Eren se había disculpado varias veces con Mikasa, había olvidado enviarle un mensaje a Armin o Mikasa diciendo que faltaría dos días. Incluso había olvidado su celular en algún lugar de la casa y este se había descargado, apenas se acordó de él cuando quiso tomarle unas fotografías a su nuevo amigo. Después del primer día, le dio un nombre.

«Capitán»

El mundo es verdaderamente cruel.

Y Eren todavía no se ha dado cuenta.

Mikasa estaba enojada, había estado preocupada por Eren durante esos días. La única razón por la que no había ido a la casa de su amigo es porque Armin le convenció de que no era necesario. Le había dicho que esperara un poco más, y, como Armin había previsto, al tercer día apareció. Lo primero que hizo fue sonreír, saludó y pidió los apuntes de los días anteriores. Mikasa estuvo a punto de gritarle lo mucho que se preocupó, pero, como siempre, el rubio había calmado su Ira. De alguna manera en que solo él puede hacerla. Ambos pidieron la razón de su ausencia, entonces, después de tomar aire, Eren les explicó todo.

—Entonces, el domingo, la señorita Zoe me contacto para decirme que podía ir a recogerlo. —Mikasa y Armin se miraron entre ellos, no les sorprendía que su amigo ayudara a un animal herido. Estaban preocupados sobre si él podría cuidar otra vida. —¿Por qué me están mirando así?

Armin se rio, ligeramente, nervioso. No es que crea que Eren sea un irresponsable, pero, a duras penas, podía cuidarse él mismo. Estaban algo preocupados por lo que pudiera pasar. Mikasa y él recordaban ese pasado, ninguno podía entender por qué Eren no lo recordaba. Pensaron que alguien pidió que no recordara ese tipo de cosas tan atroces.

Alguien había hecho una plegaría.

Una que fue escuchada.

Es por eso que solían sobreprotegerlo en muchas ocasiones, ya sea dando consejos, regañándolo o cuidándolo.

—¿Crees poder cuidarlo, Eren? —preguntó Armin, sabía que no importaría lo qué dijera, Eren no iba a cambiar de opinión. Lo primero que haría al llegar a casa sería buscar información y cuidado sobre los gatos.

—¿De qué hablas, Armin? ¡Claro que podré cuidarlo! —Frunció el ceño, ligeramente, al terminar de hablar.

—Armin tiene razón. Apenas puedes cuidarte a ti mismo, Eren, nosotros solemos ayudarte en muchas. ¿Estás seguro de poder cuidar otra vida… tan joven?

—¡Me sé cuidar…! ¿Tal vez…? —susurró lo último, mirando a otro lado, hizo un par de muecas y después los miró de nuevo—. Quiero quedarme con Capitán. ¡Quiero estar con él!

Esas palabras tenían un significado mucho más profundo de lo que Eren pudo haber imaginado en ese momento.

Tanto Armin como Mikasa no supieron qué responder. Esa frase les trajo demasiado recuerdos, buenos y malos. Las mismas palabras dichas en diferentes épocas, ¿esto es parte del destino? Decir que no estaban sorprendidos, habría sido mentira. Estaban totalmente congelados, ni siquiera sabían qué tipo de cara estaban poniendo. Ninguno de los tres dijo nada por varios minutos.

Amin tuvo un pensamiento fugaz, uno tan extraño y casi imposible, que se regañó a sí mismo por pensar algo tan estúpido. Era imposible que fuera cierto, claro que lo era, ¿cómo podría él renacer como un gato?

—¿Capitán? —Mikasa rompió el silencio, no se quedaría con la duda, no quería quedarse con ella.

—Ese es su nombre.

—¿Por qué llamarías así a un gato, Eren?

—No estoy seguro. Pensé mucho los nombres que podría ponerle, pero, entonces, en un momento mi mente gritaba: «¡Capitán!, ¡Capitán!»

—Es un nombre extraño para un gato, Eren.

—Lo sé, Armin, pero a mí me gusta. Lo tuve claro, cuando vi sus ojos y lo llamé Capitán.

El mundo es demasiado cruel para dos almas que están destinadas a estar juntas.

—¿Seguro que no quieres ponerle otro nombre?

Eren hizo un pequeño puchero, a él le gustaba el nombre, no entendía por qué sus amigos estaban tan reacios a que llamara así a su nuevo y pequeño amigo. No se lo cambiaría por nada del mundo. Le gustaba estar por la casa mientras decía Capitán. Sentía algo cálido en su pecho cuando lo hacía.

Eren no entendía por qué decir «Capitán» la causaba tanta nostalgia.

Eren no podía entender muchas cosas.

Al menos no en ese momento.

Sacó el teléfono de su bolsillo, entró en la galería y buscó lo que quería. Pensó que, tal vez, si le mostraba esas fotografías entenderían el por qué lo había llamado así y, de igual manera, quería que vieran que lo lindo que era su Capitán.

—Miren, él es Capitán.

El pensamiento tan extraño, tan estúpido, que Armin se había dicho era casi imposible, ya no lucía tan imposible. Nunca podría olvidar la penetrante mirada del Hombre más fuerte de la humanidad, aquella que sabía que solo él podría tener. Mikasa, también, pareció darse cuenta.

El destino es increíblemente cruel.

Eso fue lo que pensaron.