Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

CAPÍTULO XIX

DOLOROSA MENTIRA

La vio, y el alma se le escapó del cuerpo. ¿Era posible?... Avanzó unos pasos, dubitativo, quedándose estancado entre las garras de la grama. Más cerca, sus ojos se entrecerraron, recelosos de lo que discernían. En el acto quiso hablar y terminar con la espesa quimera que lo quebraba; pero su lengua se resistía a rozar los labios temblantes y descubrirse.

Sasuke fue el primero en voltear.

Un fuego naciente desde su estómago le quemó la piel, coaccionándolo a soltar los primeros botones de su chaqueta que ya lo tenían al borde del sofoque. Testarudo, izó la vista y lo desafió. Pese a su vigor, el dolor fue grande cuando la sonrisa del Uchiha le indicó la muestra de cariño que perduraba entre él y su mujer.

Con rebuscados bríos se atrevió a abrir la boca y escupir el nombre maldito que lo extinguía.

Hinata…—había pronunciado una, dos veces, contenido.

No hubo respuesta.

¡Hinata!— regresó un vez más, sopesando como el corazón se le rompía mientras ella, aturdida, tornaba hacía él.

De nuevo la enfrentó, y de nuevo su mundo se decoloró. ¡Era estúpido!; pero cada lágrima que empezó a nacer en aquel par de ojos resonaron en los suyos propios. ¿Él lloraba? ¡¿Qué maldita idiotez hacía?!... Con la mayor dignidad, ladeó la cabeza, procurando que las insipientes gotas cayeran escondidas en la oscuridad.

Lo había logrado.

—Después de todo, ¿es esto lo qué me merezco?... ¡Hinata!

El aire sopló, y la hierba se movió con la libertad del toque de queda.

Naruto…

— ¿Cuál será tu excusa ahora?

—Y-yo…—tembló y luego calló.

Él levantó más el rostro y la vio hacia abajo, intransigente, mostrando todo aquello que estaba tan lejos de sentir.

— ¿Quién te crees que eres?— el hasta ese instante ignorado Uchiha, se acercó, ubicándose delante de la joven que figuraba estremecerse de frío—. ¡No tienes autorización para estar aquí!

—No estoy hablando contigo— le cortó, con el mismo desdén con que él le había abordado en más de una ocasión. Sasuke no supo cómo reaccionar; y el ojiazul, profesó una tenue pulsación de triunfo—. Contesta, Hinata— de nuevo volvió a ella, insulso—. No veo inconveniente en que reconozcas tu juego. Supongo que ya soy desechable y que no tendrás ninguna otra forma de divertirte a mi costa, ¿o me equivoco?

— ¡Imbécil, ¿con qué derecho le hablas así?!— dos empujones por parte del azabache encendieron la tensión. Naruto empuñó los dedos, consciente del doloroso correr de su sangre y el nefasto impulso de lanzarse contra él. Con gusto lo destrozaría.

— ¿Te molesta?

— ¡Hinata es mi prometida y no quiero que la atosigues con tonterías! Además, ¿de dónde tanta confianza? Por lo que recuerdo no eres más que un simple mesero que se estima relevante por mantener relaciones con una de nuestras allegadas— dio tres pasos y el zumbido de la grama se hizo presente—. Ya es momento que te quede claro que un sujeto de tu clase no es nadie para entrar a esta casa y pedir exigencias. De cualquier forma, de la única forma en que se te abrirían las puertas sería como empleado, para servirnos…— izó una palma y la chocó contra el tieso pecho del rubio—, para limpiar el piso por el que pasamos; cosa, que tú sabes hacer muy bien.

El ojiazul, por inercia, pasó su mirada de él a ella. Hinata se encontraba quieta, apoyando con su silencio las palabras de su rival. De nuevo lo hería. Otra maldita vez se las ingeniaba para escupirle la superioridad de su clase y la inferioridad de la suya. ¡Era más que estúpido insistir en sus afectos! Se debía un poco de respeto a sí mismo. Si ya había pecado confiando en los falaces alegatos de esa mujer, no podía perder la poca dignidad que le quedaba mostrándose como un ridículo enamorado dolido.

Movió un talón y lo arrastró hacía atrás. Luego hizo lo mismo con el otro.

¡¿De qué manera tenían que decírselo para que entendiera?! ¿Quiénes? ¡¿Cuántas veces tenían que hacerlo?!

—No te preocupes. Sé muy bien cuál es mi lugar— musitó, con una mediana sonrisa que le costó prolongar—. Si me he atrevido a venir ha sido por simple necedad. Para saciar mi curiosidad y poder decirle a tu prometida— enfocó a la ojiperla, renovado, ladino—, que me divertí mucho. Digo, al final estuvimos jugando el mismo juego, y los dos obtuvimos algo del otro…

— ¡¿De qué juego alardeas?!— Sasuke lo empujó.

—De uno que no te incumbe—contraatacó, con una firmeza y serenidad de gestos encomiables.

Sasuke abrió los ojos tal aureola de luz, obviamente contrariado por la simplicidad de aquella respuesta. El rubio destensando los músculos, rotó su cuello, llevando las manos a sus bolsillo mientras su vista buscaba la dirección a la salida. Tenía que irse. Una provocación, la más mínima frase, sonido, sería aliciente suficiente para desatarlo… y la verdad, es que no se detendría.

Una rama en el suelo crujió y la pelea comenzó.

El pelinegro se le vino encima con el puño alzado al aire; sin embargo, él fue más rápido y lo esquivó por centímetros, ganando distancia suficiente para acomodar su peso en su pierna derecha y abalanzarse en su contra. Le mostró su mano endurecida y el ojinegro se volvió hacia el lado contrario, ignorante del otro puño que iba directo a su barbilla. 1,2, 3 y el peso del golpe embistió los oídos de los presentes.

¡Qué placer más grande!

El Uchiha cayó al suelo, a sus pies; lastimosamente, no pudo regocijarse mucho con la escena. Éste, enérgico, se puso en pie y se dejó ir de nuevo. Esta vez sus nudillos sí rozaron su mejilla, y la sangre empezó a caer. Naruto, enfurecido pasó su dorso sobre el lugar palpitante, rabiando al constatar el color rojizo que pintaba su piel…

—Deténganse…por favor— aquello fue un murmuro fantasmal.

De inmediato jaló su vista hacia ella. La Hyuga se tapaba la boca, quedando sólo sus ojos como expresión de lo que saltaba por su cabeza; terror. Ella temía por el bienestar de uno de los dos, ¿pero de quién?, ¿quién era el afortunado?... Iracundo, se recompuso y soltó dos golpes, que por la fuerza no tenían potestad de fallar. Sasuke tambaleó y otra vez besó la grama.

Sin desaprovechar la oportunidad, se dejó caer a su lado, propinándole unos impactos que tal vez lograrían cocer su alma. Tres golpes más y el azabache ya sangraba. Aquello fue satisfactorio; recordarle siempre tan altivo y petulante, y ahora, observarlo tan débil y reducido. Fue por el quinto, cuando de pronto, aquella voz lo paralizó. Con el puño ensangrentado a la altura de su cara, con una mano sosteniendo el achicado cuello, y con las rodillas separadas y fortalecidas, así había quedado, atónito, petrificado al ver a su mujer arrodillarse y suplicarle.

— ¡No sigas, no lo hagas!— sollozaba, incontrolable. Él la contempló, ella lo contempló, y no pudo encontrar a la dulce joven de sus memorias. Esa no podía ser ella…—. Naruto por Dios, no continúes con esto. ¡Basta!

El agónico grito le hizo parpadear. Todo su cuerpo temblaba; de pies a cabeza yacía sometido en una nefasta danza de incoherencia y enajenación. Cerró los ojos y estuvo a punto de botar dos lágrimas al advertir como ella se movía y se interponía entre él y Sasuke. Al instante su adrenalina creció, y la necesidad de permitir aquel último escarmiento fue imperiosa.

No quiso pensarlo y actúo.

— ¡Tendrás que pegarme a mí antes que a él!

Una decidida orden y al fin obedeció.

— ¡¿Quién te crees para venir a mi casa y comportarte como un salvaje, Naruto?!—. El Uzumaki bajó las manos, permitiendo que la gravedad lo llevara hacia atrás y lo sentara en la afilada hierba. No fue capaz de alzarla a ver, simplemente, su pesar no se lo permitió—. ¡Si te has presentado por morbo ya puedes irte, ya has confirmado la verdad! ¡Sí, jugué contigo! ¡Me divertí haciéndote creer que me interesabas; pero sólo sentía lástima y repulsión por tu condición, por la forma en cómo vivías! ¿En realidad creíste que iba a poner mis ojos en un insipiente aspirante de Chef? ¡Eso nunca!

—Hina…

— ¡Vete ya!...Te he aclarado todo y no tengo nada más que decir, ni tú que ver— figuró contener un suspiro, que irrisoriamente, el ojiazul lo liberó en su lugar—. Uchiha Sasuke es mi presente y mi futuro. No me importa nada más que él, ¡entiéndelo!

Escuchando sin atender, viendo sin observar, y actuando sin sopesar, tomó impulso y se irguió. La imagen parecía menos real a esa distancia, pero no así el daño. El Uzumaki sonrió con todo su brío, con todo el orgullo que no tenía, y luego la oteó, por última vez. Siempre perfecta, tan bella, tan… nociva.

—No nos volveremos a encontrar, te lo prometo— tambaleante se volteó, justo en el segundo en que ella retornó hacía él. Arregló su chaqueta y quitó con sus dedos los restos de sangre de su cara. Un carraspeo de garganta y continuó—. Y puedes permanecer tranquila; aunque tu vanidad no te permita verlo, tu entretenimiento no me causó más inconveniencia de la que te causó a ti.

El viento reapareció y acarició sus cuerpos. Sus pies se animaron. Inició a desplazarse en aquel camino que lo llevaría a la salida y al fin de su ilusión. Pero antes, precisaba terminar de desahogarse.

Se detuvo y la divisó sobre el hombro; consumida, llorosa. Era una excelente actriz.

No se tocó el corazón.

— No fuiste importante. Sólo una más. Sólo sexo.

El silencio fue la única respuesta a su sandez. Prosiguió con pie de plomo hacia el final, sin voltear, sin sopesar la lacerante virulencia que lo extinguía… La agonía le sobrevenía, y él se encontraba incapaz de aferrarse a la vida.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Semanas después…

— Creo que te vendría muy bien hacer un poco de ejercicio. Si lo deseas, podemos dar un paseo por el jardín. Desde aquí los crisantemos se aprecian muy lindos, pero estoy segura que si nos acercamos su belleza será mayor… ¿Te sientes bien?, estás muy pálida Hina.

La joven acercó su mano y tanteó con su palma la temperatura de la Hyuga. El mohín que hizo con los labios denotó su disgusto.

—Hinata, por qué no nos dijiste de tu desmejora. Si lo hubiera sabido antes, no habría dudado tanto en regresarme a Japón. Es más, Neji, cuando le diga el estado en que te encuentras, no dudará en volver de Francia. Él se preocupa mucho por ti y…

La ojiperla puso la mano sobre la muñeca de su amiga, capturando así su atención. Un calosfrío recorrió su espalda al divisar en la pequeña mirada de Ten-Ten algo parecido a la lástima. En el acto, mejoró su postura y buscó poner agradables facciones en su rostro.

—No te alarmes tanto, por favor— le sonrió, afable—. Se trata de una insignificante gripe…

—Una que te ha durado como tres semanas.

—Sí, es verdad. Reconozco mi negligencia, pero te pido que no le comentes nada de esto a mi primo, ¿sí?

—Imposible. Es lo primero que haré al dejarte.

La esbelta mujer de desafiantes ojos cafés eliminó el contacto y se cruzó de brazos, pareciendo interesarle poco las recriminaciones que su detenida inspección pudiera ocasionar en la Hyuga. Hinata, al notar su tozudez, se dio por vencida. Con un suspiro de por medio se fue reclinando, hasta que su espalda tocó el respaldar de la silla. Vibrando sin frío, se acomodó mejor el chal blanco que la cubría desde el cuello al torso, mientras apretaba con mayor convicción las piernas a su pecho.

Exhaló y se permitió en el mutismo, disfrutar del agradable fresco del jardín. A pesar de la distancia, le figuró percibir el delicioso olor de sus crisantemos... Esa tarde estaba resultando más tolerable que otras. Desde su regreso, la enfermedad y su obstinación la habían obligado a permanecer en cama, soportando los días entre lapsos de sueños y oscuras crisis de depresión. Ya no lloraba. La primera semana sus ojos se habían hinchado y cerrado; horas pasó sin poder siquiera abrirlos. La segunda, sollozaba y la humedad le dolía; cada lágrima significaba un punzón para sus párpados. La tercera, ya no tenía más líquido que sacar… Se había secado, su espíritu ya no era el mismo.

Naruto… Había pensado en él demasiada veces, más de lo que su corazón podía soportar; y aunque le dolía hacerlo, no paraba. Era una necesidad recordarlo. Su último encuentro había sido funesto. Aún su respiración se trastornaba al rememorar el veneno de sus palabras. Era cierto que ella le había humillado; aun así, ilusa, esperó que él pudiera entender y desvelar el dolor que la absorbía… No sucedió así; el orgullo ganó y fue lo mejor.

Valía más el sacrificio de dos enamorados, que la pérdida de tres personas…

—Hina, ¿qué es lo que te sucede?, ¿por qué lloras?

Se avivó y recorrió con su yema un rastro de humedad. Vio sus dedos mojados y casi quiso sonreír al apreciar una gota que creía extinta.

—Perdona, tengo un poco de jaqueca.

—Amiga, me duele en el alma decirte esto; pero, no te ves como una novia que está a punto de casarse.

— ¿No?— le cuestionó con divertida ironía.

—Sí. Honestamente creo que todo esto es muy apresurado. Primero te escapas porque no querías comprometerte con Sasuke; luego regresas y dices que sí. No logro entender…— se mordió el labio, dubitativa—. Además, pensé que estabas interesada en ese muchacho, el ex-novio de Sakura. Fue de su apartamento de donde me llamaste la otra vez, ¿verdad?

Su sola mención la estremeció.

—Sí.

— ¿Y?

—No comprendo.

— ¿No estabas enamorada de él?, ¿no fue por ese joven que te habías negado a casarte?

Hinata se abrumó; y si no hubiera sido por el sonrojo propio de su calentura, hubiera caído presa de una indiscreción. Contrita, se arrulló en el refugio de sus brazos, aceptando que su reserva diera por terminada aquella conversación.

—Tú padre, incluso Neji, me interrogaron por ti— La ojiperla no pudo evitar voltearla a ver. Ten-ten ahora se vislumbraba un poco mortificada—. Les mentí diciéndoles que no tenía la menor idea de dónde estabas, cuando la verdad era que confiaba en que estuvieras al lado de ese muchacho. Comprenderás que fue grande mi sorpresa cuando me enteré de que Sakura le había revelado a Hiashi-sama tu paradero; y más aún, que había sido a petición tuya…

— ¿Sakura?

—Por eso no te puedo descifrar. Si cambiaste de idea respecto a la boda, ¿por qué no estás feliz? ¿Por qué permaneces encerrada en tu cuarto y te niegas a ver a Sasuke? No comes, casi no hablas... Cariño— le habló con ternura, con ese tinte que sólo las madres conocen—. Confía en mí, qué es lo que te tiene en este estado. Te juro que de mi boca no saldrá ni una sola palabra. Tan sólo quiero disminuir un poco tu carga… Hinata.

La Hyuga entrecerró la mirada, distrayendo su tristeza con las sombras de los árboles que las protegían. Las hojas se movían animadas en un frenético tambaleo; pero ninguna caía al suelo, todas simulaban estar bien adheridas a las ramas.

—Sakura dijo eso— susurró, más para sí misma. No se había detenido a pensar en cómo su progenitor había dado con ella; pero tampoco le extrañaba esa actitud de la Haruno. Sus lazos llevaban mucho tiempo perdidos.

Bajó la cabeza, decidiéndola posar sobre sus rodillas. La peli café no protestó cuando también ladeó el rostro y resolvió prestarle plena atención a los arbustos que perfilaban sus preciadas flores. Los llamativos colores alrededor del sol nombraban el crepúsculo. Y su ánimo, igual respondió a ese decaimiento particular de luz.

—No pienses que estoy deprimida, Ten-ten— articuló con voz quebradiza, cuando su malestar ya era insoportable—. Es sólo que a veces siento que me hace falta algo... Intento leer, hacerme a la idea de salir un instante al jardín y respirar aire puro, pero no sucede nada… Paso horas observando mis flores marchitas, y solo después, cuando las he cortado, me doy cuenta que estaban llenas de vidas, y que yo he sido la que se les he quitado— inhaló y contuvo un respingar—. Estoy rodeada de personas casi ocho horas al día y me siento sola. Voy de aquí a allá. Escucho y no entiendo lo que los demás dicen… Sólo mi cama parece compadecerse de mí.

Dos hojas cayeron, y dos lágrimas se incentivaron a bajar.

—Pero tienes razón en lo que dices, Ten Ten— se intentó recomponer limpiando presurosa sus hundidas cuencas. Pronto se exigió sonreír—. Estoy a punto de casarme y debo de verme como una novia feliz, ¿no es así? Lo lamento por Sasuke, que tendrá que aguantar a una esposa tan fastidiosa como yo… — gimoteó y de nuevo se vio hundida en el mar de sus lamentos—. Qué tortura Dios, ¡soy tan deprimente!

Furiosa sacó las manos del hueco formado por su estómago y sus piernas, y erradicó su penosa debilidad. Sus dedos quedaron quietos sobre sus ojos al percibir una caricia en sus mejillas.

—No sientas pena por mí, Hinata.

Lentamente fue bajando las manos y desvelando al dueño de aquella reconocible voz.

Tragó pesado.

— ¿Qué haces aquí?, ¿dónde está Ten-ten?

—Se ha ido.

— ¡¿Has escuchado lo que dije?!— le amonestó, con ira en vez de sangre corriendo por sus venas.

—Eres la mujer más dulce y encantadora que he conocido. Y por eso, te pido que no vuelvas a hacer ese tipo de críticas en tú contra… Eres maravillosa, Hyuga.

Sus ojos azabaches la penetraron con una profundidad que desbocó su corazón. Por su comodidad, apartó la cara de sus manos y descansó su vista en el chal que la envolvía.

—Para mí ha sido una verdadera fortuna tenerte como mi prometida. Sé que aún me guardas recelo; aunque tengo esperanza que con el tiempo me perdonarás y lograrás verme como yo te veo— Hina rezongó ante su comentario; y el Uchiha, aparentemente acostumbrado a sus arranques, se limitó a destensar sus facciones—. Tonta niña malcriada.

La acidez de su tono le hizo virar y encararlo. Grande fue su asombro al toparse con un ramillete de lilas y a un Sasuke casi sonriente.

—Toma— le ofreció él, con una afabilidad poco usual en su carácter—. Espero que te hagan un poco de compañía.

Hina lo oteó desconfiada, pero no tardó en agarrar las flores y corresponder a su impulso de olerlas; bello bálsamo aromático para sus sentidos. Se degustó con sus formas y colores, hasta que a su mente llegaron las exigencias que el protocolo y los modales dictaban.

Controlando su antipatía, subió el ramillete hasta la altura de sus ojos. Aspiró y se preparó para dar pase a su voz:

—Gracias…

Casi no terminó de pronunciar, cuando se vio precisada a ponerse en pie y correr en dirección a la mansión; cómo usualmente sucedía cuando Sasuke se presentaba con algún detalle, y ella, le respondía con un definitivo rechazo.

Nunca lo aceptaría.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Naruto alargó el brazo y lo pasó por la cintura femenina, jalándola hacía sí. La chica le sonreía timorata mientras extendía sus extremidades y las depositaba en su amplio pecho desnudo. Le fue un poco incompresible su timidez después de los entretenidos arrumacos que aún conservaba a sus cuerpos calientes; pero eso era algo que, extrañamente, le encendía. La oscuridad había conquistado la habitación hacía horas, y él, no podía sentirse más que bendecido porque los minutos transcurrieran con tan deliciosa lentitud.

Un airecillo madrugador se coló desde la ventana, y fue la excusa perfecta para bajar la cabeza y refugiarse en la suave línea de su cuello. Hinata olía delicioso; adictivo olor a lilas. Pasaron unos segundos en los que creyó que conciliaría el sueño; sin embargo, la risita incontenible de su amante erradicó cualquier intensión de alcanzar la somnolencia.

—Lo siento, Hina— musitó él, saliéndose de su cuello y encarándola con una sonrisa coqueta—. Pero creo que cada día me vuelvo más adicto a ti— dejó un beso en su frente, el cual fue devuelto con mayor entusiasmo.

—Lo mismo puedo decir yo…— suspiró, repentinamente desganada—. Es una pena que tengamos tan poco tiempo para estar juntos. Todos los días sales al amanecer y retornas a media noche. En ocasiones, ni podemos cruzar dos palabras seguidas... Sé que el dinero es necesario, pero odio que los deberes te consuman.

Esto último salió con un halo de desilusión, que hizo mella en el Uzumaki. Él la vio, frustrado, y Hina figuró tomar a mal el gruñido de sus labios. Por supuesto que no estaba molesto con ella, sino con él mismo. Sabía que Hinata, pese a lo dura y optimista que solía mostrarse, en el fondo padecía por la nueva vida que ahora llevaba. Su apartamento no era ni la sombra del árbol más despreciado de la mansión Hyuga. Aunque se esforzaba, no podía vestirla con las finas telas a las que estaba acostumbrada. Los manjares que le proporcionaba no pasaban de ser lo sobrante de un día de trabajo en el restaurante. Naruto ladeó un poco el rostro y se topó con las manos empuñadas de Hinata sobre sus grandes senos, en una posición muy típica de ella. La ira lo embargó.

Brusco, se separó de ella y se sentó en el borde de la cama, dándole la espalda y sumergiendo sus facciones en la más profunda oscuridad. ¿Cuánto más Hinata soportaría la precariedad de la vida que le daba? ¿Cómo se sentiría él cuándo ella reconociera que no podía más y lo dejara? ¿Qué tal si…? La idea de su abandono lo engarrotó como si hubiera sido atravesado con una antigua espada medieval, fría y letal. Sin embargo, la concepción de ser él el que le hiciera ver esa situación, era tan estúpida como tirarse de un cerro y pensar salir sin ningún raspón.

Respingó cuando sintió la mano femenina deslizarse desde su codo hasta su hombro. La Hyuga no tardó en acarrear el resto de su cuerpo y descansar su cabeza en su espalda. El rubio sintió el calor de su respiración, y la sensación de pertenencia lo enloqueció. La quería sólo para él, junto a él y dispuesta para él. Era un maldito desquiciado, pero, en ese instante, Hyuga Hinata era su razón de existir. Sí, trabaja en lo que deseaba, luchaba por ser mejor; pero cada día que pasaba se daba cuenta que se extralimitaba por ella, para ser digno, para ser amado…

Sus cavilaciones terminaron cuando aquella melodiosa voz retumbó en sus oídos.

—Naruto, discúlpame. Lo que menos deseo es que tomes mis palabras como un reclamo.

—No tienes por qué disculparte— agarró la mano que ella le ofrecía y la besó—. Por el contrario, discúlpame tú a mí. Por el trabajo no te dedico el tiempo suficiente... Te dejo sola en casa y tienes que encargarte de la limpieza, de los mandados de la dispensa; y encima, debes soportar mi mal carácter…— entornó los ojos contrariado al confirmar la aspereza de las manos de Hina. El trabajo les había quitado su suavidad, aunque no su belleza y habilidad. Suspiró, contrito, y volvió a besarla como si se tratara de la pieza más cara y delicada de una apreciada colección—. Perdona por no poder darte las comodidades que mereces. Pero te prometo que me esforzaré para que las cosas cambien. Quizás, ahora recientas mi ausencia, pero estaré trabajando para darte la vida a la que estabas acostumbrada. Cuando lo logre, te prometo que nos daremos unas buenas vacaciones.

—Naruto, yo…

—Tranquila, cariño. No tendrás que esperar mucho…

Ahora fue el ojiazul quien se quedó con las palabras en la boca. Hinata se había reincorporado de su reposo y lo había llevado con ella a la blandura del colchón. Ella quedó casi encima de él y el rubio erradicó las dudas de su cabeza.

—En un chalet de lujo o en la casa más humilde de todo Japón, yo permanecería a tu lado. El dinero nunca me ha importado, y créeme que ahora menos que nunca empezará a importarme. No necesito de joyas ni cenas de lujo… Te amo y no encuentro la forma para que tú lo creas— ella acercó su rostro y rozó sus labios con una parsimonia agonizante. Naruto frenó sus instintos—. Lo único que te pido es que me permitas estar a tu lado. Pase lo que pase no me alejes; ni de tu cuerpo— sonrió atrevida—, ni de tus ojos— le brindó una caricia—, ni de tu mente. Guárdame siempre en tu corazón…

La ventana golpeó por la fuerza del viento y Naruto abrió los ojos. La luz del sol lo molestó, aunque no lo necesario para hacerse el bravucón y borrar las gotas de dolor originadas por el recuerdo de sus palabras. "Guárdame siempre en tu corazón" ¡¿Quién se creía que era?! ¡Hipócrita! ¡Mil veces hipócrita! Él le demostraría que no era hombre de una sola mujer; que otros cuerpos fácil borrarían sus caricias, que otras palabras aplacarían su ardor. Quizás aquella noche ambos se habían prometido el cielo y la estrellas, pero ahora que las caretas habían caído actuaría con la cordura que ameritaba la situación.

¡No la necesitaba en su vida!

¡No…! Contuvo el impulso de arrancarse los cabellos al imaginarse a su mujer en los brazos del Uchiha, entregándose con la pasión y el frenesí que tantas veces había demostrado con él. Las lágrimas continuaron cayendo y la ansiedad de pegarse de golpes contra la pared fue urgente.

Con un gruñido agarró la lata de cerveza y se la empinó como si de agua se tratara. Una vez vaciada, la estrujó y la lanzó a un lado de la cama. A trompicones salió de la habitación, con el bolsillo lleno para comprar otra ronda de cervezas que esperaba le duraran hasta la madrugada… Continuaría bebiendo hasta olvidar, hasta deshacerse de esa promesa maldita que incineraba su alma.

"Guárdame siempre en tu corazón"

— ¡No más!— gritó, sin la mínima convicción.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Hola! Gracias a todos por seguir esta historia, a KarkittyPokitty y Ememoho por comentar, gracias lindas!

La verdad es que no los seguiré aburriendo más con esta historia, ya el final se siente y trataré de hacerlo de una forma interesante XD. Amo el Naruhina y me alegra haber podido hacer una historia con mis protas (quizás, mucho dramón jeje)… No lo sé, después de finalizar no descarto hacer unos One Shoot sobre Falsas impresiones, o quizás me incline por NSLM. Lo veremos…

Nos leemos muy pronto!