Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.

Gracias de nuevo a todos los que habéis empezado a seguir esta historia y a todos los que ya la seguíais. Sois geniales :D

P.d: Pronto estaré empezando un fanfic Obiyuki (Obi x Shirayuki) de Akagami no Shirayuki-hime. Lo pondré por aquí pero si a alguien le interesa estaría encantada.

-¡Katara!¡Katara!-El rayo de luz que entraba por la ventana daba directamente sobre sus ojos. Quizás por su culpa ahora sentía un leve dolor de cabeza. Alguien la estaba llamando desde el patio, pero no se sentía con ganas de moverse de allí, así que sólo se dio la vuelta en la cama. La imagen de despertar al lado del príncipe no era algo nuevo para ella pero sí era la primera vez que él seguía dormido. Su pelo caía completamente alborotado sobre sus ojos pero se notaba una expresión de tranquilidad. Era extraño, el maestro del fuego nunca estaba tranquilo, siempre respiraba agitado y estaba hasta rebosar de cosas que hacer. Con su mano derecha acarició suavemente su mejilla, la misma que había sido quemada tiempo atrás. Al contrario de lo que pudiera parecer no era un tacto desagradable, se había acostumbrado a él y ahora era algo más, algo que formaba parte de él. No podía rechazarlo. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? Las palabras que Aang le dijo una vez resonaban en su cabeza: "He salvado el mundo por ti. Todo lo que he hecho es por ti." ¿Por qué no podía simplemente corresponderle y tener una vida tranquila? Se giró para mirar el techo, colocando uno de sus brazos sobre su frente. Realmente no estaba segura de querer una vida "tranquila". Aang era quizás... demasiado espiritual. Por supuesto que ella tenía sus creencias, bien que La lo sabía, pero la idea de meditar y llevar una vida así… No sabía si encajaba con ella. Por supuesto tampoco podía decir que encajaba en la vida de una señora del fuego pero sabía planear guerras, estrategias de combate, técnicamente era considerada la "princesa" de su tribu y… con Zuko a su lado seguro que tendrían… muchas otras cosas que hacer. Podrían entrenar en los jardines del palacio (¿El palacio de la nación del fuego tendría jardines, no?), o quizás ir a la playa, volver a esta isla a rememorar esta noche… Cogió su almohada y la apretó contra su cara. ¿De verdad estaba fantaseando con una vida con Zuko?¿Una vida entera? Podía aceptar que se había enamorado de él en medio de la guerra porque era atractivo, honesto, sabía consolarla, la conocía mejor que nadie (por extraño que pudiera parecer) y habían estado pasando mucho tiempo juntos pero ¿Soñar con una vida como señora del fuego? ¡Eso sería un sinónimo a traicionar a su pueblo!¡A sus costumbres! Aunque ya había traicionado en gran parte a sus costumbres entregándose a un hombre con quien no estaba casada. Los recuerdos de la noche anterior la abordaron y se escondió aún más bajo su almohada, si era posible. Ahora venían las preguntas. ¿Por qué no lo había parado? ¿Por qué se había dejado llevar de esa manera? ¿Por qué no había usado un poco la cabeza y pensado que no era buena idea? Había sido egoísta. Con Aang, por traicionar su confianza de esa manera. Con Zuko, por darle esperanzas de algo que no debía suceder. Con su pueblo por haberse acostado con su mayor enemigo. Consigo misma, por no haberse respetado lo suficiente como para decir que no. Pero todavía parecía como un sueño. Todos esos besos, la calidez de su cuerpo, la necesidad de que esa noche no terminara jamás. Nunca sintió que la vida fuese tan hermosa.

-¡Kataraaaaaaaaaaaaa!-El grito se hizo más intenso. Tiró su almohada al otro lado de la habitación y se puso en pie, acercándose al balcón. Al mirar hacia abajo Aang la saludaba efusivamente con los brazos y una gran sonrisa. Eso la hizo sentirse aún peor consigo misma.

-¿Pasa algo Aang?

-¡Deberías bajar a desayunar y a jugar con nosotros!

-En cuanto me vista bajo ¿Vale?-Le dedicó una pequeña sonrisa, sintiéndose sin el derecho a hablarle siquiera, y cerró las puertas del balcón al volver a entrar en la habitación. El príncipe se había despertado y estaba colocándose su camiseta, una lástima para la vista... Se dio un pequeño golpe en la cabeza con la mano para expulsar esos pensamientos, otra vez. Después de esta noche no iba a ser fácil esa tarea.

-Quizás deberías bajar primero, por si acaso.-Evitó mirarlo mientras lo decía. Sabía que si lo observaba un poco más acabaría por lanzarse hacia él y pedirle que no se fuera, suplicarle que dejaran de lado a los demás y se encerrasen en esta habitación para siempre, evitando que el tiempo pasase.

-...Claro.-Abrió la puerta para salir pero la maestra del agua agarró su muñeca.

-Zuko yo... -Quizás iba a decir "Lo siento". Quizás iba a decir "No quiero que sea la última vez". Quizás iba a decir "Te quiero". Cualquiera de estas opciones quedó descartada cuando el príncipe se soltó de su agarre y salió por la puerta.

-No necesito que digas más Katara. Para ti esto ha sido un error y… No volveré a molestarte.

Quiso decir algo más pero no le salieron las palabras. ¿Ya había decidido él por ella? ¿O era algo que ella ya sabía y él había sabido interpretar? En cualquier caso, necesitaba tiempo para pensar.

Los siguientes días pasaron tranquilos. Katara se debatía entre si contarle a Aang lo sucedido, si decirle que realmente no sentía nada por él, más allá de una profunda amistad, o si seguir y aguantar al menos hasta el final de la guerra para no desconcentrarle. Pero durante esos días, al menos supo disimular. Cada uno de los besos que Aang le daba le resultaban dolorosos, no sólo por ella sino por la visión devastada de Zuko, que apartaba la mirada cada vez que los veía juntos o directamente desaparecía. Había vuelto a ser el Zuko de principios de verano, el Zuko frío y distante que sólo se relacionaba con los demás para entrenar y se pasaba el resto del tiempo encerrado en su habitación. Por supuesto nadie había conseguido sacarle lo que le ocurría, ni siquiera Suki, que también parecía más desanimada de lo normal. El gaang comenzó a preocuparse cuando dejó de ir a las comidas.

-¿Creéis que está nervioso por tener que enfrentarse a su padre?-Sokka estaba haciendo dibujos con una ramita en la arena del suelo. Su voz sonaba seria, realmente preocupada.

-No. Ese estúpido príncipe está totalmente convencido de que su destino es ayudar al Avatar a luchar contra su padre. Nunca ha titubeado antes.-Toph se encogió de hombros. En parte se imaginaba qué sucedía, podía notar el latido de sus corazones cada vez que estaban cerca y también podía notar cómo había cambiado el del príncipe los últimos días, volviéndose más angustioso. Había querido ir a hablar con él varias veces pero se limitaba a echarla de la habitación pidiéndole que no se metiera. Pero ¿Cómo no iba a meterse? Había llegado a apreciar mucho a ese estúpido príncipe, lo consideraba un verdadero amigo y, además, había alguien que no querría que estuviera en esta situación, alguien realmente amable a quien también le tenía demasiado aprecio. Quizás era el momento de montar un numerito. Sonrió para sí. Esta noche sería divertida.

-¿Entonces?¿Echa de menos a Mai?

-¿Bromeas?¿A esa chica tan fría que le salvó la vida la última vez que la vimos y a la que abandonamos a su suerte en la mayor prisión de la Nación del Fuego?-Suki hablaba sarcásticamente. Seguramente no era su razón principal pero algo le decía que Zuko aún se sentía mal por ello, al fin y al cabo era su ex novia que se había enfrentado a su mejor amiga sólo para salvarle. Miró a Katara por el rabillo del ojo. Había empezado a jugar con sus manos nerviosamente. No lo había visto así. ¿Y si Zuko realmente echaba de menos a Mai?¿Y si había planeado volver a escaparse a la prisión para salvarla? Necesitaba al príncipe a su lado. Necesitaba seguir viendo sus ojos color ámbar, ese precioso dorado que brillaba con el sol de la mañana. Sacudió la cabeza deshaciéndose de esos pensamientos. No podría estar sin él, aunque sólo fuera como amigo. Esta noche iría a hablar con él… y que pasara lo que tuviera que pasar. Al fin y al cabo no poder acercarse estaba desgarrando su corazón poco a poco. Necesitaba abrazarle, acariciar su cabello azabache, sentir la calidez de sus labios, la suavidad de su boca.

-¡Ka-Ta-Ra!-Salió de su semi-sueño para ver al Avatar agarrando su mano.-Te he preguntado si damos un paseo. ¿Me has escuchado?

-Lo siento Aang, estaba pensando en.. otra cosa. Pero claro, vamos.

La noche llegó más lenta de lo que había imaginado. Los nervios la consumían, no había pensado en otra cosa en todo el día. Mientras preparaba la cena le temblaban las manos y no podía estarse quieta. Se habría quedado a ayudar a Suki a recoger pero se excusó diciendo que se encontraba mal y se encerró en su habitación. Necesitaba tiempo para relajarse y asumir la idea de ir a verle. No podía ir así, era demasiado vergonzoso.

Toph tenía un plan. Un plan que podía liar aún más las cosas. Además, era algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer. Le caía bien la guerrera abanico pero esto era necesario, para ella y para sus dos amigas. Sonrió para sí antes de llamar a la puerta de Sokka.

-¡Eh, guerrero estúpido!-Pasó por su lado como si no necesitara ningún tipo de permiso y se asomó por el balcón. Justo como quería podía escuchar a Suki recogiendo cosas en el jardín desde aquí. No podía verla pero estaba segura de que ella sí los veía. Sokka se acercó a su lado pero no miró hacia abajo en ningún momento, le inquietaba demasiado la presencia de la bandida ciega en su habitación. Toph no era de las que hacían visitas sin un buen motivo.

-¿Y bien?-Se cruzó de brazos frente a ella, esperando que dijera lo que tuviese que decir.

-¿Sabes? Creo que es el momento de decirte algo.-Realmente sabía que esto no iba a ninguna parte, que nunca podría ser correspondida, pero todos estos meses que había pasado a su lado había pensado en él como algo más que un hermano, alguien demasiado importante. Al principio había decidido ignorarlo, rechazar esos sentimientos y dejarlo pasar, más aún tras conocer a Suki. Pero últimamente, entre tanto enamorado a su alrededor y, notando que los sentimientos de la guerrera abanico estaban cambiando, había llegado su turno. Lo suficientemente alto para que cualquiera que estuviese abajo pudiera escucharla, puso su mano sobre la mejilla del guerrero de la tribu del agua.-Te quiero Sokka.-No habían dudas en su voz, ni en sus labios cuando se acercó a los suyos. Podía sentir a la guerrera kyoshi mirando y sólo le dieron más ganas de quedarse allí. Sokka no la detuvo, se sentía paralizado, le temblaba el cuerpo. Nunca había imaginado algo así. Pensaba que Toph se sentía como una hermana pequeña, siempre haciendo cosas para llamar su atención y poniéndole mala cara a Suki. Todo el tiempo había sido por esto. Tenía unos labios suaves y fríos. Se la notaba inexperta pero no por eso menos segura de lo que estaba haciendo. Unos pasos corrieron hacia dentro de la casa, aunque solo la bandida ciega pudo escucharlos. Sonrió retirándose de él.

-Sólo quería decir eso.-Colocó sus brazos tras su cabeza de forma despreocupada y comenzó a andar hacia la puerta.

Sokka reaccionó a todo cuando ya casi estaba saliendo.

-¡Eh, espera! ¿Por qué lo has dicho ahora?

La maestra de tierra se encogió de hombros.

-Me parecía un buen momento.-Y desapareció por el pasillo.

No iba a negar que necesitaba pensar en lo que acababa de ocurrir. Había sido demasiado abrupto. ¿Qué iba a decirle a Suki? Es más ¿Debería decírselo a Suki? Y ¿Por qué no podía tranquilizarse y aún le temblaban las manos? Sentía que su corazón iba a estallar. Se apoyó en la pared que daba al balcón y se deslizó por ella hasta el suelo. ¿Por qué quería más besos como ese?

Sus pasos hacían crujir la madera bajo sus pies, apresurados. Necesitaba huir de allí. ¿Quién habría imaginado que esto podría estar pasando? El chico que tanto la amaba, con quien había hecho varias veces planes de boda, con quien había imaginado a sus hijos, estaba ahí besando a una cría que no podría ofrecerle ni la mitad de lo que ella le daba cada día. Se llevó el puño al corazón. Dolía. Dolía demasiado. Se sentía inferior, no podía dejar de preguntarse qué había visto en ella. Dejó a un lado sus ganas de romper algo, lo que fuese, y decidió refugiarse en el único que podía comprenderla en este momento.

Mientras tanto la maestra del agua había decidido seguirla al escucharla correr por el pasillo. No sabía qué había ocurrido pero era extraño que Suki saliese corriendo de esa manera. Cuando la vio pararse frente a la puerta de Zuko contuvo un gritito de sorpresa y se quedó observando desde la esquina.

-¡Zuko!-Cuando abrió la puerta su corazón esperaba que la maestra del agua estuviese esperando al otro lado, pero en lugar de eso la voz angustiada y los brazos de Suki, que rodearon su cuello, fueron los que realmente lo esperaban esa noche. Sus lágrimas mojaban su pecho cuando la guerrera Kyoshi se apoyó en él.

-¿Qué ocurre Suki?-En lugar de alejarla la abrazó más fuerte. No sabía si era por ella o por él mismo pero este abrazo le resultaba tremendamente agradable. Ambos lo necesitaban.

-Yo… Sokka… él…-Apenas se la entendía entre los balbuceos. Acarició su pelo con su mano derecha, estaba suave y sus dedos encontraban imposible enredarse entre él.

-¿Qué ha hecho ese estúpido ahora?-Estuvo tentado a invitarla a pasar pero ninguno de los dos encontró fuerzas para moverse en ese momento.

-Lo he visto… Toph lo estaba besando…-Cuando por fin se había tranquilizado lo suficiente como para pronunciar varias palabras seguidas volvió a romper a llorar.

Zuko no pudo más que soltar un gran suspiro. Llevaba imaginando lo de Toph desde que se unió al Gaang pero no pensaba que fuese a mover ficha. Y mucho menos se imaginaba que Sokka le correspondiese. ¿Qué diablos estaba haciendo? Iba a tener que ir a hablar seriamente con él pronto. O no, porque justo después de eso la guerrera Kyoshi levantó la mirada y antes de que pusiese darse cuenta sus ojos hinchados se habían cerrado y sus labios húmedos ahora estaban sobre los suyos, en un beso que jamás había llegado a soñar. Tras unos segundos de shock la separó de él y la miró fijamente, como pidiendo una explicación.

-Déjame quedarme contigo esta noche.

Tras un breve silencio tiró de su cintura hacia dentro y cerró la puerta.

La maestra del agua solo recordaba otra ocasión en la que había deseado tanto olvidar una escena. Por qué había tenido que venir hasta aquí. Todo esto era su culpa. Si hubiera sido sincera con él seguramente ahora sería ella quien estuviese con él en la habitación pero en lugar de eso sólo estaba preocupada por los sentimientos de un amigo. Un verdadero amigo debería aceptar lo que siente, sea correspondido o no. Todo era tan difícil… Pero ahora sí que había perdido todas sus oportunidades. ¡Estúpida, estúpida Katara! Se golpeó con la mano en varias ocasiones en la cara pero sólo aumentó sus lágrimas. Ahora todo lo que el otro día le pareció un dulce sueño lo estaba viviendo otra persona. Todos esos besos, sus caricias, él.

Corrió hacia la playa. El agua la llamaba. Era su única salida en estos momentos. Había algunos barcos a lo lejos pero no merecían su atención. Simplemente quiso sumergirse en el agua, donde nada ni nadie pudiera alcanzarla.