No, no estáis teniendo una visión... ¡Soy yo! Ese ser despreciable al que parece que se le ha comido la tierra. ¿Alguien más está teniendo un déjà vu? Creo que podría repetir el mismo mensaje del capítulo anterior exactamente igual, pero... nah, para qué xD Total, ya tengo el Infierno ganado.

"Pero... ¿hay dos capítulos nuevos? Yo sólo veo uno..." Tranquilos, no os habéis vuelto locos. Si no os salen las cuentas es porque he resubido TODO el fanfic. No por cambiar nada, simplemente he resuelto faltas de ortografía y de redacción que ver ahí me ponían de los nervios, y además dividido el ingentemente enorme capítulo de El Amo y el Perro en dos... Sí, soy muy quisquillosa.

No mentiré, tenía algún capítulo listo que podía subir, peeerooo... No quería hacerlo hasta tener lista esa pequeña sorpresa que prometí en el anterior cap y es otro de los motivos que han retrasado tanto esta actualización... ¡Pero aquí está! ¡EL FANFIC TIENE PORTADA! Quería que hubiera coincidido con el primer aniversario del fanfic, que fue allá por enero, pero ni me esperaba la que se me iba a venir encima por culpa de la universidad, que me ha vapuleado por todos lados y dejado a vuestra amiga Aurel hecha una masa desfigurada de neuronas muertas en el suelo...

Bueno, pues esta es mi ofrenda de paz y regalo para vosotros, habemus portada, pero por si es muy pequeñita y no la veis bien, o invito a entrar en mi galería de Deviantart y verla ahí en grande (link en mi perfil). Os dejaría el link directo aquí, pero el formato no me lo permite... Espero que os guste, he puesto todo mi amor en ella ^3^

Ahora, como supongo que estaréis deseando -más que leerme a mí-, os dejo con este ansiado cap. ¡Que aproveche! :D


El viaje en coche no duró demasiado; apenas cinco minutos después de haber arrancado, el vehículo se detuvo. Las puertas se abrieron y un paraguas apareció al momento sobre la cabeza de Cloud, sostenido por la mano de uno de los Turcos. Rufus le esperó bajo el suyo mientras el ex-SOLDADO rodeaba el coche y se colocaba a su lado, observando a su alrededor. Estaban en la Avenida Loveless, la más opulenta del selecto Sector 8, frente a lo que parecía un lujoso restaurante. Gente muy bien vestida iba y venía sin que, al parecer, la lluvia fuese un problema para salir a hacer vida social por la zona más fastuosa de Midgar.

—¿Ésta es tu gran sorpresa para mí? —inquirió Cloud mirando despreciativo a su alrededor— ¿Vestirme de payaso para exhibirme frente a otros payasos?

—Te gustará, créeme.

—Lo dudo muchísimo…

—No te voy a obligar a entrar, Cloud —le sorprendió Shinra. El ex-SOLDADO le miró extrañado—. Hagamos un trato: en el momento en que no aguantes más ahí dentro, nos iremos. Prometido.

Parecía inverosímil que Rufus se hubiera tomado tantas molestias en preparar aquella comedia, para después arriesgarse a mandarlo todo a paseo dándole a Cloud la opción de decidir. Éste le dedicó una mirada recelosa antes de enfocar con tedio la puerta del local que los aguardaba.

—Ya estoy deseando salir de este traje… No creo que te haga esperar mucho. Te ahorraría la molestia de cruzar la puerta.

—Ah, Cloud… —Shinra emitió un suspiro, esbozando una sonrisa y negando para sí.

Apartó su mirada del ex-SOLDADO y se dedicó a observar las decenas de ojos que habían comenzado a posarse sobre ellos. La gente que paseaba a su alrededor había empezado a recaer en el coche y en los hombres de negro que los flanqueaban y, poco a poco, podía percibirse cómo el movimiento de transeúntes iba ralentizándose. Manteniendo la distancia, cuchicheaban entre sí, señalaban al presidente… Como si fuera una visión quimérica.

—Fíjate cómo miran hacia aquí —susurró a Cloud—. Son como borregos… Toda esta gente le debe a La Compañía Shinra lo que son y lo que tienen, sin la energía que suministramos no tendrían nada. El día que yo decida cerrar el grifo, todos morirían, incapaces de subsistir. Me temen, me odian y me idolatran a la vez. Resulta, cuanto menos, irónico.

—Te oí decir que la mejor forma de dominar a la gente es con el miedo —recordó Cloud, evocando las primeras palabras que escuchó del recién nombrado nuevo presidente de La Compañía Shinra.

—Y lo mantengo —afirmó con dureza—. Si sólo les das dinero, como hacía mi padre, alimentas su codicia. Tarde o temprano te piden más, no se sacian, son volubles y desleales… Pero si les das algo sin lo que no pueden vivir y además ciernes sobre ellos la amenaza de arrebatárselo, nadie alza la voz. Me odian porque me temen y me temen porque puedo ser su dicha o su ruina. Igual que a vosotros —Tornó su indolente mirada hacia Cloud—: AVALANCHA… Los defensores del Planeta. Queréis hacer lo mejor para la gente, pero a riesgo de dejarles sin lo que tanto les gusta, la cómoda vida que yo les proporciono. Por eso os aborrecen tanto —Sonrío con cierta vileza volviendo a enfocar a los viandantes—. Ambos estamos en una intersección. En cada extremo de una sociedad que nos rechaza. No somos tan diferentes tú y yo al fin y al cabo...

—Somos tan diferentes que asusta, Rufus —rebatió Cloud mirándole con indignación—. Prueba de ello es que pienses que traerme a mí aquí pueda ser una buena idea.

—Vaya, parece que no acierto nunca cuando intento complacerte, ¿verdad? —inquirió con ligera indiferencia, sin mirarle.

—Si esto es lo que mejor se te ocurre para «complacerme», me conoces muy poco.

El ex-SOLDADO se arrebujó en la chaqueta, metiendo las manos en los bolsillos y encarando con desprecio todas esas miradas de asombro y recelo que se posaban sobre el Presidente Shinra y su acompañante. Detestaba estar ahí, nunca se había sentido más fuera de lugar en su vida. Sentía que no era merecedor de esas miradas, esas que iban dirigidas a Rufus, el amo del mundo y de toda esa ególatra y falsa morralla que comía de su mano por un poco de energía Mako.

—Por un momento olvídate de todo, ¿de acuerdo? —La voz de Rufus llegó a sus oídos de nuevo— Olvídate de lo mucho que me odias a mí, o de lo que odias esta sociedad y a estos capullos que la componen… No te he traído para hacerte sufrir, Cloud, todo lo contrario. Date una oportunidad de intentar relajarte y disfrutar. O si quieres, considéralo un estudio de campo. Saber cómo vive esa gente que tanto asco os da ahí abajo, en los suburbios. Te ofrezco una oportunidad única, ¿no crees?

Cloud frunció el ceño, pensativo, ante esa última observación. Por supuesto, no era ingenuo y sabía que no era más que otro ardid de Shinra para llevarle a su terreno de propia voluntad, pero, desde el ángulo que le proponía, aquella horrible idea podía tener un pase. O al menos, un sentido. Lo sopesó en silencio durante unos breves instantes, antes de inspirar aire a conciencia, alzando el mentón con resignación. Lanzó sobre Rufus una mirada desdeñosa.

—¿Tengo que cogerme de tu brazo?

Su mordaz respuesta hizo sonreír al presidente. Concluida la negociación, echó a andar hacia el restaurante. Cloud lo siguió.

—No te vas a arrepentir —susurró Shinra cuando ya se acercaban a la puerta, escoltados bien de cerca por los Turcos.

—¿Cuánto apuestas?

.

El ambiente dentro del restaurante era tan acogedor que resultaba hasta pretencioso. Un refinado vestíbulo les dio la bienvenida; partiendo de éste un amplio umbral daba paso al salón comedor. Un metre muy bien vestido que aguardaba plantado tras un atril, casi se cuadró al verlos llegar.

—¡Presidente Shinra! —saludó con un mal disimulado sobresalto. Miró el reloj que colgaba en la pared, sin duda comprobando que llegaban tarde, pero ni por asomo se atrevió a mencionarlo.

—¿Está preparada mi reserva? —demandó Rufus con imponente seriedad. Cloud no pudo menos que mirarle de reojo, asombrado por el cambio de tonalidad y expresión. Parecía hasta varios centímetros más alto.

—Por supuesto, Señor Presidente. Acompáñenme.

El metre cogió dos cartas del atril y, con un servicial gesto de la mano, les guio hacia el comedor. Cloud notó el nerviosismo que no lograba esconder el camarero. Rufus lo seguía moviéndose con frialdad y desenvoltura, sin mirar a nada ni a nadie, con la elegancia de un regio dignatario. A su paso por el salón, no tardaron en volcarse sobre ellos todas las miradas de comensales y camareros. Antes de que llegaran a su destino, no quedaba nadie sin enterarse de que Rufus Shinra estaba en el restaurante.

El metre les llevó hasta la que sin duda era la mejor mesa del salón. Céntrica aunque resguardada, aprovechando la arquitectura de la sala, con sus grandes macetas y columnas, para crear un espacio algo más íntimo sin por ello aislarla del resto del salón. Rufus tomó asiento con toda naturalidad, no así Cloud, para quien todo aquello seguía siendo tan extraño como complejo. Para evitar perderse más de lo que ya lo estaba, seguía a Rufus en lo que él hacía. Al sentarse en su silla, descubrió que la escolta ya no los acompañaba, pero no tardó en ubicarlos. No era difícil localizar a cuatro Turcos apostados en las esquinas del salón, vigilantes como perros. Rufus, entretanto, miraba con desdén la carta de vinos y le indicaba uno al metre, quien, con una inclinación de cabeza e indudable alivio, se marchó con la comanda.

Cloud ya estaba entretenido en otra cosa. Acodado sobre la mesa, encogido en una postura defensiva, lanzaba sus ojos por todo el salón a la caza de las miradas indiscretas que no dejaban de perseguirles. Algo que pareció divertir a Shinra, pues escuchó de inmediato su leve risa.

—Relájate —le sugirió con un tono conciliador. Cloud fijó sus intranquilos ojos en él; Rufus tenía la carta en las manos y fingía ojearla en lo que no le quitaba el ojo de encima al ex-SOLDADO. Parecía ajeno a toda esa atención que acaparaba, posiblemente de lo más acostumbrado.

Cloud suspiró con hastío y resignación y se echó hacia atrás en la silla. En ese instante se topó con otro hallazgo que le hizo fruncir el ceño. Delante de él no sólo había un plato, una servilleta y una copa… Sino todo un ejército de cubiertos. Rufus notó de inmediato su confusión y sonrió.

—No te preocupes, es fácil. De fuera hacia dentro.

Esquivó la mirada molesta que Cloud le devolvió enfrascándose de nuevo en la carta. El metre regresó con la botella de vino, realizando a continuación un estudiado ritual sin decir una palabra ni dirigir una sola mirada a Shinra o a su invitado, con diligente profesionalidad. Cloud lo observaba todo desde su descuidada postura, echado hacia atrás en la silla, con un brazo sobre la mesa y el otro desprendido, creando un claro contraste entre ambos. El camarero vertió una pizca de vino sobre la copa de Rufus, quien dio un sorbo desinteresado sin soltar el menú y apenas despegando la mirada de éste y asintió, dejando que la rellenara. El metre llenó también la de Cloud, dejó la botella en una cubitera y se marchó con otra servicial inclinación. Una vez se fue, el presidente tomó su copa y la alzó ante su invitado.

—Salud.

—No bebo —declinó Cloud.

—Creía que vivíais en un bar… —ironizó Rufus.

—Pues no bebo vino.

Shinra dejó escapar una breve risa antes de encogerse de hombros, brindar contra la copa inmóvil de Cloud y tomar un sorbo.

—Beberé yo por los dos entonces.

.

El ruido de cubiertos, la suave y discreta música y los reservados murmullos del salón fueron la banda sonora que acompañó casi la totalidad de la cena. Apenas se dirigieron la palabra entre el ir y venir de platos a cada cual más variopinto, unas exquisiteces que ni en sus mejores sueños habría pensado Cloud probar jamás. Al principio, como con todo, se sintió incómodo ante aquella muestra de opulencia, pero el hambre pudo más que su sentido de la moral y terminó devorando todo lo que le ponían delante, con bastante menos clase que su compañero de mesa. Hacia el quinto de los platos, cuyo pequeño tamaño había hecho creer erróneamente a Cloud que se quedaría con hambre e incitado a comer con mucha ansia, ya no podía tragar más, pero se afanaba en terminar aquel solomillo en salsa de no-se-qué y acompañado de a saber qué pijada.

Rufus, de quien su entretenimiento principal toda la noche había sido observar atentamente a Cloud con una sonrisa perpetua, parecía ahora aún más divertido si cabía. El ex-SOLDADO no tenía ni idea de lo que eran modales en la mesa; si alguien se los había enseñado alguna vez, había decidido que no iban con él. No adoptaba una postura adecuada en la silla, apoyaba los codos en la mesa y su actitud para con el orden y el decoro era prácticamente invisible, por no hablar del lío que se había hecho con los cubiertos… Y ahora, tratando de acabarse aquel plato costase lo que costase. Shinra encontraba todo aquello de lo más gracioso.

—Si no puedes más, déjalo…

Cloud le lanzó una mirada de reproche, más de lo esperado para aquel simple comentario.

—Lo tirarán —expuso.

Rufus comprendió. Cloud estaba acostumbrado a pasar hambre y ello le había enseñado a no desperdiciar la comida. Pero él no podía evitar encontrar ridículo su afán por terminarse el plato, como si no fuera a volver a comer en semanas.

—¿Y qué más te da? Ése no es tu problema —musitó Rufus con dejadez.

—Nunca ha sido el tuyo.

El tono abrupto que empleó el ex-SOLDADO congeló la sonrisa de Shinra y le hizo mirarle fijamente. Cloud le devolvía una expresión resentida, retomando de nuevo su imposible tarea de meter en su estómago más de lo que podía abarcar. Rufus se recuperó del corte y sonrió con donaire.

—Vamos, no puedes culparme por algo de lo que no soy responsable… Yo no elegí nacer donde lo hice, igual que tú —Cloud le ignoró, fingiendo no escuchar mientras seguía peleándose con su saciedad. Shinra suavizó el tono—. Ésta es la clase de problema que podría dejar de preocuparte…

Cloud de pronto dejó los cubiertos, posando las manos en la mesa y suspirando sutilmente con la mirada gacha, antes de elevarla hacia el otro.

—¿Para qué me has traído aquí? —preguntó tras un breve silencio. Rufus pareció haber estado esperando esa pregunta toda la noche, pues sonrió truhán y jugueteó con la copa de vino.

—Para que vieras lo que puedo ofrecerte.

Tras un áspero vistazo a Shinra, el ex-SOLDADO paseó la mirada por la sala durante unos instantes, analizando todo a su alrededor: la pomposa estancia, la fastuosa comida, aquella ridícula tenue iluminación y el incansable jazz suave que se escuchaba de fondo, tan propio para un restaurante de lujo como para una película porno. Cuando regresó sus ojos a Rufus, su expresión no había variado en desagrado.

—No veo nada que puedas ofrecerme.

—Te quedas en lo superficial —corrigió Shinra sin contrariarse por su respuesta. Señaló con la palma abierta aquel trozo de carne que Cloud no podía acabarse—: buena comida, y en abundancia —A continuación le señaló a él—, ropa… Un techo, cero inquietud por el dinero… En resumen: comodidad. Lo que yo puedo brindarte es la posibilidad de que no vuelvas a pasar hambre, ni frío, ni escasez. Que no tengas que ser más ese mercenario que malvive aceptando trabajos de mierda por un sueldo de mierda, cuya vida seguramente acabaría pronto y mal. Puedo hacer que todos los problemas que te han perjudicado hasta ahora desaparezcan de un plumazo —Chasqueó los dedos al decir aquello, sonriendo vanidoso—. Es lo único que quiero que veas… Y consideres sus ventajas.

Ambos se miraron en silencio unos instantes, dejando Rufus al otro tiempo para pensar en su propuesta. Aunque ciertamente, no era una propuesta como tal… No existía la alternativa. Lo que le ofrecía era aceptar esa cómoda vida de buena gana o de mala gana, lo que prefiriera. Pero Cloud volvió a centrar su mirada en su plato a medio terminar, concentrando sus ojos en él por unos largos segundos… Y la expresión de su rostro se tornó con cada cual más indignada.

—Esa es la diferencia entre tú y yo, Rufus. Que un problema no me afecte directamente, no quiere decir que me importe un puto carajo.

La heladora mirada que recibió por parte de Strife comenzó a fastidiar al presidente. El joven ex-SOLDADO llevaba de morros toda la velada, pero Shinra había sido paciente y comprensivo, encontrándolo incluso divertido… Mas ahora comenzaba a rayar el límite de lo irritante.

—Basta, Cloud —reprendió con un tono exigente, mirándole fijamente a los ojos. El otro en seguida desvió su mirada—. Hasta ahora lo estaba tolerando, pero estás alcanzando un nivel de impertinencia esta noche que ya ha dejado de resultarme simpático —Cloud se echó hacia atrás en su silla, apoyándose sobre la chaqueta negra que se había quitado hacía rato y colgado en el respaldo, mientras se cruzaba de brazos en actitud insolente. Shinra se inclinó un poco hacia delante para hacerse escuchar—. Ya sé que sigues cabreado, pero creo que he dejado clara mi intención de redimirme y podrías apreciar eso un poco. Te he dejado salir, te he ofrecido una excelente cena e intento demostrarte cuánto más puedo hacer por ti. Sé que éste no es tu ambiente y que no es lo que más te gusta, pero no veo qué parte de todo esto pueda ser tan mala… Eres dificilísimo de contentar.

Cloud continuó rehuyendo su mirada un poco más. Al cabo de unos instantes, volvió a centrar sus azulísimos orbes en Rufus y a inclinarse sobre la mesa, hablando con una voz tranquila aunque arrogante.

—Tal vez ése sea el problema, Rufus, que éste no es mi ambiente. Mi ambiente es muy distinto. Es húmedo y oscuro, donde cuando hace frío de hielas el culo y cuando hace calor te asas vivo. Donde si un día no ganas pasta, esa noche no cenas y das gracias si encuentras un mendrugo de pan abandonado con gusanos, porque te lo comes de la puta hambre que tienes. Eso no lo cambias por muchos trajes caros que me pongas. Mi ambiente está justo aquí debajo, en lo que habéis convertido en las cloacas de esta jodida ciudad, viviendo igual que las ratas —El joven ex-SOLDADO hablaba calmo, pero con un claro tono acusatorio en su voz—. ¿Y sabes a quién se lo debemos todo? A tu noble apellido. Desde que os hicisteis los putos dueños del mundo. No eres responsable de lo que hayas heredado, por supuesto… Pero desde que la palmó tu viejo, todo lo demás te lo has currado tú solito y no se puede decir precisamente que hayas arreglado sus desastres. De eso sí te hago responsable. La parte mala de todo esto, Rufus, es que pienses que yo pueda ser como tú…

Las copas y los platos vibraron con estruendo cuando la mano de Shinra se estrelló contra la mesa. Cloud enmudeció inmediatamente, conteniendo el impulso de tragar saliva y forzándose a sostenerle la mirada a Rufus. Éste no se había movido apenas, seguía aparentemente tranquilo… de no ser por los amenazadores ojos que clavaba sobre Cloud. En las mesas colindantes, varias miradas se habían posado sobre ellos y se dejaban oír susurros de intriga e inquietud.

Durante unos segundos, esa lucha de poder continuó sin que ninguno apartara los ojos del contrario. Hasta que la mano con que Shinra había golpeado la mesa buscó su bolsillo, sacó algo lentamente y lo depositó sobre el mantel. Cloud abrió los ojos con temor al ver aparecer nuevamente el mando controlador de sus grilletes. Le recorrió un escalofrío. Rufus parecía de nuevo sereno cuando habló.

—¿Estás esperando que lo use, verdad? —dedujo, fijándose en la reacción del ex-SOLDADO, quien no podía ocultar la enorme tensión que había adquirido su cuerpo— Porque eso es lo que hago yo… Es lo que mejor se me da. Ser el malo.

Cloud apenas respiraba, concentrando toda su voluntad en no temblar. No quería darle esa satisfacción a Shinra. Le mantuvo la mirada con firmeza sin apenas parpadear. Rufus continuó hablando sin despegar los ojos de él.

—… Claro que también puede que estés pensando que no me atreveré a usarlo en una sala llena de gente —Todavía quedaba algún vecino de mesa que les miraba de reojo, curioso e inquieto por el arrebato del presidente—. Pero ambos sabemos que eso no me iba a detener —Tamborileó sobre el artefacto con el dedo índice, poniendo más nervioso al ex-SOLDADO. El tono de su voz continuó tranquilo, impasible—. No me importan las cosas que se dicen de mí. De hecho, siempre procuro alentarlas. Podría castigarte aquí, delante de toda esta gente, y mi reputación sólo se vería enaltecida. Podría hacerlo, como ya lo he hecho otras veces, simplemente porque no me ha gustado la forma en que me has hablado. Así soy yo.

Sus dedos jugueteaban con el mando. Cloud notó un sudor frío recorrer su nuca y creyó imaginarse un severo escozor en sus muñecas, aferradas por las endemoniadas esposas de Mako. Rufus continuaba exasperantemente inmutable; bajó la mirada para observar el aparatito, guardando silencio unos instantes antes de proseguir.

—Puedo castigarte sin ningún reparo… Pero no sé qué iba a ganar haciéndolo ahora mismo, la verdad —Aquel giro sorprendió al ex-SOLDADO, que frunció ligeramente el ceño. Los pálidos ojos de Shinra volvieron a enfocarse sobre los suyos—. Que pueda hacer una cosa, no implica que quiera hacerla. Tal vez te resulte increíble, Cloud, pero no me levanto por las mañanas pensando en hacer el mal. Sin embargo, eso es lo que tú ves en mí…

De repente, con los dedos posados sobre el mando, deslizó la mano y el aparato en dirección opuesta a él, hacia Cloud. Los ojos zafiros del joven ex-SOLDADO se abrieron en demasía al tiempo que todo su cuerpo se tensaba.

—Si quieres que sea el malo, seré el malo, Cloud. Pero esta vez, tú eliges a quién prefieres.

La estupefacción pintó el rostro de Strife. Su mirada era un océano de preguntas e intrigas. Pero no pudo soltar ninguna. Oportunamente, el metre reapareció y preguntó amablemente si podía retirar los platos. Sin apartar la vista de Cloud, el presidente asintió y el camarero procedió a recoger la mesa. El intercambio de miradas entre ambos no cesó ni después de que éste desapareciera.

—¿Qué coño pretendes? —inquirió Cloud algo agresivo. No había tocado el controlador— ¿Asustarme?... ¿«Usar el miedo para controlarme»?

—¿Acaso tienes miedo? —insinuó Shinra alzando una ceja. Había vuelto a coger su copa y bebía tranquilamente. Cloud arrugó el ceño molesto; no había querido dejar entrever eso. Rufus soltó la copa y le habló con un tono sorprendentemente razonable— Cloud, te lo he dicho antes de entrar… No te he traído aquí para hacerte sufrir. Y creo que revolverte el Mako de las entrañas para ver cómo te retuerces entre espasmos, sería lo contrario al objetivo de todo esto. Te pedí que intentaras relajarte y disfrutar, sólo eso… Tan sólo dime qué es lo que anda mal.

Los pulmones de Cloud se desinflaron, expulsando el aire muerto que habían retenido por largos y peliagudos minutos. La tensión de todo su cuerpo pareció aflojarse un poco. Desvió la mirada por la amplia y elegante sala.

—¿Crees que esto me seduce? —inquirió con un deje ofendido—No me vas a ganar con… un restaurante caro, una cena jodidamente impresionante, de platos que no sé ni pronunciar… Yo sé lo que es comer gusanos. Eso no se te olvida de un plumazo, no te lo hace desaparecer un bistec de veinte mil guiles. Yo no voy a ser un puto florero, Rufus… No voy a derretirme ante la vida de lujo que puedes ofrecerme, como todos estos lameculos. No puedes convertirme en algo que no soy...

—No quiero convertirte en eso, ni por asomo —afirmó Shinra con contundencia—. Tú vales por cien de estos imbéciles. Lo que me atrae de ti es tu fuego… Tu valor para decirme lo que te da la gana sin importarte las consecuencias. Eso es lo que me fascina.

—¿Te gusta que te insulte? —ironizó Cloud.

—Me gusta tu espíritu. No quiero que dejes de ser tú. Es precisamente lo que me gusta… ¿Por qué iba a querer cambiarlo?

El ex-SOLDADO frunció el ceño, receloso aún. Había algo en Shinra esa noche, no sabía el qué, que le tenía intrigado. Parecía otro desde que había vuelto de Junon. Con la imperiosa palmada que había dado en la mesa, creyó que regresaba el monstruo irascible al que conocía tan bien, pero lo que había venido después le tenía extremadamente confundido. Miró el mando de los grilletes, todavía en la mesa, frente a sí.

—Si quieres salir de aquí, no tienes más que decirlo.

La invitación de Rufus le sorprendió justo en el momento en que el camarero regresaba y, con gesto solícito, se paraba frente a Shinra.

—¿Les sirvo el postre, Señor Presidente?

El aludido no respondió; aguardaba la respuesta de Cloud, mirándole intensamente. El ex-SOLDADO se vio atrapado por sus enigmáticos ojos, sintiendo el corazón latirle con fuerza.

—Sácame de aquí —respondió al fin, en apenas un murmullo.

Shinra esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.

—No. Nos vamos —dijo al metre—. Traiga la cuenta —Aunque algo confuso, el camarero inclinó la cabeza y se marchó a buscar la nota. Rufus, que parecía animado por la respuesta de Cloud, se inclinó un poco hacia él— ¿A dónde quieres ir?

Le costó un poco dar con la respuesta a tan inesperada pregunta. Pero, finalmente, un destino se abrió paso en su mente, uno impulsivo y necesario:

—Lejos de Midgar —contestó sin más. A donde fuera, le daba igual. Sólo quería alejarse. Alejarse de todo. Rufus volvió a asentir.

—Bien. Pediré un transporte.


.

—¡Agh!... La madre que me…

La maldición enmudeció en su boca antes de terminar de mascullarla. El sonido del metal siendo cortado por los potentes alicates y el posterior repiqueteo que produjo al caer al suelo, acallaron la voz de Reeve. Las esposas dejaron ver la piel enrojecida y lacerada de sus muñecas en cuanto fueron removidas. Tuesti se permitió suspirar de alivio.

—Ah… Gracias. Ya me estaban mordiendo —agradeció a Cid, el portador de los alicates que acababan de liberarle de aquellos grilletes infernales que llevaban torturándole desde la noche anterior. El piloto se cargó la herramienta al hombro y se quitó el pitillo de la boca.

—No hay por qué darlas —murmuró mientras recogía los restos de las esposas y se levantaba del taburete— ¿Te apetece un té? —Reeve, que en ese momento retiraba las manos del borde de la mesa donde las había estado apoyando, frotándoselas aliviado, miró al piloto con ligera sorpresa ante el ofrecimiento. Cid añadió con voz cansada— Lo digo porque yo sí necesito uno… Por si preparo dos.

—Eh… Sí, gracias.

—Que sean tres —intervino Barret, levantando lánguidamente su mano metálica.

—Traeré la tetera… —rezongó el piloto, dirigiéndose perezoso hacia la puerta. En cuestión de segundos, otro miembro del grupo le seguía.

—Voy a buscarte algo de hielo para ese ojo —ofreció Tifa según salía de la sala.

—¿Cómo va esa costilla? —inquirió Barret.

—De momento, resistiendo las ganas de meterse en mi pulmón —bromeó amargamente el ahora ex-directivo de Shinra, cuya tensión corporal evidenciaba el dolor que le ocasionaba el susodicho hueso fracturado.

—Habrá que hacer algo con ella —calculó el fornido minero. Echó la cabeza atrás y llamó con voz ruda—. Yuffie, tráete una Materia Cura.

La menor del grupo, que permanecía apartada de los demás desde el comienzo de aquel reencuentro, apoyada en el umbral del puente de mando, se irguió con sobresalto al oír su nombre y torció el gesto en un mohín.

—No tengo ninguna…

—No son horas, princesa —acotó Barret, mirándola por encima del hombro con gesto cansado. Yuffie le devolvió una mirada de reproche.

—Sanguijuelas… —masculló por lo bajini antes de meter la mano en su bolsa y sacar una brillante esfera verde.

Se acercó al grupo al fin, congregado en torno a la silla donde habían hecho sentar a Reeve después de que Vincent lo encontrara malherido. El taciturno pistolero no se había separado de su lado desde entonces, aunque permanecía en severo silencio. No era el único que parecía tenso. En general, la tensión podía palparse en cada miembro del grupo. Pero Yuffie parecía sin duda la que más sufría de aquel mal. Cedió la esfera a Barret, posándola con reservas en su enorme mano.

—Gracias, Yuffie —murmuró Reeve con un tono suave. Pero lo que recibió de la ninja fue una mirada dura y fría antes de retirarse en completo silencio y salir de la sala sin mirar atrás. Reeve la contempló con tristeza, liberando un suspiro abatido—… Está muy enfadada, ¿verdad?

Tifa, que regresaba en ese instante con el hielo, se cruzó con la menor en el umbral y la siguió con una mirada confusa al principio y afligida después. Le tendió gentilmente la bolsa de hielo a Reeve para que se la pusiera en el ojo que lucía terriblemente amoratado, resultado de su caída y penosa huida por las escaleras de incendios del Edificio Shinra. El resto se acomodó en derredor, aparentando agotamiento y un pesar común.

—Sí, lo está —respondió Barret mientras ayudaba a Reeve a desabrocharse la camisa para exponer su magullado costado, donde una costilla había decidido salirse de la formación. Acercó la Materia a su piel—. Pero no contigo. Sino consigo misma.

La expresión confundida de Reeve mudó en cuanto la magia comenzó a hacer su efecto, obligándole a contraer el rostro con un ligero y momentáneo dolor al sentir el hueso volver lentamente a su posición anatómica normal. Pero ello no le impidió regresar a la duda a los pocos segundos.

—¿C-cómo? ¿Por qué? —inquirió mientras se sostenía la bolsa de hielo contra la cara, buscando las miradas de los demás. Notó en seguida que todos eludían la suya. Incluso Red XIII, lánguidamente tumbado en el suelo a su lado, con la cabeza apoyada entre las patas delanteras.

En vistas de que ninguno parecía por la labor de ser el primero en hablar, Barret tomó aire, lo soltó en un largo suspiro y miró de soslayo a Reeve.

—¿Te ha puesto Vincent al día?

El mencionado no movió ni un músculo. Tan sólo miró una fracción de segundo a Tuesti, quien ya buscaba sus rojos ojos con intriga, para después apartar la mirada sin abrir la boca. Por tanto la respuesta recayó sobre Reeve.

—No… ¿Qué ha pasado?

Una inquietud creciente se dejó notar en su voz. Los ojos de Barret, Vincent, Tifa y Nanaki se cruzaron entre sí en muda conversación. Esa pregunta era difícil y dura de responder.

—Mejor espera al té…


.

—¿Es esto lo bastante lejos para ti?

El viento azotó su cara y sacudió su cabello nada más pisar tierra. Era una brisa fresca y húmeda, pero no de lluvia como la que seguía castigando Midgar. Habían dejado atrás la tormenta con el veloz vuelo del helicóptero; el cielo nocturno lucía ahora sólo salpicado por unas escasas nubes disueltas. Aquella brisa olía a salitre y a arena. Cloud no tardó en reconocer dónde estaban.

—¿Costa del Sol?

Volvió el rostro para ver a Rufus apearse en ese momento del aparato. El presidente se abrochó la chaqueta para evitar que el aire de las hélices se la volara por los aires. Mostraba una sonrisa vanidosa mientras se acercaba a Cloud.

—Dijiste que querías alejarte… Y no sé por qué supuse que lo que buscabas era un poco de aire fresco —Se posicionó a su lado, dirigiendo sus ojos en la misma dirección que Cloud, hacia el oscuro océano que se abría ante ellos— ¿He acertado esta vez?

El ex-SOLDADO miró de reojo a Shinra, descubriendo la sagaz expresión que éste le devolvía, mostrando unos ojos altaneros bajo el arco de su ceja. Cloud no dijo nada, se limitó a soltar aire por la nariz y volver la vista al frente. El mar estaba revuelto aquella noche debido al viento, que traía hacia el helipuerto del muelle el fuerte sonido de las olas. Un sentimiento inesperadamente reconfortante comenzó a filtrarse por el cuerpo del ex-SOLDADO, descubriéndose al instante aspirando con los ojos cerrados aquel aroma a mar. Dejó que el aire se colara bajo sus brazos y sacudiera la chaqueta y la camisa negras que lucía, envuelto aún en aquel elegante atuendo, pero consiguiendo por primera vez en la noche que no le molestara.

El pequeño pueblo de Costa del Sol aguardaba cruzando el muelle. Oscuro y desierto, alumbrado apenas por un par de farolas, sin un alma transitando. No parecía el mismo de siempre, tan tranquilo y silencioso. Un halo de misterio e intimidad lo envolvía.

No le dio el gusto a Rufus de oírselo decir… Pero sí. Aquello era lo que necesitaba

Mientras paseaba la mirada, se percató de que Shinra ya no estaba a su lado. Al buscarle, lo encontró a su espalda, enfrascado en el móvil que sostenía en la mano, con los ojos fijos en la luminosa pantalla. Una sombra de desánimo cruzó la expresión de Cloud.

—¿Toca volver? —inquirió tosco, con cierto tono amargo.

Rufus levantó la mirada hacia él con sorpresa, esbozando después una media sonrisa. Guardó el móvil de vuelta al bolsillo y se acercó con parsimonia.

—No hay prisa —susurró. Se quedó junto a él, ambos enfocando el vasto mar que los separaba ahora de Midgar.

… Pero ni a un continente de distancia conseguía la mente de Cloud desligarse completamente de la endemoniada ciudad. Pues ahora que se encontraba lejos, su mente le encadenaba a ésta, no pudiendo dejar de pensar en de quiénes se estaba alejando cada vez más…

Una punzada de dolor constriñó su pecho, desterrando aquel sosiego tan breve. AVALANCHA… ¿Qué estarían haciendo en ese preciso instante? Confiaba en que Yuffie hubiera logrado escapar sana y salva del edificio; Rufus no le había mencionado nada al respecto, lo que parecía una buena señal. Bajó la mirada, consternado, lamentando aquel reencuentro tan breve. Ojalá hubieran sido otras circunstancias para haber podido atesorarlo más…

Cada nuevo día que pasaba se sentía más lejos de ellos. Su corazón latió con fuerza, ardiendo en deseos y a la vez temor de volverles a ver. ¿Qué pensarían si le vieran ahora mismo, vestido de aquella guisa, ejerciendo de acompañante de Shinra de lujo en lujo, como una especie de geisha, mientras ellos se inquietaban por él? Pensarlo le hacía sentirse despreciable…

Su cambio de actitud no pasó desapercibido al hombre que estaba a su lado. Sus perspicaces ojos se posaron sobre él con el ceño fruncido durante unos segundos. No preguntó. Sólo alargó la mano y rozó suavemente su nuca con las yemas de los dedos. De inmediato obtuvo la atención de esos hermosos y brillantes zafiros. El semblante de Shinra expresaba una suavidad inusual. Igual que la nimia fuerza que sus dedos ejercieron cuando tiraron de la nuca de Strife, al tiempo que avanzaba la cabeza, reduciendo la distancia entre sus rostros. Cloud lo vio venir y por impulso se fue alejando tantos centímetros como éste ganaba hacia él… Pero esta vez no bastó para frenar a Rufus. Y antes de darse cuenta, la boca del presidente ya había alcanzado la suya.

En cuanto sus labios entraron en contacto, Cloud se vio ridículamente inmovilizado. Era incapaz de retroceder, retirarse o apartar a Shinra. Desde que se recuperó de la brutal experiencia sufrida, Cloud no le había permitido a Rufus ni un solo contacto. ¿Por qué cedía ahora? ¿Tendría que ver con el inusitado comportamiento del presidente? Las entregadas atenciones de la noche anterior, su complaciente actitud a lo largo de todo aquel día... Extrañamente gentil y encantador, ni tan siquiera explotando ante la conducta irritante de Cloud. Tan insólito como peligroso. Pues comprobado tenía de sobra que, cuanto más amable y dulce era Rufus con él, peor era la trampa que le tenía preparada…

¿Pero y si esta vez era diferente?

¿Sería veraz todo lo que le había dicho en la cena? ¿Realmente estaba dispuesto a cambiar? Resultaba tan seductor creérselo…

Los labios de Rufus acariciaban los suyos con tanta suavidad que hacían a los de Cloud hormiguear. La lengua del presidente comenzó a presionar con cautela en la boca ajena, pidiendo permiso para entrar. No había pizca de exigencia en aquel gesto. Y un gemido traicionero escapó de la garganta del ex-SOLDADO, dejando que la húmeda del contrario se colara en su cavidad y procediera a recorrerla con maestría, produciéndole un delicioso cosquilleo. Los dedos de Shinra en sus cervicales le atraían para profundizar el beso pero sin la menor brusquedad, sin mandato, más bien solícito. Bebiendo de su boca con una pasión comedida. Cloud se deshizo en escalofríos.

Rufus interrumpió el beso separándose con delicadeza, milímetro a milímetro, arañando hasta el último segundo. Cuando sus ojos volvieron a enfrentarse, deslizó los dedos de la nuca al mentón del joven, acariciando éste con dulzura mientras miraba con la cabeza ladeada esos arrebatadores zafiros entrecerrados.

—Por fin me has dejado —murmuró con un deje sorprendido—. Ya me esperaba la tercera cobra del día… Eso es que estoy haciendo algo bien, ¿no?

Cloud apartó la cabeza ruborizado e incómodo por el comentario. Rufus emitió una leve risa y buscó uno de sus mechones largos, acariciándolo entre dos dedos mientras lo miraba embelesado.

—No hay por qué volver esta noche a Midgar —dejó caer en un susurro, sorprendiendo al contrario. Cloud volvió a mirarle—. No hace falta que te diga que tengo una casa aquí…

El ex-SOLDADO rompió su silencio con un breve bufido y una mueca.

—¿Dónde no tienes una?

Rufus rió con falsa modestia, enfocando sobre él sus sagaces ojos grises y una sonrisa pícara. Dejando que su cabeza fuera lo último en girarse, volvió sobre sus pasos hacia el helicóptero, al pie del cual esperaba Rude, firme y con las manos a la espalda, como una estatua. Cloud se había olvidado de que la escolta seguía ahí, y un fugaz bochorno le invadió. Vio a Shinra dirigirse al Turco con autoridad, y cómo éste asentía con una inclinación de cabeza. Acto seguido, regresó junto a Cloud y le hizo un gesto cómplice para que le siguiera, encaminándose ambos hacia las oscuras y silenciosas calles del pueblecito costero.

—Arreglado —dijo simplemente.


.

La tetera reposaba en una de las mesas de paneles de control del puente, que ahora hacía las veces de repisa para varias tazas de porcelana. Unos dedos magullados rodeaban la suya, humeante e intacta. Los ojos de su dueño atravesaban el recipiente sin verlo, clavados en una expresión estupefacta. Con la otra mano, tomó la bolsa de hielo que había permanecido sobre su órbita izquierda y la dejó temblorosamente en la mesa. Se echó el húmedo cabello hacia atrás mientras liberaba un suspiro atónito.

A su alrededor, los ojos de sus compañeros se posaban sobre él, a la espera de su reacción, reunidos todos salvo Yuffie, quien no había regresado desde que salió. Reeve se sostuvo la frente con los dedos, digiriendo el relato que acababa de oír.

—Así que a eso se refería Tseng… —dejó escapar en voz alta.

—¿Qué? —Cid se inclinó hacia delante con el ceño fruncido; la misma reacción tuvieron los otros cuatro. Reeve se quitó la mano de la cara, echándose atrás en la silla y volviendo a suspirar con cansancio antes de hablar.

—El día que me encontré con él, cuando le robé el… Hmf… Cuando me proporcionó el papel —se corrigió con amargura en la voz—, me instó a que no metiera las narices. Me advirtió que tal vez descubría algo que «prefería no saber».

—¿Lo saben? ¿Los Turcos lo saben? —se exaltó Cid, buscando las miradas de los demás.

—Poco hay que lo Turcos no sepan —murmuró la grave voz de Vincent.

—¿Y cómo lo consienten?

—Cid, no digas memeces… —masculló Barret— ¿Qué crees que van a hacer? Lo que les parezca a ellos es irrelevante, obedecen órdenes, punto. Ni que a Shinra le importe un huevo su opinión…

—O que ellos se atrevan a darla… —añadió Tifa, lánguida.

El piloto dejó caer la cabeza, abatido.

—¿Y los SOLDADOs? —inquirió esta vez Nanaki tras una pausa silenciosa, paseando por el grupo una expresión de temor a través de su ojo único— Los que le han custodiado… Ellos le…

Barret interrumpió con un brusco golpe sobre el brazo de su silla con su implante armado, clamando toda la atención.

—¡Puto cabrón! ¡Lo ordenó él! —conjeturó con furia.

—¿Por qué iba a ordenar una cosa así? —Tifa miró a su compañero con incertidumbre.

—¿Que por qué? Porque es un hijo de puta y un cabrón mezquino ¡por eso! ¿Necesitas más razones?

—No lo digo por eso, Barret, sino porque estamos hablando de Rufus Shinra; no hay hombre más posesivo y egoísta en el mundo. No compartiría ni un mendrugo de pan, ¿va a dejar que otro tocara a Cloud…?

—No, no, espera… Es factible —interrumpió de pronto Reeve alzando la mano para pedir silencio. Sus ojos miraban al infinito, como si acabara de descubrir algo revelador—No es tan impropio de él… —Dejó su intacta taza de té a un lado y procedió a explicarse— Pensadlo, ¿a quién se lo dejó en custodia cuando se fue a Junon? A Hojo y a SOLDADO, los que más daño podían hacerle, los que más ganas le tienen. Cloud podría haber muerto a manos de cualquiera de ellos. Pero pudo ser parte de una estrategia… Rufus es inteligente, muy inteligente, y además es, como bien has dicho —Señaló a Barret—, un cabrón mezquino… Un cóctel peligroso. Si se arriesgó a dejar a Cloud con quien más peligro corría, sería porque esperaba…

—… Que le trataran peor que él —completó Vincent, como si le hubiera leído el pensamiento. Ambos se miraron a los ojos unos segundos, antes de que Reeve asintiera.

—Exacto.

—¿Pero para qué? —insistió Tifa con la voz tomada, visiblemente alterada— Si ya le tiene, ¿qué más busca? ¿Por qué le tortura así?

—Por el mal menor —continuó Reeve—. Ponte en el lugar de Cloud: si lo que creías que era malo, se vuelve aún peor, ¿no te sentirías aliviado de volver a lo de antes?

—¿Qué quiere? ¿Que Cloud se alegre de volver a verle? —preguntó Cid con sorna— Cloud no se va a dejar engañar por algo tan absurdo, no es estúpido…

—No es estúpido, pero… ¿alguno podemos asegurar en qué estado se encuentra ahora mismo?

Tras la pregunta de Reeve, los seis se miraron con aflicción… y cierto temor. La última en verle había sido Yuffie y lo que había contado al respecto no era nada halagüeño. Reeve sabía que pedir a AVALANCHA que asumieran a su líder como una persona frágil y fácil de manipular no era sencillo. Pero la realidad había que afrontarla: nadie es invencible y Cloud no era la excepción.

—Oíd… Lleva encerrado ahí más de un mes —continuó—. Está solo. Está débil. Y sometido a la retorcida mente de Rufus. Y arrastrando la muerte de Aeris para más inri, que no sabemos en qué circunstancias se dio, pero apostaría mi mano izquierda y la derecha también a que Cloud estuvo envuelto. Cuando te someten a semejante presión y estrés, dejas de ser tú mismo y de pensar con claridad. ¿Quién de nosotros aguantaría esa situación sin derrumbarse? ¿Sin rendirse? —Ahora casi todos rehuían la mirada. Ninguno podía decir eso de sí mismo, así que tampoco podían culpar a Cloud— Por eso os digo que Rufus sabe muy bien lo que hace… Si este ha sido su plan, ha trazado muy bien sus movimientos. Todo lo que tiene que hacer ahora es ser sólo un poco mejor que los últimos carceleros de Cloud, y le tendrá en sus manos.

De repente, Vincent liberó un bufido hastiado, se sacudió y se apartó del pilar sobre el que había estado apoyado, alejándose hasta uno de los ventanales del puente de la Highwind. La inesperada reacción del taciturno pistolero no dejó indiferente a nadie, pero ninguno le dijo nada. Hasta para el callado y metódico Vincent, aquella situación era inaguantable.

Tifa se cubría el rostro con las manos, acodada en sus rodillas. Barret alargó el brazo y le frotó reconfortantemente la espalda con gesto dolido. Red XIII miró a la morena fugazmente con lastima y apoyó la cabeza en su pie. Cid, cuyo pitillo se había extinguido mucho tiempo atrás y era ahora apenas un canuto mordisqueado, se lo quitó de la boca arrojándolo al suelo y cambió de postura con expresión cansada, pero regresando sus ojos a Reeve.

—¿Por qué piensas todo esto? —A Tuesti le sorprendió la pregunta y el piloto se apresuró a corregirse— No es que no te crea… Lo entiendo todo. Pero… ¿qué piensas que está cruzando por la cabeza de Shinra para hacer todo esto? Es lo que dice Tifa, ya tiene a Cloud, nadie se lo va a quitar… Si yo tuviera lo que quiero, ya me daría por satisfecho. ¿Qué más puede querer?

Reeve comprendió las tribulaciones del capitán de la Highwind. Acordándose de repente, recogió la taza de té que éste le había servido, tomándola con ambas manos y apoyándola en su regazo mientras meditaba su respuesta, mirando distraídamente el interior rojizo del recipiente.

—Conozco a Rufus desde hace tiempo. Fue vicepresidente de la empresa durante varios años. Y no era precisamente el ojo derecho de su padre… Hacía las cosas a su manera, sin responder ante nadie. Creo que en todos esos años, su único afán fue quitarse a su padre de en medio… Sephiroth le hizo un favor. Eso dice mucho de cómo es —Se detuvo un momento para tomar un sorbo del té, ya medio frío, y tuvo que contener el gesto de repulsa que le atenazó para no ofender a Cid. Pero aquello estaba malo de veras… Dejó la tacita con discreción a un lado y continuó con un carraspeo—. Ejem… Lo que quiero decir… Es que es orgulloso y muy avaricioso. Siempre consigue lo que quiere y no conseguirlo le pone furioso. Aunque ya tenga a Cloud a su merced, imagina cómo le sentará su actitud, no debe ser gratificante para él… Porque todos conocemos a Cloud, no es precisamente encantador, menos lo va a ser con Shinra —El piloto hizo un gesto afirmativo con las cejas—. Ahora que ya le tiene, el siguiente paso sería conseguir amansarle. Bueno, no estoy en la cabeza de Rufus y todo esto son conjeturas mías… Pero… A ver, no sé cómo explicarlo sin que suene horrible…

Se interrumpió un momento para pensar las palabras adecuadas… pero al final fue Cid quien se las proporcionó. Aunque desde luego no del modo que él lo hubiera expresado:

—Vamos, que no es lo mismo tener una puta que escupe y muerde, que una que se deja follar —masculló con toda la calma, con los brazos cruzados. Una horrorizada Tifa clavó sus ojos abiertos como platos sobre él.

—¡Cid!

Al volver la cabeza hacia ella y encontrarse aquella mirada indignada y furibunda, el piloto casi saltó de su silla.

—¡No, a ver…! Coño. No he querido llamarle… No iba con esa intención, pero —Buscó apoyo en Reeve, cuya expresión también era atónita—… Era eso más o menos, ¿no?

Tuesti se encogió de hombros y asintió a medias. Era justo el modo horrible de decirlo que quería evitar. Barret le lanzó al piloto una mirada de reproche y éste pareció comprender que era mejor cerrar el pico por el momento.

—A ver si el malo ahora voy a ser yo… —murmuró para sí. Al desviar la mirada se encontró con los ojos inyectados en sangre de Vincent atravesándole con recriminación desde el otro lado del puente. Cid resopló y decidió mirar al suelo.

—Se te da bien meterte en la cabeza de la gente, Reeve —comentó Nanaki, tratando de desviar el tema—. Tal vez debiste ser psicólogo en vez de arquitecto…

—Bueno… Soy espía, ¿no? Es mi trabajo. Tratar de ponerme en la piel de otro —respondió amargamente.

De repente una mano enorme se posó sobre su hombro. Fue un contacto fugaz, pero con ese simple gesto por parte de Barret, Reeve comprendió que todo aquel asunto estaba olvidado. Sonrió ligeramente. El fornido minero carraspeó y trató de dar la vuelta al depresivo ánimo instaurado.

—Si lo que pretende el mamón de Shinra es convertir a Cloud en su perro faldero, se ha equivocado de tío. Nunca lo va a conseguir. Le deseo suerte al muy imbécil —masculló con sorna antes de escupir.

Cid dio un respingo y le miró con reproche observando el esputo en el brillante suelo de su nave. Pero no abrió la boca a tiempo de recriminarle, antes de que otra garganta interrumpiera el silencio. Alguien no compartía el optimismo de Barret. Desde el vértice del puente, la cruda voz de Vincent desmenuzó su esperanza.

—Me temo que la suerte ya está de su lado —Los brillantes ojos del pistolero no dejaban el ventanal, como si hablara para sí en voz alta, atrayendo la atención de todos hacia sus pensamientos—. Cloud no tiene ni idea… De lo que se le viene encima. Que el hombre que con una mano le ha arrojado a las llamas, es el mismo que le tiende la otra para salir.


.

—Cloud… Ven aquí.

La voz de Shinra le sonó distante. Se permitió el lujo de ignorarla, pues tenía un asunto predilecto que atender. El balcón de la lujosa morada tenía una vista inmejorable del mar y una posición perfecta para el viento con olor a sal que traían las olas. Con las manos apoyadas en la barandilla y los ojos cerrados, el joven ex-SOLDADO dejaba que el aire sacudiera su cabello y su ropa, envolviéndole en aquella agradable brisa nocturna. Sólo el inesperado escalofrío que le produjo un contacto en el cuello le hizo volver a tierra.

—Vas a coger frío aquí fuera —susurró una voz dulce junto a su oído, mientras unos labios tanteaban su nuca. Sintió los dedos de Rufus apartarle el pelo para besar su yugular.

No se detuvo. Uno tras otro y tras otro le fue poblando de besos. La piel de Cloud se tornó un hormigueo constante. Cuando los dedos del presidente comenzaron a trepar por sus costados, sintió ponerse toda su carne de gallina. Rufus le giró muy despacio entre sus manos. Cloud despegó las suyas de la balaustrada y le enfrentó lentamente; los labios de Shinra se posaron en su mandíbula, en la comisura de sus labios… Y finalmente en éstos. Había tanta delicadeza en sus gestos que apenas eran roces. Ni siquiera pegó sus cuerpos ni le acorraló contra el balcón, dejando que corriera el aire entre ellos. Sus manos no le abrazaban, tan sólo paseaban por encima de la ropa negra que seguía cubriendo el cuerpo de Cloud, palpando su cuerpo bajo ésta. Tres o cuatro delicados besos después, se separó de la boca del ex-SOLDADO y acarició sus labios fugazmente con el pulgar, recogiendo los restos de saliva.

—Vamos dentro —invitó, pellizcándole el mentón antes de soltarle.

Se adelantó, dejándole espacio. Cruzó la cortina que no cesaba de agitarse con el aire y desapareció en el interior de la habitación. Cloud se encontró con el corazón latiéndole a cien y la necesidad de apoyar las manos de nuevo en la baranda, a su espalda. Se notaba nervioso… pero, ¿por qué? Era el mismo hombre de siempre…

¿O tal vez no?

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Fin del vigesimosegundo capítulo.


¡TACHÁAAAN! ¡Avanzamos la historia! Quién lo hubiera imaginado... porque parece ser que he cambiado mi inicial costumbre de actualizar una vez por semana a hacerlo una vez al año. Quizás más de uno haya tenido que releerse todo el fic para acordarse de qué iba la cosa, o lo haya dejado por aburrimiento... Comprensible. Pero tengo buenas noticias: ¡Dispongo de capítulos en la reserva! :D Eso quiere decir que, AHORA SÍ, puedo prometer que actualizaré de nuevo en breves, porque el siguiente cap (y el siguiente, y el siguiente...) ya están escritos. Sólo tengo que seguir con el hábito xD ¡Cruzad los dedos por mí!

De nuevo, me conmueve la de gente que, a pesar de todo, ha seguido interesada por el fanfic y por mí misma dejándome reviews... Muchas gracias a Kenia Abraxas por su detallada opinión, siempre es genial recibir un comentario como ése. Espero poder seguir manteniendo tu atención. A Selkis1701, también gracias por tu interés, ya ves que tu deseo se ha cumplido ;) Y al resto, disculpas, agradecimientos y, por favor, si no dudéis en dejarme un review. Acepto opiniones, críticas, cestas de navidad y patas de jamón, pero tampoco rechazaré una carta bomba o un paquete de ántrax, me lo merezco... ¡veintitrés abrazos virtuales a todos, hasta la próxima!