At my personal pitch

Me encasqueté mi gorra de béisbol blanca y azul y me fui a buscar a Henry. Ese día jugaríamos a béisbol en un pequeño claro que encontré mientras recorría el bosque buscando al viejo perro de Mary Margaret, Argo. Hace ya tiempo, cuando el perro aún no había muerto y su dueña no parecía tenerla cogida conmigo. Desde esa época las cosas se habían complicado. Había perdido a Regina y ahora nada me parecía verdadero como antes. Pero no podía volver atrás. Solo sufriría.

Llegué a la escuela en mi escarabajo amarillo. Mary Margaret me esperaba al lado de Henry. Llegaba tarde. Me excusaría. Apenas me vio, Henry saltó a mis brazos

«¡Hey, hombrecito! ¡Vamos a divertirnos! ¿Estás listo?» dije después de darle un beso en la frente.

«¡Claro que sí, mamá!» y rio. Lo que me había faltado era verlo. Cuando estaba con Regina, podía verlo siempre. Ahora, era diferente. Aunque sufriese, no quería deberle nada. Aunque fuera ver a mi hijo.

Lo deje en el suelo y le dije que fuera al coche. Después, me di la vuelta hacia ella. No quería pelear con ella. Era mi mejor amiga. Estiró los labios en una sonrisa triste. Aferró los libros entre los brazos.

«Mary Margaret, ¿podemos hablar?» le pregunté. Frunció el ceño

«Henry está bien» añadió rápidamente

«No era lo que quería preguntar. No entiendo por qué estamos peleando. ¿Es por el asunto de Ruby?»

Ante aquel nombre se enrojeció violentamente.

«No sé de qué estás hablando. Ahora debo irme»

«No hay nada serio entre nosotras»

«Claro…ahora si quieres disculparme» comenzó a caminar, pero la detuve por un brazo. Alzó la mirada antes que tener que mirarme.

«No hagas esto. Te echo de menos. Echo de menos hablar contigo»

«¿Quién lo diría? Has estado con Regina dos años y nunca me lo dijiste. Creo que solo te gusta hablar de cosas superficiales. Habrías podido decirme que la amabas. ¿Y sabes cómo me vengo a enterar? Graham me lo dijo, jadeante mientras huía de la ciudad»

Aflojé el agarre de su brazo. Me quedé de piedra. Tenía razón.

«Por eso hago esto. No te habría juzgado. Nunca. No es por Ruby, sino porque éramos amigas y ni fuiste capaz de confesarte conmigo. Vivíamos juntas y ahora…no ha quedado nada de lo que hablar. Y sí, también es por Ruby. Si no es nada serio, ¿por qué liarte con ella? Echas de menos a Regina y tirarte a otras no te hará sentirte mejor. Ella tiene todavía tu corazón»

No pude más. Todo era verdad, pero no podía permitir que lo dijese. Sería como confesar una verdad demasiado dolorosa.

«Y tú deja de jugar con David y con Ruby. Ambos te aman y tú no sabes qué hacer. No sabes con quién quedarte. Pronto se cansarán y te quedarás sola»

Dio un paso hacia atrás y se marchó, dejándome bajo la luz del sol del mediodía y en la oscuridad de mi corazón.

Era el tercer lápiz que rompía ese día. No era una señal positiva. Saber que Emma y Henry estaban de paseo sin mí, me estaba matando. Intenté concentrarme en los papeles que tenía entre las manos. Después de haber destrozado, machacado el enésimo lápiz, me di por vencida. No podía quedarme ahí. Necesitaba ver a Emma. La echaba terriblemente de menos. Pero todo era mi culpa. Era mi culpa si ahora no estaba con ella y con mi hijo. Nuestro hijo. Oh Dios, estaba enloqueciendo. Nunca me había encontrado en este estado. Siempre me había repuesto, pero esta vez no podía. Tenía que hacerla de nuevo mía. Pero, ¿cómo? Ni siquiera quería hablarme.

El teléfono sobre mi escritorio comenzó a sonar. No tenía intención de contestar, pero era insoportable.

«Alcaldesa Mills, ¿quién habla?»

«El ayudante del sheriff, August Booth, debo informarle que un camión que transportaba una pareja de felinos ha tenido un accidente y los animales han huido»

«¿Por qué me tiene que interesar que se hayan perdido unos gatos en el bosque?» dije ¿Me está molestando por eso?

«No son gatos, alcaldesa. El camión pertenece al zoo de Augusta y transportaba un león y una leona»

Casi se me cae el teléfono de las manos. ¿Leones? ¿En nuestro bosque?

«¿QUÉ? ¿ME ESTÁ TOMANDO EL PELO?» chillé al teléfono «¿DÓNDE ESTÁ LA SHERIFF?»

«Hoy era su día libre. La estoy sustituyendo»

«Muy bien…pero, ¿dónde está?»

«No estoy seguro»

«Entonces encuéntrela. YA» y colgué.

Salí corriendo de la oficina y le dije a mi secretaria que reuniera a todos los habitantes en la sala del consejo municipal. Se necesitaba tiempo. En dos horas estarían todos reunidos.

Resuelto esto, me marché a buscar a mi hijo. Probé donde la abuela, en el parque de juegos, en su escondite secreto (sí, no era muy secreto), pero nada. ¿Dónde podrían estar? Un miedo me estaba corroyendo las entrañas. El móvil vibró.

«Alcaldesa Mills, ¿quién es?»

«El ayudante del sheriff. He organizado un equipo de búsqueda y contención. Partiremos pronto, pero no he conseguido localizar a la sheriff»

«¿Qué? No importa, comenzad la búsqueda. Ya me encargo yo de buscar a Em…a la sheriff»

Colgué la llamada y solo me quedó por hacer lo que hasta ese momento había evitado. Su número aún lo tenía en marcación rápida. Tecleé. Comenzó a sonar.

Saltó

«No puedo responder en este momento, pero en cuanto oiga el mensaje, Emma…»

No pude esperar a que el contestador acabase.

«Emma, te lo ruego, llámame apenas oigas el mensaje. Es importante. Si estáis en el bosque, debéis marcharos. Un león y una leona se han liberado. Por favor, vuelve a la ciudad»

Mi voz era suplicante. Pero no podía ser de otra manera.

«¡Venga, Henry! Ahora yo lanzo, prueba a golpear. La última vez lo conseguiste»

Me dio una gran sonrisa y se llevó el bate, que había cogido de su talla, a los hombros. Podía convertirse en un gran jugador de mayor.

«¡A ver, que va!»

Lancé la pelota y la alcanzó con un sonoro golpe. La pelota acabó lejos.

«¡No te preocupes, mamá! ¡Yo voy a por ella!»

«No te alejes demasiado»

Sonreí al verlo alejarse para recoger la pelota. Fui al coche. Necesitaba beber algo y Henry también, seguro. En seguida me sentí mejor. El móvil estaba iluminado. Podían esperar, ¿no? No dejaba de vibrar.

«¿Qué diablos querrán?»

Después vi el número de Regina. ¿Por qué me estaba llamando? Tenía que ser importante. Pero, ¿tan grave? El móvil dejó de sonar. Sacudí la cabeza y me lo metí en el bolsillo. Cogí la botella y marché de nuevo hacia Henry.

«¡Ya tengo la pelota!» me gritó. Y corrió hacia mí e improvisamente me quedé helada. A sus espaldas, había un león. Tragué saliva. ¿Qué diablos hacía ahí?

«Henry…rápido, ven hacia mí…no te des la vuelta»

El león estaba parado.

«¿Qué pasa mamá?» me preguntó

«Haz como te digo. Ven hacia mí» cuando estuvo entre mis brazos, comencé a retroceder, sin dejar de mirar al león. Después se movió.

Sin pensarlo dos veces, corrí hacia el escarabajo e hice que Henry, que gritaba presa del pánico, entrase. Yo estaba literalmente aterrorizada. ¿Qué diablos? Me encerré dentro, pero el león no estaba solo. Su compañera llegó para ayudarlo. Comenzaron a caminar alrededor del coche. Buscaban un punto débil. Encendí el motor y salí a todo gas marcha atrás. En cuanto llegue a la carretera, saqué el móvil y llamé a Regina.

«¡Emma!» su voz estaba presa del pánico y por primera vez estuve de verdad feliz de escucharla.

«Regina, ¿qué diablos está pasando? ¿Leones? ¿En serio?»

«Se han escapado del camión que los transportaba cuando ha tenido un accidente. Te he buscado a ti y a Henry por todos lados, pero no sabía dónde estabais. Te he dejado un mensaje, pero no me has respondido»

Su voz tenía un ligero tono de rabia.

«¿Estáis bien los dos?» me preguntó, preocupada

«Sí, sí…estamos en el coche de camino a la ciudad»

«¿Dónde estabais?» me preguntó ansiosa

«En el bosque, en el claro»

El claro. Era un lugar especial para nosotras. Íbamos a hacer pic-nics y después pasábamos la tarde haciendo el amor sobre el mantel. Borré aquel pensamiento.

«Ah…me he asustado mucho»

«Lo siento…»

La conversación estaba volviéndose embarazosa.

«Bien…quisiera escuchar a Henry, si no te importa»

«No, claro que no. Henry, tu madre quiere hablar contigo»

Le pasé el móvil y me concentré en la carretera. Demasiadas emociones de una sola vez. Demasiado de ella de una sola vez.

Estaban a salvo. Era todo lo que me importaba en ese momento. Henry y Emma estaban a salvo. De lejos vi llegar el escarabajo amarillo. Mi corazón se saltó un latido. Se paró delante de mí. Henry corrió a abrazarme.

«¿Estás bien?» me di cuenta de que estaba llorando

«¡Claro, ma! Estaba Emma conmigo»

«Lo sé…»

Lo sostuve entre mis brazos un poco más y después Emma me informó de que se iba con el equipo para capturar a los animales. No logré evitar sentirme asustada.

«Volveré pronto» y sonrió a Henry. Después me miró

«Ten cuidado…» le dije y la vi devolverme una mirada amable.

«Siempre»

«Adelante» invité al nuevo recién llegado a la oficina. No levanté la mirada. No habría soportado a otro agente del zoo que se quejaba por el estado de conservación de la carretera.

La visita se aclaró la voz. Con aquel simple gesto, comprendí que no era un agente del zoo, sino ella.

Emma.

«Hola» me saludó

«Hola…» le contesté y me quedé observando por un largo momento su rostro. Intenté sonreír «¿Cómo estás?» le pregunté.

Abrió los brazos y los dejó caer.

«Como siempre, pero estos encuentros animalescos no son mi fuerte»

«Lo sé. Lo siento»

Aquel "lo siento" no solo se refería a lo sucedido la semana anterior. Tenía que ver con todo lo que había pasado.

Asintió lentamente

«Bien…gracias por haberme avisado» añadió

«Por supuesto…no es problema» respondí

Comenzó a caminar. Estaba ya casi en la puerta cuando se detuvo.

«Te debo un favor»

«Estaré feliz de cobrarlo»

Me miró con mirada interrogativa

«¿Sabes ya cómo?»

«Sí, pero quiero esperar»

Sonrió despacio y después salió.

Debíamos recomenzar desde cero. Ella y yo distantes como al principio. Teníamos que acercarnos a pequeños pasos, pero me bastaba. Podría esperar por ella toda la vida.