Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.
Os dejo con mi capítulo favorito hasta la fecha, ya me entenderéis…
-¿Cómo que no?¡Claro que tenemos derecho a estar aquí!¡Estamos tan preocupados como tú!-Entre el negro de su visión y el desconocimiento de si era real o no escuchó la voz de la guerrera Kyoshi cerca de ella.
-¡Por tu culpa Katara está así! No sé qué le hiciste pero es mejor que salgáis de aquí. Yo me quedaré con ella.-Ante la mención de su nombre comenzó a comprender la situación y decidió intervenir. Abrió lentamente los ojos y comenzó a incorporarse.
-¡Katara!-Zuko no había estado echando excesiva cuenta a la discusión entre sus amigos y se había quedado sentado cerca de ella, a pesar del descontento del Avatar.
La maestra del agua estaba en su habitación, en su cama, y sentía un enorme dolor de cabeza, posiblemente por la caída que había sufrido en su desmayo.
-¿Podéis dejar de gritar, por favor?-No supieron si la mayor parte de la mirada de odio que echó fue dirigida a Aang o a Suki, pero ambos se callaron de inmediato.
-¿Cómo estás Katara?-La calidez de la mano del maestro de fuego llegó a la suya antes de que pudiese darse cuenta. La había echado de menos… Todo lo que podía sentir era comodidad, tranquilidad. Cuando levantó la mirada para responder se encontró a sí misma atrapada entre la mirada dorada del príncipe de la nación del fuego. Esos ojos que la perseguían en sus mejores sueños y la salvaban en sus peores pesadillas. Se habría quedado mirándolos durante horas, de hecho diría que era su único deseo ahora mismo, pero esto le hizo recordar toda la conversación con la guerrera y se obligó a sí misma a retirar tanto la mano como la mirada.
-Estoy bien… Debe haber sido el cansancio. Lo siento chicos.-Con algo de torpeza por el shock se puso en pie. -Voy a darme un baño.
Cuando ya Katara hubo salido Aang volvió a su discusión con la guerrera.-Cuando Katara salga no quiero veros cerca a ninguno. ¿No véis que Katara debe estar conmigo?
Con un leve movimiento de negación y una mirada de decepción Suki salió de la habitación.-Te estás equivocando Aang, así sólo vas a conseguir que te odie.-Comentó la otra voz masculina de la habitación mientras seguía a la guerrera con la mirada.
-¡Por su culpa ha pasado esto! Quizás será mejor que no vuelva a molestarla.
-¿Cómo estás tan seguro de que ha sido su culpa? Katara dice que ha sido culpa del cansancio. Y no creo que hayan luchado hasta desfallecer, no tienen ningún rasguño.
-Debe haber sido algo que le ha dicho, estoy seguro.
-Aang, deberías concentrarte en tus entrenamientos, empiezas a volverte paranoico.
Esa noche Katara no fue a buscar a Zuko. Las palabras de su amiga aún resonaban en su cabeza. Se sentía confusa, traicionada y, sobre todas las cosas, decepcionada consigo misma. Quería obligarse a querer a Aang pero cada vez que el príncipe la rozaba sentía paz, sentía que estaba en el mundo para sentirse así, y por mucho que se lo negase no iba a cambiar. Se quedó abrazando sus rodillas en una esquina de la cama. ¿Debía buscar a Aang?¿Quizás pedirle más explicaciones a Suki? Lo más lógico sería hablar con su hermano, contarle todo y… Pero entonces iba a preguntar por su interés por Zuko y no podía contárselo. Ella, enamorada del príncipe de la nación del fuego, iba en contra de todo por lo que habían luchado tanto ellos como su pueblo. Era algo imposible y, el simple pensamiento de ello le quemaba el corazón, como si alguien lo estuviese golpeando con el hierro de la chimenea. La oscuridad de la noche no era suficiente compañía así que sus lágrimas decidieron acompañarla también.
El maestro del fuego daba vueltas por su habitación sin quitar la vista de la puerta más de cinco segundos. Una parte de él sabía que la maestra del agua no vendría y que era lo mejor, sin duda. Por fin una oportunidad para olvidarla, una oportunidad para dejar todo esto estar, volver con Mai y… vivir su vida como se suponía que debía hacerlo. Sí, así es como debía ser. Katara con el Avatar, como siempre había sido. Quién le mandaría a él hacerse ilusiones, acogerla en su cama cada vez que no podía dormir, acostumbrarse a su calor, aprender a jugar con ella, disfrutar de los baños nocturnos en la playa y… Dio un cabezazo contra la pared. Esto no iba a funcionar. Nada de lo que hacía parecía alejar sus pensamientos de ella. Salió de la habitación bruscamente, con la madera crujiendo bajo sus pies, y se paró frente a la habitación de la maestra del agua. ¿Y si estaba con Aang? ¿Y si realmente no quería ser molestada? Después de lo de hoy se sentía realmente preocupado pero había sido su elección no ir. Quizás se sentía cohibida porque ahora estaba oficialmente saliendo con Aang. ¿Qué iban a decir si la veían durmiendo en la habitación de otro? Pero necesitaba hablar con ella. La notaba extraña, más de lo normal, y necesitaba saber qué estaba ocurriendo. Además ya era el tercer día que no aparecía y cada uno era peor que el anterior. No hacía más que alejarse de él y tomar decisiones estúpidas, quería preguntarle por qué. Quería seguir sabiendo de ella. El golpe en la puerta sonó vacío, desesperado.
Tras ahogar un grito de sorpresa por ese golpe inesperado se incorporó sin pensarlo. Antes de abrir le dio tiempo a mirarse un momento en el espejo para comprobar que sus lágrimas no se notaban en la oscuridad. Desde la ventana un hilo de luz iluminaba el adorno que llevaba en el pelo, algo húmedo pues lo había estado guardando entre sus manos mientras lloraba, justo antes de ponérselo. Por lo demás se había quedado con una parte superior ancha que le cubría hasta la mitad del muslo, nada más. Desde luego no estaba muy apta para visitas pero tampoco podía simplemente hacerse la dormida. ¿No? Si alguien se molestaba en ir a verla a estas horas debía ser importante.
-Hey Katara, ¿Cómo estás?-Debía haber supuesto que iba a ser él. Estas últimas noches no había estado yendo, de hecho la falta de sueño por las innumerables pesadillas que sufría había sido uno de los motivos de su desmayo de hoy. Pero no tenía fuerzas para verlo ahora mismo. Aún así lo dejó pasar y cerró la puerta tras él, apoyándose en ella.-Mejor, me siento mejor, gracias.-Mantenía su mirada en el suelo, sintiendo que si lo miraba se derrumbaría.
-¿Segura? Te noto rara últimamente.-Se acercó un poco a ella, pero tampoco consiguió con ello que lo mirase.
-Sí. Estoy perfectamente.-Sin previo aviso el príncipe agarró la barbilla de la maestra del agua y lo hizo mirarlo a los ojos.
-Has estado llorando.-La soltó inmediatamente al ver su cara de sorpresa.-Si no quieres hablar de ello lo entiendo pero no me mientas así. Ipso facto la guerrera de la tribu del agua volvió a mirar hacia el suelo. ¿Por qué tenía que saberlo? Podía volver a notar las lágrimas brotando de sus ojos y no quería que él las viera. No lo permitiría.
-N-no. No quiero hablar de ello.-¿Por qué se preocupaba? No lo entendía. ¿No debería tener mejores cosas que hacer que venir hasta su habitación y preguntarle por qué lloraba?
-Me alegra ver que llevas el adorno…-Lo acarició suavemente con el dorso de su mano antes de seguir el gesto por su pelo. Ante esto Katara no pudo hacer más que levantar la mirada hacia sus ojos y arrepentirse inmediatamente. Estaba realmente cerca de ella y sus ojos se veían enormes, tan profundos y… con un brillo especial. La sensación más parecida que recordaba fue cuando Aang le quemó intentando manejar el fuego por primera vez. Pero en esta ocasión lo que quemaba era su corazón. Podía jurar que se convertiría en cenizas si seguía latiendo con esta intensidad.
-Yo... Prometí que lo cuidaría, no puedo… no puedo simplemente dejarlo por ahí.
-Quizás deberías tener cuidado con esto.-Tocó uno de los laterales del broche, que le cortó inmediatamente.-Vaya, pensaba que sería más resistente.
-¡¿Qué!?-Se quitó el broche del pelo para mirarlo con más detenimiento. Había una muesca en un lateral que, apenas se notaba, pero parecía bastante afilada. La primera de las lágrimas que estaba conteniendo hizo un arco por su mejilla, seguida de varias más.-Lo he roto…
-Estas cosas pasan, no te preocupes. Podemos quizás limarlo un poco para que no…
-¡No lo entiendes! Rompo todo lo que toco. Estoy rompiendo a Aang, a Suki, a ti… e incluso a mí misma. Y esto… Es tan importante para mí…
-No digas esas cosas...Arg, por qué seré tan malo consolando…-Dijo la última frase dándose la vuelta y jugueteando con su pelo como solía hacer.-Es sólo un regalo de cumpleaños. Y la frase sigue ahí ¿No, 'Tara? Esa es la parte importante.-Ante el silencio que llegó como respuesta siguió hablando.-Además… ¿Por qué ibas a "romper a Aang"? Pensaba que… acababas de hacerlo el chico más feliz del mundo. De hecho estoy bastante seguro de que es así.-Esta vez fue él quien retiró su mirada. La habitación fue invadida por un profundo silencio durante unos minutos. Decidió que era un buen momento para sincerarse, al menos un poco.
-N-no estoy del todo segura de esto.-Ante la mirada confusa de Zuko continuó.-De mi relación con Aang.
-Sé que tú puedes hacerle la persona más afortunada del mundo pero… ¿Él puede hacer eso por ti?-Estaba caminando en terreno peligroso. Conociendo a Katara como la conocía lo más probable es que le gritase algo como "Claro que sí, Aang siempre me cuida, siempre ha sido mi mejor amigo".
-Yo… Él… Está salvando el mundo por mí. Se lo debo.-Al escuchar esa frase vio la respuesta tan clara como los ojos que estaba mirando. Sin pensarlo se colocó frente a ella, colocando sus brazos a ambos lados de su cabeza. Podía sentir su respiración en sus labios.
-No le debes nada a nadie, es su trabajo salvar el mundo. Por algo es el Avatar.-No habían dejado de mirarse un sólo segundo. No quería parpadear por si se perdía alguno de los matices en los ojos de su compañero.
-Pero Zu-No le dio tiempo a continuar la frase cuando sintió los cálidos labios del maestro del fuego sobre los suyos. Cerró los ojos y se dejó llevar. Durante un momento se preguntó qué estaba haciendo, por qué besaba a otro la misma noche que había accedido a salir con Aang, pero todos esos pensamientos desaparecieron cuando sus lenguas comenzaron a mezclarse, como serpientes que habían pasado siglos intentando encontrarse y que por fin podían enfrentarse. Como viejos enemigos en la pelea final del último capítulo. Ambos se dieron cuenta de cuánto habían deseado esto, de que para ellos esta era la verdadera fórmula de la felicidad. Se separaron sin aliento pero, antes de que ninguno de los dos pudiera interrumpir el momento, volvieron a la carga. A ciegas, caminaron sin dejar de besarse, torpemente, hasta la cama, y cayeron sobre ella. Ahora les resultaba tan evidente que esto era lo que debía suceder, desde el principio. Todas esas noches que habían pasado juntos esto era lo que deseaban. Katara buscaba con su mano el calor del pecho desnudo del príncipe, que había perdido la camiseta en algún momento entre la puerta y la cama. Zuko besaba el cuello de Katara, retirando con cuidado su collar y dejándolo sobre la mesa de noche. No era la primera vez que hacía esto, le vinieron recuerdos de su tiempo con Mai, pero definitivamente era la primera vez que sentía que podía quemarla sólo con su piel. Se sentía arder, capaz de liberar por fin algo que llevaba guardando demasiado tiempo. Y ahora no perdían ni un sólo segundo. Parecía que quisieran aprenderse cada muesca de la piel del contrario, pero querían mucho más. Zuko quería explorar cada milímetro de su cuerpo, por dentro y por fuera, y era lo que pensaba hacer. Los gemidos de la maestra del agua lo exitaban mucho más que cualquier otra cosa que conociese. Su pecho, ahora completamente desnudo y a su merced, se veía tan hermoso, tan erótico. Sus manos lo recorrían, siguiendo su forma con los dedos, bajando cada vez más por su cuerpo hasta llegar a la parte inferior. Sus dedos jugaban con ella como si fuera su bien más preciado, dulce pero sin dejar de ser excitante.
Espera, espera ¿Qué estaba haciendo? Este era un placer demasiado inmenso, algo que nunca jamás había conocido. Nunca había hecho nada más que darse un besito con Aang o cogerse de las manos. Pero esto… esto era llegar mucho más allá. Sentía que su cuerpo le había pedido esto desde la primera vez que el príncipe estuvo tan cerca de ella, allá cuando estuvo atada a un árbol hacía ahora tanto tiempo. Su olor la excitaba, no quería dejarlo ir, no quería alejarse ni un centímetro. Es más, su cuerpo le pedía todo lo contrario. Pero ¿Estaba bien? "¡Claro que no, maldita sea! ¿Cómo va a estar bien esto?". Pero su mente no estaba jugando un papel importante en esta situación. Seguía buscando su boca en urge de besos mientras su cuerpo se retorcía ante su tacto.
Cuando al fin fueron uno por primera vez, y pese a la delicadeza y el tacto con el que el maestro de fuego la estaba tratando, no pudo evitar chillar de dolor. Cómo algo tan placentero podía doler tanto a la vez era algo que no llegaba a comprender, pero ya habría tiempo de pensar después ¿no? Ahora mismo sólo quería entregarse a él por completo, dejarle explorar hasta el último rincón de sus curvas, de sus caderas, de su cuerpo, de su interior. Y, poco a poco, el dolor se fue aplacando, dejando paso únicamente a un placer infinito. De vez en cuando se atrevía un poco más y mordía al príncipe en el cuello, lo cual aceleraba el ritmo que llevaban y, por La, si le encantaba. No lo hacía sólo por placer, era una manera de callar sus gemidos para no alertar a todo el resto de la casa.
Zuko por su parte sentía que estaba soñando. Esto no podía estar pasando fuera del maravilloso mundo de sus sueños. Pero el leve dolor que le causaban los mordiscos de la maestra del agua le servían para mantenerse en el mundo real. Había deseado esto tanto, con tantas ganas, con tanta fuerza. Agarrando con más firmeza su pierna volvió a aumentar el ritmo. Esta situación era perfecta. Y habría dado cualquier cosa porque no terminase nunca. Pero las cosas buenas siempre tienen un final y, cuando escuchó a Katara dar un último gemido mucho más alto y largo que los demás mientras se retorcía entre sus piernas, sabía que había llegado el suyo.
Exhaustos, cayeron sobre la cama, tratando de recuperar el aliento, sin decir una sola palabra. La luna llena colaba sus halos de luz por el balcón y los grillos cantaban como si fueran los más felices del lugar. Pero Katara sabía que no lo eran. Ella sabía que no había nadie en este lugar tan feliz como ella.
-Zuko… yo…-Un suave beso llegó a sus labios, mucho más tierno que todos los anteriores, como si tuviera miedo de que fuera a romperse. No podía decir que se arrepintiera. Podría decir que había sido la mejor noche de su vida hasta ahora. Pero por otra parte sabía que había sido una locura, que no debería habérselo permitido, que todo lo que le habían enseñado iba en contra de lo que acababa de suceder y… Se incorporó de golpe en la cama. Aang. ¿Qué iba a decirle a Aang? Había empezado a salir con él hacía unas horas y… Miró a su lado. El príncipe la miraba confuso. Se había incorporado un poco y su mano estaba sobre la suya, como si hubiese notado sus dudas.
-¿Estás bien?
-N-no… No lo sé.-Se puso en pie y se echó por encima la camisa ancha que llevaba para dormir. Luego se miró al espejo. Incluso con la oscuridad se notaba en su cuello una marca, una evidencia de lo que acababa de suceder. Inmediatamente recogió su collar y se lo puso. También cogió su adorno para el pelo, que había acabado en el suelo cuando a sus manos ya no les interesaba cogerlo, y lo dejó mejor guardado en el cajón.-Zuko, esto… Aang… ¿Qué voy a hacer?
-Antes ya me habías dado una respuesta. No puedes estar con alguien sólo porque "se lo debes".-También aprovechó para levantarse y colocarse sus pantalones.-Pero si realmente quieres seguir adelante con eso, al menos tendrás un buen recuerdo mío.-Sabía que era demasiado bonito para ser real, era imposible. Ellos dos… Simplemente nadie lo permitiría.-¿Quieres que… me vaya?
-Esta noche no.-Se acercó a él y por primera vez fuera del fulgor del momento, fue ella quien lo besó.-No sé qué va a pasar a partir de ahora pero si sólo es esta noche…-No necesitó más palabras. Los siguientes besos le supieron tristes, como si fuera una auténtica despedida.
