Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.
Espero que esté resultando agradable leer mi historia, tanto como a mi me está gustando escribirla. No olviden dejar reviews o guardarla si les gusta 3
La mañana siguiente amaneció más tarde de lo habitual para el príncipe de la Nación del Fuego. Sentía el calor del sol en su cuerpo desde hacía varias horas pero ya había empezado a sentirlo levemente cuando se dejó llevar por el sueño, así que no sabría decir cuánto tiempo había dormido. La cara de su compañera estaba siendo cruzada por una línea de sol pero mantenía la misma expresión de paz con la que se había quedado dormida, la cabeza sobre su pecho y su mano agarrando la del príncipe como si fuese a escaparse. Teniendo su cara tan cerca sólo podía pensar en lo hermosa que era. Con la mano que le quedaba libre retiró un mechón de cabello que se había colado entre sus ojos y la miró con una suave sonrisa. Esta chica estaba empezando a hacer su vida mucho más difícil, estaba empezando a encontrar en estas noches la felicidad que había asumido que el mundo le había privado, sólo por ser él. Disfrutaba su compañía e, independientemente del tema de conversación que tuviesen en ese momento no dejaba nunca de prestar atención. Todo lo que viniera de ella le parecía interesante e importante. Y eso le asustaba, ni siquiera su tío conseguía engancharle con todo lo que decía y eso que normalmente eran buenos consejos pero simplemente… no tenía interés.
De entre los pájaros que sonaban de fondo comenzaron a sonar voces en el patio. Su cuerpo le pedía quedarse en la cama con ella, exactamente como estaban, pero su cabeza sabía que debían levantarse antes de que alguien viniese a buscarlo. O fuese a buscar a Katara a su habitación y no la encontrase. Podían tener muchos problemas si alguien los veía así o descubría que habían dormido juntos, podrían… malinterpretarlo. Por un momento deseó que no fuese simplemente un malentendido, justamente antes de sacudir la cabeza, desechando esos pensamientos, y incorporarse levemente.-'Tara.-Quiso decir "Katara" pero por algún motivo entre lo seca que sentía la boca y las pocas ganas de levantarse que lo motivaban sonó como un diminutivo. En su cabeza decidió que no sonaba tan mal después de todo y lo dejó pasar sin corregirlo. Una medio espabilada Katara, que se había despertado con los gritos y el inesperado movimiento, giró la cabeza hacia él con una sonrisa y un ojo todavía cerrado y murmuró.-Eso suena bien. 'Tara.-Y restregó su cara contra su pecho mientras terminaba de despertarse. Zuko no pudo evitar soltar una risa mientras la observaba.-Creo que tu hermano morirá si no le alimentamos pronto.
-Pfffrt.-Fue la única respuesta que se escuchó de una Katara que mantenía su cara escondida en el pecho del príncipe. Había vuelto a quedarse dormida después de hablar con él hasta las tantas y se sentía genial. Ninguna pesadilla la había acosado desde que llegó a su lado y eso que últimamente empezaban prácticamente nada más cerrar los ojos. Aún así se abofeteaba a sí misma a sí misma por no querer moverse de allí y por lo que ello significaba para ella. En tan sólo unas semanas había llegado a confiar por completo en alguien que hace no mucho fue su mayor enemigo. Se habían contado todo tipo de cosas y se estaba convirtiendo prácticamente en su mejor amigo. La entendía, la dejaba tomar sus propias decisiones y siempre estaba ahí cuando lo necesitaba. Sin olvidar la calidez de sus brazos y… Katara salió de sus pensamientos cuando sintió que Zuko acomodaba uno de sus mechones de cabello detrás de su oreja. ¿Qué estaba haciendo? Si alguien los veía en esa situación pensaría mil cosas y probablemente acertase el alguna. Decidió incorporarse, dando paso normal al resto del día.
Cuando Zuko apareció por el patio no se libró de ver a Sokka presumiendo de que por una vez se había despertado antes que él, lo cual desencadenó una lista de rimas de Toph. Aang por su parte había pasado gran parte de la mañana recogiendo lirios de fuego y estaba deseando que Katara apareciese. Nada más verla bajar las pequeñas escaleras que llevaban hasta el patio corrió hacia ella y se puso enfrente, escondiendo el ramo de lirios tras su cuerpo.-¡Katara!.-La recibió con una sonrisa de oreja a oreja.-Has tardado mucho en bajar, empezaba a preocuparme.-Katara lanzó una mirada rápida a Zuko y siguió hablando con Aang.-Sí, me he quedado pegada a las sábanas.-Dijo con una sonrisa. La voz de Sokka se escuchó de fondo, más dirigida a Suki que a nadie más.-¿No debería ser "se me han pegado las sábanas"?.-Y un leve "Hmm" de asentimiento por parte de la chica.
Aang decidió ignorarlos y pasar a lo que realmente quería hacer. Colocó el ramo frente a Katara, ofreciéndoselo.-¡Oh Aang, es precioso!-Lo recogió entusiasmada, olisqueándolas. Era un gesto bonito por parte del maestro del aire, sabía que no eran sus flores favoritas pero que le encantaban. Les había cogido un poco más de respeto tras el incidente con Hana pero podría superarlo. Zuko, tras observar la escena, se levantó sin decir nada y desapareció hacia la playa. Lo único que escuchó antes de alejarse lo suficiente fue un lejano "¿Qué le pasa a este ahora?" en voz de Sokka.
El resto del día transcurrió tranquilo: Tras el desayuno varios entrenamientos, y algunos ratos libres que aprovechó para dormir un poco y ducharse antes de cenar.
Esa noche tampoco salió de su habitación. Dejó la puerta encajada, con la certeza de que alguien lo visitaría en unas horas, y se tiró en la cama.
Su siguiente recuerdo fue un portazo en la lejanía e instantes después unos ojos azules clavados en los suyos mientras un tacto suave acariciaba su pelo.-¿Me esperabas?-No pudo más que sonreirle. Por supuesto que la esperaba. Y la esperaría así todas las noches de su vida sólo para poder sentir esto unos minutos… Se obligó de nuevo a desechar las locuras de su mente y rodó hacia la pared, dejando espacio a Katara a su lado.-Asumo que siguen las pesadillas.-Un "Hmm" de confirmación llenó el silencio posterior. Y antes de que el príncipe pudiese preguntar algo más decidió hablar ella.-¿Qué pasó esta mañana? Todos nos preguntamos por qué te fuiste de repente y, aunque después has estado normal con todos nosotros… fue extraño.-Zuko tragó saliva. Él mismo no sabía el motivo (o no quería admitirlo) pero desde luego no estaba preparado para decírselo.-Estaba… molesto con Aang por haber perdido el tiempo recogiendo flores en lugar de entrenar pero no quería fastidiarle el momento y preferí irme.-En parte era cierto, por eso sonó más convencido de lo habitual cuando mentía.-No deberías ser tan duro con él, sólo quería tener un detalle conmigo.-Y se mantuvo sonriendo mirando al techo, recordando lo cariñoso y juguetón que era siempre el maestro del aire.-Lo sé, por eso no le dije nada. También tiene derecho a disfrutar pero con el Cometa de Sozin tan cerca…¿Crees que está preparado?-Mientras miraba al techo con una expresión seria contempló a Katara de reojo, que se había girado hacia él sin dejar de sonreír.-Aang lo hará. No tengo ninguna duda de que lo conseguirá.
-¿Cómo puedes estar tan segura? Siempre hablas de Aang como si ya supiese que ha ganado, como si nada pudiera vencerlo. ¿Por qué?-Sin darse cuenta el príncipe había empezado a gesticular con los brazos, igual que hacía cuando estaba nervioso.-Porque Aang es mi única esperanza. He crecido escuchando las leyendas de los anteriores Avatares y esperando el regreso de este. Lo mínimo que puedo hacer es confiar en él. Pronto la guerra estará acabada. Podremos volver a casa.-La última frase sonó casi triste y seguida por el silencio hizo a Zuko notar algo.-¿No quieres volver a casa?-Katara lo miró atónita.¿Cómo se había dado cuenta? Había intentado esconder su molestia pero aún así no lo había conseguido. O eso o el príncipe era extremadamente perspicaz.-No...No es eso. Es sólo que… estos días de aventuras terminarán, volveremos a la antigua vida en la aldea, aunque con suerte papá estará con nosotros, seguramente me comprometan con algún chico de la aldea cuando llegue a la edad y me encarguen de enseñar a los nuevos maestros del agua de nuestra tribu.
-¿Esos son tus planes de futuro? No suenas muy emocionada desde luego.
-Echaré de menos estos días.-"Estas noches". Algo en al aire decía que se refería concretamente a eso. Un silencio sepulcral inundó la habitación.
-¿Y Aang?-La pregunta causó que la maestra del agua lo mirara confusa.
-¿Qué pasa con Aang?
-Has dicho todos tus planes y no has mencionado a Aang.
-Supongo que Aang tendrá que ayudar a reconstruir el Reino de la Tierra. Quizás vaya con Toph a ver a su familia.
-Ah pensé que Aang querría que fueras con él, ya sabes.-Y, a pesar de que estaba tumbado, comenzó a despeinarse casi sin darse cuenta.
-¿Qué sé?-Ante el silencio de Zuko, que acababa de fijarse en que Katara realmente no sabía a qué se refería, repitió.-En serio, ¿Qué sé?
-No es nada, de verdad. Es obvio que Aang no querrá separarse de ti cuando todo termine.-"Yo tampoco estoy seguro de querer hacerlo" añadió en su cabeza sin siquiera pensarlo.
-Sí… quizás.-Recordó el beso que Aang le dio el día del Eclipse. La había pillado desprevenida y no había sabido reaccionar, además Aang estaba a punto de librar una gran batalla y… realmente no quería pensar mucho en ello. Al ver el repentino cambio de humor de su compañera sintió la necesidad de decir algo, lo que fuera, que pudiera animarla.
-Hey hey aún nos queda algo de tiempo juntos ¿por qué no lo aprovechamos?
-Tienes razón.-La sonrisa maléfica en la cara de la maestra del agua no le dio buena espina.-¿Tienes cosquillas?-Su pregunta lo aterrorizó.
-Oh no no no no.
El sol le molestaba en los ojos y removió la cabeza intentando esquivarlo. A su lado sentía un vacío que no había sentido el resto de la noche. Zuko se había ido, posiblemente a entrenar a la playa, y ella aprovechó para restregarse un poco más por la almohada y disfrutar el olor del maestro de fuego. ¿Cuándo empezó esto?¿Cuándo empezó a desear que no se hubiera ido, que hubiera amanecido con ella?¿Cuándo se convirtió su risa en una música tan preciosa y su nombre en su voz el sonido más maravilloso del mundo? No podría admitir esto ante nadie, ni siquiera terminaba de admitirlo ante ella misma pero sentía algo. Puede que no hubiera empezado ahora, puede que empezase cuando él "la salvó de los piratas" pero nunca se imaginó que el mero hecho de tocarle iba a suscitar en ella escalofríos de placer, como si eso fuera suficiente para ser feliz el resto del día. Y estaba pasando las noches con él, teniendo el honor exquisito de saber cada vez un poco más de él, de caer un poco más. Adoraba estas noches y sabía que no debería. No debería si quiera ir a buscarlo de nuevo, tuviese pesadillas o no, pero les quedaba poco tiempo juntos ¿De verdad quería renunciar al pequeño rato de felicidad propia que se permitía al día? En el que la habitación se convertía en el único mundo que quería salvar y no hacía las cosas por nadie más que por sí misma.
Decidió que era hora de ponerse en pie cuando escuchó a Aang por el patio mencionando que iba a ir a despertarla. Eso sería un problema, no quería a nadie preguntándose por qué no estaba en su habitación.
Los días transcurrieron de forma bastante similar. Todas las noches Katara iba a su habitación a dormir y se despertaba por culpa de distintas pesadillas y todas las noches Zuko la acogía en su cuarto sin preguntar. Pasaban las noches riendo y charlando de cómo había sido el día, de los chistes de Sokka, del entrenamiento de Aang y de cómo Toph parecía especialmente curiosa con ellos últimamente y cuando faltaban un par de horas para amanecer caían rendidos en la cama. Llevaban así más de una semana.
Esa tarde el guerrero de la tribu del agua y el príncipe de la nación del fuego fueron a por suministros a la ciudad y llegaban tarde a la cena. Cuando llegaron venían riendo, Sokka con el brazo pasado por encima de los hombros de su amigo.
-¿Por qué habéis tardado tanto, chicos?¿Qué aventura nos hemos perdido?-Comentó Toph cuando estuvieron suficientemente cerca.
-Unas chicas nos han parado porque querían conocer a Zuko.-El susodicho se despeinaba nervioso mientras Sokka seguía riéndose.-No han parado de preguntarle cosas hasta que les ha dicho que tenía novia. El chico es un rompecorazones.-Katara notó su corazón retorcerse de dolor. Ya lo había escuchado antes pero esta vez dolió más. Zuko tenía una novia en la nación de fuego.
-Sólo quería quitármelas de encima, nada más.
-Sí, pero seguro que estabas pensando en alguien cuando lo dijiste.-Las miradas de Zuko y Katara se cruzaron, más rápido de lo que nadie pudo percibir.
-Quizás.-Y bajó la cabeza.
El corazón de Katara dio un brinco. ¿Lo había dicho mirándola o había sido su imaginación?
De cualquier manera sentía un terremoto en su interior, incontrolable.
-¿Qué te pasa? Parece que está pasando por aquí una estampida de vacas hipopótamo.-Toph habló sólo para ella y su única respuesta fue:-No digas tonterías, no pasa nada.-A lo que Toph la miró como diciendo "ambas sabemos que estás mintiendo" pero no quiso insistir más, en su lugar inició una conversación banal con Aang.
Tras terminar de cenar Zuko se había ofrecido a ayudar a lavar los platos. Al principio ninguno de los dos sabía que decir, tan sólo se miraban el uno al otro por turnos, apartando rápidamente la mirada. El príncipe, para deshacer el silencio incómodo que se había formado, comenzó a salpicar a Katara con el agua limpia que estaban usando y Katara no tardó en usar su control del agua para devolvérselo.
Al cabo de un rato los demás seguían charlando alrededor del fuego que habían creado fuera cuando una Katara controlando un gran látigo de agua pasó por al lado, siendo perseguida por varias bolas de fuego. El resto del Gaang los miraba atónitos en la extraña danza que hacían mientras peleaban.
-¿Nada más que sabes huír?-Preguntó Zuko con una sonrisa desafiante.
-No huyo. Y menos de un príncipe de pacotilla con tú.-Una nueva bola de fuego cruzó el aire hacia ella, que lo esquivó de manera magistral.
-Pues no te veo hacer otra cosa.-El látigo de agua casi lo alcanza esa vez, pero no iba a dejarse ganar tan fácilmente.
-Eh chicos chicos no hay motivo para pelear.-La pelea paró en seco y miraron atónitos a Aang, que se había puesto en medio de ambos.
-No estamos realmente peleando, es sólo un juego. Como cuando tú y yo entrenamos en la playa.-Katara intentó tranquilizarlo, encogiéndose de hombros, pero esto no contentó al maestro del aire.
-Pero el agua no es peligrosa y con el fuego podrías quemarte… otra vez.-Al final de la frase bajó la cabeza, sintiéndose de nuevo tremendamente culpable por aquel incidente. La maestra del agua se acercó a él y colocó su mano sobre su hombro de forma tierna y comprensiva.-Tranquilo Aang, sé cuidarme, un principito del tres al cuarto como este no puede hacerme nada.-Giró la cabeza hacia Zuko sacándole la lengua, juguetona, a lo que el susodicho respondió lanzándole una explosión al lado de su pie derecho. La chica respondió saliendo corriendo hacia él, látigo acuático en mano, intentando alcanzarle. El látigo danzaba entre las piernas de Zuko a la vez que con las manos se defendía con pequeñas ráfagas de fuego. Poco a poco se iban acercando a la playa y la maestra del agua no había pasado desapercibido el detalle. Cuando sus pies tocaron la arena salió corriendo hacia la orilla, rodeando al príncipe que la miraba sonriendo.-Ahora estamos en mi terreno.-Avanzó hasta que el agua la cubría hasta la rodilla y con un suave movimiento de brazos levantó una ola tras de sí y la dejó esperando.-¿Estás seguro de que quieres enfrentarte a mí?-Sonreía segura, completamente en control de la situación, sin darse cuenta de que la media sonrisa del príncipe se había hecho sutilmente más grande. Lanzó una ráfaga de fuego a su izquierda y, cuando su compañera bajó la ola como escudo para bloquearla, se deslizó por la derecha, avanzando hasta Katara y abalanzándose hacia ella, cayendo ambos en el agua. Se quedaron tumbados así en la orilla, empapados, mientras reían e intentaban recuperar el aliento tras su pelea.-No dudo que querrás una revancha.-Comentó Zuko cogiendo aire, sin moverse del sitio. Había acabado con Katara debajo, sin parar de reír, y las olas golpeándole en el costado.-¡Todavía no había terminado contigo!-Y aprovechó para hacerle cosquillas donde le estaba golpeando el agua, después de todo sabía que Zuko era bastante cosquilloso.
Cuando llegaron a la orilla Katara se había sentado sobre el príncipe para tener mejor ángulo en el que seguir con su ataque de cosquillas. El Gaang los miraba extrañados hasta que Toph forzó una leve tos y ambos se levantaron de golpe, dándose cuenta de la situación.
-Así que… ¿Quién ha ganado?-Preguntó la maestra de tierra para romper el silencio incómodo.
-Yo.-Respondieron a la vez, totalmente sincronizados, mirándose de reojo.
-Esto es inútil.-Y la bandida ciega se dio media vuelta encogiéndose de hombros y comenzó a andar hacia la casa. Los demás la imitaron y Katara aprovechó para dejar claro su posición de ganadora haciéndole una última cosquilla al príncipe en el costado. En ese mismo instante Aang se giró frunciendo el ceño y, dejándolo pasar, comentó: -Oye Katara ¿Qué tal si entrenamos un rato antes de irnos? Ya sabes, en el mar y tal.-Y le dedicó una sonrisa llena de ilusión y esperanza.
-Uhm…-La maestra del agua volvió a mirar a Zuko por el rabillo del ojo.-¿Qué tal mañana Aang? Empieza a ser tarde.
-¡Claro! Mañana pues. Estaré impaciente, hace mucho que no entrenamos.
-Quizás es porque necesitas entrenar fuego y tierra, no agua.-Zuko se cruzó de brazos frente a él.
-Vamos Zuko… sólo quiere divertirse un rato conmigo.-La mano de Katara acarició el brazo del maestro de fuego con cariño.-Y será después de que entrenéis, lo prometo.
La única respuesta de Zuko fue un "humpf" pero Aang tenía otras cosas en la cabeza como cuándo habían cogido la confianza para que pudiera convencerlo de algo sin que se quejase más, eso no era propio de su obcecado maestro de fuego.
Esa noche Katara no intentó dormir en su habitación. ¿Para qué? No iba a funcionar, nunca lo hacía. Se dio un largo baño caliente y, cuando toda la casa estuvo en silencio, salió cerrando la puerta tras de sí. Cuando giró la esquina más cercana a la habitación de Zuko se encontró a Aang de frente que, tras mirarla confuso durante un segundo le sonrió de oreja a oreja.-¡Katara!¿Venías a buscarme?-No podía encontrar una excusa creíble para estar en esta parte de la casa y, tras pensar muy rápido, decidió que no tenía otra opción. No podía dejar que supiera que visitaba al príncipe por la noche, aunque sólo fuera una visita, ¿qué podría pensar el joven maestro del aire?-Claro Aang. Había pensado que quizás podríamos entrenar un rato esta noche, realmente no estoy tan cansada.
Estuvo esperando a Katara hasta que su cuerpo no aguantó más en pie. Había dado vueltas por la habitación, incluso había ido a buscarla a la suya y no la encontró. Estaba intranquilo, una parte de él temía que estuviera en peligro pero la parte más lógica le decía que habría ido a entrenar y estaría tranquilamente jugando con el agua en la playa. Decidió no ir a buscarla allí. Quizás ella no quería verlo, quizás quería tranquilidad. Su cuerpo echaba de menos su calor acompañándolo en la cama, sus risas, sus cosquillas, todo lo que tuviese que ver con ella. Esa noche en soledad fue la primera pista de que no había vuelta atrás.
