Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.

Otro capitulito recién salido del horno. De nuevo muchas gracias por todos los que seguís mi historia y los que estáis dejando reviews, sois geniales.

-Se me olvidó darte esto anoche.-Llevaban un rato charlando en la habitación. Ninguno de los dos estaba demasiado convencido con la obra que irían a ver al día siguiente, viniendo de la Nación del Fuego algo les decía que no iba a terminar bien. Aún así no querían romper las ilusiones ni de Sokka ni de Aang así que se limitaron a aceptarlo. Habían acumulado mucho sueño los últimos días así que habían acordado dormirse temprano esta noche pero Zuko acababa de recordar que no le había dado a la maestra del agua su verdadero regalo de cumpleaños.-¿Uhm?-Katara se acercó un poco más a él, expectante.

-Cierra los ojos.-Sin dudar ni un segundo de él acató la orden y se mantuvo así hasta que el príncipe la avisó. Le acercó un pequeño espejo de mano y le sonrió. En el lado izquierdo de su cabeza, sujetando su pelo como normalmente hacía cuando no estaba en pijama, había ahora un adorno celeste que imitaba al fuego, pero que también podría confundirse con una gota de agua. No tenía excesivas piedras preciosas, sólo una minúscula en el centro que lo hacía brillar en rojo con la luz de la vela. El resto del adorno tenía reflejos azul brillante. Era hermoso, demasiado hermoso, como si hubiera estado hecho para un cuento de hadas y no para la realidad.

-Zuko.. esto es.. precioso…-Comentó mientras lo seguía observando en el espejo.-No puedo aceptar algo así, debe haber sido carísimo.-Se quitó el adorno y lo extendió hacia Zuko, quien cogió su mano y se lo acercó hacia ella de nuevo.

-Es un regalo, está hecho específicamente para ti y no hay otro igual en todo el mundo. ¿De verdad vas a rechazarlo?-Fijó sus ojos en los de ella, esperando una respuesta.

-Nadie se había tomado antes tantas molestias por mí… Lo guardaré como un tesoro.

-Y no has visto lo mejor. Dale la vuelta.-Al voltear el colgante y siguiendo las líneas que marcaban las llamas, en letras muy pequeñas pero muy elegantes ponía: "Siempre te salvaré de los piratas Tara". Katara se echó a llorar. Una parte de ella sólo quería decirle que por favor cumpliera esa promesa y siempre estuviera allí, con ella, ayudándola con todos los problemas que se presenten y otra parte de ella sabía que no podía hacer semejante estupidez. Lloraba de felicidad e impotencia y lloró aún más cuando Zuko la abrazó. Escondió su cara en su pecho hasta que se calmó completamente y, tras ello, rompió a reír.

-Así que de los piratas ¿eh?-Se separó de su pecho y lo miró sonriendo con una ceja levantada. A cambio recibió una de las sonrisas más dulces que había visto en toda su existencia.-Sabes que te salvaría de cualquier cosa.-Katara iba a interrumpirlo pero antes de que le diese tiempo continuó.-Pero tú sola puedes librarte de la mayoría, como si no lo supieras.-La maestra del agua sonrió satisfecha, sintiendo que alguien sabía apreciar su talento en lugar de menospreciarla y sobreprotegerla.-Gracias Zuko, por todo. A veces siento que eres el único que intenta comprenderme. La primera vez que me fijé en ello fue cuando me ayudaste a encontrar a Yhon Ra. No me juzgaste, no preguntaste, me dejaste tomar mi propia decisión en lugar de intentar convencerme de algo a la fuerza, me ayudaste durante todo el camino y, cuando usé el control de la sangre no me miraste como a un monstruo sino como a un maestro poderoso. Yo misma me veía como un monstruo y tú no dijiste nada.-Zuko la miraba asombrado y conmovido, no pensaba que ella lo viera de esa manera.-Yo he visto auténticos monstruos Katara y tú no eres uno. No podrías serlo aunque quisieras. Mi padre es un monstruo. Mi hermana es un monstruo.-El príncipe bajó la cabeza mientras se sentaba en la cama.-Yo soy un monstruo. Pero tú… Tú nunca podrás ser un monstruo.-Katara se sentó a su lado y acarició su pelo.-¿Lo dices por la cicatriz?¿O lo dices por las cosas que has hecho?

-Lo digo por todo. Nunca en mi vida he hecho nada bien. Ahora es el único momento en el que siento que estoy haciendo algo bien pero por otro lado está lo de mi tío. ¿Cómo voy a sentir que estoy haciéndolo bien si no sé nada de él y es mi culpa que haya pasado por todo lo que ha pasado?

-Zuko, a pesar de eso no eres ningún monstruo. Ya lo has demostrado muchas veces. Sé que has hecho cosas horribles y, durante un tiempo, eras la cara que veía en mis pesadillas, eras mi mayor enemigo.-El príncipe se descubrió a sí mismo acariciando su cicatriz. Sabía que su compañera no lo decía sólo por eso pero no podía evitar pensar que tenía un poco de culpa.-Pero has demostrado tener mucho más honor del que pensábamos. Además nunca has matado a nadie, siempre has intentado proteger a los que iban contigo, incluso intentaste salvar a Zhao en el polo norte a pesar de que estaba intentando matarte. Tú tampoco eres un monstruo aunque no te veas de otra manera.-Zuko suspiró y se levantó de golpe de la cama. Se dirigió hacia la puerta y se detuvo antes de cerrar.

-Voy a dar un paseo, necesito estar solo.-Iba a salir pero se detuvo a añadir algo más.-Quédate aquí… si quieres. Volveré.-Y, acto seguido, se escuchó la puerta cerrándose.

Su última palabra había sonado como una promesa así que se quedó allí, preguntándose si había dicho algo malo o simplemente él era así.

Con sus disfraces puestos hacían ya cola en la puerta del teatro. Afortunadamente habían conseguido convencer a Sokka de que la barba postiza no era necesaria y la habían dejado en casa. Katara, en cambio, había decidido ponerse el adorno para el pelo que Zuko le había regalado esa misma noche. De vez en cuando lo tocaba, comprobando que no lo había perdido, que aún seguía allí. A veces el príncipe atinaba a mirarla justo en esos momentos y podía ver una pequeña sonrisa durante menos de un segundo, una mezcla entre satisfecha y tierna. Le había dicho a los demás que era sólo un capricho que se había comprado por su cumpleaños, no quería que empezasen a preguntar, y Zuko la había entendido perfectamente y había actuado igual de sorprendido que el resto, incluso fue el primero en echarle un pequeño sermón por malgastar el dinero. Mientras nadie pidiera verlo más de cerca lo tenían todo controlado, y nadie parecía excesivamente interesado.

Nada más abrieron las puertas la gente comenzó a entrar y a sentarse en las primeras filas. El Gaang decidió que era más sensato sentarse en las últimas, a pesar de las quejas de Toph, quien no se sentía a gusto sin poder "ver" nada. Cuando Aang fue a sentarse al lado de Katara Zuko se adelantó a él y cogió el sitio.-Eh… Zuko…

-¿Qué?

-Yo… pensaba sentarme ahí.

-Bueno, siéntate a mi lado, tampoco se está tan mal ¿no?

Con un "mmmpf" enfurruñado al Avatar no le quedó más opción que hacer eso mismo. Momentos después la obra empezó. Durante las primeras escenas sólo se escucharon quejas de parte de Aang y de Sokka sobre cómo sus personajes los representaban muy poco, uno por ser una mujer y el otro por no ser gracioso. Zuko tampoco parecía muy convencido con su personaje y Katara estaba harta de ser vista como una niña llorona. "Definitivamente no ha sido una buena idea venir", fue la idea general que se discutió durante el primer intermedio.

Toph parecía la única emocionada con su personaje. Era fuerte, casi invencible y eso le encantaba. Le daba igual que los demás se hubieran reído, consideraba que su personaje era alguien que realmente la representaba.

-Jet acaba de… ¿morir?

-¿Sabes? Eso nunca quedó claro-Le respondió el guerrero de la tribu del agua al príncipe, encogiéndose de hombros. La siguiente escena mostraba a Katara coqueteando con Zuko, afirmando que Aang era para ella sólo un hermano. Esta escena causó a Zuko y a Katara mirarse desconcertados y alejarse un poco el uno del otro, totalmente sonrojados. Sokka se reía ante el chiste que estaba viendo en el escenario mientras Suki miraba al príncipe y a su amiga intrigada. ¿Estaba actuando raro o era su reacción natural? Definitivamente no parecía natural, se la habría imaginado más riéndose ante tal estupidez, pero… Sus pensamientos fueron interrumpidos por Aang, que se había levantado y salía rápidamente de la sala. Se le notaba enfadado, incluso celoso. ¿Había notado Aang también algo extraño en la maestra del agua?

En el siguiente intermedio Katara aprovechó para ir a buscar a Aang ya que había desaparecido hacía ya un rato y no había vuelto. Lo encontró en uno de los balcones que daban a la playa.

-¿Algo va mal Aang?-Le preguntó acercándose a él.

-¿Que si algo va mal Katara?¡Todo va mal!-Enfadado, se dio la vuelta para mirarla mientras tiraba su gorro a un lado.-Dime ¿Es verdad lo que has dicho ahí dentro?

-¿Qué he dicho ahí dentro?-Alzó una ceja, confusa.

-Que sólo soy…-Bajó la cabeza, como no queriendo pronunciar esas palabras.- como un hermano para ti.

-Eso no lo he dicho yo, lo ha dicho una actriz.

-Es que… nos besamos en la invasión y pensaba que estaríamos juntos después pero…-Sus ojos se habían fijado en los de ella, esperando una respuesta. Katara, sin pensarlo, se llevó una mano al adorno que llevaba en su pelo, acariciándolo.

-No lo sé Aang.-Y realmente no lo sabía. Todo el mundo esperaba que estuviese con el maestro del aire, Sokka ya había hecho planes sobre todos los nombres que podrían tener sus sobrinos relacionados con "aire" y Toph incluso la llamaba "la chica del Avatar" más veces de las que le gustaría, aunque le había repetido en varias ocasiones que no lo hiciera. Por no hablar de cómo rompería el corazón de Aang que le rechazase abiertamente. No podía hacerle algo así. ¿Y Zuko? Notó su corazón acelerarse ante el simple pensamiento. Le dolía.-Estamos en medio de una guerra, no sé si es el mejor momento para esto. Estoy confundida.-Cerró los ojos. Realmente no quería pensar en todo esto, no quería saber nada de este tema. Dolía demasiado. Fue en ese momento cuando sintió unos labios sobre los suyos. Nada más que eso, un trozo de carne pegado a ella, pero aún más desagradable porque había sido a traición. Se separó de él tan rápido como pudo.

Sabía que no tenía que haberla seguido pero tenía demasiada curiosidad. Los observaba desde un balcón cercano. No se podía oír nada pero se veía lo suficiente. Toph por supuesto no podía quedarse lejos de la fiesta y se apuntó con el príncipe a seguir a Katara. Aún así esto estaba siendo menos entretenido de lo que pensaba ya que no podía ver ni oír nada. Zuko le estaba contando lo que veía pero hasta ahora no había ninguna noticia interesante. Cuando notó al príncipe ponerse en pie de su escondite y darse la vuelta sabía que algo no iba bien.

-Me voy a casa Toph, diles a los demás que no me encuentro bien.

-¿El príncipe llamita ha visto algo desagradable?

Tras un silencio que se hizo eterno Zuko respondió.

-He visto lo que había venido a ver.-Y desapareció por el pasillo.

-¿Qué coño haces Aang?¡Acabo de decirte que estoy confundida!¿Por qué?

-Yo sólo… Lo siento mucho Katara, ¡sólo quería que vieras que quiero estar contigo!

-Aang…-Se dio la vuelta, alejándose de él.-Déjame en paz.

El maestro del aire se quedó sólo unos minutos antes de volver a la sala. Cuando llegó Katara parecía igual o más enfadada y Zuko había desaparecido. Maldito el rato que aún les quedaba en aquel teatro infernal.

Zuko no había aparecido durante la cena ni nadie más sabía nada de él. Quería ir a verlo, ver si podía hacer algo por él, quizás incluso comentarle lo enfadada que estaba con Aang por lo que había ocurrido, pero cuando se estaba preparando para salir por la puerta la última voz que quería escuchar ahora mismo la interrumpió.

-Katara ¿Puedo pasar?

Tras respirar profundamente para intentar escucharle en lugar de tomarlo a mal respondió:

-Claro Aang, pasa.-El maestro del aire entró, cerrando la puerta tras de sí.

-Lo siento mucho Katara, yo… nunca debí haber hecho algo así.-Clavó sus ojos en los de ella, suplicantes de perdón.-No quiero que estés enfadada conmigo.

-Ahora mismo no quiero pensar en estas cosas.

-Pero…¿Quizás después de la guerra?-La cara de Aang se iluminó con una sonrisa llena de esperanza.

-Quizás.-No quería hacer promesas, no quería decirle un contundente "no".-Pero por ahora… sigues siendo el mejor amigo que has sido para mí este último año Aang.-Lo abrazó, como una madre abraza a su hijo, como una hermana abraza a su hermanito pequeño. Se creó en la habitación un silencio sepulcral, interrumpido por unos golpes en la puerta.

-'Tara, ¿Puedo hablar contigo?

La voz del príncipe. Tras toda la tarde dando vueltas en la cama y quemando algunas de las cosas que quedaban por la casa que le recordaban a su familia (más que nada para desahogarse) había llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era hablar con ella. Por supuesto no de lo que había visto esta tarde, sino de cualquier cosa. Sólo quería asegurarse de que nada había cambiado entre ellos. Y no podía esperar para hacerlo, por eso en esta ocasión había decidido venir a buscarla.

-¿'Tara?-El maestro del aire arqueó una ceja. Nunca había escuchado a Zuko llamar así a Katara. Nunca había escuchado a nadie llamar así a Katara. ¿Cómo le dejaba tantas confianzas?

-Es sólo un mote cariñoso Aang.

-¡¿Cómo le dejas ponerte un "mote cariñoso"?!-Prácticamente estaba chillándole.-Ni siquiera dejas a Toph ponerte motes y ¿lo dejas a él?¿El chico que siempre decías que era tu mayor enemigo?¿Al que decías que no ibas a dejar de vigilar porque no te fiabas de que pudiese secuestrarme por la espalda?

-¡Aang!-A pesar de su grito no la dejó continuar.

-¿Es por él que me estabas diciendo que estabas confundida Katara?

Zuko decidió abrir la puerta al escuchar la discusión.

-Aang ya basta. No estás hablando tú, están hablando tus celos. Entre Katara y yo no hay nada más que amistad. Además, en algún momento me reuniré con Mai. Así que deja de acusarnos de tonterías por tus celos infundados.

Katara sintió como un puñal atravesándole el pecho. Definitivamente no quería estar ahora mismo aquí, no quería estar viendo esta situación, no quería estar escuchando ninguna de estas palabras.

El maestro del aire no tuvo más opción que bajar la cabeza y aceptar que tenía razón.

-Lo siento Zuko, Katara, me he dejado llevar. Creo que si no tuviese bloqueados mis chakras incluso habría entrado en modo avatar.-Se rascó la cabeza nervioso.-Katara, de verdad lo siento muchísimo.-Le cogió la mano y más rápido de lo que había llegado la mano de Katara se separó.-Hoy no hago más que meter la pata.-Salió de la habitación cabizbajo, cerrando la puerta tras de sí.

Katara soltó un suspiro que ni siquiera sabía que estaba reteniendo.

-Sinceramente Zuko, no sé si necesito más estar sola o una noche contigo quejándome del desastre de día que ha sido hoy.

-Sinceramente Katara, yo venía a por la segunda opción.

Su sonrisa parecía tan dolida como la de ella cuando sus ojos se encontraron, pero eso no les impidió seguir sonriendo.