Cuando Levi despertó era casi mediodía. Miró a su alrededor, al no reconocer el lugar donde se encontraba, dedujo, casi al instante, que era la habitación de su mocoso-idiota. Amplia, luminosa, ordenada (esto era un gran alivio para él, odiaría estar en un lugar sucio y desordenado). Todas las paredes eran celestes, algunas tenían fotografías, otros posters y cuadros. Bostezó, aburrido, en ese momento no tenía ganas de revisar la habitación, se sentía cansado. Comenzó a preguntarse si la mancha borrosa, que posteriormente se percató, era un hombre que trabajaba en la veterinaria, había tenido algo que ver con eso. Había detestado a ese tipo, el maldito intentó golpearlo cuando Hanji no estaba viendo, y, por obvias razones, él no se iba a dejar. Le arañó toda la cara. Tenía un vago recuerdo de la voz de Hanji diciendo «Hay que sedarlo», cuando volviera a verla le maullaría como queja. No es como si pudiera hacer algo más que eso. Cuando se estiró sobre la cama, se dio cuenta que tenía algo en el cuello. Posiblemente había sido obra de Hanji. Un gazné(*) blanco se encontraba ahí. Era parecido al que usaba en el pasado, la-maldita-cuatro-ojos podía ser muy meticulosa cuando quería.
—¡Ha despertado!—la voz de su mocoso resonó en la habitación. Su corazón latió con fuerza, giró su cabeza para poder observarlo, y esperó a que se acercara. Sintió como acarició su con cuidado, como si fuera de papel, como si fuera algo precioso. Su pecho se oprimió, casi al instante, era él. En verdad era él, estaba a su lado. Estaban juntos. Por fin estaban juntos.
Una vez más, sintió ganas de llorar.
Pero los gatos no lloran.
Y Levi es un gato.
Aunque, muy dentro de él, sabía y presentía que no estarían juntos mucho tiempo.
«¿Por qué…»
—Me pregunto, ¿qué nombre debería ponerle?—lo miró con ternura, con cariño, sonriendo. La señorita Hanji le había dicho que tuviera algo de cuidado, el pequeñin tenía su carácter.
Levi se lo quedó mirando fijamente, por fin podía ver su rostro. Su piel ligeramente tostada, sus ojos, su sonrisa, su mirada. Todo era igual, es como si nada hubiera cambiado. Nada, excepto que él no era humano. Si lo fuera podría decirle que lo ama, podría abrazarlo, besarlo, atesorarlo.
Si fuera humano le habría hecho tantas cosas.
Eren, por extraño que parezca, tomó esto como una buena señal. Pensó que, lo más probable, es que estuviera intentado analizarlo. Los gatos son... misteriosos. Eso es algo que siempre ha pensado y tenido claro. Decidió ignorar el hecho de que seguía siendo estudiado y procedió a hablar.
—Tiene un aura de autoridad, pareciera que yo fuera su subordinado.
«...no puedo...»
Recibió un maullido como respuesta. Sonrió, ni siquiera esperaba que le estuviera haciendo caso. Agradecía que, al menos, lo escuchara. Si es que lo hacía en verdad. Los ojos grises, con los bordes azules, poseían una mirada tan difícil de describir, fría y aterradora, pero tan hermosa a su parecer.
Era una mirada única, pero, de igual forma, sintió que no era la primera vez que la veía.
¿Dónde más podría haberlo hecho?
Eren es demasiado joven para saberlo todo.
O recordarlo.
—Este será su nuevo hogar, espero que le guste.—No terminaba de entender por qué le estaba hablando con tanto respeto a un gato, pero, de alguna manera, le gustaba hacerlo, traía un sentimiento cálido en su pecho. Quiso pensar que es porque se sentía menos solo.
Eren quiso pensar muchas cosas.
«...recordar su nombre…?»
—Bienvenido a casa.
Eren solo tiene catorce años, todavía hay muchas cosas que no puede entender.
O recordar.
Gazné, cravat o ascot: Es, por decirlo, una pieza hecha generalmente de seda. Se usa alrededor del cuello, y, usualmente, dentro de la camisa.
Con esto he tenido un poco de problemas, es decir, quería poner sí o sí lo del pañuelo en cuello pero no recordaba el nombre o si tenía uno. Busqué varias veces sobre eso, pero si de casualidad el mismo pañuelo tiene otro nombre, por favor, díganme. xDU
