Empty Truth
La tarde había estado bastante tranquila. No había habido una gran afluencia de gente y la abuela me dejó irme antes. Ordené todo. Apagué las luces y cerré las persianas. Salí del local y cerré la puerta con llave. Esa noche tenía que ir a retirar una carga de fruta seca en la estación. Caminé por la oscuridad iluminada solo con la débil luz de una farola.
Giré a la izquierda y choqué contra una figura que se quejó al caer al suelo.
«Oh, Dios, perdona, no te había…» las palabras murieron en mi garganta. Era Mary Margaret. La ayudé a levantarse y limpiarse.
«No te preocupes. ¿Tú? ¿Estás herida?» me dijo aprensiva. No podía mirarla a la cara, pero era lo que más deseaba en ese momento.
«No, no…eres tú quien se ha caído» respondí sonriendo. Adoraba cuando se preocupara de los demás más que de sí misma.
Nos dimos cuenta en ese momento de que nos estábamos sosteniendo las manos. Las aflojé rápidamente. Ella se petrificó.
«¿Qué haces aquí?» me preguntó. Fruncí el ceño
«Quizás soy yo la que debiera preguntártelo a ti. Este es el restaurante de mi abuela»
«Ah claro. Perdona»
«No te preocupes»
Se produjo un embarazoso silencio.
«Mira, yo…» comencé. Quería decirle miles de cosas. Que lo sentía por haberla incomodado el otro día en el colegio, que no hubiera debido besarla y otras cosas, pero no acabé la frase porque de repente sentí sus labios en los míos. El sabor afrutado como a melocotón me invadió. Intenté profundizar el beso y ella, increíblemente, me lo permitió. La agarré por la cintura y la empujé contra un árbol cercano. Nuestras lenguas se recorrían sin darse tregua. Mis manos se deslizaban por todo su cuerpo. La sentía gemir bajo mí. Tampoco ella se quedó con las manos quietas. Me rozaba con sus delicados dedos el vientre, bajando despacio hacia mi falda.
Era demasiado bello para pensar que realmente estaba sucediendo. Mary Margaret me estaba besando.
Me separé improvisamente de ella. Se quedó asombrada.
«¿Qué…?» comenzó, acercándose de nuevo a mí. Su mirada era hambrienta.
«Lo siento…pero no puedo hacerlo. Pensaba que sí, pero lo siento»
«Pero, ¿por qué? ¡Iba todo bien!» protestó ella.
«No sé por qué lo estás haciendo» dije y ella enmudeció.
«Yo…no lo sé…es que te quiero tanto…» confesó
«Sí, pero yo no quiero tenerte la mitad del tiempo. O estás conmigo y solo conmigo, o ni siquiera lo vamos probar. Verte con David me mata. Y hablando de él, ¿dónde está ahora?» pregunté y ella se sonrojó
«Él…hemos discutido. Estaba paseando y me he encontrado contigo»
La verdad me golpeó en el estómago. ¿Solo estaba buscando sexo? ¿Algo que pudiera herir a David? Me sentí mal.
«Así que…¿solo estabas buscando consuelo sabiendo que yo no te habría rechazado?»
«Yo…no, espera…»
«Déjame» me alejé de ella. Empecé a llorar despacio mientras mi corazón mataba aquella esperanza que apenas había nacido.
«No entiendo qué está pasando entre nosotros» dijo David. Cogió el mando y lo lanzó contra la pared. Me asusté mucho. Estaba borracho.
«Ya no hacemos el amor. ¿Qué pasa? ¿Ya no te gusto? ¿Ya no me amas?» gritó
Me alejé de él.
«Ya no sé lo que siento»
Se quedó estático.
«Es el doctor Whale, ¿verdad? Claro, ese pequeño bastardo…ahora voy y le parto la cara»
«No es él y no harás nada a nadie» respondí
«Y entonces, ¿quién es? ¿Quién te está alejando de mí?» las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
«Yo…» intenté hablar sin encontrar las palabras. ¿Cómo podía decirle que había perdido la cabeza por una chica? Y no cualquiera, sino Ruby.
«He entendido…» se puso la chaqueta y salió dando un portazo. Esperé diez minutos y salí a buscarlo.
El sabor de los labios de Ruby se había quedado indeleble en mis labios. La quería tanto, pero ¿qué podía hacer con David? Él y yo nos amábamos desde hace tiempo y siempre había estado a mi lado. Bueno, no siempre…todo aquel problema con la mujer y después cuando había pensado que yo la había matado. Ruby nunca me abandonó. Siempre estuvo a mi lado. Sacudí la cabeza para liberarme de aquellos pensamientos y entré en Granny's. Ruby y David estaban hablando delante de mí. Se me paró el corazón. ¿Qué se estaban contando? Me acerqué y saludé a David con la mano, pero él me agarró y me dio un largo beso. Lo hice separarse.
«Deben saber que eres mía» dijo y se fue a sentar a una mesa. Ruby se había quedado quieta mirando hacia el suelo. Se sonrojó.
«Ruby…yo…» intenté, pero ella alzó los brazos en señal de rendición y se marchó a tomar otras comandas para la cena de esa noche. No lograría hablar con ella sin herirla de nuevo.
Me arrastré a la mesa donde estaba sentado David. Era muy bueno llenándome de preguntas, sobre todo cuando era evidente que no le prestaba la atención adecuada.
En ese momento entraron Emma y el doctor Whale. Estaban hablando de no sé qué y se detuvieron cerca del mostrador. Ruby se dirigió rápido hacia Emma y la abrazó. No lo soporté más. Destrocé los grissini con un golpe seco y me levanté enfadada. ¿Era eso de verdad lo que quería? ¿Solo reírse de mí? ¿Decir que ama y después follarse a Emma? Le cantaría las cuarenta.
El encima y comenzó a golpearlo doctor Whale se me acercó, pero no llegó a hablarme porque David le cayó.
«¡No te atrevas a tocas a mi mujer de nuevo, ni siquiera le hables!» fue detenido por Emma y Ruby que le arrastraron lejos del pobre doctor ensangrentado. El pobre buscó refugio y huyo por la puerta.
«¿Pero qué tienes en la cabeza?» grité. Estaba completamente atónita ante su comportamiento.
«Él te quiere para él y estás fascinada por él, me parece obvio» Tenía la cara roja y temblaba. Le apreté las manos entre las mías.
«Ni lo quiero ni he perdido la cabeza por él» le aseguré «Sabes que solo te amo a ti» Y lo besé. Sentí como sonreía. Pero me es extraño, como si estuviese traicionando a alguien. Sentí que a mis espaldas alguien se marchaba. No tuve necesidad de girarme para saber que era Ruby. Mientras estaba entre sus brazos, recordé sus labios. Qué mentirosa me sentía y sobre todo, cobarde.
«Te lo ruego, párate, solo quiero excusarme. Yo…» grité aquellas palabras al viento. Había logrado encontrar a Ruby en el parque a la mañana siguiente y no quería escuchar lo que tenía que decirle. Continuaba caminando a paso rápido sin esperarme. Para llegar a ella, tuve que casi ponerme a correr y me doble el pie. Caí al suelo gritando por el dolor. Cerré fuerte los ojos intentando estúpidamente disminuir el dolor.
Unas manos llegaron a mí y me levantaron. Era Ruby que se había dado la vuelta y me estaba llevando a casa. Apenas entramos, hizo que me echara en el sofá. Cogió hielo y pude constatar que se desenvolvía como pez en el agua en mi casa. Cuántas tardes habíamos pasado aquí. Aún no me había dirigido la palabra. Me masajeaba el tobillo dando pequeños círculos. El dolor comenzó a disminuir.
«¿Cuánto más vas a estar en silencio?» pregunté
Me miró y de repente me envió un pinchazo de dolor al tobillo.
«Perdóname» se excusó. No parecía una excusa verdadera. La ironía no era tan sutil.
«Lo siento por…» intenté de nuevo comenzar mi discurso.
«No lo digas» me interrumpió
«Pero quiero que sepas…»
«Sé lo que quieres decirme. Pero sé sobre todo que lo que vas a decirme son mentiras. Me mientes a mí, a David y a ti misma. Sé lo que sientes por mí. Es impresionante que no haya comprendido que solo porque no quieres herirlo te quedarás con él. Eso no es amor. Es crueldad hacia mí porque sabes que te amo y tú me amas, no lo niegues, y hacia él, porque quedándote con él sin amarlo, le impides tanto a él como a ti la verdadera felicidad»
Hizo una larga pausa y después suspiró
«Ponte hielo o se te hinchará»
Tras decir eso, se levantó, se puso la chaqueta y desapareció del apartamento, dejándome un repentino vacío en mi interior.
