Es un caso perdido, años de historia y de dolor son los que se respiran en el pasado.
Su pasado.
Eran noches como estás, cuando despertaba a mitad noche a causa de las pesadillas, en las que ya no podía dormir. No recordaba, exactamente, qué ha soñado pero estaba seguro que era una pesadilla. Su pecho dolía, demasiado, el dolor era insoportable. Necesitaba volver a dormir, eso aliviaría momentáneamente el dolor, eso quería creer, pero sabía que no importaba cuánto tratase no lo lograría. Lo único que podía de hacer era cerrar sus ojos y desear volver a dormir, volver a soñar, volver a escuchar esa voz.
«Pero el mundo no es una fábrica de conceder deseos»
Bostezó ligeramente, el dolor disminuyó un poco, podía escuchar esa voz llamándolo otra vez. ¿Quién lo hace? No lo sabía, ¿dónde estaba esa persona? ¿Cómo podía encontrarla? ¿Por qué sentía tanta desesperación por hacerlo? Lo único que tenía claro era que debía encontrarla, ni siquiera terminaba de entender la razón, pero todo su ser se lo pedía. A gritos.
«Levi»
Aquel nombre era pronunciado con tanto amor y cariño que podría erizarle la piel, podría, sí, porque solo tenía una duda. ¿Ese sería su nombre? Quería creer que sí. No era más que un gato callejero, nadie le ha dado un nombre, nunca, nadie le ha dado un techo. Nadie le ha dado nada. Le gustaría creer que es su nombre, quería creer que todo el amor y cariño que demostraba esa voz; era para él, quería creer que hay alguien buscándolo, esperando por él con los brazos abierto, que lo ama.
¿Una emoción?
¿Un sentimiento?
¿Una acción?
Todo lo que tiene que ver con el amor es algo que no ha tenido, no desde que abrió los ojos en el cuerpo de un pequeño minino.
«Amor»
Amor, esa palabra es algo que no ha podido tener desde que nació. Lo han golpeado, pateado e intentado matar en muchas ocasiones. Es por eso que ha aprendido a presentir el peligro. Los humanos son peligrosos, algunos, otros son buenos. A veces le daban comida, otras tenía que buscar en la basura (la última opción de supervivencia era la que más odiaba), en este mundo todo era vivir o morir.
Desde que tuvo uso de razón supo que la suciedad le inquietaba de sobre manera, de verdad que lo hacía. No entendía el por qué, no es más que un pequeño (definirse a sí mismo con aquella palabra lo hacía enfadar, sí que lo hacía) minino, Levi había nacido en el comienzo de la estación y esta está casi por terminar.
Aprendía muy rápido, demasiado, en su opinión. Había observado morir a muchos otros a su alrededor, pero él sabía cómo sobrevivir en las calles. Es como si ya supiera lo asqueroso que es el mundo, no sabe el por qué, no lo entiende, no entiende muchas cosas. Solo puede seguir avanzando, necesita encontrar al dueño de esa voz. Lo necesita. No importa qué tan cansado esté o cuanto le duelan sus patitas, seguirá avanzando en busca de esa suave y linda que voz que no deja de repetir «Capitán Levi».
No dejará de avanzar hasta encontrarla.
