Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.
Gracias por los follows, los likes y los reviews. Escribir esta historia está siendo maravilloso para mí y descubrir a personas a las que les está gustando me resulta sumamente gratificante. Muchas gracias.
P.d: Este capítulo es un poco más corto que los anteriores porque he incluido algunas de las cosas que iba a incluir en el capítulo siguiente, me parecía más lógico así.
Corrió. Corrió con todas las fuerzas que le quedaban en el cuerpo. El aire a su alrededor estaba congelado, podía sentir el mismo frío del Polo Sur en las venas, que peleaba con el calor que su cuerpo emanaba por el ejercicio. Giró una esquina y volvió a ver una luz al final del pasillo, por lo que siguió corriendo. Tras de sí los pasos que la perseguían sonaban cada vez más cerca y su cuerpo no podía correr más. Frente a ella aparecieron de nuevo esas flechas de hielo, amenazantes. Intentó quitarlas pero el agua no le hacía caso. Asustada, se giró sólo para ver más flechas de hielo rodeadas de oscuridad. Empezó a gritar, cada vez más fuerte, suplicando por ayuda. Cuando la primera de las flechas atravesó su cuerpo, dejándola sentir un dolor inexplicable y un frío mayor al que jamás había sentido gritó lo único que se le pasó por la cabeza.-¡Zuko!-La sangre caía de su cuerpo como un vaso derramado, incapaz de detenerla. La segunda flecha perforó más cerca de su corazón.-¡Zuko!
En ese momento una sacudida la sacó de su sueño y abrió los ojos, encontrando a Aang mirándola perplejo.-¿Estás bien Katara?-La maestra del agua sacudió la cabeza en señal de afirmación mientras recordaba que estaba a salvo. Estaba con el Gaang en la casa de verano del señor del fuego, la noche anterior se había quedado entrenando con Aang hasta las tantas y el maestro del aire se empeñó en acompañarla a su habitación. Por lo que parecía no había querido separarse de ella, había tirado una almohada al suelo y había dormido allí. Su presencia no la había tranquilizado en absoluto, si acaso esta había sido la peor pesadilla que había tenido desde que empezaron. Aún se sentía temblando y congelada, tuvo que tocarse el pecho varias veces para comprobar que no estaba sangrando.-Ha sido una pesadilla.-Le dijo a Aang una vez se tranquilizó.-¿Por eso llamabas a Zuko?-La expresión del maestro del aire era sombría, distante, como si se sintiera traicionado. Rápidamente Katara inventó una excusa, como si ya la hubiera tenido pensada.-Le gritaba porque aún tengo pesadillas de cuando nos perseguía.-Aang, satisfecho con la respuesta, le sonrió de oreja a oreja como él solía hacer y la cogió de la mano.-Si quieres que te ayude con algo… no sé, algo que pueda contrarrestar esas pesadillas…-La chica le sonrió levemente antes de negar con la cabeza y retirar la mano con cuidado.- No te preocupes Aang, es una tontería, estoy bien. Voy a darme un baño y luego prepararé el desayuno.
Zuko estuvo entrenando a Aang hasta que se escuchó a la voz de Sokka anunciando que el desayuno estaba listo. Cuando llegaron allí y tomaron asiento Katara no pasó desapercibida la mirada cuestionante del príncipe y le sonrió pidiéndole comprensión, esta noche le explicaría por qué. Tras el desayuno la maestra del agua sólo quería evadirse un rato, entrenar, o lo que para ella más bien era jugar. Se excusó diciendo que iba a entrenar un rato y el maestro del aire no tardó en querer apuntarse. Por suerte para ella Toph le negó su deseo en rotundo recordándole que era hora de un buen entrenamiento de tierra. Mientras la bandida ciega se llevaba a Aang, Katara emprendió su camino por el bosque hacia la playa. Comprobando que los demás seguían distraídos Zuko se escabulló tras la maestra del agua.
Cuando llevaba más de medio camino hacia la playa una voz conocida y (podía atreverse a pensar) querida la paró.-¿Qué pasó anoche?-Se giró hacia el príncipe pero, antes de que pudiera empezar a hablar, volvió a pararla.-Uhm.. O sea… Si no querías venir es completamente normal, no me malinterpretes.-La miraba despeinandose, como tantas otras veces la había mirado.-Es sólo que tenía preparado algo y estuve esperando y… ahg, esto es inútil.-A Katara no pudo más que parecerle tremendamente tierna la imagen.-Lo que quería decir es ¿has podido dormir tranquila esta noche?-La maestra del agua le sonrió y se acercó un poco más a él.-No. Verás… Cuando fui a tu habitación Aang salió de la suya y nos quedamos entrenando y al final dormí en mi habitación con Aang.-Zuko bajó la cabeza, como si acabara de recibir un puñetazo de La Roca, detalle que Katara pasó por alto porque estaba ocupada intentando corregirse.-No dormir con Aang sino más bien no quiso dejarme sola y durmió en el suelo. Me desperté en una pesadilla pero ya era de día.-Con su mano derecha acarició la mejilla quemada de Zuko.-Siento no haber ido, yo… habría preferido estar allí.-Un "contigo" quedó colgado en el aire en medio del silencio posterior.-Aún puedo darte la sorpresa que pensaba. ¿Vendrás esta noche?-Sólo tras el asentimiento de Katara le dedicó una pequeña sonrisa. Sus ojos le hipnotizaban, tan azules como el cielo que se asomaba entre las copas de los árboles. Tan profundos como el infinito del universo que los contenía. Tan sinceros como el agua de un río limpio que te deja ver cada una de las piedras de su fondo. Se perdía en esos ojos como había perdido su sentido en la vida cuando lo expulsaron de su casa pero a la vez encontraba en ellos la parte que le faltaba, una parte que no había tenido consigo jamás pero que ahora que la tenía sabía que se sentiría incompleto para siempre si la perdía.
-¿Entrenas conmigo?-Katara interrumpió sus pensamientos mientras retiraba su mano de su mejilla.
-¿Esa es tu manera de pedir una revancha?
Agotado tras una tarde de entrenamientos el Gaang no tardó en retirarse a sus habitaciones. Aang le había insistido a la maestra del agua para repetir la noche de ayer pero había conseguido convencerle de que estaba cansada esa noche. Aún así tuvo que esperar al menos una hora para asegurarse que el maestro del aire no volvía a encontrarla como la noche anterior.
Cuando entró en la habitación de Zuko todo estaba a oscuras, ni siquiera la luna iluminaba apenas el espacio que la rodeaba. Cerró la puerta tras de sí.-¿Zuko?-Inmediatamente una vela se encendió a su lado, seguida por otra al lado de la cama.-Hey 'Tara. ¿No te ha dado problemas Aang esta vez?-Zuko, que había estado mirando a la ventana, se giró hacia ella con una botella en la mano.-Mira.-Y le sonrió.-¿Qué es eso?¿Es alcohol?-Miró al príncipe con una ceja levantada, preguntándose si su plan era emborracharse hasta el amanecer.-Sí. Sokka mencionó algo de tu cumpleaños hace un tiempo y bueno… Felicidades.-Casi se le saltan las lágrimas, podía notar sus ojos humedeciéndose de la emoción. La gente no solía acordarse de sus cumpleaños y mucho menos tener el detalle de preparar algo, aunque sea lo más mínimo, para que fuese un día especial. Casi sin pensarlo se tiró a los brazos de Zuko, abrazándolo.-Gracias. Gracias.-Tras salir de su shock de varios segundos correspondió el abrazo.-Ey, no es para tanto. Sólo pensé que te gustaría divertirte un poco.-Se separó de ella y le sonrió, agitando levemente la botella para hacerla notar. Katara la inspeccionó mientras Zuko sacaba unos vasos que tenía guardados. Por lo visto era una bebida fuerte, no esperaba menos de la nación del fuego-¿No acabaremos muy mal con esto?-Una sonrisa perversa se dibujó en la cara de Zuko, casi imperceptible.-¿Tienes algo mejor que hacer esta noche?
El primer sorbo le hizo creer que estaban quemándola por dentro, al treintaytantos ya no sabía ni a qué sabía. Toda la habitación daba vueltas pero se sentía segura sentada en la cama apoyada en la pared y en el príncipe. No paraban de reírse sin motivo, de picarse el uno al otro con toquecitos o cosquillas.-...y aquel año Sokka se pasó todo mi cumpleaños quitando tripas de pescado del tejado.-Rompieron a reír de nuevo. Katara agitó la botella y, comprobando que aún le quedaba, vertió los dos últimos vasos.-¿Estás seguro que eso es bueno? No vas a poder levantarte.
-Oh, el pobre Sokka se quedará sin desayuno, qué lástima.
Alzando una ceja y con una leve sonrisa el príncipe respondió.-Vale, esta situación está al revés de como suele ser, olvidemos que he dicho nada.-Y cogió el vaso de la mano de la maestra del agua, dando un largo sorbo. Katara le imitó. No sabía si era por el alcohol o por la vela que tenía al lado pero tenía mucho calor, más de lo que se había acostumbrado. Decidió quitarse la camiseta del pijama y quedarse con la camiseta interior que usaba normalmente cuando estaba entrenando, aunque siempre la llevaba debajo. Zuko la miró de reojo mientras daba otro largo sorbo. La entendía perfectamente, el calor era casi insoportable y tenerla al lado desnudándose no ayudaba a enfriarse.-¿Quieres ir a la playa?-La sonrisa que iluminó la cara de la maestra del agua lo dijo todo.
Llegaron a la playa tras perderse unas tres veces en el bosquecillo que los separaba de la casa, no porque realmente no supieran dónde estaban sino porque el alcohol les impedía distinguir bien los caminos en la oscuridad. Una vez allí Katara se tiró al agua sin pensarlo dos veces. Zuko la observaba sentado en la arena de la orilla.-¡Ven conmigo Zuko!-Le gritó la maestra del agua.-No seas amargado.-Resoplando se puso en pie, pero se quedó en la orilla, no muy convencido de si le apetecía o no entrar al mar. Un golpe de agua le empapó casi completamente.-Vamos, ahora ya no tienes excusa.-No podía ver bien a Katara pero sabía que estaba sonriendo. Se quitó la camiseta, dejándola al lado de sus zapatos, y corrió hacia el agua. Jugaron, nadaron, se persiguieron hasta que acabaron casi exhaustos.
Cuando salieron Katara pisaba dando tumbos hasta tan punto que Zuko tuvo que cogerla por la cintura, acercandola a su cuerpo. La maestra del agua se apoyó con un brazo en su pecho y se quedó mirando sus ojos, de un dorado tan hermoso como las mejores joyas de oro que podía imaginar, tan brillantes como el sol que la despertaba cada día, tan cálidos como un abrazo en medio de la nieve. Sintió que si no retiraba la vista podría quemarse pero que si lo hacía volvería a sentir el frío dentro de sus huesos y que nada más podría calentarla. Ambos se quedaron así, mirándose fijamente a los ojos, mientras recuperaban el aliento. Prácticamente podían respirar el aire que el otro expiraba, podían tocar el uno la nariz del otro. Zuko fue el primero en darse cuenta de la situación y se retiró levemente.-¿Estás bien?-Katara pudo notar como el calor subía a sus mejillas pero esperó que el alcohol disimulase su color.-Sí, sólo me he mareado un poco.-El príncipe aún no había soltado su cintura y lo agradecía, sentía que le temblaban las piernas. ¿Qué estaba esperando que pasase ahí?¿Por qué la había decepcionado tanto que el príncipe se alejase de ella?¿No había pensado en serio que iba a besarla en ese momento, verdad? Se abofeteó a sí misma mentalmente antes de hablar.-Va siendo hora de volver ¿no?-Sonaba triste, desganada, esta noche había sido especialmente divertida y, por muy cansada que estuviese no quería que terminase.-Tu cumpleaños, tú mandas.
Al día siguiente se despertaron casi a medio día con un dolor de cabeza impresionante. Aún así Katara decidió que no podía remolonear porque se había hecho tardísimo y corrió a darse una ducha antes de salir. Zuko prefirió salir sin más esperando que el aire fresco le despejara la cabeza. Con una mano sujetándose la frente como si fuera a caersele se acercó a Toph, que estaba sentada en el patio.-¡Ya era hora! Estaba todo demasiado tranquilo por aquí.-El príncipe sólo atinó a pronunciar un "shhhhh" mientras se sentaba a su lado.-No grites tanto.-La maestra de tierra lo miró alzando una ceja.-¿Están bien?-Asintió suavemente con la cabeza.-¿Y los demás?
-Se fueron esta mañana a la ciudad, no deberían tardar en volver. Os habéis librado de una buena.
-¿Qué quieres decir?
-¿Qué crees que hubiera pasado si Sokka o Aang hubieran visto que "la chica del Avatar" y tú os habéis levantado a la vez y ambos con dolor de cabeza?¿De verdad crees que no hubieran preguntado? ¡Há! Habría sido gracioso.-Toph se echó hacia atrás con una sonrisa, cruzando los brazos.
-No creo que Katara sea propiedad de nadie ni que sea necesario que nadie la controle.
-Tienes razón pero eso díselo a estos dos.-E inclinó la cabeza hacia el lado por donde estaban llegando Aang y Sokka, seguidos de Suki.
-Wo, wo, wo chicos no os lo váis a creer.-Sokka llegaba muy emocionado con un pergamino enrollado en los brazos. Se acercó a ellos corriendo y miró a todas partes. Katara bajaba por las escaleras que venían desde la casa. Al ver a todos reunidos aceleró el paso. Los gritos de su hermano le taladraban la cabeza pero no podía dejar a nadie que se diese cuenta. Le lanzó a Zuko una mirada comprensiva, estaba segura de que él estaba pasando por lo mismo.-Mira, mira esto Katara. ¡Han hecho una obra sobre nosotros!-El joven desplegó el pergamino mostrando el cartel de "El chico en el Iceberg".-¡Y se estrena mañana! Vamos a ir a verla ¿verdad?¿verdad?
-No sé si es una buena idea Sokka.-Katara no parecía muy convencida con la idea. Zuko examinó el cartel.
-Este grupo solíamos verlo mi madre y yo cuando era pequeño, son horribles.
-Pero no pueden ser tan malos ¿no? Es una representación del tiempo que hemos pasado juntos. ¿Por favor?-Aang miraba a Katara con ojos suplicantes. La maestra del agua no tuvo más remedio que asentir, siendo seguida por el resto del Gaang. Mañana irían a ver "El chico en el iceberg".
