Fianchetto: movimiento especial único del Alfil con el cual se coloca en la fila de peones y domina toda la Gran Diagonal del tablero, controlando así el juego.
Ya sé, ya sé, es imperdonable este retraso... Pero seamos sinceros, ya deberíais estar habituados a que incumpla mis promesas, no os hagáis los sorprendidos xD Así que voy a dejar de prometer nada. La uni no perdona, chicos.
En fin, mis queridísimos lectores, reanudemos esta partida de ajedrez que parece que se va a poner de nuevo interesante...
Una suave melodía de piano sonaba en la pequeña radio para un único par de oídos. Aquel domingo por la mañana no había más personal en el Departamento Científico que su propio director. Y aunque no le disgustara en absoluto la soledad —incluso en ocasiones la prefería—, había veces que se sentía como un esclavo… Prácticamente vivía ahí. Emplazado en aquel laboratorio día y noche, desarrollando para La Compañía todo aquello sin lo cual ésta nunca habría llegado a ser lo que era.
¿Se lo agradecían, acaso? Había quien aún le tildaba de loco y excéntrico, en vez del genio que realmente era. Habría que ver cómo se las arreglaban en SOLDADO, en el Departamento Armamentístico o el propio presidente sin su ayuda… ¿Se lo agradecía Rufus, el muy resabido…?
Bueno… Por lo último que había hecho por él sí que había obtenido recompensa. Y vaya si la había sabido aprovechar…
Ante sus ojos, bajo la lente del microscopio, analizaba el valioso material por el que tanto había peleado. Como a todo gran artista, no había cosa que enorgulleciera más a Hojo que contemplar su propia obra. Se había asegurado de obtener de Cloud Strife todo lo que pudiera antes de tener que devolvérselo a su «dueño»… y alguna comisión extra no declarada. Pero aquel pequeño abuso no le preocupaba; todos estaban satisfechos: él tenía material para futuras investigaciones, Shinra a su tigre amansado… Bueno, quizás el menos contento fuera el propio Strife. Pero seguro que acababa por aprender a aceptar su condición, y si no, el profesor estaba más que dispuesto a volver a ajustarle las tuercas… Ah, cómo se le revolvían las carnes de placer cuando recordaba esos gratificantes días en que lo tuvo en sus manos… Casi deseaba que la cosa se torciera para que Rufus volviera a enviárselo.
Una brusca intrusión interrumpió abruptamente la concentración y los pensamientos del científico. La prisa y la fuerza con que golpearon el suelo los pasos del visitante le indicaron un sentimiento de urgencia y de ira. El sonido característico de unos tacones, además, que era mujer.
—¡Hojo! —Una voz airada y conocida bramó su nombre a su espalda.
—Buenos días a usted también, directora Scarlet —Y sólo porque aquella furtiva forma de entrar en sus dominios le causó el suficiente desagrado, se molestó en añadir:—. O debería decir… Ex-directora Scarlet. ¿Cómo por aquí en domingo?
Aquello bastó para dejarla durante unos segundos muda de rabia y seguramente de sorpresa, no esperando que Hojo estuviera al tanto de su degradación.
—Vete al infierno, escoria humana; dime —Hechos los pertinentes saludos, apoyó con fuerza sendas manos en la mesa donde Hojo estudiaba el microscopio, reclamando su atención—: ¿dónde guardas las grabaciones de las cámaras de seguridad? Sé que tienes esto plagado. Las necesito. Dámelas.
—No tengo que hacer nada de eso, mi muy poco apreciada ex-directora… De hecho, no sé ni qué hace usted aquí. Si no me equivoco, debería haber devuelto ya su tarjeta de acceso a los ascensores superiores, puesto que ya no forma parte de la junta directiva…
—¡No me vengas con gilipolleces! ¡Las necesito! Tengo que encontrar al mamón de Reeve…
—¿Y cree que lo va a encontrar aquí? —Ya cansado y no queriendo que aquel encuentro se alargara más, el profesor apartó al fin los ojos del microscopio y se volvió hacia ella mostrando una postura holgada sobre su silla. Se acomodó de nuevo las gafas sobre los ojos, hasta ese instante recogidas en su frente— Desconozco cuál es su actual designio en La Compañía, pero le sugiero que se dedique a él. De la búsqueda de Tuesti ya se están encargando otros.
—¿Otros? —En su voz se reflejó asombro.
—Sí, otros, otros… Así que, como esto ya no le atañe, agradecería que se marchara de mi laboratorio y me deje trabajar. Me está haciendo perder el tiempo—Se subió las gafas de nuevo y volvió a engancharse al microscopio—. Y yo no soy tan prescindible como usted…
Aquella bofetada de soberbia casi provocó que Scarlet respondiera al engreído científico con una de verdad, pero cerró el puño a tiempo para contenerse. Hojo era un enemigo poderoso que no quería ganarse, menos ahora que su situación era tan precaria. En lugar de descargar su rabia contra él, barrió con el brazo un montón de papeles y libros que había sobre la mesa, tirándolos al suelo. Pero no logró, al parecer, molestar lo bastante al profesor, quién dibujó una ligera sonrisa de burla en la comisura de sus delgados labios y continuó a lo suyo. Scarlet resopló de furia, frustrada, posando las manos en sus caderas e intentando recobrar la compostura. Paseó los ojos por la mesa de trabajo tratando de averiguar qué tenía tan concentrado a Hojo y su atención se vio centrada en un frotis de sangre.
No supo por qué despertó su interés pero, al cogerlo y acercárselo a los ojos, comprendió la razón. El código de la etiqueta rezaba: «Sujeto B. Humano, Regular, 21, AB».
—¿Y esto?… ¿Es de Strife? —Hizo un análisis de la mesa con la mirada y comprobó que había más muestras iguales, con la misma etiqueta y parecían todas muy nuevas— ¿Ha estado aquí? —La falta de respuesta de Hojo no impidió a Scarlet seguir formulando sus conjeturas— ¿Cómo lo has obtenido?
—Esa cuestión ya la responde usted con su anterior pregunta —habló Hojo al fin con un tono exasperado, sin despegarse de la lente.
—Creí que estuvo en la planta SOLDADO todo el tiempo… ¿Lo has tenido tú aquí? —La mujer comenzó a pasear tras la silla del profesor, ojeando aquellas numerosas placas— Vaya… ¿Y sabe Rufus esto?
—Él me lo entregó en custodia. Cómo no va a saberlo…
—No digo eso… Digo esto —La mano de Scarlet apareció tomando de la mesa un pequeño frasco con un contenido blanquecino— ¿Cómo has obtenido esto, viejo verde? ¿Qué le has hecho?
Hojo se dignó a separar los ojos del microscopio, intrigado. Esta vez, ni se colocó las gafas de nuevo; reconoció rápido aquella muestra concreta y mostró una actitud indiferente, retomando su trabajo.
—Tengo muchos métodos diferentes para la obtención de muestras…
—Sí, estoy segura, pero a ti esos no te van —siguió insistiendo ella apoyándose con arrogancia en la mesa, sin soltar el frasco aquél—. Tú eres más de… involucrarte.
—Preveo que ahora viene una insinuación…
—Te lo has follado.
—Vaya, ha sido menos sutil de lo que esperaba.
—Creo que te has tomado un exceso de confianza, profesor —La voz de Scarlet sonaba ahora mucho más altiva. Ya parecía ella misma otra vez—… Me pregunto qué opinará Rufus al respecto.
—Repito: él me lo entregó —Hojo pareció comenzar a hartarse de su visita; su voz sonaba más impaciente—. Me dio permiso para utilizarlo como considerara conveniente para mis experimentos.
—¡Vamos! No me hagas creer que estaba de acuerdo en que te lo tiraras. Los tres desgraciados de SOLDADO recibieron permiso, o más bien orden, de sobrepasarse con él… Y como recompensa por su excelente labor, Rufus les metió una bala en el cerebro. Pero a ti… te regala juguetes nuevos. ¿Cómo es posible? Me juego lo que sea a que no lo sabe… No sabe que te lo has estado follando día sí y día también todo el tiempo que estuvo aquí. Menuda niñera estás hecha…
Aquello pareció bien colmar la paciencia del científico o captar su curiosidad. Con un suspiro, se separó del aparato, se acomodó las gafas y se giró en su silla cruzándose de brazos para encarar a Scarlet con una altiva mirada.
—¿Cómo está tan segura de sus palabras?
—Oh, por favor… —exclamó ella como si fuese obvio— Rufus es el hombre más egoísta del mundo. Y tú eres… En fin, por dónde empezar: repulsivo, desagradable, difícil de mirar… Sólo de imaginar que ha compartido el mismo agujero contigo, creo que se la cortaría. O a ti…
—Hmm, interesante hipótesis —El profesor se quitó las lentes y procedió a limpiarlas con el dobladillo de su bata mientras hablaba—. Veo que está al tanto del uso que hace el presidente de Strife…
—Olvidas que no eres el único con ojos y oídos por todo el edificio, Hojo —fardó Scarlet. Depositó el frasco de nuevo en la mesa y se apoyó más cómoda, mirándose las uñas con desdén—, y tampoco es que Rufus se haya molestado mucho en ser discreto…
—Ya, bueno, no es un hombre que se caracterice precisamente por su mesura o pudor… Ventajas de ser el amo y señor del mundo, no tener que responder ante nadie. Y bueno, ¿qué planea hacer ahora con esta «valiosa» información, mi sagaz ex-directora? Tal vez… ¿intercambiarla por algo? —sugirió con un tono burlesco, al tiempo que se recolocaba las gafas y la miraba con insidia— Supongo que me propondrá que le facilite ayuda para capturar a Tuesti, ¿no? Es lo suyo en los chantajes.
—Tú verás… Yo ya tengo poco que perder, pero podría irme de la lengua delante de Rufus…
—Oh, jojo, sí, estoy deseando verme en ese aprieto —se mofó con un tono agudo y pérfido, juntando las yemas de sus dedos— ¡Estoy que tiemblo! Su palabra contra la mía… O lo que es lo mismo, la palabra de la persona que más ha defraudado recientemente a Rufus Shinra, contra la de quien más le ha ayudado. Sí, me pregunto cuál va a creer…
Esas palabras provocaron la regresión del estado de ánimo de Scarlet. Dio una fuerte palmada en la mesa y se levantó de ésta, cerniéndose sobre Hojo, amenazadora.
—¡Cierra la boca, cucaracha! Él te conoce tanto como lo hacemos los demás… Sabe que eres un degenerado, no me va a hacer falta ni esto para que me crea —Hizo un gesto con dos dedos para darse énfasis.
—Eso suponiendo que pueda hablar con él, querida mía. Porque, ¿va a concederle audiencia el presidente a una simple empleada relegada a un puesto administrativo? —Se acomodó la patilla de las gafas mientras decía aquello, mirándola con pérfida maldad. Sonrió repulsivamente— Hay demasiadas suposiciones en su plan, Scarlet, flojea en exceso. Le sugiero invertir todo ese ingenio en capturar a Reeve Tuesti en lugar de a mí.
Ella se vio sobrepasada. Todo lo que decía Hojo era muy cierto. Acorralada, fijó su atención en la mesa y arrancó de ésta el frasco que antes sostenía. Aquella sospechosa muestra de semen.
—¿Y si le entrego esto a Rufus?
—Adelante, le invito a hacerlo. Lléveselo, por favor —Sacudió la mano con ademán alentador, sin dejar de sonreír—. Como ya le he dicho, tengo mil métodos de obtención de muestras, eso no constituye prueba alguna de su acusación. Hágalo si quiere humillarse. Aún más.
Ella mostró sus dientes apretados de rabia. Tiró el botecito al suelo, que se perdió rodando por la sala. Le sostuvo la mirada a aquel par de pequeños ojos negros, viles y repulsivos.
—Te vas a arrepentir, saco de pus.
—Estoy aterrado. Adelante, querida, abra juego.
Con un nuevo bufido colérico, Scarlet giró sobre sus tacones y se marchó a grandes zancadas del laboratorio hecha una leona. Hojo siguió su camino con la mirada hasta que desapareció, concentrándola luego en su regazo. Empujó suavemente el puente de sus gafas con el dedo corazón antes de levantarse con pesadez a recoger el pequeño frasco del suelo.
—Aahh… —Se agachó a por él con un quejido de cansancio, alzándolo luego ante sus ojos. Dejó escapar una leve risa por la nariz— Los hay que todavía no saben con quién juegan…
.
Los pasos de la furibunda mujer resonaban con violencia por el corredor, taladrando el suelo con sus tacones. Se sentía tan humillada… ¡y por aquel engendro repulsivo nada menos! Necesitaba entregarle a Rufus la cabeza de alguien, la de Hojo, la Reeve, quién fuera, si quería recuperar la confianza y el respeto del presidente… y así su antiguo puesto. ¿Pero cómo? No podía contar con nadie, ni siquiera obligar a Hojo a que le diera las jodidas grabaciones de las cámaras…
Las cámaras. Se detuvo en el pasillo; delante mismo de ella tenía una. Permaneció mirando el pequeño aparatito, tratando de recuperar la chispa que se acababa de encender en su mente al evocarlas. Las cámaras de seguridad…
«Sé que tienes esto plagado… Dámelas», "No tengo que hacer nada de eso, mi muy poco querida ex-directora… No sé ni qué hace usted aquí".
Evasivas.
"… Desconozco cuál es su actual designio en La Compañía, pero le sugiero que se dedique a él".
Cambio de tema.
«Rufus es el hombre más egoísta del mundo», "Me dio permiso para utilizarlo como considerara conveniente para mis experimentos", «No sabe que te lo has follado», "Adelante… Lléveselo, por favor… No constituye prueba alguna…".
Prueba alguna… Cámaras de seguridad…
«… Tienes esto plagado».
Scarlet se sonrió. Sus pérfidos ojos se clavaron en la pequeña cámara que formaba parte de la inmensa red instalada por Hojo en toda la planta. En toda la jodida planta. Obseso de la vigilancia y el orden, tremendamente desconfiado, no había dejado rincón sin marcar, ni un solo punto ciego. Ahora entendía mejor por qué no quería darle las grabaciones… Nada tenía que ver con Reeve.
—Pero qué torpe has sido, Hojo… —Miró atrás y de nuevo a la pequeña cámara. Sonrió con mayor perfidia— Te crees muy hábil y muy listo desde tu agujero, ¿verdad? Pues prepárate, cucaracha. Voy a por ti.
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—Posponla… No, hoy no. Hasta mañana… Pon cualquier excusa…
La habitación recibía el cálido fulgor mañanero. El olor a sal y a arena se colaba por la ventana abierta. Sentado a la mesa del pequeño salón, Rufus Shinra centraba toda su atención en la conversación telefónica que mantenía. Los dedos de su otra mano jugueteaban con un encendedor plateado, manoseando la pulida superficie donde se leían las iniciales R.S. y el escudo de la compañía.
—… Que el helicóptero esté listo para dentro de media hora —Un sonido a su espalda le hizo volver la cabeza, dejando de escuchar lo que la voz al otro lado de la línea respondía.
La puerta del baño se abría en ese momento y su ocupante emergía de éste entre una nube de vapor. El escaso atuendo que lucía hizo que una sonrisa se dibujara en los labios del presidente. Su mirada repasó de arriba abajo el trabajado cuerpo ajeno únicamente cubierto por una toalla de la cintura a las rodillas, sin contar con la que rodeaba sus hombros y de la cual se valía para secarse el pelo.
—Tseng… Que sea en una hora —corrigió Shinra a su interlocutor, sin apartar la mirada de los zafiros que le observaban desde el otro lado de la habitación. Apartó el teléfono de su oreja y lo cerró en su mano sin aguardar confirmación.
Dejando el aparato en la mesa, se levantó y caminó a pasos lentos hasta eliminar la distancia que le separa del joven ex-SOLDADO. Cloud le devolvía una expresión seria y algo apocada, sin duda debida a la mirada lasciva con que lo contemplaba Shinra. El presidente se detuvo frente a él y lo evaluó de la cabeza a los pies lanzando un jadeo.
—No sé si lo haces sin pensar… o realmente quieres provocarme un ataque al corazón…
Cloud, abochornado, apartó los ojos con un suspiro esquivo, pero Shinra atrapó su rostro suavemente entre las manos antes de que huyera del todo y se inclinó para buscar sus labios. La dulzura de aquel beso le atrapó y anuló su anterior mohín. En un segundo toda su piel expuesta lucía de gallina. Los dedos del presidente no tardaron en deslizarse por ella, delineando su cuello, clavícula y pectorales.
—Lo de anoche —susurró la voz de Rufus. Los ojos de ambos volvieron a encontrarse, a una distancia tan próxima que sus alientos chocaban— fue increíble —Rufus aguardó respuesta pero ésta no llegó. Notó bajo sus dedos cómo Cloud tomaba aire pero lo liberaba casi al instante, con la mirada de nuevo esquiva. Shinra rió por lo bajo y le dejó libre—.Tranquilo, no tienes que decir nada. Sé que no es tu estilo.
Le dedicó una sonrisa socarrona antes de apartarse de él y volver a la mesa. Sabía lo mal que Cloud encajaba los cumplidos y los halagos y no quería abrumarle en exceso. Mas al cabo de un silencio, una voz ronca le sorprendió.
—Anoche —Rufus detuvo sus pies y se volvió para mirarle. Cloud no se había movido. Elevó la mirada en ese instante, dedicándole sus hermosos ojos serios—… Vi otra parte de ti —confesó.
Shinra le observó con actitud coqueta, con las manos en los bolsillos y movió sus pies lánguidamente de regreso a Cloud.
—Y esa parte… ¿te gustó?
La expresión del ex-SOLDADO no se suavizó ni un poco. Rufus casi juró que se endurecía.
—Lo que me gustaría es que no fuese la excepción.
—No lo será. Te lo he prometido, ¿recuerdas? —aseguró al tiempo que llegaba hasta él de nuevo y acariciaba su rostro con la palma abierta. Depositó un suave beso en sus labios. Luego otro en su mejilla, en su mandíbula— De ahora en adelante —Descendió hacia su yugular, hablando entre beso y beso— será distinto. Ya lo verás.
Continuó por su cuello, concentrando sus arrumacos en este último blanco y rodeando su nuca con la mano. Cloud sintió un escalofrío tal que tuvo que echar mano al cuerpo de Shinra para sostenerse. Éste lo interpretó como una autorización para seguir y deslizó la otra por la cintura del ex-SOLDADO, estrechándole en un abrazo amoroso. Cloud jadeó, cerrando los ojos y elevando la cabeza para dejar espacio a esa boca. La toalla cayó de sus hombros al suelo. Suerte que la otra no la siguió, porque habría revelado algo inapropiado…
—¿Cómo de distinto? —logró articular a duras penas entre las caricias del otro, pues la aseveración de Rufus dejaba abierta una gran incógnita. Ahora que Shinra estaba de regreso y ninguno de sus compañeros entre rejas…— ¿Qué va a pasar… a partir de ahora? —No recordaba haber aceptado su oferta. Pero tampoco recordaba demasiado, así que… ¿Cuál era el plan de Rufus? Las esposas de Mako permanecían inamovibles en sus manos— ¿Vas a dejarme salir… o sigo siendo tu prisionero?
—Ahora no estás encerrado, ¿verdad? —susurró la dulcificada voz de Shinra sobre su oído, haciéndole cosquillas en la oreja. Y esquivando su pregunta con descaro— No estamos en Midgar… Ni eres mi prisionero.
—Sabes… sabes de qué hablo —atajó Cloud tratando de no dejarse vencer por sus evasivas ni sus mimos. Pero Shinra fue más hábil. Súbitamente se detuvo y le miró, sonriente.
—¿Desayunamos?
Su jovial tono le sorprendió previamente a su retirada. Las manos de Shinra lo soltaron y le vio caminar dignamente hacia la mesa donde antes estuvo sentado, en la cual descubrió Cloud un desayuno servido. Rufus permaneció junto a su silla sin tomar asiento, esperando a que se acercara. El gesto nada discreto de desconcierto que se pintó en el rostro del joven ex-SOLDADO no pasó desapercibido para éste, que arguyó:
—Que sea rico no significa que no sepa preparar yo solito el desayuno, Cloud. Tengo dos manos.
Con un gesto de la zurda, le invitó a tomar asiento. Cloud decidió otorgarle una tregua y accedió, inclinándose primero a recoger la toalla del suelo y echándosela al hombro. Rufus esperó hasta que él hubo ocupado su silla para hacer lo mismo.
—Como no sé lo que te gusta, he dispuesto un poco de todo…
En la mesa había expuesto todo un buffet para elegir… o eso le parecía a alguien acostumbrado a una taza de café requemado o nada por las mañanas. Zumo, té, leche, café, tostadas, fruta, fiambre, bollos… empezó a marearse.
—Ni siquiera yo lo sé —farfulló Cloud, abrumado. Probó a coger un pequeño bizcocho con mano indecisa y se sirvió un café.
A los pocos segundos, ambos daban cuenta de aquel pequeño festín sentados uno frente al otro. Todo aquello era completamente nuevo… O sea, aquella situación. Salvando la incómoda cena de la noche anterior, Rufus y Cloud nunca habían compartido ninguna comida… ni siquiera mesa. Lo único que habían compartido era la cama. Ese trato más «humano» que estaba teniendo Shinra hacia él traía consigo una extraña sensación. Cloud no quería sentirse demasiado cómodo… había algo en ese nuevo escenario que le hacía verse vulnerable. Una sensación de peligro. Como la impresión de que todo aquello estaba envenado, pero no de forma literal. Sino más al estilo… al estilo de Rufus Shinra.
Cloud no dejaba de observarle. A pesar de todo lo dicho y demostrado la noche anterior, no podía evitar sentir que se hallaba ante una falsa imagen de Shinra, algo que tarde o temprano se desvanecería para dejar volver al monstruo cruel al cual conocía tan bien. Costaba mirar ese rostro sosegado, esos labios que la noche anterior le besaban con tanta dulzura y bebían de su piel, esos ojos que le contemplaban con candor, y encontrar en él al mismo hombre que le violara brutalmente la primera noche de su encierro… y las consiguientes.
Ante tanta inquisitiva mirada por parte del ex-SOLDADO, Shinra comenzó a notar esos ojos imbuidos de Mako clavándose en su piel. Le miró de soslayo, obligando a Cloud a desviar su vista y seguir desayunando con mal disimulo. Rufus sonrió ante su transparencia y se levantó de la mesa, recogiendo parte de sus enseres vacíos. Al volver de dejarlos en la pila, fijó su mirada en la espalda descubierta que le ofrecía su acompañante. Los ojos del presidente analizaron ese cuerpo semidesnudo recorriendo con sus pupilas cara músculo marcado, cada línea, cada cicatriz… Hasta que los detuvo en una concreta sobre el costillar, llamativa y grande. La apariencia que luciría habría sido mucho peor de no haber sometido al joven a aquella intensiva sesión de magia curativa, pero se evidenciaba aún la gravedad de la quemadura que fue.
Se acercó despacio hasta él y llevó la mano a su piel, rozando con los dedos su omóplato de forma distraída. Notó el inmediato brinco en la musculatura de Cloud, aunque por toda reacción el joven se limitó a buscarle por el rabillo del ojo. No le apartó ni le rechazó de modo alguno. Tenerle ahí, así, era como un sueño… Ni el propio Rufus podía creerse lo bien que le había salido aquella apuesta, más aún cuando todo pudo troncarse la noche anterior durante la cena. Tenía que felicitarse a sí mismo. Pero, para asegurarse, decidió tantearle un poco.
—Nunca debí aceptar ese trato con Hojo… Debí haberte protegido —susurró con un tono doliente que sonó bastante convincente hasta para los escépticos oídos de Cloud.
—No, no fue tu más brillante idea. Y sin duda la peor de tus promesas.
Seguía cabreado, sin duda… pero ya no era tan agresivo como el día previo. Ello hizo a Rufus esbozar una sutil sonrisa. Sus dedos seguían paseándose por la espalda de Cloud con suavidad.
—No volverás a ser su cobaya, te lo aseguro.
De repente, Cloud se quito de encima la mano de Shinra de una sacudida y siguió desayunando, pero en su actitud se notaba lo mucho que le había molestado esa última frase. Rufus le miró descolocado.
—¿Qué he dicho?
—Es gracioso que uses esa palabra para definir lo que, desde mi punto de vista, ha sido más bien el alquiler de mi trasero…
—Para, para… ¿Qué dices? —En la voz de Shinra emergió una nota de desconcierto. Cloud seguía sin mirarle; su actitud era ahora mucho más fría. Los ojos del presidente analizaron esa aspereza y creyó dar con la punta del iceberg que asomaba. Bajando el tono, se atrevió a hacer la pregunta que temía— ¿Llegó Hojo a ponerte la mano encima?
Y pareció dar en el clavo. Cloud se tomó su tiempo para responder.
—Las manos, la boca, la polla… ¿Tú qué crees? Me dejas con él una semana y le das luz verde para que haga conmigo lo que quiera… ¿Qué creías que iba a pasar? No me jodas…
—¿Como que «luz verde»? —Esa expresión no parecía casual. El silencio del ex-SOLDADO lo confirmaba— ¿Él dijo eso? —Un inicio de enfado comenzó a brotar en el interior de Rufus— Esas palabras no salieron de mí.
Cloud soltó de pronto una despectiva risa. Alzó la cabeza, mirando al frente sin fijar la vista en nada en concreto y luciendo una sonrisa mordaz.
—Si esperas que me lo crea, tendrás que hacerlo mucho mejor —Bebió de su café con una actitud arrogante, sin querer enfocar a Rufus—. Verás, a raíz de tus… últimas actuaciones, me he vuelto más escéptico.
Shinra dejó pasar aquella impertinencia, pues otra cuestión ocupaba su mente. Su ceño no se desfruncía aún; veía ahora el mismo profundo rencor que había visto en los ojos de Cloud cuando volvió de Junon… Le vinieron a la mente las palabras con que le increpó entonces:
«¿Vas a decirme que no sabías lo que iba a pasar?... ¿O es que no conoces a Hojo tanto como yo?»
No parecía estar refiriéndose sólo a la retorcida mente científica del profesor. No lo habría expresado así… Y precisamente porque, como bien expuso Cloud, Rufus conocía a Hojo lo suficiente, sólo le impuso una condición al entregárselo, condición implícita en la nota que le hizo llegar de manos de Tseng: que no le permitía hacer uso de Cloud más que para experimentos concernientes a su investigación… Bajo ningún concepto para capricho personal. Hojo sabía leer y lo habría entendido perfectamente. Por tanto, haberse pasado de la raya, era una desobediencia directa. Sobra decir la indignación que comenzó a atenazar al presidente.
Esa tensión repentina pronto dejó de pasar desapercibida para Cloud quien, ante el silencio de Rufus, se volvió en la silla para mirarle con curiosidad.
—Vaya… así que no es mentira. No lo sabías —Un ligero tono insidioso afiló la voz del ex-SOLDADO mientras buscaba los ojos de Shinra. El fastidio se hizo corpóreo en ese par de iris glaciales y Cloud no pudo menos que sentir cierto deleite—. Esto debe ser incómodo para ti…
Una sonrisa afilada se dibujó en los labios del ex-SOLDADO mientras se levantaba de la silla. Todas esas falsas disculpas que el presidente no había dejado de vomitar y la vanidad permanente en su cara habían hecho que Cloud deseara darle un puñetazo desde que volvió. Ahora el remordimiento de Shinra iba a ser real.
—Dime, Rufus, ¿qué se siente al saber que has metido la verga donde él la metió? ¿Asqueroso, tal vez? —Se notaba a la legua que aquello desagradó a Rufus hasta lo inimaginable, pues consiguió provocar que volcara sobre Cloud esa expresión que llevaba tratando de evitar todo el tiempo. Ahí estaba otra vez el Shinra que conocía… Ver en su cara ese desagrado instigó al ex-SOLDADO a seguir aguijoneándole, descargando contra él todo el resentimiento que esquivó el día anterior— ¿Te «duele» más ahora que te atañe el asunto? Puedo contarte un montón de cosas que hizo conmigo mientras tú no estabas. Es un hombre con mucha imaginación…
—Para, Cloud —pidió sin alzar la voz. Se notaba que deseaba con todas su fuerzas hacerle callar. Precisamente por eso no lo consiguió.
—… ¿Por dónde empiezo? Tal vez por el mismo día que te largaste, en cuanto pisé su laboratorio. Esa fue buena. Follándome contra el suelo y ¡oh! usando las mismas trampas que tú, esa mierda rosa que os vuelve irresistibles… Si es que en el fondo sois los dos igual de…
No vio cuánto se la estaba jugando hasta que le cruzó la cara. No se lo esperó. Pero parecía que la comparativa con Hojo había sido más de lo que Rufus estaba dispuesto a oír. Tras enmudecer unos segundos, la sorpresa dio paso a la indignación en los ojos de Cloud conforme volvía el rostro de la posición a la que Shinra se lo había girado.
Mas el gesto que le devolvió el presidente no fue en absoluto el que esperaba… Rufus parecía más sorprendido por su reacción que el propio Cloud.
—Nfh… —Shinra suspiró con aflicción, llevándose la misma mano agresora a los ojos y cubriéndose el rostro con ella unos segundos. Cuando la apartó, su expresión se mostraba arrepentida— Lo siento… No… No he debido hacer eso. Perdóname…
La mejilla de Cloud ardía contra sus yemas cuando la acarició delicadamente. El ex-SOLDADO retrocedió; tenía en sus ojos un semblante de absoluta inquina. Aún así, Rufus estaba dispuesto a hacer como si aquello no hubiese ocurrido, pasando de acariciarle la zona magullada a abrazarle, venciendo la reticencia de Strife. Cloud, todavía conmocionado, se vio envuelto por esos brazos, temblando de rabia. Las disculpas de Rufus se sucedían.
—Perdóname… He perdido los estribos. No volverá a ocurrir. Es sólo que… me he puesto furioso, pero… no contigo. No tienes la culpa.
Cuando le soltó, notó que Cloud evadía su mirada con aversión. Shinra suspiró apesadumbrado. Se apartó de él, consciente de que no deseaba su contacto.
—Me parece que voy a tener unas palabras con Hojo —dijo con un cambio de voz tan significativo que hizo que Cloud le echara un vistazo de reojo. Rufus observaba por la ventana con la mente distante y una dura mirada—. Vístete.
El ex-SOLDADO no pudo evitar seguirle con la mirada al ver a Shinra apartarse de él y salir de la habitación a zancadas. Permaneció observando su recorrido incluso después de haber desaparecido de su vista, con la intriga pintada en el rostro, tanto por lo poco que esperó oír esa orden como por la actitud que mostraba.
¿Era su imaginación o Rufus parecía sinceramente cabreado?
.
El helipuerto se sacudía con el viento de las aspas. En cuanto los patines del aparato tocaron el suelo, el Turco abandonó su cuadrada pose y avanzó para recibir al presidente. Rufus Shinra se apeaba de la cabina en ese momento. Tseng inclinó la cabeza con el pertinente saludo, sin recibir por parte de éste ni una mirada.
—Señor Presidente —El repentino cambio de planes del cabeza de La Compañía no traía consigo explicación alguna. Pero no era sólo eso lo que perturbaba a Tseng; relacionados con su abrupto regreso o no, más asuntos inesperados requerían ser puestos en conocimiento de su jefe—. La señorita Scarlet ha expresado su urgente deseo de hablar con usted…
—Ahora no —interrumpió Shinra con aparente prisa—. Llama a Hojo. Quiero hablar con él.
—El profesor Hojo se ha marchado hace cosa de una hora, señor.
Shinra se detuvo en seco y le miró de hito en hito.
—¿Que se ha ido? —Sus ojos expresaron un enorme desconcierto. Hojo salía menos del laboratorio que las propias paredes. Miró al infinito con un brillo de sospecha— Vaya sorpresa…
—¿Desea que le haga llamar?
—No… Tampoco vendría, ni aunque se lo ordenara yo mismo. Es igual, sígueme; quiero hablar contigo —ordenó con una sacudida de la cabeza retomando su caminar. Antes de seguir volvió ligeramente la vista hacia el helicóptero, de donde acababa de salir el otro ocupante—. Que lleven a Strife al salón principal.
Tseng miró de reojo al ex-SOLDADO. Éste bajaba del aparato con aire inseguro y desconfiado, vistiendo el mismo traje negro con que salió la noche anterior. El Turco se inclinó ligeramente para susurrar al presidente:
—¿No es… arriesgado dejar a Strife libre por la planta, señor?
Shinra le lanzó una mirada desdeñosa pero continuó cruzando la azotea.
—No le interesa escapar. Y aunque quisiera, lo tiene difícil. No puede utilizar los ascensores… ¿Qué va a hacer? ¿Descolgarse de una planta setenta?
El Turco no hizo más comentarios. Dirigió una rápida orden a la escolta congregada en el helipuerto y los guardias se apresuraron a rodear a Strife. Cloud lanzó miradas de advertencia a los soldados pero, para su sorpresa, nadie le agarró. Se limitaron a ordenar que les acompañara. Los brillantes ojos del ex-SOLDADO se detuvieron sobre la lejana espalda de Shinra antes de que desapareciera por las escaleras en compañía del trajeado Turco.
.
El presidente parecía descentrado esa mañana. Estaba claro que algo ocupaba su mente pero, fuera lo que fuera, no lo compartió con su subordinado. Tseng esperó pacientemente a que ojeara los documentos de su mesa, recolocara un pisapapeles en la posición que consideraba correcta y se detuviera tras el escritorio sin tomar asiento, pasándose una mano por el pelo con gesto hastiado. Finalmente habló.
—¿Cómo va el asunto de localizar a Reeve Tuesti?
El Turco se abstuvo de tragar saliva, pues no tenía buenas noticias que relatar y no sabía qué reacción esperar ante el cambiante humor del presidente.
—No hay señales de él, señor. Sospechamos que AVALANCHA ha podido dar con él antes —confesó con la mayor firmeza que pudo imprimir a su voz.
Los ojos de Shinra se abrieron con interés. A continuación asintió, bajó la mirada y golpeteó dos veces la superficie de su escritorio con el puño suavemente. Empezó a caminar a pasos lentos.
—¿Me estás diciendo que se os han adelantado? —inquirió con una sorprendentemente serena voz, suave incluso. Siguió andando deslizando las yemas de los dedos por la mesa hasta llegar al borde— Perfecto… Es perfecto. Un ex-directivo de esta compañía, un arquitecto que se conoce el edificio de arriba abajo y que tiene información privilegiada acerca de nosotros, en manos de los terroristas que intentan derrocarnos. Me parece perfecto...
Repentinamente, dio un fuerte manotazo y derribó el interfono de su mesa causando un gran estrépito, al tiempo que volcaba sobre Tseng una expresión iracunda.
—¡¿Para qué cojones os pago?! —Empezó a gesticular airadamente con un brazo— ¡Necesito personas capaces de cumplir con las tareas que les encomiendo! —bramó fuera de sí, logrando que hasta el estoico Turco se achantara ante la furia de su jefe, puesto que el presidente no era dado a esos arranques en su presencia. Sin dejar de clavarle la mirada, Shinra recobró la compostura, irguiéndose despacio y bajando el tono de voz, como hablando para sí— Pero parece que no estoy rodeado más que por incompetentes. Y al final, tengo que acabar haciéndolo todo yo mismo. No sé qué me hizo pensar que iba a ser distinto esta vez, que podía confiar en los tuyos para esto —Guardó silencio unos segundos, como dándole la oportunidad a Tseng de decir algo si es que se atrevía. El Turco permaneció rígido, sin mirarle a los ojos ni abrir la boca, de modo que Rufus concluyó—. Quiero que registréis esta ciudad hasta sus cimientos, me da igual cuánto os lleve, ¡Dad con él! Ya podéis empezar.
Tseng no esperó a que se lo repitiera dos veces. Hasta la inclinación de cabeza procuró hacerla deprisa para no perder tiempo. Cuando salió por la puerta del despacho, halló apostados en el pasillo a sus tres subalternos: Reno, Rude y Elena. El primero se mantenía con aire desgarbado y la espalda apoyada en la pared mientras Tseng pasaba frente a ellos. Esa actitud y la expresión burlona de su rostro le hicieron vaticinar un comentario insolente. El pelirrojo no le decepcionó.
—Está muy cabreado, ¿verdad?
El líder de los hombres de negro se detuvo en el pasillo y, con clara falta de previsión por parte de Reno, posó sobre él su fría mirada y el dedo índice.
—Vais a recorrer la ciudad palmo a palmo y no vais a volver a menos que tengáis alguna pista sólida del paradero del director Tuesti.
—¿Palmo a palmo? ¿Estás de broma? —exclamó el pellirrojo. Su expresión había mudado drásticamente a una atónita al separarse de la pared para encarar a su jefe, contra la cual Tseng volvió a clavarle de un empujón.
—¿Te parece a ti que esté de broma? —Su firme mano se cerraba sobre el cuello del traje del contrario y sus negros ojos le taladraban con furia— ¿Por qué no entras tú ahí y le dices que no vas a hacer tu trabajo?
Apreció el pánico en la mirada de Reno. Tratando de desviar la conversación, el pelirrojo alzó sendas manos y exclamó con reproche:
—Eh, eh, fue Scarlet quien la cagó, no nosotros…
—Nosotros somos los encargados de arreglar los desastres —insistió Tseng sin soltarle—. Y te aseguro que el Presidente no está satisfecho sólo con el castigo de la directora Scarlet. Si reclama otra cabeza por la de Tuesti, yo ya tengo una en mente que entregarle —Reno tragó saliva—… A trabajar.
Le liberó bruscamente y permaneció clavado en el pasillo, instando a los tres a partir. Los otros dos giraron sobre sus talones sin decir ni mu y enfilaron el pasillo, seguidos por un cohibido Reno. Cuando se hallaban a salvo de los oídos de su jefe, Rude musitó sin apenas mover los labios:
—Eso te pasa por bocas.
—Cállate…
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Fin del vigesimocuarto capítulo.
Lo sé... Os estaréis preguntando, indignados, "¿Nos tienes esperando casi dos meses para un capítulo tan soso? ¿Cómo puedes mirarte al espejo?" Con vergüenza y mucho sueño, sobretodo sueño. Pero no desesperéis, mis amados lectores -si es que aún me queda alguno-, que este capítulo venía a cuento de preparar el terreno para los siguientes acontecimientos... Y que una no siempre puede mantener el listón igual de alto xD
Me humillo ante vosotros con reverencias avergonzadas y disculpas infinitas, y al mismo tiempo os doy ocho mil doscientas elevada a la Pi gracias por seguir ahí (el que siga... -contempla una planta rodadora pasar por delante-) y seguir mandándome reviews con vuestras impresiones. Aún no sabéis lo importantes que son para mí esas opiniones y críticas, así que, si os sobran dos o tres minutos de vuestra vida, por favor, comentad, criticad, reseñad, divagad pero sobretodo dadle al botón de ENVIAR al terminar y dejádmelo en forma de Review, que lo agradeceré eternamente. Un besazo a todos, nos leemos~
