Corrió y corrió, lo más rápido que pudo, necesitaba llegar rápido a la veterinaria. No quería dejarlo morir, era solo un pequeño minino, un ser que no tenía la culpa de no haber nacido bajo un buen techo, era un ser inocente que no merecía morir así. Divisó una veterinaria a lo lejos, podía ver cómo estaban empezando a apagar las luces, aumentó la velocidad todo lo pudo y llegó en el momento que una señorita estaba por cerrar la puerta con llave.
—¡Disculpe, disculpe! Por favor, este pequeño necesita ayuda. —Jadeó e intentó recobrar el aliento—. Por favor... ayúdeme.
Sus piernas estaban cansadas, había corrido casi tres manzanas. El pequeño animal, que estaba entre sus brazos, perdía cada vez más rápido su calor corporal, para empezar, casi no lo había sentido cuando lo tocó por primera vez. Este frío no ayudaba en nada, estaba comenzando a sentir impotencia.
La mujer lo miró, enternecida, se acomodó los lentes y le dedicó una sonrisa.
—Trataré de hacer lo que me sea posible.
Eren sonrió, con sinceridad, felicidad, alivio. Con muchos sentimientos encontrados, sentimientos que no podía entender. No en ese momento. Solo tenía catorce años, ¿qué podría saber él en esos momentos?
Temas como el amor, y algunos otros sentimientos, eran cosas que no podía comprender. Solía pensar que era porque todavía no ha vivido lo suficiente, pero en esos momentos ya no estaba tan seguro. Sentía algo extraño en su pecho, desesperación, nostalgia, alegría, alivio, dolor. Quería salvarlo, ni siquiera terminaba de entender el por qué pero necesitaba hacerlo, algo dentro de él lo pedía. A gritos.
Hay muchas cosas que Eren no pueden entender en ese momento.
Todavía queda mucho por descubrir.
Hay muchas cosas que Eren todavía no ha podido ver en ese momento.
Todavía quedan muchas cosas por explorar.
Hay muchas cosas que Eren no sabe en ese momento.
Todavía queda mucho recordar
Y aquí es cuando empiezan a aparecer más personajes. Ho, ho, ho.
