Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
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CAPÍTULO V
TREGUA
—No te preocupes, Ten-ten. Estoy bien… Sí, supuse que mi padre se enfadaría— estrujó el teléfono entre sus manos, logrando frenar el temblar de sus dedos—. No, no quise fallarle; pero sucedieron cosas que me impidieron llegar. En verdad lo siento tanto... ¿Q-qué en dónde me encuentro?— tartamudeó, sintiendo como una gota de sudor resbalaba por su sien—. C-creo que la dirección es Edoya 3-20-3, distrito Bunkyo o algo así; ¡por favor no le digas a mi primo, menos a mi padre donde estoy!— aligeró, angustiada—. Prometo que arreglaré las cosas cuando llegue... Sí, todo está bien, no te preocupes. Solo calma a tu novio y a mi padre… adiós, y gracias.
Puso el teléfono en su sitio y exhaló el aire contenido en sus pulmones. Hablar con Ten-ten le había confirmado sus temores; su padre había ardido en ira y el negocio había fracasado terriblemente. Todos los invitados se habían molestado por su grosería; incluso Neji, quien siempre abogaba por ella, se había largado disgustado. La culpa la consumía. Seguramente Hiashi la reprendería hasta el cansancio, aunque también cabía la posibilidad de que le quitara el habla como hacía cuando su irritación era mayor.
Golpeó con su palma la pared verdosa a su frente. La ansiedad la estaba matando…
— ¿Ya ha terminado de hablar?
— ¡Eh, si! ¡Ya terminé!— contestó, volteándose y encontrándoselo detrás de la barra; en el mismo lugar donde lo había dejado. Al instante enrojeció; él la estaba mirando de nuevo.
—Preparé un poco de ramen, pensé que tendría hambre…—se rascó la cabeza, vacilante—. Podemos comer mientras esperamos que la ropa se seque, ¿no cree?
—Sí, claro.
Movió los pies y se situó en el banquillo al lado contrario del suyo; dándole la espalda a la sala y ganándose una completa vista del espacio desde la estufa hasta refrigerador. Diferente a cualquier otra parte de la casa, el área de cocina era muy limpia y no tan estrecha como la habitación o la sala; hasta contaba con algunos utensilios propios de restaurantes de buena pasta.
Respingó al escuchar el ruido del tazón siendo arrastrado hacia su lugar. El color caramelo de los dedos de Naruto sobresalió del blanquecino del vidrio, igual que sucedió cuando en la ducha... De inmediato apartó la vista y la dejó descansar en los condimentos coloridos dentro del bol. Su aturdimiento era desmesurado, no se encontraba bien, aunque ¡¿Cómo podía estarlo cuando había estado desnuda ante él?!
Aquellos segundos, minutos, habían sido los más incitantes y vergonzosos de su vida. No se había dado cuenta cuando el rubio había entrado, menos tenía el cálculo del tiempo que se llevó observándola en silencio. El solo remembrarlo, la estremecía... Sus recuerdos empezaban con el reflejo de su cuerpo en sus ojos. Su primera intención había sido sacarlo a gritos de ahí; también pensó en tomar la toalla colgando y cubrirse; no obstante, todo su ser se había paralizado ante su inspección. ¡Ni un solo músculo quiso responderle!
El vapor del agua había provocado que sus orejas se tornaran cada vez más calientes, del mismo modo que sus molletes; y la excitación, que sus piernas temblaran y se golpearan una con otra. ¿Él no se percató de sus sensaciones?... Su desquicio fue inmensurable cuando su cercanía rompió las reglas del espacio. Había sido agónicamente consciente del inminente roce de su piel contra su desnudez, y solo codició que ambos estuvieran igual de expuestos.
Se lo censuraría siempre, pero no podía ser hipócrita consigo misma; al menos no esa noche… Si Naruto hubiera avanzado más, si él realmente la hubiera deseado, ella no hubiera sido un impedimento para sus propósitos.
—No ha probado su comida. No le ha gustado, ¿verdad?
Su voz la despabiló.
— ¿Es el color o la grasa? Si quiere puede prepararle otro…
—No, la comida está bien. Es solo que… que no tengo mucho apetito— terminó en un suspiro.
—Ya veo.
El repentino desánimo del joven afectó considerablemente al suyo. Definitivamente, no podría soportar el peso de otra culpa. Tolerando su cohibimiento, tomó los palillos e inició a comer. Para su sorpresa el ramen estaba delicioso; era una lástima que la comida no se disfrutara igual con penas acuestas.
—Perdóneme…—rompió él el silencio, mermado—. No fue algo premeditado, fue un accidente, un imperdonable descuido de mi parte.
Hina alzó el rostro; sin embargo, no tuvo el valor suficiente para enfrentarse a su azulina mirada.
—Si lo desea puede abofetearme. No me apartaré… Accederé a cualquier cosa que me ayude a resarcir mi falta.
— ¿Te refieres al ramen?— su candidez fue sincera.
— ¿Ramen? No, me refiero a…—agachó la cabeza, nervioso—, a lo que sucedió en el baño, cuando yo la vi, la vi desnu…
No pudo terminar la palabra. El ruido de unos palillos golpeando contra la cerámica lo dejaron en requerido mutismo.
— ¡¿Podría perdonarme?!— juntó ambas manos e inclinó la espalda. Hinata hasta ese instante fue capaz de llevar la vista arriba. Ojos azules versus ojos grises se toparon—. No crea que quise aprovecharme de usted. Le aseguro que mis intenciones eran, digo, ¡son honestas!
—Lo sé.
Fue escueta. Esto figuró llamar el interés del rubio, quien mejoró su postura y la observó, suspicaz.
—Pero me gustaría pedirte un favor.
—Lo que diga.
—Bueno, la verdad es que son dos— ladeó los labios, dificultada. Naruto esperó atento, dando a sobreentender su pacto—. ¿Podríamos olvidar lo que ha pasado hoy?... No me siento cómoda tocando ese tema, y creo que nunca lo estaré. Sé qué no ha sido intencional…
—Sí, tiene mi palabra— la interrumpió, acertado, cegado de seguridad.
Escucharlo hablar con tal decisión significó un bálsamo para sus nervios. Estaba convencida que otro segundo más con esa plática y terminaría desmayada en el piso.
— ¿Cuál es el segundo favor?
Sin saber el porqué, aquello le generó más pena. Inconscientemente juntó sus dedos y se puso a revolearlos, buscando tiempo para poder expresarse con coherencia.
—Es extraño cuando me tratas de usted. Me agradaría que me llamaras por mi nombre, y me hablarás de tú, como yo lo hago… Sabes, no nos hemos presentado formalmente.
—Sí, tiene razón. Después de todo ya no somos unos desconocidos— musitó atolondrado—. ¡Con eso no quiero insinuar nada, de verás! ¡Me refería a que nos conocemos del restaurante, no a otra cosa!— negó con ambas manos, al tiempo que su cuello se humedecía con el sudor de su frente.
La pelinegra se sonrosó de pies a cabeza, pero pudo tolerarlo.
—Mucho gusto, me llamo Hyuga Hinata.
Le extendió el brazo, ansiando borrar el pasado y comenzar de nuevo; aunque aquello fuera una utopía de unas horas... No podía ser tan ilusa. Sabía que el comportamiento del ojiazul no era más que expiación por un mal entendido; y que los prejuicios que tenía sobre su carácter, no desaparecerían solo por ignorarlos.
Por más que le doliera reconocerlo, aquella tregua estaba condenada a la extinción con la llegada del próximo amanecer.
—Uzumaki Naruto. Es un placer… Hinata— le devolvió el gesto, con el plus de una mediana sonrisa.
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—Adiós, Hinata…—se despidió, volviendo al frente y manteniendo su brazo alzado.
—Adiós, Uzumaki Naruto…— dejó escapar ella en un suspiro, sintiendo como el frío de la noche al fin hacía efecto en su piel.
Se quedó ingerida en la lejanía hasta que lo vio desaparecer entre la oscuridad y los dobleces de la calle. Se llevó las manos al pecho. Su palpitar estaba acelerado, como había estado durante todo el recorrido hasta su casa. La travesía que acababa de tener había sido terrible; se había montado en un bus y había hecho el ridículo sin cesar. ¡Dios, se había caído de bruces contra el suelo unas dos veces!, y Naruto se había reído de ella. Aunque después él la había ayudado a levantarse, ¡no le exoneraba! Bueno, al menos ahora sabía que esos transportes se pagaban con una tarjeta especial y que debía de sostenerse de algo en cuanto éste comenzara a arrancar.
Una sonrisa apareció en su congelada boca. Pese todos los horrores que había padecido ese día, sentía que había valido la pena. Pasó unas horas inolvidables en compañía del Uzumaki, y lo mejor es que no lo había hecho como clienta y él como mesero; sino como dos simples amigos. Había podido conocer un poco más de él; ahora sabía que era graduado en gastronomía y que su más grande sueño era convertirse en Chef jefe de uno de los restaurantes más importantes de todo Japón, "Konoha Gourmet"… y estaba segura que lo lograría. Él tenía una determinación envidiable y un espíritu de lucha que le arrebata su admiración.
Suspiró, embelesada.
—Estas no son horas de estar en la calle, Hinata.
Brincó y se giró con el alma en un vilo.
—B-buenas noches, nisan— trató de mantener un semblante ecuánime, pero el temblor de los músculos de su cara evidenciaron su inquietud—. ¿Q-qué haces aquí, y tan tarde? Pensé que estarías con Ten-Ten…
Retrocedió cuando él se aproximó.
—Es lo mismo que estaba a punto de preguntarte; qué haces aquí y quién es ese hombre que se acaba de ir.
—Sufrí de un pequeño incidente en la calle, y…— tragó pesado bajo la impiadosa mirada que la crucificaba—, y por suerte me encontré con él, me ayudó y se ofreció a acompañarme. Era muy noche, por lo que consideré prudente aceptar su ofrecimiento.
— ¿Quién es él?— indicó de nuevo, severo.
—Ya te dije Neji-nisan, un amigo.
—Eso no fue lo que te cuestioné. Quiero saber su nombre.
Hinata agachó la cabeza y refugió la vista en los pliegues arrugados de su vestido. Advirtiendo un desafortunado acaecimiento, llevó los dedos a las puntas de sus cabellos, percatándose en seguida de la humedad de su melena. Aquel, fue un inoportuno descubrimiento.
— ¿Por qué no me lo quieres decir, prima? Acaso…
—Su nombre es Naruto.
— ¿Naruto?
—Sí. Probablemente no lo conozcas, no frecuenta nuestras mismas amistades.
Una ráfaga de viento acarició sus cuerpos. El peli café no pareció resentir el sereno; el traje negro de gala que vestía lo cubría demasiado bien; por el contrario, ella, sentía que estaba a punto de convertirse en un cubo de hielo.
Erróneamente pensó que aquella plática había llegado a su fin; por ello, su sorpresa fue descomunal cuando no pudo predecir los movimientos de su primo, quien había elevado su brazo y capturado un mechón de su cabello entre sus dedos.
Lo contempló estrujar su pelo y sacar unas gotas que pronto se perdieron en el hoyo negro de la acera.
—Hinata.
La reprensión contenida en su tono, la alteró.
—Ya sé que eres una mujer adulta, con vista a una futura independencia— mencionó inexorable, soltando sus largas hebras negras y disminuyéndola con su señorío—. También, que solo soy tu primo y que debo limitarme en lo que respecta a tu vida privada. Pero, aunque te enfades y no me des la razón, siento que es mí deber reprenderte cuando actúes de una forma irresponsable y reprochable, como la de esta noche.
— ¡Pero nisan…!
Él detuvo su réplica con un gesto de la mano.
—No te estoy condenando, Hinata. Solo quiero que te des cuenta lo que tu comportamiento ha ocasionado. Ni siquiera me has preguntado por el negocio de hoy, ¿no te interesa?— ella solo pudo alcanzar a asentar, cabizbaja, reprimiendo el fastidio de sus lágrimas—. Lo perdimos, no tuvimos ni la oportunidad de pelear por él. Los inversionistas nos catalogaron como poco profesionales al no poder reunir a todos los accionistas.
La ojiperla abrió grande los ojos, dejando entrever la culpa que la carcomía.
—Hina, sé que tus intenciones no eran malas; pero tu descuido nos puso en una posición muy delicada. Mi tío está muy disgustado, y ahora sí creo que tiene la razón…— suspiró contrito al atenderla hipar—. No es conveniente que hables con él por ahora. Deja pasar unos días hasta que los ánimos se normalicen. Mientras tanto, haré todo lo posible para re alentar las conversaciones con los inversionistas de Otsutsuki.
—Gracias nisan— susurró, con una voz a punto de quebrarse.
Se abrazó a sí misma y se preparó para recorrer el largo camino de la entrada hasta su habitación. El abatimiento que había pensado sería soportable, ahora resultaba insoportable. Su falta había tenido consecuencias graves, y no le quedaba más que confiar en que su primo le ayudara a resarcir su error.
—Hey, Hina.
Su mirada no había llegado a divisar su rostro, cuando sintió sus manos jalarla y encerrarla en un reconfortante abrazo. Sin rechistar se dejó llevar por su mimo, que en ese momento le supo a gloria.
—Lo siento tanto nisan…
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Días después…
"Bien, de nuevo estoy en problemas. ¿La razón? No sé dónde he dejado mis libros de O Y M, y tengo que hacer un reporte de 50 páginas para entregar mañana a primera hora. Ni siquiera tengo la más mínima idea de dónde pueden estar tirados. ¡Soy un absoluto desastre!... Al menos, ya me he recuperado totalmente de la gripa."
"… Las cosas con mi padre siguen igual. Él se rehúsa a hablar conmigo y yo no deseo presionarlo. Aunque, tampoco me gusta que la situación esté tan tensa entre nosotros; ahora ni me levanta la mirada… A veces pienso que hubiera preferido a mi primo como hijo antes que a mí... No, son tonterías mías"
Subió la vista y se topó con la belleza de las flores de cerezos contoneándose por el viento. Detuvo un momento su escribir y cerró los ojos, disponiéndose a olvidar sus pesares y dejarse arrastrar por la falaz paz de una tarde de primavera.
La ligereza del ambiente le resultó deliciosa.
El leve menear de sus piernas enmalladas mantuvieron una melodía que la indujo a dormitar y perderse en placenteras fantasías… Siempre que sucedía eso, irreversiblemente la imagen de su ángel de ensueño surgía de sus recuerdos. Ya lo podía visualizar con su atuendo de la última noche; se había visto divinamente ataviado con una camisa roja de cuadros y sus imperdibles jeans negros; inmensurablemente atractivo con sus cabellos rubios desordenaos y sus celestiales ojos azules. Él era simplemente maravilloso, el sueño de cualquier mujer, su sueño… Era el único hombre que constantemente la hacía medirse la temperatura y juzgarlo como un ser inalcanzable.
— Naruto… Uzumaki Naruto— murmuró, adormilada—. Naru… Naruto.
— ¿Dime?
Sonrió atontada, pareciéndole arrimar el cuadernillo a su pecho.
Sus quimeras cada vez mejoraban. Ahora hasta podía escuchar su voz con una viveza, ¡qué parecía tenerlo delante suyo!
—Naruto… tengo que decírtelo, es necesario…
— ¿Decirme, qué?
—Tengo que decirte que…— era impresionante, pero hasta su aroma figuraba ser real. Dulce olor a jacinto—, decirte que me gus…
Una molesta sonada acompañada de incesantes vibraciones, le hicieron despabilar enseguida. Era su ruidoso celular... Aunque su cuerpo se destensó y de nuevo volvió a sentir el frescor del aire envolviéndola, sus ojos rehusaban a reencontrarse con la luz del sol.
Decidió terminar con su somnolencia cuando el repicar se tornó en un agobio que debía desaparecer sí o sí. Renuente, iluminó su iris y buscó el aparato dentro de los bolsillos de su mini falda; sin embargo, sus intenciones murieron al percatarse que había traído la fantasía a la realidad.
— ¡¿Naruto, qué haces aquí?!— chilló, equilibrándose con sus dos brazos para no caerse de la banca.
El joven adornó sus labios con una tímida sonrisa; una, que automáticamente le hizo temer por los sucesos de sus sueños.
¡¿Le habría escuchado?!
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No me pude resistir a publicar otros más (mucho tiempo libre jejeje)... Espero leernos pronto!
¡Kisses de chocolate para todos!
