«—¡Capitán! ¿Cómo amaneció hoy?

Su voz alegre resonaba en sus oídos, suavizó ligeramente sus facciones. Algo casi imperceptible, pero aun así él lo notó, le sonrió en respuesta. Estaba completamente enamorado de su sonrisa.

—Bien, mocoso»

El duro invierno hacía acto de presencia, la nieve empezaba a caer poco a poco. Maulló ligeramente, no tenía una voz muy fuerte, quería llamar la atención de aquella chica pelirroja que le daba la espalda. Había estado casi tres semanas sin comer algo y su orgullo, de nuevo, se estaba viendo afectado.

Estaba a punto de desistir cuando la chica se dio la vuelta y sonrió, dejó comida en una servilleta y acarició su cabeza con cuidado. Como si fuera algo muy frágil y valioso, podía sentir el amor a través de sus caricias. Levantó su cabeza para verla mejor y entonces, la reconoció. Era Isabel. Después de unos minutos Isabel miró su reloj y dejó salir un pequeño grito de sorpresa, se levantó y se fue corriendo mientras gritaba «¡Juguemos otro día!». Se quedó ahí, mirando como desaparecía, mirando como ella se notaba feliz con la vida que tenía en esta época. Extrañaba poder hablar, quería decir algo, lo que sea, solo quería decir algo. Pero lo único que podía hacer era soltar pequeños maullidos, no estaba seguro de cómo sentirse respecto a eso. Comió lentamente, saboreando su comida, posiblemente no volvería a comer en otro largo tiempo. Debía estar preparado. Su corazón latió con fuerza al darse cuenta de algo importante, si Izzy era humana, posiblemente él también lo fuera.

Él.

Ha logrado recordar muchas sobre él, su voz, la mirada llena de amor le que brindaba, como sus cabellos bailaban en el viento cuando entrenaban, la hermosa sonrisa que le daba cada vez que se veían. Podía recordar sus ojos, sus hermosos ojos, viéndolo con amor, temor, timidez, nerviosismo, vaya que lo recordaba. Todavía podía sentir el rose de los labios, quería ver sus pucheros. Podía recordar todo eso, el problema, el maldito problema era…

Que no podía recordar cómo era su rostro.

Todo era demasiado borroso.

Todo era demasiado confuso.

¿Por qué no podía recordar su rostro? ¿Su nombre?

¿Así de cruel sería el destino?

Sí, mi pequeño Levi. Así de cruel es el destino.