—Doctor, por favor, ¿él... va a...?
La mujer apretó los labios, en un vago intento de no sollozar, sus lágrimas caían sin parar por sus mejillas. Intentó usar todas sus fuerzas para no continuar llorando, pero fe inútil. Le dolía, le dolía verlo ahí. En la camilla, luchando por su vida. Odiaba escuchar el sonido la maquina que lo mantenía con vida. Lo odiaba. Sentía que se burlaba de ella, sentía que le decía: «No va a despertar». Su pecho se oprimía de solo pensar que no volvería a despertar. Ha pasado casi un año desde que sus ojos no han vuelto a abrirse. ¿Cuánto más debía esperar?
—Lamento decirle que ni siquiera yo estoy seguro, habrá que dejar esto en manos de Dios.
Pero la vida es solo un juego para Él.
