¡Buenas! ¡Aurel vuelve a la vida! :D Lo sé, lo sé... Esta tardanza no tiene perdón, y aceptaré y encajaré todos los tomatazos que queráis lanzarme, me los merezco. Pido mil perdones, estas últimas semanas entre Junio y Julio han sido mi recta final de exámenes de la uni y se comieron todo mi tiempo libre, tanto que tuve que dejar el fic completamente apartado para poder centrarme. Pero ya estoy de vacaciones y nada me impedirá retomar esta partidita de ajedrez y seguir trayéndonos frescos capítulos de Cloud y Rufus ^3^


—Rufus…

Su nombre se le atragantó al intentar decirlo en voz alta. Sus ojos desorbitados expresaban una sorpresa inconmensurable que, mezclada con el miedo y la conmoción que le invadían, había dejado paralizado su cuerpo.

—Sí, Cloud —la voz suave y tranquilizadora de Rufus dio confirmación a lo que sus ojos veían. La mano de Shinra acarició gentilmente su cabeza—. He vuelto… Tranquilo. Todo ha terminado.

Cloud seguía temblando, manifestándose también en su convulsiva respiración. Era como un animal asustado, demasiado conmocionado aún para calmarse. Todavía sentía corriendo por su piel el pánico que le atenazó al ver entrar al SOLDADO y advertir sus intenciones. Buscó el cuerpo de éste, inmóvil en el suelo junto a él. ¿Muerto…? En la puerta, descubrió varias siluetas que aguardaban en el umbral. Sus ojos intranquilos se centraron en ellos, pero la voz de Shinra trajo de vuelta su atención.

—Cloud… Estás a salvo. Nadie va a hacerte daño. Estoy aquí…

La mano enguantada de Rufus se deslizó por su pelo, tratando de infundirle calma. Pero en el interior de Cloud, una encarnizada lucha de emociones no dejaba lugar para el sosiego en ese momento. Enfocó a Shinra, atónito.

—¿Qué…? —logró articular, con los ojos llenos de incredulidad. ¿Cómo que «estaba a salvo»? ¿Qué quería decir con «estoy aquí»?

… ¿Y dónde estuvo Rufus mientras Hojo le torturaba, mientras los SOLDADOs se divertían con él? ¿Quién le había traicionado entregándole a su peor pesadilla tras prometer que no lo haría? Evocó su cara cuando se lo llevaron a rastras de la habitación… Ni siquiera se había dignado a mirarle. ¿Y ahora tenía que agradecerle que estuviera ahí? ¡¿Por qué?! Si era la causa de todo, precisamente…

—Tú…—intentó hablar entre jadeos, empezando a notar que le faltaba el aire bajo el abrasador torrente de rabia que iba invadiendo sus venas, mientras observaba aquellos ojos impávidos y llenos de mentira—… Hijo de… Puta…

Vio cómo Rufus bajaba la mirada momentáneamente con aflicción.

—Lo lamento, Cloud… No tenía opción. Si supieras lo duro que me resultó… —Alargó la mano para volver a acariciarle pero Cloud la rechazó como si le quemara.

—¡No me toques! —Se revolvió. Apenas logró levantar la voz; le temblaba.

¿Acaso sabía cuánto dolor había soportado? ¿La de veces que rogó por que apareciera y le sacara de ahí, que parara aquella tortura? ¿Y dónde estaba? ¡¿Dónde estaba el muy cabrón?!

—Tú… tú…

Deseaba poder decirle todo aquello, pero se vio incapaz. Mientras intentaba formar una sola frase, sintió que estaba empezando a ahogarse. No sólo no podía reunir suficiente aire para hablar… tampoco le llegaba bastante para respirar. Comenzó a jadear de forma intensa, tratando de inflar sus pulmones, pero sentía como si se hubiera acabado el oxígeno a su alrededor. Y a los pocos segundos, estaba hiperventilando.

—Cloud… —Preocupado, Rufus puso la mano en su hombro, inclinándose hacia él para observarle mejor al ver que el joven parecía asfixiarse— Cloud, cálmate… —le habló con voz sosegada— Estás sufriendo un ataque de ansiedad, tienes que tranquilizarte…

—No… —Jadeo el ex-SOLDADO encorvándose hacia delante sin dejar de dar bocanadas, intentando deshacer con angustia el nudo en su garganta que estaba ahogándole— No… No puedo respirar… —Estaba histérico; todas aquellas apabullantes emociones se le habían echado encima tan de golpe que le asfixiaban— Sa… Sácame de aquí… Necesito aire…

Sus jadeos eran cada vez más rápidos y angustiosos, y Shinra supo que no podía ignorarlo más.

—Está bien, cálmate, te sacaré de aquí —aseguró antes de volverse hacia la puerta— ¡Venid! –mientras los guardias se acercaban, Rufus se apresuró a liberar sus esposas del pilar al que le habían atado— ¿Te tienes en pie? —le preguntó. Cloud negó con la cabeza, incapaz de hablar— ¡Levantadle!

Sintió cómo dos escoltas le cogían de los brazos y le elevaban; emitió un quejido de dolor cuando le pusieron en pie. La cabeza le daba vueltas, se estaba mareando. Entretanto, Rufus se volvió hacia alguien a quien tomó de la manga de su chaqueta de traje negro. Le entregó la pistola que portaba mientras señalaba con la cabeza el cuerpo del SOLDADO que yacía en el suelo.

—Ocúpate de esto.

Tseng asintió con sobriedad, quedándose en la habitación mientras los demás la abandonaban llevándose a Cloud casi a rastras.

Con Shinra a la cabeza, llegaron hasta los ascensores; la luz repentina incidió sobre los ojos del ex-SOLDADO, cegándolos, acostumbrados demasiado tiempo a la penumbra. Durante el trayecto, no dejó de hiperventilar de forma agónica, bajo la atenta mirada de Rufus y sus palabras de aliento, dedicándole algún «aguanta» o «ya llegamos» conforme el ascensor descendía. Cloud apenas se dio cuenta de que cruzaban el enorme vestíbulo. Estaba tan mareado, casi desfallecido por la disnea, que no se enteró de que atravesaban las puertas principales del edificio hasta que notó el aire frío y se halló ya en la calle.

Abrió los ojos como platos, enfocando el oscuro exterior. Una fina cortina de lluvia caía iluminada por las farolas. Los guardias descargaron los brazos del joven de sus hombros, manteniéndolo agarrado mientras él, sin dejar de jadear ahogadamente, paseaba la mirada de un lado a otro. Se zafó entonces de las manos de los guardias y dio un par de pasos vacilantes. Éstos fueron a atraparlo, pero una señal de Shinra los detuvo. Y, junto al presidente, observaron en silencio al débil ex-SOLDADO avanzar hacia la nocturna calle lluviosa.

Sus frágiles piernas no le llevaron muy lejos. Apenas se distanció unos metros de la escolta, deteniéndose y observando el Sector 8 que se abría ante él, desierto y silencioso, con el único sonido de las gotas cayendo en el brillante y mojado suelo. Lo contempló aturullado, costándole creer que estuviera realmente en la calle. Era la primera vez, en un mes de encierro, que se asomaba al exterior. Treinta días sin poder sentir el aire en la piel, respirarlo y no tener un techo sobre su cabeza ni paredes enclaustrándole. Elevó la cabeza hacia el cielo y al instante sintió las gotas de suave lluvia golpear su cara. Una le hizo guiñar un ojo y a los pocos segundos cerró los dos. Oxígeno, frío, agua… Su respiración se tornó más lenta y más profunda, tomando aire con ahínco, llenando su pecho… Hasta que estalló buscando por dónde salir.

—¡GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH…!

Alzando los brazos, estirándolos hacia esa lluvia sanadora, desató en un grito toda su rabia, su angustia, su dolor y su miedo pasados. Pero tenía tanto que soltar tras una semana acumulando que, apenas recuperaba el aire, volvía a liberarlo en otro grito, y no pudo parar hasta sentir que se arrancaba de dentro aquel terrible dolor. Cuando concluyó, estaba llorando con todas sus fuerzas. Y poco a poco, se fue quedando sin energía, disipada junto a todo lo demás. Bajó despacio los brazos y la cabeza entre un llanto desgarrado; las piernas terminaron por fallarle. Cayó de rodillas al encharcado pavimento.

Aquel torbellino de sentimientos que antes le asfixiaba, se concentró ahora en su pecho. Se llevó la mano a éste, ahogándose en su propio angustioso llanto del esfuerzo que le suponía liberarse de esa opresión. Sus lágrimas se mezclaron con la lluvia que caía sobre él, llevándose el dolor y limpiando su alma atormentada. Terminó encorvado, con un puño contra el suelo y apretándose el pecho con la otra mano.

A su espalda, unos penetrantes ojos azules no perdían detalle de su reacción. Desde la muerte de Aeris no habían visto al ex-SOLDADO exponerse así. Semejante reacción no dejaba indiferente a nadie; era sobrecogedora. Tanto, que incluso el pétreo corazón de Rufus Shinra se sintió estremecer ante la visión de lo que había provocado. Estaba viendo a un hombre totalmente derrotado, hasta el punto de perder la capacidad de pensar en escapar pese a tener la posibilidad a sólo unos pasos. Aunque era bien probable que no tuviera fuerzas para volver a ponerse en pie.

Cuando notó que el llanto había disminuido y las convulsiones del cuerpo de Cloud cesaban, comenzó a avanzar hacia él. Protegido de la lluvia por un paraguas negro, llegó a su altura, donde pudo percibir su abatimiento. Jadeaba tenuemente, inclinado sobre el suelo, con los ojos cerrados y sin gota de energía. Ni siquiera pareció notarle. Shinra se colocó a su lado, cobijándole de la lluvia bajo su paraguas. No dijo nada, tan sólo esperó a que terminara de calmarse.

Cloud levantó la cabeza despacio; el agua discurría por su piel, el pelo se le pegaba a la cara. Enfocó con ojos rojos y agotados la resplandeciente calle nocturna, con la mirada perdida y desubicada, deslizando por el suelo mojado sus dedos conforme se incorporaba y terminado por juntar las manos en el regazo. Las sempiternas esposas seguían engrilletando sus muñecas. Pero, por primera vez, se sentía libre, lejos de cualquier factor que lo contradijera. Se sentó sobre los talones, respirando más relajado. Ya no caía lluvia sobre su cabeza. Percibió la presencia de Rufus a su lado. Y una repentina extenuación que hizo que se le nublara la vista y perdiera el equilibro, precipitándose despacio hacia atrás.

Un oportuno brazo impidió su caída. Shinra se había agachado a su lado y rodeaba su espalda. Cloud abrió los ojos desorientado, buscándole.

—Te tengo —susurró Rufus, tranquilizador. El ex-SOLDADO dejó que sostuviera su peso, cerrando los ojos de nuevo. Sintió la nariz de Shinra rozar su pelo—. Ya está… Se acabó.

Aquellas palabras administraron la última dosis de sosiego que precisaba. «Se acabó»… Necesitaba oírlo.

Rufus hizo una señal desde ahí a la escolta, que se apresuró a acercarse. Entretanto, le sostuvo con más fuerza al notar que Cloud no hacía ninguna. El chico terminó apoyando la cabeza en su hombro.

—… Te aseguro que pagarán lo que te han hecho. Hojo… Y todo aquel que haya osado tocarte —La suave voz del presidente surgió cargada de un tinte siniestro. Pero el ex-SOLDADO estaba demasiado agotado para inmutarse por ello. No tenía fuerzas ni para pensar. Sólo quería descansar. Oyó pasos rodeándoles y sitió los labios de Rufus acariciar su frente—. No volveré a dejarte, Cloud… Te lo prometo.


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—¡Bajadla, deprisa!

Un ajetreo frenético se vivía dentro de la nave. Pasos apresurados subieron corriendo a la batayola para recoger a la persona que acababa de aterrizar en ella. Mientras, un estruendo de alarmas tronaba por todo el puente de mando.

—¡La tenemos, Cid! ¡Sácanos de aquí! —informó una voz a través del comunicador.

—¡Largándonos! —verificó el piloto sin necesidad de que se lo repitieran dos veces, haciendo girar el timón todo a babor.

La nave se elevó dando un brusco giro sobre su eje y huyó a toda máquina, alejándose del radio de alcance de las defensas del edificio Shinra, que caían sobre ellos como una ametralladora. A los pocos segundos, las puertas del puente de mando se abrieron, dejando ver a Barret y Tifa cargando con una tercera persona. La ayudaron a librarse de su enredado paracaídas, tan empapado como ella misma.

—Yuffie, ¡¿qué ha pasado?! —preguntó la morena con gran inquietud.

La joven ninja jadeaba, derrumbándose a cuatro patas sobre el suelo y dejando sobre éste un charco de agua. Las alarmas de daños en la nave aún no cesaban, pero todos estaban pendientes de la menor del grupo. Todos, a excepción de Cid, se acercaron, expectantes de que les contara qué había sucedido ahí dentro y por qué volvía sola.

—Yuffie… ¿dónde está Reeve? ¿Qué ha ocurrido? ¿Y Cloud? —Tifa insistió con urgencia, agachándose frente a ella y cogiéndola de los brazos. Pero se sorprendió al descubrir que Yuffie no estaba jadeando; sollozaba.

—No pude… —se lamentaba la ninja, sin mirar a su amiga— No pude hacer nada…

Estaba demasiado conmocionada para responder a sus preguntas; sólo lloraba como una niña, sin hacer fuerza siquiera para sostenerse, arrodillada en el suelo y dejando que Tifa la sujetara. Una intensa preocupación se instauró en el rostro de la mayor, que buscó ayuda en los demás. Vincent se acuclilló junto a ellas y posó una mano en el hombro de la más joven, inclinándose para que le escuchara.

—Yuffie —la llamó con su profunda y calma voz—, dinos qué ha ocurrido ahí dentro.

La joven ninja elevó la cabeza despacio, tomando aire a sorbos entre el llanto, y enfocó su mirada sobre Vincent.

—Era una emboscada —logró balbucear con un hilo de voz—. Ellos lo sabían… Sabían que teníamos el papel, lo sabían todo… El plan se fue a la mierda…

Un estremecimiento general cruzó a cada uno de los miembros de AVALANCHA, como si una ola fría acabara de atravesar la nave. Intercambiaron miradas de espanto entre ellos.

—¿Qué ha sido de Reeve? —inquirió Red XIII, asomándose tras el pistolero. La ninja negó con la cabeza.

—No lo sé… Le perdí…

Nanaki volvió su mirada hacia cierto punto de la sala. Tirado como un muñeco de trapo, Cait Sith yacía en el suelo completamente inerte, sin haber vuelto a dar una sola señal de Reeve desde que se apagara. Nada bueno.

—¿Y Cloud? ¿Le encontraste? —volvió a insistir Tifa.

—Sí… Pero… —Aquel «pero» provocó que todos se tensaran. En él estaba la respuesta de por qué el ex-SOLDADO no había abandonado el edificio junto a Yuffie, como dictaba el plan. Y empezaban a temerse lo peor— No estaba donde debía estar y… Todo salió mal…

—¿Cómo? —La congoja tiñó la voz de Tifa— Espera, ven aquí, siéntate…

Levantó a la menor del suelo y la guio hasta una silla ubicada frente a un panel de mandos. Yuffie estaba aún demasiado alterada; si no conseguían que se tranquilizara un poco no sería capaz de relatarles lo ocurrido. Barret trajo una manta para echársela por encima, pues continuaba empapada.

A medida que la nave se alejaba a toda potencia abandonando Midgar y Cid se hacía con el control de los monitores, las alarmas fueron cesando y la calma retornó, contribuyendo a tranquilizar a la menor. Yuffie les describió lo sucedido desde que lograra internarse en el edificio hasta que perdió la comunicación con Reeve, es decir, todo lo que ellos no pudieron escuchar. Pero cuando llegó el momento de contarles su encuentro fortuito con Cloud, la lengua volvió a trabársele y pareció escasear en memoria. Por ello, Tifa trató de esclarecer más datos.

—¿Estaba herido?

Aquella simple pregunta provocó una reacción inesperada de sobresalto en Yuffie. Miró a su amiga con una expresión de profunda inquietud y paseó luego los ojos de un presente a otro, antes de volver a bajar la mirada.

—No sé… —musitó, insegura. Se arrebujó en la manta mientras se encogía sobre sí misma y evitaba adrede los ojos de la mayor— Estaba oscuro… —Fue toda su justificación. Aunque a nadie pareció convencerle.

—Pero, ¿no viste sangre… o moratones, o notaste que le doliera algo? ¿No le preguntaste? —inquirió ahora Barret con un tono algo incrédulo.

—No lo sé, ¿vale? No vi nada —reiteró Yuffie con aparente incomodidad por su insistencia—. Estaba oscuro, él estaba atado y no me dejaba tocarle…

—¿Que no te dejaba tocarle? ¿Por qué?

—¿Qué es esto, un juicio? ¡Dejad de hacerme preguntas tontas! —estalló la ninja con furor, dándose cuenta de que se le había soltado la lengua— ¡Todo eso da igual, tenemos que volver!

—No podemos… —murmuró Cid desde el timón con pesadumbre. Sus ojos observaban los monitores que parpadeaban en rojo indicando los daños de la Highwind.

—¡Pero hay que sacarle de ahí! —La voz exasperada de la ninja sorprendió a todos. Ella se había levantado y miraba a Cid como si estuviera loco— ¡Da la vuelta, no podemos dejarle ahí dentro!

—Yuffie, lo sabemos… —Con el rostro compungido, Tifa tomó de los hombros a la menor e intentó aplacarla— Pero hoy no podemos hacer más, ya nos han visto… Si nos acercamos, nos derribarán —También a ella le dolía saber que, después del esfuerzo invertido, de poner todas sus esperanzas, tuvieran que rendirse y abandonar a Cloud. Pero no era lo mismo que parecía afligir a Yuffie.

—¡No! No lo entendéis, es…

La ninja intentó explicarse, pero se mordió la lengua mostrando una angustiada expresión, como si luchara contra una fuerte presión que le impedía hablar. Estaba tremendamente alterada y ansiosa, lo que hacía sospechar que sabía algo que ellos ignoraban. Ante aquello, Tifa buscó sus ojos con intriga.

—¿Qué es lo que pasa? Cuéntanoslo…

—No puedo… —confesó, sorprendiéndoles.

—¿Por qué no puedes?

—¡Se lo prometí!

—¿A quién?

—¡A CLOUD!

Aquella aseveración dejó de piedra a todos. Vincent, detrás de la mayor de las chicas, observó en silencio empezando a hacer unas espeluznantes conjeturas. El nerviosismo de la joven y sus evasiones le habían indicado desde el principio que ocultaba algo. Algo que no quería contar por el motivo que fuera. Lo reconocía porque él mismo sufría de dicho dilema.

Yuffie se zafó de las manos de su amiga y se echó hacia atrás, mientras todos los ojos de la nave se clavaban sobre ella.

—Me… me pidió… Que no os dijera nada… —Sucumbiendo a la presión, comenzó a confesar. Se abrazó el cuerpo como si tuviera frío y mantuvo gacha la cabeza.

La confusión dejó mudos a todos. Sólo Vincent se aventuró a indagar.

—Está herido, ¿verdad? —Yuffie asintió con aflicción—… Y temes que vuelvan a hacerle daño.

El silencio de la joven fue la respuesta que necesitaba. Vincent ya estaba dibujando en su cabeza los detalles del escenario. Pero sus inexpresivos ojos color sangre no dejaban entrever lo que pensaba, intrigando aún más al resto. Tifa miró alternativamente a uno y a otro antes de acercarse de nuevo a la pequeña. Esta vez la tomó del rostro, obligándola a enfrentar sus ojos.

—Yuffie… Cielo… Sé que se lo has prometido y que no quieres traicionarle… Pero si está en peligro, tenemos que saberlo, para poder ayudarle. Dinos qué viste, sólo eso.

Los vidriosos y grandes ojos de la ninja se clavaron con angustia sobre los de su amiga.

—Vi… —empezó con un hilo de voz, concentrando su mirada en la de Tifa— Vi sangre… Sangre en el suelo. Llegaba hasta él. Había sangre… en sus pantalones —Le salían gallos al hablar de puro nerviosismo. Su rostro se contrajo con angustia—. Entre sus piernas. Sangraba… por debajo.

En el mortal silencio que siguió a la última frase de la ninja, Tifa, Barret, Vincent, Cid y Nanaki tuvieron tiempo de asimilar el significado de esas palabras y lo que implicaban. Y aunque ninguno quería reconocer lo que cruzaba por su cabeza, intercambiando miradas entre sí leyeron la misma deducción en la mente de todos.

—No quiso que lo viera… Intentó evitarlo… Yo sólo quería ayudarle, no lo sabía… —Yuffie rompió a llorar del todo y una aún aturdida Tifa la envolvió en su abrazo. La menor del grupo no había tenido valor para expresar en voz alta lo que ahora el resto procedió a constatar.

—Hijos de perra… —La voz lenta y sombría de Cid interrumpió el silencio, quien miraba al vacío con expresión aturdida.

—No creeréis… ¡¿Creéis que esos hijos de puta han sido capaces de…?! —tronó Barret paseando la mirada de uno a otro, aun sin querer acabar la frase.

—Son capaces de eso y de cosas peores.

Nanaki, tras Yuffie el más inocente del grupo, miraba con su ojo único alternativamente a uno y otro con expresión de temor. Su mirada se detuvo sobre Vincent. El pistolero mantenía sus ojos en el suelo con gesto reflexivo y silencioso.

—Cabrón de Rufus… —ladró Barret, a quien cada vez le costaba más hablar a través de sus dientes apretados— Seguro que lo sabía. O que lo ordenó él, el muy miserable… ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar a ese bastardo por joder a Cloud?

—Yuffie, ¿cuántos SOLDADOs había con él? —inquirió Cid.

Más incapaz de hablar ahora que antes, la menor apenas pudo responder entre lágrimas, hundida en el abrazo de Tifa.

—Tres…

Exclamaciones de pasmo e indignación siguieron a su respuesta. Cid se llevó las manos a la cabeza, profiriendo una maldición de lo más ocurrente.

—Tres… Me cago en la hostia… ¡¿Pero qué coño le pasa a Shinra?! Una cosa es querer hacerle daño, pero esto es repulsivo…

—En SOLDADO están enfermos… —escupió Barret.

El llanto de culpabilidad y desasosiego de Yuffie se incrementaba con cada palabra. Tifa la abrazaba tratando de consolar su pena a la par que ella todavía asimilaba el shock, con el susto pintado en la cara e incapaz de decir una palabra.

Otra persona se enfrentaba ahora a una gran presión. Al igual que Yuffie, un nudo en la garganta le impedía hablar y a la vez una ardorosa sensación de deber le presionaba para hacerlo. Vincent tragó saliva con sumo esfuerzo antes de reunir el valor para encontrar su voz.

—Puede que no sólo en SOLDADO.

Varios ceños fruncidos se posaron sobre él.

—¿Qué dices, Vincent? —preguntó con hosquedad el piloto. Ahora todos le miraban intrigados. La actitud del pistolero era extraña.

—Hay algo que debí contaros —confesó con su lúgubre voz, sin mirar a nadie ni deshacer su postura de brazos cruzados, apoyado en un pilar del puente de mando— que ahora tiene más sentido. No fui completamente sincero acerca de lo que vi cuando Cloud y Shinra bajaron a las celdas.

—¿Qué…?

Cid y Barret cruzaron miradas. Nanaki rodeó a Vincent para colocarse ante sus ojos, mirándole con inquietud. Yuffie también centró sus orbes llorosos en él con sorpresa. La tensión de sentir tantas miradas ancladas a él obligó al pistolero a bajar de nuevo la suya, revolviéndose con levedad, incómodo. Sabía que debió contarlo hace mucho y que no se lo perdonarían. Pero el mal ya estaba hecho… Y era el momento de hablar.

—Vi algo extraño, que me ha estado perturbando todo este tiempo. No lo compartí con vosotros en un intento egoísta de fingir que no lo había visto…

—Deja de joder y dilo de una vez. ¿Qué te has callado? —se impacientó Cid, cuya mirada era ahora agresiva.

Vincent enfocó esos ojos con arrepentimiento.

—Vi a Shinra besar a Cloud —reveló sin más preámbulos.

Las reacciones de desconcierto no se hicieron esperar. Mudos de asombro, reclamaban con sus miradas una explicación más detallada.

—Pero, ¿cómo, besar? En plan…

—En la boca. Con vehemencia —se apresuró a dejar claro. Tenía que reconocer abiertamente lo que había presenciado, aunque también a él le costara—. Y me dio la sensación de que quiso asegurarse que yo lo viera bien. Y por lo que vi y la reacción de Cloud… Me hicieron pensar que no fue algo aislado.

Y ahora, a esperar el chaparrón, se dijo. Inconscientemente, pese a su apariencia siempre estoica, no pudo evitar encogerse ligeramente en su capa ante la glacial mirada que le dedicó el piloto desde el gobernalle.

—O sea —comenzó éste entre dientes—, que cuando te pregunté la semana pasada en la jodida celda si habías visto algo raro —la irritación de su voz iba creciendo y convirtiéndose en algo más peligroso— y tú dijiste «nada»… ¿De verdad que no se te ocurrió mencionar que habías visto al mamonazo de Shinra comiéndole la boca a Cloud? ¡¿Pero de qué coño vas?!

Estalló en cólera, alzando los brazos con exasperación. Los otros cuatro también le miraban con incredulidad. Vincent, consciente de que nada podía justificar su mala actuación, se limitó a murmurar una disculpa que no hizo sino enfurecer aún más a su compañero.

—No comprendía del todo lo que había visto. No quería… creerlo.

—¿Que no querías creerlo? ¡Qué hostia tienes, Vincent! —Cid abandonó de inmediato el timón y se dirigió hacia el pistolero hecho una furia, pero fue detenido por Barret y Nanaki antes de que llegara hasta él. Aunque no le cerraron la boca— ¿Nos has tenido en la inopia mientras tú sabías esto? ¡¿Qué pasa contigo?!

—¡Basta ya!

El grito de Tifa puso fin a la disputa. Cuando se volvieron, descubrieron a Yuffie llorando angustiosamente contra el pecho de la mayor mientras ésta le cubría la cabeza con sus brazos. La intensa mirada que les dirigió, cargada de dolor y de autoridad a la vez, bastó para que Cid se calmara y Barret y Red XIII le soltaran. Luego, la clavó sobre Vincent.

—Ya ha habido bastantes secretos por hoy. Somos compañeros, por Dios, ¡no podemos ocultarnos cosas! Esto no es por nosotros; se trata de Cloud. Vincent… ¿Qué más te has callado?

Nadie podría negarle a Tifa en ese instante lo que demandaba. Sus ojos decían que le cosería a patadas si no empezaba a hablar ya. De perdidos al río, se dijo el pistolero, antes de comenzar a hacer memoria y relatar, esta vez sin dejarse nada, todo lo que aconteció al otro lado de la puerta de la celda el día en que por poco perdió el cuello. Les contó tanto lo que presenció cómo sus percepciones al respecto.

—… Susurraron gran parte del tiempo, no alcancé a oír nada que me diera a entender de qué iba aquello. Sólo pude deducir que se trataba de algún chantaje.

—¿Qué le pidió Shinra?

—Nada —Lo tajante de su respuesta les desconcertó sobremanera—. En ningún momento… Pero creo que Cloud sabía el qué. La segunda vez que amenazó matarme, Shinra dijo algo extraño… Cuando Cloud pidió que me soltara, él le preguntó «¿Es un deseo formal?». Y al asentir, Cloud parecía… resignado. Derrotado. Fue entonces cuando Rufus le besó y abofeteó después, sin que Cloud moviera un músculo. Algo implicó esa pregunta.

—¿Un deseo? —Cid frunció el ceño. Vincent asintió con la cabeza. El piloto reflexionó sobre aquello, haciendo sus conjeturas— Le obligó a aceptar algo... Y no quiero imaginarme el qué…

Ninguno quería. Ahora que las cosas parecían estar claras, el escenario era tan perturbador que les daba miedo expresar sus pensamientos en voz alta.

—Mi impresión —retomó Vincent— es que esto no tiene nada que ver con nosotros. No fue por Aeris, ni por AVALANCHA, ni por nuestra lucha, ni siquiera por la de ellos.

—Es decir —continuó Nanaki, paseando una aturdida mirada por el suelo—, que la respuesta a la pregunta que nos hemos estado haciendo, «qué quiere Rufus de Cloud» es, simplemente… A Cloud —concluyó con desazón, lanzando una mirada interrogante a los demás.

Aunque todos desearían poder rebatir esa respuesta de algún modo, nadie fue capaz. La exposición de Vincent arrojaba una repentina luz demasiado brillante para ignorarla.

—¿Estáis diciendo —comenzó Barret, sentado sobre una de las sillas de controles con una expresión estupefacta— que hemos estado prisioneros… que Aeris ha muerto… Sólo para que Rufus pueda… tirarse a Cloud?

El pistolero le devolvió una significativa y silenciosa expresión a través de sus sangrientos iris. La forma en que Barret lo había expresado era la más simple y clara posible. Una verdad tan hiriente que resultaba demoledora.


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Abrió de golpe los ojos, regresando bruscamente a la realidad. Una extraña claridad le rodeaba, haciéndole difícil enfocar la vista. Escuchaba el rumor del agua, suave y relajante, tanto como el agradable calor que le envolvía todo el cuerpo.

—Eh, hola… Has vuelto.

Cloud echó atrás la cabeza, buscando al dueño de esa voz. No alcanzó a verle, pero sí distinguió un brazo emergiendo a su derecha. Descubrió que aquel calor que le envolvía era el agua de la bañera en la que se hallaba sumergido. Estaba completamente tendido, con la cabeza apoyada en el extremo de la pila.

—¿Qué ha pasado? —inquirió con voz ronca, adormecida. No recordaba cuándo había cerrado los ojos.

—Te has ausentado un momento —respondió Rufus con gentileza, por encima de su cabeza— ¿Estás bien?

—Sí… —contestó tras meditarlo un segundo.

—¿Cómo va el dolor?

Los ojos de Cloud captaron un extraño verdor en el agua. El brazo de Rufus volvió a aparecer, con la manga de la camisa recogida hasta el codo y aun así algo mojada, portando un brillante objeto en la mano. Cuando lo dejó caer al agua, discernió que se trataba de una Materia. Al pasear los ojos de un lado a otro, descubrió varias esferas verdes brillando en el fondo de la bañera, rodeando su cuerpo desnudo. A juzgar por su resplandor, eran Materias Cura en su máximo nivel.

Rufus se movió y Cloud pudo localizarle mejor. Estaba a su espalda, sentado o arrodillado fuera de la pila y manteniendo la cabeza de Cloud apoyada en su pecho. Apenas recordaba cómo había llegado hasta ahí, como si hubiera caído en un profundo sueño. Pero no apreciaba nada de dolor… Por el contrario, lo que sentía ahora era una relajación embriagadora.

—Me noto muy cansado —musitó cerrando los ojos. Se consideraba incapaz de mover un solo músculo. Notó la mano de Rufus deslizarse por su cabello mojado.

—Es normal. Te has quedado completamente agotado. Tu cuerpo se está recuperando. Cuando las Curas terminen de actuar, te sentirás mucho mejor. Por ahora, relájate.

Cloud liberó un suspiro extenuado, ladeando la cabeza. Sonaba muy tentador. El vapor inundaba gran parte de la estancia, de ahí que le resultara difícil enfocar bien, pero podía hacerse una idea de las grandes dimensiones de la bañera por el hecho de que no alcanzaba a tocar los bordes con los brazos ni con los pies. Era como flotar en una nube cálida y placentera.

El sonido y la ondulación del agua a su alrededor le transmitieron movimiento de la mano de Rufus. Vio que recogía del fondo una de las Materias y la dirigía hacia otro lugar. Cuando Cloud vio a dónde, pegó un brinco y atrapo su muñeca con premura.

—No… —musitó con un deje de temor al percatarse que aquella mano se internaba entre sus piernas.

—Tranquilo… —susurró Rufus con una voz increíblemente apaciguadora— No te dolerá. Te lo juro.

El corazón de Cloud latía con fuerza, inquieto. Rufus no insistió, tan sólo aguardó a que le soltara. Y cuando, despacio, el ex-SOLDADO aflojó sus dedos, su nerviosismo no se había disipado del todo, conforme veía esa mano sumergirse en el agua. Era palpable en su respiración agitada y la tensión repentina de todo su cuerpo. Shinra se movió ligeramente hacia un lado, sustituyendo su pecho por su brazo izquierdo como almohada para Cloud y buscó distraerle besando suavemente su cuello. Un estremecimiento penetrante recorrió su piel desde el punto donde esos labios hicieron contacto, provocando que cerrara los ojos y echara atrás la cabeza, presa de un escalofrío. Los dedos de Rufus ni siquiera le rozaron; emplazó con cuidado la Materia contra sus glúteos, dejando que la magia curativa obrara en su maltratado interior. Cloud sintió al instante sus efectos, estremeciéndose.

—Ugh… —Se le escapó un leve gemido.

Rufus soltó la esfera y acarició suavemente la cara interna del muslo de Cloud, provocándole un respingo involuntario. Con extrema lentitud y suavidad, fue escalando por su pierna al tiempo que poblaba de besos su hombro y cuello. Antes de que el ex-SOLDADO se diera cuenta, aquella mano envolvía su miembro entre sedosos dedos. Cloud la detuvo de nuevo.

—¿Qué haces…?

—Shh… —lo acalló con suavidad, besando su oreja— Relájate.

Era difícil cumplir aquel propósito si no dejaba de tocarle… Pero la insistencia de Rufus acabó venciendo... Y las cartas jugaban a su favor: la magia curativa, el agua caliente y su extenuación habían derribado todas las defensas de Cloud. Pero su cuerpo había conocido demasiado dolor en aquella semana; cualquier contacto le hacía temblar, bajo una sombra de vulnerabilidad. Sentir unas manos suaves y delicadas, un trato gentil, después de lo pasado los últimos días, era casi quimérico para él y hacía que le escociera la piel de puro vértigo. Shinra rodeó su cabeza con el brazo izquierdo, posando la mano en su frente y continuó con sus tiernos besos.

—Aah… aahh… —El ex-SOLDADO sentía que el corazón le explotaría en el pecho. ¿Por qué le resultaba tan intenso? Tal vez porque nunca había sido así de delicado, así de suave… En el fondo, le daba miedo— R-Rufus… ¡Aah…!

Un leve mordisco en la articulación de su mandíbula le acalló. Sacudió el agua al llevar una mano hasta la que cubría su frente; ésta tiraba sutilmente de él obligándole a echar más atrás la cabeza, arqueando y exponiendo su cuerpo. Los labios de Shinra bajaron hasta su clavícula, posándose sobre su piel húmeda con extrema lentitud. La diestra se deslizaba por sus genitales al mismo ritmo, sin casi mover el agua a su alrededor. Pero por delicado que fuera, no evitaba las sacudidas de Cloud, que agitaban el agua por cada respingo. Shinra le estrechó en su abrazo, atrayéndole al borde de la bañera para frenar sus temblores. Sus labios atendieron la garganta del ex-SOLDADO, atrapando muy levemente la piel en cada beso y deleitándose con los gemidos que llegaban hasta sus oídos.

—Aaah… A-aah… ah —El temblor en la voz de Cloud parecía reflejar sus ganas de huir. Pero los dedos del ex-SOLDADO se aferraban a Shinra como su fuese su cuerda de seguridad. Aún demasiado agitado, nervioso, pareciera incapaz de asimilar poder sentir placer de nuevo, tras tanto maltrato.

—Calma, Cloud, calma… —La misma suavidad que movía sus dedos aterciopelaba la voz de Rufus, susurrando directamente sobre la oreja contraria— Estás muy tenso…

Paró hasta que sintió cómo éste hacía el esfuerzo por cumplir su mandato. Cloud hinchó su pecho, todavía bajo una temblorosa respiración, antes de liberar todo el aire y hacerse visible la disminución de la rigidez de su cuerpo. Sólo entonces Shinra pudo oír auténticos suspiros de placer escapar de aquellos labios. El miembro de Cloud había comenzado a endurecerse bajo sus dedos, sucumbiendo al fin a sus atenciones. No dejó de cubrir de besos su nívea piel mientras lo masturbaba, estremeciéndose con la melodiosa y erótica voz del ex-SOLDADO. No pudo resistirse a atrapar su boca.

Los excitados gemidos de Cloud se ahogaron contra los labios de Rufus. Pero justo cuando sentía cerca el orgasmo, aquellas gloriosas atenciones cesaron. Se agitó, sintiendo la terrible urgencia, pero el presidente le contuvo, aferrando su cadera y reteniéndole en el beso hasta que sintió que se calmaba. Cloud liberó un hondo jadeo contra su boca cuando cortó el contacto. Shinra aflojó su abrazo y le empujó sutilmente con el brazo con el cual le acomodaba para incorporarle. Acarició su cabello dorado con mimo, inclinándose para robarle un último y apacible beso, sintiendo el intenso calor que desprendía el rostro sofocado de Cloud.

—Ya está. Ven —susurró sobre sus labios, ofreciéndole su ayuda para salir de la bañera.

Con cautela y ayudado por el presidente, el joven ex-SOLDADO se puso en pie, sintiendo al instante estremecerse su piel desnuda al abandonar la calidez del agua. Rufus le asistió para apearse de la amplia bañera de mármol y le puso un albornoz sobre los hombros que a Cloud se le antojó increíblemente suave y confortable, a pesar de la persistente erección que cargaba entre sus piernas. No dejó de mirar a Rufus mientras éste le ayudaba a colocarse el batín y se lo ataba a la cintura con una inusual delicadeza.

—Vamos. Despacio.

Sin soltarle, le guio para salir del gran baño. Tras cruzar la puerta, el ex-SOLDADO se sorprendió al hallarse en la habitación de Rufus. Gracias a la intensa magia curativa, ya sentía sus piernas más fuertes que antes y no le resultó una tortura caminar. Pero lo que no desapareció fue su letargo; continuaba algo aturdido y se sentía lento y torpe. Rufus le detuvo frente a la enorme cama de dosel negro y procedió a desatar el cinto del albornoz. Lo abrió despacio y se inclinó a besar su hombro cuando estuvo expuesto; Cloud elevó la cabeza con un suspiro y sintió un hormigueo bajar hasta su erección. Shinra le abrazó, colando sus manos bajo la prenda y acariciando su suave y limpia piel. Y sin poder resistirse, Cloud se asió a sus hombros, atacado por un intenso escalofrío.

Con el mismo mimo, el presidente le tendió sobre la cama, donde terminó de abrir la prenda, dejándole tan sólo las mangas puestas y el resto extendido bajo el cuerpo de Cloud como un manto. La respiración del ex-SOLDADO volvió a tornarse agitada, más aún cuando Rufus se colocó entre sus piernas. Pero el presidente le sorprendió tomando su miembro erecto para metérselo en la boca.

—¡Aaaah! —La voz y el brinco sobresaltados de Cloud culminaron con su mano sobre la cabeza de Shinra. Con paciencia, Rufus agarró la muñeca engrilletada y la posó sobre la cama para seguir con sus atenciones.

Engulló su miembro, cuya erección algo disminuida no tardó en recuperarse, y lo chupó con suavidad ante los sobrecogidos ojos de Cloud. Sin ninguna prisa, sin ninguna atención para sí mismo… Totalmente entregado sólo a darle placer.

—¿Por… por qué haces esto? —consiguió articular entre temblores el ex-SOLDADO.

Rufus deslizó su mano izquierda por la piel aún húmeda de su cadera, delineando su coxal mientras se sacaba el henchido falo de la boca.

—Por ti —susurró sin mirarle—. Todo lo que hago, lo hago por ti.

Cloud sabía que tenía un argumento de peso en su cabeza que rebatiría aquella aseveración, pero fue incapaz de recordarlo. Durante una fracción de segundo, su mente hirvió de ganas de impugnar las palabras de Shinra… Hasta que esa boca y esas manos le amordazaran saturándole de placer y haciendo de nuevo estallar su corazón en palpitaciones enloquecidas. Al cabo de unos instantes, el goce se tornó tan embriagador que Cloud se sometió a él por completo, echando atrás la cabeza, liberando todo el aire de sus pulmones y posando sendas manos en el pelo de Shinra, pero para acariciarlo esta vez. Abrió más las piernas, ofreciéndose sin resistencia ni tensión alguna en su cuerpo.

Sus suaves gemidos de placer se sucedieron por varios minutos, ahora sí, completamente relajado y seducido por los esmeros de Rufus, que hacían el deleite de sus sentidos. Shinra lamía su sexo con absoluta devoción, mamando de él como si se tratara del más delicioso de los manjares y deslizando su mano de cuando en cuando a lo largo del torso desnudo del ex-SOLDADO, por el goce de sentirlo estremecer bajo sus dedos y arquearse anhelando sus caricias. No hubo un instante en que buscara su propio disfrute, no le pretendió con violencia ni tan siquiera mordió o arañó su piel. Tampoco sus dedos se acercaron al orificio entre los glúteos de Cloud, mas sí lo hizo su lengua, momento en el cual pudo regalarse los oídos con el apasionado gemido del joven. Fue en ese punto, que los dedos de Cloud aferraron con fuerza el cabello de Shirna y las convulsiones de su cuerpo retornaron, sacudiendo la pelvis como si tratara de embestir contra la boca contraria. Rufus frenó un poco su entusiasmo sujetándole levemente pero sin aminorar el brío en sus atenciones. Y cuando notó ya venir el orgasmo, retiró su boca y deslizó briosamente los dedos por el miembro de Cloud hasta que éste empapara el vientre del joven con su simiente, acompañado por la contracción simultánea de todo su cuerpo y el aullido de su voz.

Jadeos placenteros, tiznados de cansancio y satisfacción escaparon por la boca del rubio ex-SOLDADO, mientras Rufus se incorporaba para besar su abdomen caliente, trepando por él en lo que éste subía y bajaba con su sofocada respiración. Fue recibido gustosamente por las caricias de los dedos de Cloud en su pelo, hasta llegar al cuello del ex-SOLDADO y depositar en él un dócil mordisco. Tomando la solapa del albornoz, limpió el vientre de Cloud antes de instarle gentilmente a deshacerse ya de él.

Cloud yacía en una nube. Aquella larga y frenética noche tocaba a su fin, permitiéndole su ansiado descanso. La lluvia había limpiado su alma, el baño limpiado su cuerpo y Rufus le había devuelto la vida cuando casi estaba exangüe, llevándose definitivamente su última gota de aliento. Cayó en los brazos de Morfeo incapaz de bregar ni un segundo más contra el cansancio, y entregándose a ellos con anhelo.


.

Rufus lo contemplaba dormir, sentado en la esquina de la cama de la lóbrega habitación. Parecía descansar tranquilamente, envuelto entre las sábanas, con el rostro sosegado y la respiración plácida. Sin hacer ruido ni encender una luz que pudiera importunar su sueño, se levantó dejándolo tranquilo y salió de la alcoba. Recorrió los oscuros pasillos hasta una amplia puerta de cristal que llevaba a la terraza. El techo que la cubría protegía su cuerpo de la lluvia que arreciaba en el exterior y que golpeó su rostro con un revitalizante frescor en cuanto puso un pie fuera. Con movimientos relajados, buscó en su bolsillo el tabaco y el mechero y se encendió un cigarrillo, fumándoselo tranquilamente mientras observaba la vasta ciudad iluminada por sus luces nocturnas, de la cual tenía en aquel enclave la mejor vista de todo Midgar.

A los pocos minutos, el sonido deslizante de la puerta precedió a los pasos de un visitante que se acercó a su espalda. Shinra siguió consumiendo el pitillo sin volverse hacia su acompañante.

—¿Quería verme, Señor Presidente?

No sin antes dar una larga calada, Rufus se giró para encarar al hombre de figura encorvada, casi chepuda, lacio pelo negro recogido en una coleta y ojos ocultos tras unas lentes, que aguardaba tras él. Alargó hacia éste la mano en la que portaba la pitillera, ofreciéndole un cigarro. El otro alzó una mano en gesto negativo.

—No, gracias, no fumo —declinó Hojo—. Procuro no tener vicios que puedan matarme.

Shinra cerró el estuche, devolviéndolo a su bolsillo y girándose de nuevo hacia la baranda.

—De algo hay que morir —susurró el presidente—. Y qué mejor forma de hacerlo que a manos de un vicio.

El científico esbozó una ladina sonrisa. Se acercó también hasta la balaustrada.

—¿Larga noche, hm? —comentó. Shinra siguió fumando, distraído—Al menos confío en que haya sido provechosa…

Rufus dejó escapar una larga bocanada de humo antes de tornar sus ojos hacia el científico con una oscura mirada. Ambos se la sostuvieron hasta que el presidente esbozó una maliciosa sonrisa que acentuó aún más la de Hojo.

—Desde luego… Buen trabajo, profesor. Estoy satisfecho con sus servicios.

—Lo celebro —Los labios de Hojo dibujaron una sonrisa pérfida llena de orgullo, divertido al notar el cambio en la forma de dirigirse de Rufus hacia él— ¿Ha obtenido los resultados que esperaba?

—Mejores… —musitó distraídamente. Apoyó los codos en la balaustrada, sosteniendo el pitillo entre dos dedos mientras perdía sus helados ojos en el abismo de luces verdes que se abría bajo ellos— ¿Sabe cómo se doman chocobos salvajes en las islas de Mideel, Hojo?

—No estoy familiarizado en ese campo —murmuró el científico con un deje sarcástico.

—Cuando los nativos capturan un chocobo especialmente bravo, le atan dos sogas al pico y lo sumergen en el río, con un hombre o varios en cada orilla sosteniendo las sogas. El ave intenta luchar contra la corriente para salir, pero su plumaje empapado pesa demasiado y está obligado a nadar, algo que le resulta agotador. Cuando al cabo de una hora lo sacan y lo montan, el animal de repente se ha vuelto dócil. Está tan agotado y tan agradecido por haber salido del agua que no se revuelve, y el jinete puede domar un chocobo cansado y manso, facilitándose mucho las cosas. Porque para esa ave al borde de la extenuación, ese hombre es su salvador.

—Fascinante… —musitó Hojo con sincera admiración, comprendiendo el símil que trataba de hacerle. Sonrió y recitó con la mirada perdida:— Jamás se penetra por la fuerza en un corazón, menos aún en uno tenaz. La clave es abrirse camino despacio, para que él mismo, sin saberlo, te deje entrar —Volvió sus ojos hacia Shinra—. Tiene usted una mente perversa, Señor Presidente —elogió.

Éste se sonrió orgulloso haciendo un gesto altanero con la mano, retomando el cigarrillo.

—Ya tenemos algo en común. ¿Y usted? ¿Satisfecho por fin?

—Oh, sí, sin duda. He obtenido lo que esperaba. A mí puede darme por pagado —respondió Hojo con total complacencia, sacudiendo la mano en ademán desinteresado. Pero Shinra le lanzó una mirada de reojo al tiempo que sus labios dibujaban una sutil sonrisa.

—Bueno… Quizás reciba una inyección extra de fondos. Por las molestias.

—Es usted muy considerado, presidente —dijo Hojo con una satisfacción interior que no pudo ocultar. Entrelazó los dedos a la espalda y quedó pensativo un segundo, antes de dirigir su mirada nuevamente a Shinra con interés— Por cierto, ¿qué hay… de los otros implicados en esta «doma»?

Le intrigó el modo en que Rufus se tomó su tiempo para inhalar una nueva calada, reteniendo el humo por largo rato antes de soltarlo con parsimonia, demorando su respuesta.

—Han obtenido también su recompensa —susurró. Su voz salió cargada de un tinte siniestro. Hojo frunció el ceño, pero no tardó en comprender lo que se ocultaba tras esas palabras.

—No deja usted cabos sueltos, ¿eh? —sonrió. La maldad del cabeza de La Compañía no dejaba de asombrarle— Pero… ¿Tres SOLDADOs? ¿Puede permitírselo La Compañía?

—Tres Segunda Clase, con menos seso que sentido común. No es una gran pérdida —puntualizó el presidente mientras ojeaba el pitillo entre sus dedos. Hojo percibió un matiz de antipatía en sus palabras—. Yo cumplo lo que prometo. En toda empresa, ante una falta se siguen tres pasos: advertencia, sanción y despido. Yo ya dejé bien clara mi advertencia en su momento.

—Me parece que no hubo sanción…

Shinra elevó sendas cejas en gesto de sorpresa. En uno muy mal fingido.

—¿Ah, no? Vaya. Fallo mío. Por desgracia el despido es ya inexorable…

A la mañana siguiente, el mismo aviso pudo leerse por todos los activos de SOLDADO y directores de La Compañía.

Tres nombres, de tres agentes de SOLDADO de Segunda Clase, con el mismo pie de nota que rezaba: Muerto en acto de servicio.

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Fin del vigésimo capítulo.


Capítulo 20, ¡sí! (descorcha una botella de champán del barato). Espero que este capítulo largo y jugoso haya compensado la espera. Si esa escenita primera entre Cloud y Rufus os ha recordado un poco a cierto momento de la película V de Vendetta, no es casualidad. Me encanta esa peli *3* Y me pareció que le venía al pelo. Respecto a Yuffie, me da la sensación de que la hago demasiado llorona... La verdad es que sólo intento retratarla como creo que realmente es, una niña inmadura aún, aunque espero no pasarme ^^U Pero si recordamos sus berrinches en Crisis Core o durante la muerte de Aeris en el juego, ahí sí se refleja como la niña que es en realidad. Pobrica, la estoy martirizando xD

Bueno, bueno, ya están las cartas sobre la mesa, no quedan secretos para AVALANCHA. ¿Qué harán ahora? ¿Y qué hará Cloud, quien parece que definitivamente ha caído en las redes de Rufus? ¿Y qué ha sido del pobre Reeve, del que nadie se acuerda? Respuestas y nuevas preguntas vendrán en los próximos capítulos, ¡no perdérselos! Beso a todos ^3^