Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.
Siento la tardanza de este nuevo capítulo, entre las navidades y los exámenes he estado más liada y no he tenido mucho tiempo. Espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. Y también espero que el siguiente capítulo no sea tan corto, pero me parecía el momento perfecto para dejarlo.
P.d: ¡Feliz año a todos! No olvidéis dejar vuestra opinión en los reviews 3
Habían pasado dos días desde aquel incidente. En esos dos días el Gaang había estado más desorganizado que nunca. Las pesadillas de Katara habían sido sustituidas por unas nuevas, más duras, porque en estas últimas noches nadie iba a salvarla. Gritaba y gritaba su nombre pero el príncipe nunca aparecía. Y no sabía qué estaba sucediendo. O sí, porque en esos dos últimos días Suki había solicitado la presencia del maestro del fuego más que cualquier otra persona. Habían entrenado juntos, abanico contra espadas, dejando de lado el control de elementos. Otras veces habían desaparecido y vuelto horas después, completamente empapados de agua salada. Juraría que había visto a Zuko reír más veces en estos dos últimos días de lo que lo había visto en todas las noches que habían pasado juntos. Aunque esa era sólo su perspectiva. Los demás simplemente nunca lo habían visto reír así. Toph había empezado a hacer preguntas, malintencionadas como casi siempre. Aang había empezado a hacer preguntas, pero no acerca de ellos dos, sino acerca de cómo Katara parecía más triste últimamente, como si hubiera perdido la luz que iluminaba sus ojos. Sokka, en lugar de hacer preguntas, se limitaba a decir "Me alegro de que sean tan buenos amigos" con una gran sonrisa en la cara. Zuko había encontrado la manera de mantenerse entretenido e intentar no pensar en la maestra del agua, aunque aún le resultaba muy difícil. Desde el día de la obra había intentado alejarse de ella por todos los medios, no quería intervenir en la relación de nadie, no quería hacerle más daño a nadie, no podía permitirse sentir nada por ella. Pero ¿Cómo iba a sacarla de su cabeza si seguían pasando las noches juntos? Por supuesto que las disfrutaba, cada día lo único que tenía en mente era la llegada de la noche, pero no podía seguir así. Se estaba condenando a sí mismo.
La tarde del tercer día se había vuelto oscura, casi negra, indicando uno de esos pocos momentos en los que llovía en la nación del fuego. Aún así se habían tomado un respiro en los entrenamientos y se habían tumbado en la arena para charlar, aprovechando que a pesar del color del cielo no había empezado a caer ni una gota.
-¿Qué tienes en la cabeza?-La guerrera Kyoshi se había girado hacia él, apoyando la cabeza sobre su brazo, para poder mirarlo a la cara. Zuko cogió aire. Sabía que si había alguien con quien podía hablar de todo esto y que no se lo tomase a cachondeo (como hacía cierta otra amiga de ambos) o se enfadase (como cualquiera de los demás) era Suki. Pero no sabía cómo empezar. "Me he enamorado de Katara y ella está con otro y no quiero molestar" quizás no era tan mala idea, pero no sonaba bien. "Katara me tiene loco desde que empezamos a dormir juntos…" No, definitivamente así no.
-Entiendo si no quieres hablar de ello.-Suki no quería estirar la confianza que habían ganado más allá de lo que podía e interpretó su silencio como un rechazo a hablar. Rápidamente el príncipe se incorporó un poco.
-No, no, es que… no sé por dónde empezar.
-Intenta empezar por el principio.-Una cálida sonrisa daba la bienvenida a cualquier cosa que fuese a contarle.
-Ka.
-El principio es Ka ¿Eh? Y algo me dice que lo que sigue es Tara. ¿Me equivoco?-En lugar de una respuesta sólo encontró a un Zuko totalmente ruborizado.-En el fondo siempre estás pensando en ella ¿uhm?¿Por qué no se lo di..-Antes de que pudiese terminar la pregunta el maestro del fuego la interrumpió.
-¿Estás loca? Ella… ella me odiaba hasta hace poco menos de un mes.-Se incorporó un poco más.-Ella tiene a Aang y… soy sólo un estorbo.
-Aish, Zuko, Zuko…-Suki comenzó a jugar con el pelo del príncipe, acariciándolo. Desde fuera podía parecer que estaban más cerca de lo que estaría una pareja de amigos sin más pero ellos no parecieron notarlo. Sólo lo notó la maestra del agua, que observaba desde lejos, sin escuchar ni una palabra. Y por supuesto la bandida ciega que, gracias a sus entrenamientos, ahora se llevaba un poco mejor con la arena.
-Su corazón late como un loco. Puedo sentir las vibraciones desde aquí.-Le comentó sin mucho interés a su compañera.-¿Quién iba a decir que el príncipe se enamoraría de la guerrera abanico?-Al empezar a sentir el corazón de Katara cada vez más fuerte sintió la necesidad de sonreír.-Al final parece que no vas a ganarte el apodo que te dije el otro día.-Se encogió de hombros y, tras acomodar sus brazos tras su cabeza, comenzó a andar de nuevo hacia la casa.
Katara tuvo dos opciones en ese momento en su cabeza: Seguir torturándose mientras los miraba o huír de allí tan rápido como podía. Obviamente optó por la segunda. Sentía su corazón arder, como si le hubieran prendido fuego. Y dolía, dolía más de lo que jamás había imaginado. Cuando llegó al salón, donde su hermano revisaba unos planos, se paró a recuperar el aliento apoyándose en la puerta.
-¿Qué ocurre?¿Nos atacan?-Sokka se puso en pie al escucharla y se giró a mirarla, sorprendido.
-No. Todo está bien.-Y desapareció hacia su habitación. Sabía que debía decirle a Sokka lo que había visto, después de todo era su pareja, pero ahora mismo, en este preciso instante, no quería hablar con nadie. Si pudiera se silenciaría a sí misma. Había cogido el adorno que le había regalado el maestro del fuego y lo llevaba apretando un rato. En un golpe de ira lo estrelló contra la pared. Por suerte no sufrió daños, porque se sintió tremendamente mal al tirarlo. Lo recogió y volvió a leer la inscripción.
-¿Y esto?¿Seguirás pensando esto o ahora se lo habrás prometido a ella?-Lo pensó en voz alta, aunque las palabras sonaron poco claras y tremendamente imprecisas porque no había podido parar de llorar. Todo este dolor sólo le demostraba hasta qué punto había caído en los encantos del príncipe, hasta qué punto se había enamorado completamente de él y hasta qué punto no había marcha atrás una vez llegados a este punto. Todo este dolor era una prueba más de que ni Aang ni nadie se había convertido en alguien tan importante como Zuko el tiempo que llevaban juntos.Y tenía que pararlo fuera como fuese. Y más si él decidía jugar con la guerrera abanico, tenía que sacarlo completamente de su cabeza. O alejarlos. Después de todo ¡era la novia de su hermano! ¿Qué se creía que estaba haciendo? ¡El otro día estaba presumiendo de lo enamorada que estaba de él y ahora estaba teniendo un momento íntimo con Zuko! Arg. En este momento le sobraban ganas de abofetearla. ¿Cómo podía estar jugando con ellos de esta manera? O sea, obviamente lo que había visto había terminado en un beso, no podía terminar de otra manera. Sí, definitivamente tenía que decírselo a Sokka, no se merecía tal traición.
Al bajar corriendo las escaleras se topó de frente con todo el gaang, que charlaba animado tirado en los sillones.
-¡Katara!-Un Aang igual de feliz que siempre se acercó a abrazarla mientras sentía la mirada de Zuko de reojo. Por algún motivo le dio la sensación que era una mirada llena de impaciencia, suplicante por hablar con ella, pero ya había tenido bastante. Abrazó a Aang con todas sus fuerzas, le cogió de la mano y le pidió ir a dar un paseo. Necesitaba salir de allí.
-¿Has estado pensando… en nosotros?-No. En absoluto. Su mente estaba demasiado distraída con otras cosas, pero el hecho de que la maestra del agua no hubiese soltado su mano ni dicho una única palabra en la media hora que llevaban caminando comenzaba a resultar intrigante.
-No lo sé Aang… Ya hemos hablado de esto.-Al darse cuenta soltó su mano, sólo para que el maestro del aire la cogiera de nuevo de manera inmediata.
-¿Por qué no lo intentamos?
Un silencio cruzó el ambiente mientras se levantaba una ráfaga de aire entre ellos y Katara se paraba en seco en el sitio.
-¿Y si no funciona Aang?¿Y si realmente no te quiero?
-¡Sé que funcionará! Yo sé que me quieres Katara, tú eres quien no se da cuenta.
-¡¿Pero y si no lo hace?! Y si no es así.
-Entonces ambos lo sabremos.
Al abrir la puerta del salón Aang tenía la mayor sonrisa que jamás le habían visto. Y eso que el Avatar era de sonreír continuamente. No se guardó la noticia un segundo antes de gritarlo por toda la casa.
-¡Chicos!¡Katara me ha dado una oportunidad!¡Estamos saliendo!
Entre el resto del Gaang se escuchó la felicitación de Sokka y un "más te vale cuidarla bien" a lo que un Zuko, que ya había subido el primer escalón hacia su habitación no pudo evitar responder.
-Dudo que Katara necesite la protección de nadie. Ella se sobra y se basta para cuidarse.
A pesar de sus palabras frías la mirada que le lanzó a Suki era desesperada, sin saber muy bien qué hacer.
-Al final has terminado siendo la chica del Avatar… Qué triste.-Toph se encogió de hombros y agarró la mano de Zuko para poder subir tranquila las escaleras. Ambos desaparecieron en el piso superior.
-¿Cómo que triste?¿Tienes algún problema conmigo Toph?
Nadie respondió. Katara no había dicho una sola palabra y necesitaba obligarse a sí misma a estar bien con su decisión.
-No te preocupes Aang, ya la conoces.-Le dedicó al maestro del aire una sonrisa dulce. Suki evitaba la mirada de todos, confusaa. Sabía que no era esto lo que su amiga quería. Sabía que esto debía estar pasando por algún otro motivo y quería saberlo. No conseguía encontrar una explicación lógica para esto. ¿Y Zuko? No le había dado tiempo a verlo antes de que se fuera pero debería estar completamente derrumbado. Echó un ojo a la escalera, antes de plantearse subir. Decidió que tenía una idea mejor. Se acercó a Katara con una sonrisa y le habló a Aang mientras cogía a la maestra de agua de la muñeca.
-¡Necesito que me cuentes cómo ha sido! Te la robo un momento Aang.-Antes de darle tiempo a quejarse arrastró a Katara al jardín, lejos de todo posible oído. La hizo sentarse en el borde de la fuente y se colocó frente a ella.
-¿A qué viene esto Katara?¿De verdad es esto lo que quieres?
-¿Quién eres tú para cuestionarme nada?¿Te molesta que salga con Aang?-Mientras que la voz de Suki sonaba preocubada, Katara había saltado a la defensiva y sonaba tremendamente enfadada.
-¡Claro que no me molesta! Pero… me preocupa que no te haga feliz.
-Claaaaaaro, porque tú eres tan feliz jugando con mi hermano y con Zuko a la vez…¿También quieres a Aang para tu colección?
-¿Qué?
-¿Cómo que qué? No sé lo que es pero está claro que tienes algo con Zuko.-Tras un breve silencio en el que la guerrera pensaba todo lo que acababa de escuchar continuó.- El otro día estabas hablando de lo maravillosa que era tu vida con Sokka. ¡Y ahora vas y me quitas a Zuko!-No se había dado cuenta de sus últimas palabras, parece que ni siquiera se dio cuenta después de decirlas.
-Eh eh para el carro. Eso no es cierto y, aunque lo fuera, no te he quitado a nadie. No debería importarte lo que Zuko hace con su vida, o si está conmigo o si vuelve con Mai. ¿No te das cuenta? No es tuyo. No es tu posesión. Y en todo caso tendrías derecho a echarme algo en cara si estuvieras con él, pero eres demasiado cabezota para decirle nada y encima empiezas a salir con otro. ¿Qué quieres que haga él, eh?-Dio unos segundos en los que se quedó en silencio mirando a Katara a la cara, aunque la maestra del agua no levantó la mirada del suelo. Le puso la mano en su hombro.-Estás perdidamente enamorada de él, se te nota a la legua para los que tenemos un poco de sentido de la percepción. Pero no haces más que alejarlo de ti, una vez tras otra. Y… cualquiera podría enamorarse de él, es tremendamente dulce, valiente, siempre intenta hacer lo correcto, se fija en todos los detalles, además es inteligente, sabe ser discreto y necesita a alguien que le de felicidad después de todo lo que ha pasado.-Katara levantó la mirada para encontrar sus ojos con los de la guerrera.-Y si tú estás demasiado ocupada jugueteando con Aang no te niego que ese alguien pueda ser yo.-Se separó de ella y cogió el camino hacia la casa sin molestarse en escuchar una respuesta.
La maestra del agua volvió a sentarse y escondió su cabeza entre las rodillas. ¿Qué narices acababa de pasar?¿Le había confesado la guerrera que tenía interés en el príncipe?¿Y su hermano? Se sentía profundamente confusa. Intentó ponerse en pie pero comenzó a marearse. Sentía demasiada presión ahora mismo y, unido a la falta de alimento y de descanso que tenía últimamente, sólo pudo ver cómo todo se convertía a negro mientras sus piernas le fallaban.
