Eren tenía la mala costumbre de siempre llevar todos sus ahorros encima, a veces era una bendición, a veces un problema. En esos momentos sería, más bien, como una bendición, ¿qué hubiera pasado si al encontrar al gatito no tenía el dinero para pagarle al veterinario? No quería pensar en eso.

¿Cuándo había empezado esta costumbre? Posiblemente fuera hace unos cuantos años, después de que los padres de su mejor amigo, Armin, murieran en aquel accidente. Apenas habían terminado la escuela, por lo que Armin tuvo que pasar por muchas cosas. Que nunca compartió. Eren lo encontró un día, mirando con anhelo la vitrina de una librería. Esa era la primera vez que veía una expresión así en su rostro.

El abuelo de Armin, por desgracia, estaba pasando por algunas deudas y el dinero no era suficiente. Después de estudiar bastante, hablar con la escuela, el director y algunas personas más, Armin había logrado conseguir una beca para el resto de sus estudios. Eren sentía admiración por él, siempre esforzándose a su modo, lo único que odiaba era siempre él se lo guardara todo. Sabía que tarde o temprano iba a explotar y eso sería un problema. Cuando Armin se fue, a pasos rápidos, como si no quisiera ver nada más que pudiera desear, Eren sintió un dolor en su pecho. Odió ver así a su mejor amigo, pero al revisar el dinero que tenía, se dio cuenta que podría comprárselo. No lo dudó dos veces. Entró y lo compró. Cuando lo tomó entre sus manos, sonrió de oreja a oreja, salió de la tienda y corrió lo más rápido que pudo hasta su casa. Eren tenía que lograr que el libro se viera un poco más desgastado.

Llegó a casa y buscó por todos lados una lija, debía tener cuidado al momento de hacerlo. Cuando la encontró, se sentó frente a su escritorio y comenzó a pasarla con mucho cuidado sobre los bordes. Si bien no parecía viejo, al menos se veía algo usado. Continuó haciendo lo mismo hasta que se sintió satisfecho, después de todo, no quería que Armin sintiera que lo hacía por pena o lástima.

Armin siempre había sido un buen lector, amaba leer, le encantaba perderse entre las páginas de los libros, sumergirse en las historias y soñar sus continuaciones. Sentir que él era el protagonista, tener otra vida diferente, le encantaba sentir que podía volar y olvidarse del mundo real por unos momentos. Se había leído todos los libros que su abuelo tenía en casa, los libros que más le llamaron la atención en la biblioteca de la escuela y algunos que le había prestado Mikasa (por obvias razones, se los devolvió después de acabarlos). Una tarde decidió ir a ver qué había de nuevo en las librerías, pero siempre era una verdadera tortura. Quería los libros, pero no podía darse el lujo de comprarlos, al menos no en ese momento. Le gustaba anotar los nombres de los libros que quería, para irlos comprando poco a poco después.

El día en que Eren llegó, justamente, con el libro que él había visto en la librería, sintió ganas de llorar. Su amigo le regaló una sonrisa sincera mientras le decía «He encontrado esto en casa, nadie lo lee, pensé que podría gustarte». Armin se sintió bendecido. Lo que Eren no sabía es que aquel libro apenas había comenzado a venderse el día anterior. Armin sonrió y tomó el libro con mucho cuidado, agradeció varias veces y prefirió no revelar el tiempo de venta de su nuevo tesoro.

Por razones así, Eren solía llevar todos sus ahorros en sus bolsillos. En más de una ocasión había ayudado a diversas personas, a algunas les había salvado la vida. Solían decirle «Te has ganado un escalón al cielo», «Eres un ángel», entre otras cosas. Era una mala costumbre que Armin siempre le decía que debía quitarse, estaba preocupado, no quería que nadie atacara a su amigo por querer quitarle el dinero. Eren tenía su preocupación, pero, de igual forma, seguía haciéndolo.

¿El destino ha decidido cooperar o simplemente quiere romper la frágil esperanza?

El destino es increíblemente cruel

¿cierto?