Disclaimer: Avatar:La leyenda de Aang no me pertenece así como ninguno de sus personajes. Sólo me pertenece esta versión de la historia.
Un capítulo cortito para ir avanzando poco a poco 3
-¡Katara ha desaparecido!-No sabía bien de quién era la voz que gritaba por la ventana, ni siquiera sabía muy bien dónde estaba. Su espalda dolía infinitamente, así como su cuello. Sentía que estaba apoyado sobre algo duro y mayormente frío. Se giró sobre sí mismo hasta mirar al otro lado. Su cama parecía mucho más alta desde aquí. Cierto. Los recuerdos de la noche anterior vinieron en cascada hacia su mente.
El portazo en la puerta dio lugar a un enorme abrazo a su gran amiga. No había esperado para nada un beso de su parte. No es que él mismo no se lo hubiera planteado nunca, Suki era realmente hermosa, pero cuando le besó, no sintió más que remordimientos. No eran esos los labios que quería besar y, después de haber probado los labios de Katara, los de Suki parecían extrañamente ajenos. Y, por supuesto, no iba a ir más allá, aunque le resultó difícil resistirse cuando Suki lo tiró sobre la cama y comenzó a abrir su camisa, dando suaves besos en su cuello. Sabía lo que estaba haciendo, no era ni mucho menos tan inocente como lo fue con Katara. Cogió sus muñecas y rodó sobre sí mismo hasta colocarse encima.
-Juro por mi país que como vuelvas a hacer eso no podré pararte Suki. Así que ya basta.-No supo si dijo algo malo o qué, porque Suki rompió a llorar de manera inmediata.-Te conozco, realmente no quieres hacer esto.-La guerrera negó suavemente con la cabeza.
-No es eso, realmente… sí quiero Zuko. Desde que me salvaste yo… he soñado con esto muchas veces.-Escondió su cara en su pecho, intentando desaparecer.-Pero no me imaginaba que… Sokka… Duele tanto…-Se vio a sí mismo acurrucado con ella en la cama, acariciando su pelo. Realmente no sabía qué decir. Nunca había sido bueno en estos temas.
-No creo que pasar la noche con otro hombre te ayude a arreglarlo. Y, sin saber qué ha pasado, tampoco me gustaría traicionar a Sokka.
-A él no le ha importado traicionarme a mí.
-Suki…
-Si realmente Sokka tiene alguna intención con Toph, Zuko, vendré aquí y no aceptaré absolutamente ninguna excusa. Aunque sea esa noche serás mío.-Algo más animada, acarició los labios del príncipe con el dedo índice. Realmente sonaba como una amenaza.
-¡Katara!¡Katara no está!-Esos gritos le sirvieron para terminar de salir de su somnolencia, dando casi un salto desde el suelo. Se asomó veloz por el balcón.
-¿Qué pasa con Katara?-El joven avatar miró hacia arriba antes de responder.
-¡No está por ninguna parte!-Se estaba prácticamente dando golpes en la cabeza cuando Sokka llegó a su lado.
-¡Tampoco encuentro a Suki!¡MI SUKI!-Y rompió a llorar de esa forma que al príncipe le resultaba tan cómica. Suki aprovechó el momento para asomarse al balcón al lado de Zuko.
-Yo estoy aquí, Sokka.-No sabía en qué momento, quizás fue anoche, quizás lo había hecho ahora sólo para darle celos a Sokka pero ahora Suki llevaba sólo la toga del príncipe encima mientras él estaba sin camiseta. Sólo se escuchó aumentar los gritos del guerrero. Resoplando, Zuko se retiró de allí, cogió una camiseta cualquiera, escondió su nueva máscara del espíritu azul y sus espadas y salió de la casa.
-Hey, hey, ¿Dónde vas?-Un Aang tremendamente nervioso se interpuso en su camino.
-A buscar a Katara.
-Voy contigo.
Preguntaron prácticamente a todo el pueblo. Buscaron por cada uno de los rincones y nadie, nadie, parecía saber nada de su amiga. Acabaron en el puerto, preguntando a los barcos que llegaban y a los que salían, por si acaso. Uno de los barcos no se había movido del muelle en todo el tiempo que llevaban por allí y la oscuridad empezaba a caer.
-Ve a informar a los demás Aang, yo vuelvo ahora.
-Pero…-Interrumpió su frase cuando vio los ojos de Zuko. No daban lugar a dudas ni réplicas, no lo permitiría.
Una vez el maestro del aire hubo desaparecido el príncipe se colocó su máscara y comenzó a acercarse al barco. Parecía haber una especie de fiesta dentro puesto que había mucho ruido.
-¡Suéltame asqueroso! Dame dos segundos y toda el agua del mar estará en tu estómago.
Ajá. Eso sonaba totalmente como Katara. Se permitió respirar hondo, aliviado. Ahora sólo había que sacarla de allí.
Trepó el barco sin mucho problema, tirando por la borda a varios de los hombres que estaban en él. Cuando llegó a la cubierta había varios hombres, así como un par sujetando a la maestra del agua. Salió corriendo hacia los que sujetaban a Katara, propinando un golpe a cada uno, dejándolos en el suelo. Hizo una especie de reverencia a su amiga, que entendió perfectamente, y, espalda con espalda, comenzaron a pelear con los guardias que los rodeaban. Con un látigo de agua los tres primeros volaron por la borda. Tras esto fueron otros dos más, heridos por la espada del príncipe, pero sin nada grave. Una vez no parecía quedar nadie a la vista corrieron hacia el agua y aterrizaron en el puerto gracias a una ola de la maestra del agua. Huyeron entre las calles hasta estas bastante más cerca de la casa en la que se alojaban. Cuando pararon para coger aire Zuko retiró su máscara.
-Al final siempre te salvaré de los piratas. Ahora y siempre ¿eh?
Miró a su compañera a la cara; No se había dado cuenta pero había empezado a llorar, aunque no tenía muy claro si era de felicidad o de tristeza. Por su parte Katara estaba sintiendo una mezcla de emociones que no sabía si podía soportar. Aquí estaba él, ese maravilloso príncipe al que había dejado escapar, al que anoche había visto con otra, salvándole la vida y diciéndole la misma frase que le había dicho poco después de conocerse, la misma frase que su precioso adorno llevaba grabada. No era Aang quien estaba aquí con ella, ni mucho menos su hermano. Era él. Siempre sería él. Su corazón parecía querer explotar. Después de todo el día encerrada con esos hombres, en una celda fría y sin comer absolutamente nada, en este momento no podría ser más feliz. O sí. Porque al verla no responder Zuko la empujó suavemente contra la pared y la besó de la manera más dulce que jamás había sentido. De esos besos que dicen "te he echado de menos". De esos besos que cruzarías hasta la Tribu del Norte sólo por sentirlo una vez más. Sus piernas temblaban. Al separarse, Zuko bajó la cabeza, apoyándola sobre su hombro.
-Di algo maldita sea, llevo buscándote toda la mañana y sé que no merezco hacer esto.
-Yo… Sólo quería darme un baño en el mar pero perdí el control del tiempo. Esos hombres, aunque odie decirlo, me salvaron la vida. Me recogieron inconsciente y trataban de venderme. Me alegro tanto de que estés aquí.-Sólo en ese momento se permitió a sí misma abrazar a su compañero.
-Pero ¿Tú ahogandote en el mar?
-Todo el mundo comete fallos a veces.
-Tú no Katara, no si estamos hablando de tu maestría del agua.
-Bueno, puede que una parte de mí no quisiese salir del agua. Nunca.
-¿Me estás diciendo…-Dio un puñetazo a la pared del lado de su cara.-...que estabas intentando suicidarte?
-¡No!¡Yo nunca haría algo así! Al menos no conscientemente. Sólo digo que perdí el control porque quería desaparecer por completo.
-¡Me estás diciendo lo mismo pero con otras palabras!¿Estás loca?-Otro puñetazo sucedió al anterior.-¿Sabes la cantidad de gente que te necesita?¿La cantidad que te echaría de menos?¿Has pensado en tu hermano?¿Y en Aang?-Se retiró de ella llevándose las manos a la cabeza.-¡Aarg!-Lo que más le dolió a él fue no tener el derecho de incluirse. Lo que más le dolió a ella fue que no se incluyera.
-¿Y tú?
-Si no me importara ¿crees que habría tirado a todo un barco por la borda para rescatarte?
-Zuko…
-'Tara… No vuelvas a hacer esto. Me dan igual los motivos. Si ha sido algo que ha hecho Aang te juro que…
-No, Aang no ha hecho nada.
-No me digas que también ha sido Sokka.
-No. Espera ¿También?
-Bueno, Suki… debería contártelo cuando lleguemos.-Cogió su mano y empezó a andar hacia la casa. Katara no necesitaba que le recordaran a Suki ahora mismo, ni siquiera quería verla, pero al fin y al cabo no era su culpa. Aún así no podía evitar sentir celos. ¿Qué diablos estaba haciendo?
El ambiente estaba tenso en el Gaang hasta que llegaron. Toph y Sokka no se miraban y Aang sólo miraba al suelo. Suki quería sacar tiempo para preguntarle a Sokka qué había pasado pero no había tenido oportunidad con todo lo ocurrido. Todo fueron sonrisas y bienvenidas después, incluso con Suki. Por una vez en lo que había sido sólo un día pero habían parecido cientos, el Gaang estaba unido de nuevo, haciendo chistes, comiendo y divirtiéndose. Todo parecía tranquilidad, aunque ninguno olvidaba lo que los había llevado a este punto.
