientras, amparados por las nubes y una luna ausente, se cernían sin ser vistos sobre la torre que coronaba la ciudad.

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Aproximación a objetivo de cuatro mil metros. Reducir velocidad tres nudos.

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Cid desplazó el cigarrillo de una comisura de su boca a la otra. Llevó la mano a la palanca que tenía en frente y la fue bajando muy despacio, sin apartar los ojos de la pantalla del radar.

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Aproximación a objetivo de mil doscientos metros. Distancia máxima alcanzada. Detener aproximación.

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El piloto bloqueó la palanca de velocidad fijándola en cero. Apagó los propulsores y dejó tan sólo los motores principales para mantener la nave en vuelo. Una amplia bocanada de humo salió despedida de sus labios.

—Bien, hasta aquí podemos llegar. A partir de ahora estás sola, pequeña —murmuró Cid a través de su interfono, sin poder ocultar un deje de nerviosismo.

Barret se acercó a la boca su intercomunicador.

—¿Lista, Yuffie?

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Varios metros más abajo, en el compartimento de carga de la nave, la joven ninja se colocaba las gafas protectoras sobre los ojos antes de responder. El pinganillo que colgaba de su oreja y el micrófono que partía de éste hacían más fácil la comunicación.

—Nací lista —alardeó con un tono guerrero.

Eso lo pongo muy en duda —La voz de Barret respondió con hosquedad en su oído.

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¡Lanzadme ya!—El grito de protesta de la ninja se escuchó por toda la cabina de mando.

—A mandar —Cid llevó la mano al control de apertura de la carga. En el puente, todos los presentes contenían el aliento.

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La compuerta de carga comenzó a descender, revelando bajo el vientre de la nave las luces nocturnas de Midgar. Y casi justo debajo en línea diagonal, la cresta del Edificio Shinra. Yuffie se deslizó hasta el borde donde el abismo se abría. Se ajustó bien el paracaídas de la espalda.

Tienes un kilómetro de caída desde aquí, recuerda no abrir el paracaídas hasta pasados al menos quinientos metros.

Está controlado, jefese impacientó la ninja mientras sentía el viento azotarla desde la compuerta abierta.

Ten mucho cuidado Yuffie, por favor —Oyó ahora la voz de Tifa en su oreja.

—Je… La Gran Ninja Yuffie no conoce esa palabra. Ahora no es momento de tener cuidado… ¡Es momento de volar! —se chuleó la más joven, rebosante de coraje.

Adelante, pues —Escuchó la voz de Cid—. Liberando carga. Todo tuyo, princesa.

—¡Yuffie-bomba vaaaaaaaaaa!

Una diminuta figura, completamente invisible en medio de la noche, saltó de la nave y fue engullida por la oscuridad. El aire la sacudió, rodeando su cuerpo y creando en torno a él una burbuja de tensión irrespirable. Podía ver el mapa de Midgar mejor de lo que nunca lo había visto, pero no pudo recrearse demasiado con las vistas. El medidor de distancia que portaba en su muñeca avanzaba a una velocidad vertiginosa y en pocos segundos alcanzaría los quinientos metros. Espero un poco más… y tiró de la cinta, liberando el paracaídas. Lo escuchó salir despedido a su espalda y deslizarse por el aire una fracción de segundo antes de sentir el busco tirón que pegó de su cuerpo cuando la tela se desplegó completamente. Se quedó sin aire unos instantes y notó que se elevaba, observándose los pies planear por encima de las luces de la ciudad. Y cuando al fin el parapente se estabilizó, pudo comenzar a pilotarlo.

Ahora venía lo realmente difícil: conseguir gobernar aquel artefacto para que la dejara en algún punto entre los pisos cuarenta y cincuenta del Edificio Shinra. Podía parecer un margen muy amplio a simple vista, pero cuando se trata de bregar contra una bolsa de tela llena de aire muy fácilmente sacudida por el viento, la cosa se volvía complicada de narices. La cúpula del coloso se acercaba muy deprisa y Yuffie empezó a preocuparse. Si no reducía un poco la velocidad, se estrellaría contra el edificio o conseguiría que la lona se enredara en alguna viga. La ninja apretó los dientes, tiró de los mandos y preparó los pies para el impacto cuando la pared empezó a aproximarse muy deprisa hacia ella…

—¡UGH!

El aterrizaje no fue precisamente grácil y delicado. Sus pies frenaron en gran medida en golpe, pero nada la libró de acabar con la cara contra el muro. Se recuperó rápidamente y procedió a librarse del paracaídas antes de que volviera a inflarse y la arrastrara. Del arnés que llevaba en la cintura tomó un mosquetón con el que se enganchó a la pared para maniobrar sin matarse, pues la caída desde ahí era cuanto menos interesante. Asegurada su supervivencia, procedió a atar el paracaídas a la viga más cercana, dejándolo ahí y esperando que no se enredara demasiado, pues con él debían contar para escapar después.

Highwind a Yuffie, ¿me recibes? —El pinganillo tronó en su oreja.

—Alto y claro, viejales —copió la ninja—. He hecho blanco.

Ya lo vemos. Según el radar has ido a caer al piso cuarenta y tres. Una marca impecable, princesa.

Suenas sorprendido… —reprochó ella con un deje altanero.

Menos alardear y más trepar, pequeña. Tienes que subirte seis plantas, ¡así que tira!

Tsk… Pues por qué no viene él y lo hace…

El pinganillo sigue encendido, Yuffie…

—¡A callar!

Procedió a escalar la torre mientras el viento húmedo de la inminente tormenta la sacudía. Las enormes vigas de hierro que sostenían el edificio constituían una excelente escalera y, para un ninja, moverse por ellas era pan comido.

—Vale… Creo que estoy. Piso cuarenta y nueve —comunicó a través de su micrófono—. Pasadme a Bola de Pelo.

Muy bien, princesa, presta atención —decía la aguda voz de Cait Sith desde la nave mientras, dentro del propio edificio, su auténtico orador escrutaba sobre la mesa de una oscura sala de oficinas, iluminada tan sólo por la luz de un flexo, los planos del Edificio Shinra—. Estás en la cara opuesta de la planta SOLDADO al pasillo de celdas. Para llegar hasta ahí tendrás que moverte por los conductos de ventilación. Si no me equivoco, tienes una abertura a cinco metros.

Yuffie buscó con la mirada, localizando la rejilla del susodicho conducto. Llegó hasta ella de un brinco.

—Aquí lo tengo. Lista para entrar.

Bien… Te iré guiando por los conductos, pero mantén la frecuencia del comunicador lo más baja posible. Hay inhibidores por toda la planta, es posible que no nos lleguemos a escuchar bien en algún punto.

—Oído cocina —murmuró jovial la ninja mientras desatornillaba la rejilla de ventilación.

La dejó caer al vacío y desenganchó el mosquetón que la mantenía a salvo, internándose ágilmente en el conducto. Era mucho más amplio de lo que habría esperado y desde luego le sobraba para desplazarse a cuatro patas por él.

Continúa todo recto hasta que encuentres una bifurcación. Toma la de la izquierda y sigue de inmediato por la de la derecha… —Las precisas indicaciones de Cait Sith pilotaban su paseo a través de toda la planta SOLDADO, completamente invisible a los pocos trabajadores que quedaran en ella a esas horas— ¿Has llegado al pasillo de rejillas?

—Pdf, puaj… Sí —respondió la ninja mientras escupía una telaraña adherida a su cara.

Vale… Cada una corresponde a una celda. Cloud está en la número dos. Asómate antes de dejarte caer, recuerda: puede haber SOLDADOs. Una vez entres, espera ahí con él unos minutos, yo acudiré en seguida, volamos la puerta y nos largaremos los tres de aquí.

Recibido.

Corto la transmisión. Voy para allá.

Un «cjj» en el pinganillo indicó a la ninja el fin de la comunicación. Yuffie enfrentó el largo conducto que se abría ante ella, dónde cinco focos de luz emergían del suelo a través de sus correspondientes rejillas.

—Allá voy, Cloud…

Se arrastró hasta la número dos. A través del enrejillado sólo podía observar una pequeña fracción de suelo. Pegó la oreja a la superficie esperando escuchar voces, pasos o cualquier indicio de presencia amenazante en la celda. Tras cerciorarse de su ausencia, procedió a desatornillar la trampilla, la hizo a un lado y se dejó caer en su interior con sigilo felino.

Cuál fue su sorpresa cuando aterrizó en una sala completamente vacía.

Yuffie paseó la mirada de un lado a otro, contando las esquinas totalmente desconcertada. Cloud debería estar ahí… «No puede ser» murmuró para sí, empezando a preocuparse. ¿Reeve se había equivocado? Se llevó la mano al pinganillo, reactivando la comunicación.

—Cait… Cloud no está aquí —susurró. No recibió por respuesta más que un eco sordo. Lo volvió a intentar— ¡Cait! Esta celda está vacía.

—… ¿Qué? —escuchó al fin.

—Que aquí no hay nadie. Cloud no está —insistió la ninja con premura— ¿Te has equivocado?

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Reeve se había detenido en medio de su carrera por los desiertos y oscuros pasillos del edificio. Bajo el brazo portaba el plano con el que había estado guiando a Yuffie. Lo desplegó y examinó con urgencia, desconcertado por la revelación de la ninja. Vio el número que había anotado en el margen, copiado de la orden de traslado que obtuvo de Tseng y que había revisado una y otra vez hasta memorizarlo. En el plano, la celda que se correspondía con ese número no podía ser otra que aquella. No tenía sentido.

—Yuffie, ¿estás segura? —preguntó antes de darse cuenta de lo estúpido que había sonado.

¡¿Cómo que si estoy segura?! ¡¿Tú qué crees?! Esta celda mide tres metros cuadrados y sólo tiene cuatro esquinas, ¿crees que si Cloud estuviera aquí me pasaría desapercibido?

—Vale, vale, perdona… Espérame, voy para allá —se disculpó, presuroso. Enrolló el plano y corrió hasta el ascensor. Ahí había algo que no encajaba.

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Yuffie chasqueó la lengua, frustrada. Se cruzó de brazos. Estúpido Reeve, Cait Sith o cómo prefiriera que le llamara. Sólo tenía un trabajo, ¡uno! Y la había pifiado. Que le esperara, decía… Como si simplemente se hubieran equivocado de andén al quedar en una estación de tren.

Hubiera seguido despotricando mentalmente contra él, pero algo reclamó bruscamente su atención: el sonido de voces cercanas a la puerta de la celda. La ninja abrió los ojos con estupor y puso pies en polvorosa en cuanto escuchó los sistemas de cierre siendo manipulados. Veloz como un rayo, se impulsó con la pared para alcanzar el agujero del techo por el que se había colado y desapareció en el preciso instante en que cuatro SOLDADOs irrumpían en la pequeña habitación.

Yuffie se tumbó en el conducto, tratando de mantener su cuerpo lo más alejado de la abertura mientras contenía la respiración, escuchando las voces de los agentes bajo ella.

—No hay nadie…

—Quizás aún no han entrado.

—Revisad las demás, tienen que andar por aquí.

Yuffie reparó en la tapa de la rejilla; estaba junto a ella pero lejos del alcance de su mano. Si se movía ahora mismo para intentar cogerla, la oirían… pero como los SOLDADOs repararan en el conducto abierto, estaba perdida. Apretando los dientes, estiró los dedos tratando de alcanzarla, tocándola con las yemas. Fue entonces que ocurrió lo que más temía.

—Eh… —Uno de los SOLDADOs llamó la atención de sus compañeros mientras señalaba con la cabeza hacia el techo— Por ahí…

En cuanto Yuffie notó una sombra ocluyendo la luz que penetraba por la abertura, supo que no le quedaba más remedio. Cesó en su intento de alcanzar la tapa y llevó la mano a su cinturón, tomando un pequeño objeto esférico que arrojó por el agujero. Una pequeña explosión y unas toses precedieron al humo, brindándole a Yuffie la retirada.

—¡Están aquí! ¡En los conductos de ventilación!

La ninja gateaba a toda prisa, alejándose lo más posible de los guardias. Un chasquido tronó en su oreja.

¡Yuffie...!

—¡Cait! —La joven se refugió en un recodo ciego para poder hablar en susurros— Hay SOLDADOs aquí… ¿Qué está pasando? ¿Nos han descubierto?

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Reeve mantenía el comunicador atrapado entre su hombro y su oreja mientras revisaba una y otra vez el plano entre sus manos. El ascensor nunca le había parecido más lento mientras ascendía hacia la planta cuarenta y nueve. Pero gracias a ello, tuvo tiempo de pensar… Y de caer en algo terrible.

—No, no nos han descubierto —musitó con un tono ausente. Acabada de darse cuenta—… Nos esperaban.

El papel, la orden de traslado con el número de la celda y las fechas exactas, hasta los nombres del personal encargado… Eran unas instrucciones perfectas para llegar hasta Cloud, tan detalladas… Que sólo podía ser una trampa.

—¡Yuffie, tienes que salir de ahí ya! —bramó.

¿Qué? … Pero, ¿qué pasa con Cloud? ¿Dónde está?

—¡No lo sé, pero no está ahí, no está en ninguna de esas celdas, nos han tenido una emboscada, vete! ¡Sal de ahí!

No había terminado de hablar cuando las puertas del ascensor se abrieron. Reeve se quedó blanco ante la comitiva que le recibió, perfectamente alienados frente al elevador y apuntando con sus rifles a la cabina. Una figura destacaba entre todas ellas. La de una voluptuosa mujer ataviada en un escotado vestido rojo.

—Buenas noches, Reeve —saludó Scarlet con una malévola sonrisa— ¿Te importa colgar?

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Lejos de allí, en el puente de mando de la Highwind, el gato robot blanco y negro, locutor en todo momento de la voz de Reeve, sufrió una repentina sacudida, se puso rígido y dejó caer muy lentamente la cabeza hasta quedar inmóvil. Ante los ojos de todos, se apagó por completo. Aquello no podía ser una buena señal.

—Reeve… —musitó Vincent con profunda inquietud.

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Yuffie perdió la señal del comunicador. Por más que lo intentó, no logró volver a establecer contacto con Reeve. Maldijo por lo bajo y se arrastró por el conducto unos cuantos metros más, buscando alejarse del sonido de voces y pasos que seguían escuchándose bajo el techo. Recalibró la frecuencia del aparato y probó de nuevo la transmisión.

—Yuffie a Highwind, ¿me recibís? Cambio —Un ruido blanco continuo respondió en su oreja. Insistió—. Yuffie a Highwind, tenemos problemas, ¡responded, idiotas! ¡Cambio!

Nada. La joven ninja soltó una maldición airada. Los condenados inhibidores impedían la comunicación con la nave. Se dio cuenta en ese momento de que estaba sola.

Una vibración a lo largo del túnel le alertó de que algo andaba mal. Durante una fracción de segundo, pudo captar cómo una cabeza se asomaba por la rejilla abierta de una de las celdas, pero se apresuró a ocultarse en un recodo antes de que la vieran. Recogida como un contorsionista contra la pared, su mano palpó una abertura a su izquierda hacia la que dirigió su mirada. Lo que descubrió fue una nueva rama de los conductos oscura y de diámetro mucho menor. Fue cuestión de segundos que tomara su decisión y se internara por ésta.

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Reeve bajó despacio su comunicador, apretando el botón de apagado mientras mantenía la mirada fija sobre los afilados ojos de Scarlet. La mujer le devolvía una cruel expresión de triunfo.

—Buenas noches —correspondió Tuesti, tratando de tragar saliva con la mayor de las dificultades.

—¿Dónde está tu amigo, Reeve? —inquirió la directora con un tono insidioso.

—¿Amigo? —balbuceó éste, expresando sorpresa— ¿Qué amigo?

—Corta el rollo, cariño… Has metido a alguien de AVALANCHA en el edificio, no mientas —atajó Scarlet.

Reeve mantuvo la expresión ingenua en su rostro unos segundos más, mientras ponía en marcha la maquinaria de su cerebro intentando hallar la mejor respuesta que le sacara de ahí. Finalmente, bajó la mirada, liberó un suspiro y negó levemente con la cabeza mientras esbozaba una sonrisa amarga. Al darse cuenta de que no había posibilidad de escapar.

—Vaya… —musitó volviendo a enfocar sus ojos sobre Scarlet sin dejar de sonreír tristemente— Estoy muy jodido, ¿verdad?

—Mucho, cielo. Estás con el agua al cuello —corroboró la mujer, saboreando cada palabra con maldad. Se cruzó de brazos, alzando su generoso busto y caminó lentamente, como una modelo, hacia Reeve—. Alguien dejó un pedazo de queso maloliente tirado por ahí… Un trozo que cualquier ratón habría rechazado. Y que sólo una sucia rata mordería —se ufanó, poniendo especial énfasis en la palabra «rata». Saltaba a la vista que estaba disfrutando—. Has pecado de listo, la trampa ha saltado y te ha pillado el pescuezo. No puedes escapar de ésta…

—Ya me lo temía —asintió Reeve con un tono aséptico, resignado, sin dejar de esbozar una sardónica sonrisa.

Lo que le hacía sonreír, era la ironía de verse atrapado en una treta tan simple. ¿Cómo pudo pensar que él había logrado hacerse con aquel papel magistralmente? Peor aún, ¿cómo se le ocurrió creer que un Turco extraviaría jamás un documento? Bueno, puede que Reno, tal vez… Pero no Tseng. Le habían puesto a prueba, todo eso era por él. Y se había descubierto ante ellos como un mago barato.

—Mi querido Director Tuesti —Scarlet llegó hasta él y le clavó la más pérfida de las miradas. Si una serpiente venenosa y una araña concibieran alguna vez, seguramente saldría un ser muy parecido a Scarlet—… ¿Qué sientes sabiendo que por tu culpa va a morir uno de tus amiguitos?

—Nada, querida —se burló Reeve, devolviéndole una mirada segura y tranquila—, porque no lo vais a encontrar. Ahora mismo ya habrá abandonado el edificio.

—No estés tan seguro. ¿Alguna cosa más antes de que te arresten? —inquirió deletérea, alzando una ceja. Los guardias tras ella se movieron ligeramente.

—Sí, ahora que lo mencionas —Por primera vez en presencia de la mujer, Reeve adoptó una actitud de lo más relajada. Era la pérdida del miedo ante la evidencia de que nada puede ir ya peor—. Siempre he deseado poder decirte a la cara que eres una puta y la mayor zorra que he conocido —declaró con la voz más afable y educada que era capaz.

Scarlet aguantó su arrogante sonrisa unos segundos más, antes de cruzarle la cara con tanta furia que le arañó con sus largas uñas y le hizo trastabillar sobre sus pies.

—Ríete en el calabozo, payaso. ¡Encerradlo! —Le dio la espalda mientras los guardias le apresaban y no volvió a dedicarle su atención. Ésta se centraba ahora en otro hombre, un SOLDADO de Primera Clase que se erguía con orgullo frente a ella— ¿Habéis encontrado al intruso?

—Aún no, pero no puede andar lejos. En los conductos de ventilación no tendrá escapatoria —Uno de los guardias le pasó el plano de la planta que acababa de serle arrebatado a Reeve y éste lo desplegó ante la directora y le señaló la ubicación—. Está atrapado en este circuito. Mis hombres ya lo están registrando.

—¿Y éste? —Scarlet reparó en otro circuito que partía del señalado por el SOLDADO— Podría escapar por aquí. Registradlo también.

—Es imposible que pueda ir por ahí, créame…

—¿Es que hablo para las paredes? ¡Registradlo, he dicho! —repitió la directora acercando su rostro al del SOLDADO con ira. Éste la miró temeroso y se apresuró a aclararlo.

—Directora, por favor, se lo aseguro, es imposible. No puede haber ido por ahí. No hay ser humano que quepa en esos conductos…

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—Joder… ¡no hay humano que quepa por aquiiiií!

Las maldiciones de la airada ninja dentro del conducto evidenciaban que su huida por el sistema de ventilación acababa de sufrir un espinoso contratiempo. Ni siquiera su delgada y menuda figura se las arreglaba para pasar por un túnel tan angosto, teniendo que hacer acopio de toda su fuerza para seguir arrastrándose como una culebra por una tubería. Pero temía que como aquello siguiera estrechándose más, acabaría atascada y, teniendo en cuenta que nadie sabía que estaba ahí ni nadie acudiría en su rescate, sólo la hallarían meses después gracias al olor.

Con aquellos pensamientos tan positivos en mente y sin dejar de maldecir, una sudorosa Yuffie reptaba por el pasadizo cuando unas voces amortiguadas llegaron viajando a través del túnel. Se detuvo a escuchar, primero temerosa y luego intrigada al reconocer hasta tres voces distintas que parecían sonar divertidas. Nada que ver con las que aquellos que la perseguían. Reptó un poco más, impulsándose con los codos hasta que las voces pasaron muy cerca de ella. Justo a su frente, a menos de un metro, una abertura enrejillada parecía ser el origen del sonido. Con suma cautela se acercó hasta poder asomarse por ella.

A diferencia de las anteriores, el interior de éste se hallaba en penumbra. Apenas podía distinguir las figuras de hasta tres hombres arrastrando una cuarta persona. La hicieron chocar contra un pilar y rieron entre sí. Todos reían menos el que parecía ser víctima de aquella especie de maltrato. Y por muy mala visibilidad que tuviera Yuffie desde ahí, aquellas aristas puntiagudas de cabello eran inconfundibles.

—Cloud… —susurró sin apenas producir sonido.

Vio cómo los tres SOLDADOs le sentaban contra el pilar sin dejar de proferir bromas, pero su conversación resultaba incomprensible para la ninja. Tras unos segundos más, se alejaron de él, dedicándole algún insulto y despedida mordaz antes de, para sorpresa de Yuffie, proceder a abandonar la habitación. La puerta quedaba lejos de su vista, pero pudo escucharla abrirse y cerrarse y las voces de los SOLDADOs perder intensidad. Sólo cuando se apagaron del todo, se atrevió a moverse.

Escudriñó a través de la rendija la figura del joven sentado contra el pilar, que yacía completamente inmóvil y en silencio. Esperó unos segundos, terminando de creerse la inmensa suerte que acababa de tener. Y sin perder ni uno más, se apresuró a maniobrar en aquel angosto espacio para abrir la tapa. Asomó primero la cabeza, volviéndola a uno y a otro lado, cerciorándose de que no había nadie más ahí dentro antes de dejarse caer.

Sabía que era admirablemente sigilosa, pero no pudo evitar sorprenderse de que su caída no alertara al joven. Yuffie contuvo la respiración, acuclillada en el suelo mientras escrutaba el rostro medio oculto de la persona que tenía frente a sí hasta que estuvo convencida de que era él.

—Cloud —le llamó en un susurro. Éste no respondió. Parecía tener las manos atadas a la espalda, tras el pilar sobre el que se apoyaba. Sus piernas se extendían lánguidas frente a él y tenía la cabeza gacha. Aparentaba inconsciencia—. Cloud…

La ninja se acercó muy despacio. Con suma cautela, alzó una mano y la aproximó a su cabeza. Y cuando le tocó, éste pegó una sacudida que la hizo brincar del susto, antes de que los ojos de ambos se encontraran al fin.

—¡Cloud! Cloud, soy yo… —declaró tratando apaciguar su reacción.

Los brillantes ojos azules del joven la contemplaron llenos de pánico al principio y con una intensa confusión después. Le costó unos segundos asimilar a quién estaba mirando.

— ¿Yuffie…? —Su voz sonó ronca. El deje poco convencido dejaba claro lo atónito que se hallaba de encontrar ahí a la ninja— Q… ¿Qué haces aquí? —Paseó la mirada por la habitación en un intenso de averiguar por dónde había entrado, descubriendo boquiabierto el agujero del techo.

—¿Qué crees tú? He venido a rescatarte, imbécil… —aseveró la ninja esbozando una sonrisa sin poderlo evitar. Pero la reacción de Cloud a su proposición no fue en absoluto la que esperaba.

—¿Qué…? No, no, Yuffie, tienes que irte de aquí… —Los ojos confusos e inquietos del ex-SOLDADO no mostraban alivio en absoluto, sino que seguían observándola con miedo.

—¿Estás chalado? No voy a irme a ninguna parte —aseguró la ninja con un tono de sorpresa. No entendía a qué venía aquella reacción, pero se apresuró a desatar las muñecas de Cloud. Para más asombro suyo, éste pareció tratar de impedirlo.

—Yuffie, no, escúchame —la llamó con un deje impaciente, sacudiéndose y mirándola por encima de su hombro intentando llamar su atención—: no puedes estar aquí, tienes que marcharte antes de que vuelvan…

—Vale, me marcharé, pero tú vas a acompañarme —aseveró tajantemente ella mientras examinaba las extrañas esposas que engrilletaban a Cloud— ¿Qué es esto…?

—No vas a poder soltarlas…

—Tú déjame a mí… —alardeó la joven haciendo caso omiso a las advertencias y quejas de Cloud.

Hasta que percibió algo en el suelo. La penumbra le había impedido verlo antes, pero acababa de advertir un rastro oscuro que se extendía por el suelo hasta el joven. Cuando lo tocó con los dedos y se miró las yemas, las halló impregnadas de una sustancia oscura y rojiza. Palideció al reconocer en ella sangre.

—Cloud… Estás herido… ¡Estás herido! ¿Dónde? —Yuffie entró en pánico y comenzó a examinar el cuerpo de su amigo en busca de heridas o lesiones. Pero éste no se lo ponía fácil, zafándose de sus manos e intentando impedírselo.

—Yuffie, no, para…

—¡Déjame ver! —La ninja insistía tratando de hallar dónde acaba exactamente el rastro de sangre del suelo.

—Yuffie, ¡para! —bramó Cloud.

En ese justo momento, el ex-SOLDADO pegó un brinco y lanzó un quejido, contrayendo la cara de dolor. Sus piernas temblorosas se flexionaron y apretó la espalda contra el pilar, cerrando los puños con fuerza. Yuffie buscó el lugar que tanto parecía dolerle y observó con extrañeza que elevaba la pelvis. Insistió una vez más llevando las manos a la pierna de Cloud con intención de apartarla, pero éste no se lo permitió.

—¡No! —Un nuevo pinchazo de dolor se evidenció en su rostro cuando apartó a Yuffie.

Su intento fue en vano. En el forcejeo, la mano de la menor acabó bajo el cuerpo de Cloud y, cuando la sacó, descubrió sus dedos tiznados de sangre fresca. Los miró estupefacta, pues la sangre procedía de los pantalones de Cloud. Tras seguir la dirección y fijarse mejor, pudo apreciar que, el lugar en que había estado sentado, mostraba un surco oscuro.

Buscó los ojos de su amigo con una mirada interrogante, mas éste se había apresurado a apartar la cabeza, temblando y jadeando levemente por el dolor. Por la forma en que rehuía sus ojos, no cabía duda que se había percatado del descubrimiento de la ninja. Y, temeroso o avergonzado, le negaba la mirada. Yuffie entretanto, trataba de sacar las conclusiones ella sola, pero algo espeluznante se abría paso por su cabeza y comenzaba a aterrarla.

—¿Qué te han hecho? —inquirió en un susurro temeroso.

Cloud cerró los ojos con consternación. Su actitud no hacía sino sustentar las sospechas de Yuffie. El ex-SOLDADO percibió la ansiedad de la menor, pero no se atrevió a mirarla. Simplemente, susurró con una muy queda voz:

—Tienes que irte… Por favor.

—No —protestó ella.

—Yuffie…

—¡NO! —bramó con rotundidad, agitando las manos— ¡No voy a hacerlo dos veces!

Cloud la miró por el rabillo del ojo. El rostro de Yuffie se contraía de angustia, observándole llena de congoja. Pero él insistió con apremio.

—Yuffie, tienes que irte ahora, si te cogen no podrás salir —Mientras hablaba, ella no hacía más que sacudir la cabeza hacia los lados, negando una y otra vez. Cloud comenzó a impacientarse—. Te matarán, o algo peor ¡Vete!

«¿Algo peor?» pensó ella volviendo a mirarle. Sus grandes ojos castaños reflejaron una profunda inquietud.

—¡No, no! —exclamó tajante— Ya lo hice una vez, no voy a volver a dejarte tirado, ¡no pienso hacerlo! Por mi culpa estás aquí, porque te dejé atrás, por mi culpa ha pasado todo esto y por eso he venido… ¡He venido a sacarte de aquí, a enmendar mi error!

Hacia la última frase, su voz se quebró y terminó rompiendo a llorar. Cloud sintió que se le partía el corazón. Todo ese tiempo… ¿Yuffie se había estado culpando por dejarle atrás? Había estado tan sumido en su propio sufrimiento que no evocaba la forma en que se sentirían sus compañeros. Pero ver a una muchacha tan brava y arrogante como Yuffie llorar de esa manera por él, era desgarrador.

—No cometiste un error… —musitó, tratando de consolarla— No fue un error, yo te lo pedí, te pedí que te fueras. Y te lo vuelvo a pedir ahora, Yuffie, tienes que irte —ella siguió negando con la cabeza enérgicamente, sin dejar de llorar. Cloud se inclinó un poco hacia delante intentando hacer que le escuchara, usando un tono más exigente—. No puedo dejar que te cojan, Yuffie, no te expongas… Por favor… Por favor, te pido que me obedezcas otra vez; vete.

La ninja levantó despacio la mirada hacia él, con los ojos anegados en lágrimas y el rostro quebrado por el llanto. Era una mirada suplicante; le rogaba que no se lo pidiera. Pero la realidad era innegociable.

—Yuffie, no puedes hacer nada… No podrás romper estos grilletes y, aunque lo lograras, yo no quepo por ese conducto —expuso Cloud, señalando con la cabeza hacia el techo. Cada evidencia que dejaba caer pesaba como una losa sobre el alma de la ninja. Por fin le encontraba, tenía la oportunidad perfecta para sacarle, pero una vez más se veía obligada a dejarle atrás—. Escúchame… Escúchame, Yuffie —se inclinó un poco más, aguantando el dolor de su maltratado cuerpo—, no pasa nada… Vete sin mí.

Ante el asombro de Cloud, la ninja apoyó la cabeza contra su pecho, sollozando con una inmensa desazón. El ex-SOLDADO cerró los ojos, apretando fuertemente los párpados y apoyó la mejilla en su pelo mientras sentía los brazos de Yuffie rodeándole. Era la primera vez que compartían un abrazo, que conectaban de aquella forma, pues su relación era más bien distante. Por lo que ambos atesoraron aquel momento íntimo lo máximo que pudieron. Fue Cloud quien lo cortó, empujándola con la cabeza para que le soltara.

—No pierdas más el tiempo, márchate ya. Pueden volver.

La ninja se enjugó las lágrimas, serenándose. Había asimilado la situación, pero sus piernas se negaban aún a moverse. Dejarle ahora era más duro de lo que lo fue la primera vez. Mientras se debatía en aquella dura lucha interna, la voz de Cloud la sorprendió de nuevo.

—Yuffie… ¿Puedes hacer una cosa por mí? —Ella asintió enérgicamente, mirándole ansiosa. No deseaba poder hacer nada más. Y precisamente por eso, Cloud supo que no podría negarse— No les cuentes a los demás lo que has visto.

Ella frunció gravemente el ceño, confusa.

—Pero… Cloud, estás…

—A ninguno, Yuffie —insistió el ex-SOLDADO, lanzándole una mirada severa—. No les digas nada.

—¡Pero estás herido! —exclamó la menor, llevando inevitablemente sus ojos al surco de sangre del suelo que acababa en él.

—No —negó él, tajante—. Por lo que a ti respecta, no has visto nada. ¿Vale? No se lo digas, no les hará ningún favor —Ella abrió la boca para decir algo, pero Cloud no se lo permitió—. ¡Prométemelo!

Ella quedó petrificada por su intensa mirada, que al mismo tiempo transmitía orden y ruego. Él no quería que los demás supieran… Lo que le habían hecho. Y con todo su dolor, la ninja acabó asintiendo, dándole su palabra. Pero aún se negaba a marcharse sin antes tratar de hacer algo de verdad por él.

—Ten —Sacó de su cinturón un pequeño frasco que contenía un líquido verdoso: una poción. Cloud negó con la cabeza.

—No… Sabrán que has estado aquí.

—Ya saben que estoy aquí —replicó ella, abriendo la botella y acercándola a los labios de Cloud.

Éste dudó un instante antes de ceder a la insistencia de la menor. Yuffie le ayudó a beber sin poder evitar fijarse en lo demacrado que estaba. Se le veía delgado, débil, pálido y agotado. Puede que aquel brebaje no sanara completamente sus heridas, pero mitigaría el dolor y ayudaría a la cicatrización, y a la vista estaba que le hacía falta. Cloud liberó un jadeo tras tragar todo el contenido del frasco y comenzó al momento a sentir sus efectos, empezando por un aliviador calor.

Un sonido cercano a la puerta obligó a ambos a volver su atención. Al segundo, Cloud ya espoleaba a Yuffie.

—¡Márchate, rápido! —La vio dudar y la empujó con la rodilla, apartándola de sí, lanzándole una insistente y firme mirada— ¡Vete ya!

Yuffie se levantó sin más remedio, pero sus ojos siguieron prendados de Cloud. Unos pasos se acercaban a la puerta; quedaba poco tiempo.

—¡Corre! —insistió el ex-SOLDADO, desesperado.

Una última mirada mortificada más y la ninja se valió del pilar al que estaba atado para impulsarse hasta el conducto. No dio tiempo a una despedida más, ni siquiera a un último vistazo. La puerta se abrió y Yuffie se esfumó como el humo.

Cloud se encogió sobre sí mismo. Por el rabillo del ojo, percibió la figura de un hombre en el umbral de la puerta. Sus pasos lentos se aproximaron hasta él.

—¿Cómo sigues, Strife? —La voz de Jasper, uno de los tres SOLDADOs de Segunda Clase que habían estado haciendo de él su juguete sexual y saco de boxeo particular los últimos días, saludó desde su imponente altura— Sólo he vuelto para informarte de que, según parece, uno de tus amigos ha conseguido colarse en el edificio y anda por aquí…

Se inclinó sobre él; Cloud sintió su aliento en la cara. Mantuvo la mirada apartada.

—¿Le has visto, por casualidad? —inquirió con un tono sórdido volviendo a erguirse— ¿No habrá venido a hacerte una visita, hm? —le tomó del pelo, obligándole a alzar la cabeza, apoyándosela contra el pilar. Su entrepierna quedaba a la altura del rostro de Cloud—… Si así fuera, tú me lo dirías, ¿verdad, campeón?

Deslizó la otra mano por su cuello hasta su mentón. Cloud comenzó a temblar inconscientemente y a respirar más aprisa. Cerró los ojos tratando de hacer frente a los nervios conforme sentía esos dedos repasar su piel, rezando porque no quedara en ella gota alguna de la poción que le había dado Yuffie.

—Eres un buen chico… —Jasper le acarició el pelo mientras le giraba sutilmente la cabeza hacia él. Cloud mantuvo los párpados sellados— Ahora que todo el mundo anda ocupado cazando a tu colega, ¿qué te parece si tú y yo tenemos un momento a solas? —El ex-SOLDADO notó que le temblaba el labio. Jasper se acercó más; su respiración sonaba ansiosa— Ya sabía que te gustaría la idea…

Repentinamente, Cloud escuchó un quejido ahogado procedente del SOLDADO. Los dedos de éste se aflojaron sobre su cabello y, al abrir los ojos, le vio derrumbarse de rodillas frente a él antes de caer como un peso muerto sobre su regazo. Cloud se sacudió tratando de quitárselo de encima con apuro, invadido por el pánico. No se dio cuenta de que una tercera persona entraba en la habitación. El cuerpo de Jasper se retiró de repente de encima suyo y Cloud notó un agarre en su hombro. Se debatió histérico contra él, reacio a dejar que otro de aquellos hijos de puta le tocara, pero una voz y una llamada particular le detuvieron en seco.

—Cloud…

Abrió los ojos como platos. Frente a sí vio el rostro de la persona que le sujetaba del hombro. En la otra mano enarbolaba una pistola con un larguísimo cañón que sugería un silenciador.

—Tranquilo, Cloud… Se acabó.

Rufus Shinra estaba frente a él. Su cara mostraba una expresión apaciguadora, sus ojos heladores penetraban en los de Cloud hasta su mismísima alma. Le miró con el pulso y la respiración contenidos y un alivio que jamás pensó que sentiría.

—Rufus…

.

Fin del decimonoveno capítulo.


Aunque no lo creáis, llevaba con esa escena entre Yuffie y Cloud mucho antes de ponerme a escribir el fic, sólo espero haber logrado plasmarla bien ;)

Mucho más largo esta vez, ¿eh? Confío en que os haya gustado, llevaba esperando este capítulo con ganas, así que estoy deseando conocer vuestras impresiones al respecto: si os ha gustado, si ha sido un bodrio, si os ha resultado infumable tanto secundón chupando plano o si estáis ya hasta las pelotas de mis refencias al Ajedrez (ui, pues no quedan ni ná xD)... ¡Preciso, urjo y devoto vuestras opiniones! No me dejéis con las ganas de conocerlas, que le alegran a una el día y alimentan el motor de la musa.

Próxima actualización: Jueves 25 de Junio (que sigo de exámenes y escribiendo de a poquitos). Que tengáis buena semana~ ¡Besitos!