Pick him up

Preparé la clase con poca atención. Mi mente aún atrapada en la escena de la noche anterior. Emma y Ruby. Todavía no podía creerlo. Pero además, ¿cómo es que me afectaba tanto? En el fondo no me importaba lo que hiciera la nieta de Granny. El ruido del timbre de comienzo de las clases me sacó de aquellos pensamientos.

Regina acompañó a Henry y se intercambiaron una mirada de reconocimiento. Ninguna de las dos quería recordar la noche anterior y no diríamos una palabra. Cogí un trozo de tiza y comencé a escribir el título del tema de historia. Me faltaban las fuerzas y los niños se dieron cuenta, y decidieron portarse bien y quedarse en silencio durante toda la mañana.

Cuando las clases acabaron, esperé a que los niños estuviesen todos en las manos de sus padres. El único que todavía estaba solo era Henry.

«¿Tu mamá no ha llegado aún?» le pregunté premurosa. Me sonrió amablemente mientras se recolocaba la mochila en la espalda.

«Debe venir Emma. Lo sabes. Puede venir a buscarme una vez a la semana»

¿Cómo había podido olvidarlo? Ah, claro. No tenía problemas con Emma porque la semana anterior no había visto a Emma tirarse a Ruby. Debo dejar de ponerme celosa. Emma y yo éramos amigas. No me comportaría de forma diferente con ella.

«Es verdad, sí…¡qué despistada!»

El escarabajo amarillo de Emma se detuvo delante de nosotros, pero en vez de la propietaria, bajó la última persona que habría pensado que podría salir de ahí. Ruby. Llevaba puesto una camisa de cuadros rojos y negros que dejaba ver un top blanco. Las largas piernas estaban cubiertas por unos vaqueros muy estrechos que no dejaban nada a la imaginación. Me di cuenta de que estaba mirándola y desvié inmediatamente la mirada. La vi sonreír con malicia.

«¡Ven, Henry! Emma está en la comisaria y me ha pedido que venga a buscarte en su lugar. No hay problema, ¿verdad, señora maestra?» me preguntó provocativamente. Mis labios se estiraron en una falsa sonrisa.

«Ningún problema, señorita Lucas» respondí con un tono nada desesperado, eso espero.

«Henry, sube al coche. Debo preguntarle un par de cosas a la maestra» dijo amablemente Ruby, y Henry desapareció en el escarabajo poniéndose a leer un libro sobre animales. Suspiré mientras ella se iba acercando despacio.

«Mary Margaret…» comenzó y alargó una mano. Tomada de improviso, me asusté e hice caer los libros al suelo. Ruby se agachó rápidamente a recogerlos para ponérmelos después en los brazos. Hubo un momento en que nuestras manos se rozaron.

«Perdóname, lo siento mucho…» dije yo mientras me separaba de ella. Sus ojos siguieron cada movimiento mío. «¿Tenías algo que decirme?» dije volviendo a la conversación que habíamos interrumpido. La vi vacilar. ¿Quería decir otra cosa?

«Ehm…Emma quería…» comenzó, pero se me escapó un resoplido. Frunció el ceño.

«¿Qué pasa?» me preguntó

«Nada…venga, di» estreché los labios para no decir nada más.

«Mary Margaret, yo quería…» volvió a decir acercándose más

«A ver, ¿qué querías preguntarme? Estoy muy ocupada» Sí, llorando, pero de todas maneras, estoy ocupada.

«Emma quería saber cómo se comporta Henry y su rendimiento escolar»

Pregunta bastante fácil. Nada que Regina pudiera impedirme divulgar.

«Se porta muy bien y muy dedicado al estudio. Una mente brillante. Seguramente necesita alguna distracción. Un deporte quizás» expliqué y la vi asentir.

«¿Y tú?» me preguntó de repente

«¿Yo?» estaba sorprendida. ¿Qué quería decir?

«¿Cómo estás?»

«Nunca he estado mejor» respondí. La vi entrecerrar los ojos y ladear la cabeza. Miró un momento a Henry que estaba concentrado leyendo para preocuparse por nosotras. Improvisamente, me sentí empujada contra un seto del patio del colegio, su cuerpo contra el mío. Los ojos azules me miraron intensamente y su respiración me cosquilleaba en el cuello. Apreté aún más los libros entre las manos. Las suyas, sin embargo, se posaron en mis caderas, la boca peligrosamente cerca de la mía.

«¿Cómo estás, Mary?» susurró. Estábamos tan cerca.

«No puedo…» dije. Ella sacude la cabeza.

«No es una respuesta»

Estaba literalmente enloqueciendo. Después me acordé de David. Yo amaba a David. ¿Cómo podía estar haciendo esto? Le estaba siendo infiel. No había hecho nada, pero el problema es que quería hacerlo. No entendía dónde tenía la cabeza. La alejé con un empujón.

«¿Por qué sigues alejándome?» me preguntó. La voz estaba rota de dolor.

«Porque no te quiero» no pude mirarla a los ojos.

«Mírame y dilo. Te dejaré para siempre»

Estaba de nuevo cerca de mí. Su perfume me embriagaba, confundiéndome la mente, las ideas…

«Déjame…»y simplemente hui de ella. No podía permanecer un segundo más o habría confesado que la quería con todo el corazón.

El encuentro me había conmocionado más de lo debido. Al llegar a casa, David se acercó a mí y me abrazó, y empezó a besarme. Estaba algo encendido. Pero lo hice apartarse.

«No tengo ganas, David» vi cómo se tensaba.

«¿Otra vez?» susurró «Más de tres meses con esta historia»

«Si te he dicho que no, es no» lo alejé todavía más y me fui a cambiar a nuestra habitación. Mientras me desvestía, muchas emociones encontradas y muchos recuerdos me asaltaron.

Ruby se acercó a nuestra mesa y se quedó hablando conmigo, Emma y Henry. Los dos decidieron regresar a casa. La madre de Henry, Regina, quería que su hijo volviese a las diez. Emma parecía feliz de llevarse a Henry. No comprendía por qué. Entre ella y Regina no había buen entendimiento. Ruby y yo éramos las únicas en el local.

«¿Dónde está Granny?» pregunté. Vi que me cogía de la mano y comenzaba a jugar como siempre hacía. Estábamos muy unidas. No podía pensar mi vida sin ella.

«Está en la cama. No se sentía muy bien y hoy cierro yo»

Hablábamos de todo y de nada cuando improvisamente ella me cogió ambas manos y las apretó fuerte.

«Mary…hay que algo que quiero decirte…»

«¿De qué se trata?» comencé a preocuparme ¿Estaría la abuela enferma?

«¿La abuela está bien?» le pregunté con angustia. Se echó a reír.

«Sí, sí…no es eso, yo…»

«¿Qué pasa?»

«Yo…no sé cómo decírtelo si no es así…»

Me encontré sus labios sobre los míos. Necesité algunos segundos para comprender qué estaba pasando.

«Ruby…¿qué significa esto?» pregunté. Su sabor aún en mis labios.

«Que me he enamorado de ti y que no podía esperar más para decírtelo» tenía el rostro blanco. Seguramente no era la reacción que se esperaba. ¿Y cómo podía?

«Yo estoy con David…lo sabes»

«Sí, pero he pensado…»

«No…él y yo nos amamos y nunca pasará nada entre nosotras. Lo siento, pero prefiero ser solo tu amiga» Sobre la palabra "solo" inferí una particular vehemencia.

Vi que alejaba sus manos de las mías.

«No puedo ser tu amiga. Ahora que lo sabes todo no. Es todo mucho más doloroso así. Saber que sabes lo que siento, y sin embargo me rechazas, es difícil de llevar para mí. Pero sé una cosa. Tú me quieres»

«¿Qué?» estaba bastante atónita

«Sí…cuando nos hemos besado, me has correspondido»

«No es verdad. Te lo has imaginado»

«No mentiría sobre eso»

Me levanté y dejé la mesa y el local. ¿Por qué había querido estropearlo todo?

Me serví un poco de café y esperé la llegada de Henry. Necesitaba de un momento conmigo misma. El encuentro del sábado con Regina había sido muy fuerte. Era la primera vez desde que lo habíamos dejado. Siempre que la nuestra se pudiese definir como una relación. Dos años escondiendo nuestro amor bajo falsas peleas. Y cuando estábamos preparadas para darlo a conocer, ella me traicionó. El golpe aún era demasiado duro. Yo la amaba. Es más, la amo, pero ¿cómo puedo fiarme ahora de ella? Aún con todas aquellas excusas, no podía perdonarla. No lo conseguía. Por dentro estaba muy herida. Con Ruby no era nada serio y también ella lo sabía. Amaba a Mary Margaret. Me lo había confesado. Y yo no hacía más que pensar en Regina. Me había robado el corazón y no lograba recobrarme.

La puerta se abrió de improviso y Ruby y Henry entraron en mi oficina. Abracé a mi hijo y lo levanté en brazos. Abracé también a Ruby.

«Entonces, ¿qué ha dicho la maestra?» le pregunté. Ella me miró con tristeza.

«Es un niño buenísimo, pero que debería hacer algún deporte»

«¿Qué te parece el baloncesto?» le pregunté. Vi que asentía vivazmente, y después pidió ir a comer un donut a Granny's.

«¡Puedes tener tantos como quieras!» dijo Ruby agarrándolo por los hombros

Mientras comía, sentado en una mesa, Ruby y yo hablábamos un poco de lo que había pasado con Mary Margaret. Parecía convencida de que podría haber alguna posibilidad.

«He visto su mirada. Realmente no quería alejarme. Solo tiene miedo de admitir que me ama»