HOLA, AQUÍ LES TRAIGO EL SEGUNDO CAPITULO ESPERO Y LES GUSTE.
POV. Elizabeth
Cuando el mayordomo me dijo que me buscaban y me esperaban en mi estudio sentí una sensación extraña como si algo malo fuera a pasar, de inmediato sentí la mirada de Merida en mi, preguntando qué era lo que ocurría, no dije nada solo trate de desviar la mirada.
-discúlpenme, pero el deber llama-dije, mientras sonreía de forma amble.
-no, no hay de qué preocuparse- respondió Elsa, yo solo hice reverencia y me dirigí hacia mi estudio. Llegue a mi estudio y abrí la puerta y tal y como lo pensaba el me estaba esperando.
-buena noches, majestad- dijo el levantándose de su asiento haciéndome reverencia.
-buenas noches, Víctor, puede tomar asiento- dije al hombre de 40 años que estaba parado delante de mí, rodee el escritorio para tomar asiento en la silla frente a él.
-felicidades por su coronación- dijo Víctor.
-gracias, pero supongo que no ha venido a buscarme solo para felicitarme por mi coronación, así que, ¿Qué noticias me trae ahora?- le pregunte, el tenia una mirada de preocupación y nervios.
-efectivamente majestad, traigo noticias y me desagrada decirle que no son noticias para nada buenas- dijo con un tono de nerviosismo.
-es Arturo, ¿no es cierto?- dije adivinando su respuesta mientras me levantaba de mi asiento.
-sí, lo que me preocupa es que avanza muy rápido a las Islas del Norte- dijo de igual forma poniendo se dé pie.
-¿Cuánto tiempo?-pregunte con inquietud.
-muy poco- dijo en voz baja.
-estaremos preparados- dije firmemente mientras miraba a mi reino por la ventana.
-son demasiados- dijo Víctor.
-por favor, no nos menos precie, ellos podrán ser demasiados pero nosotros son más fuertes que ellos- dije volteando para verlo.
-usted sabe a que lo que me refiero, yo la quiero como a una hija, se lo prometí a su padre- dijo alzando un poco su voz.
-lo sé y se lo agradezco, pero estamos hablando de mi reino y no permitiré que nada malo le pase- dije también alzando mi voz.
-pero, Elizabeth...-
-ya lo dije, nada me hará cambiar de opinión, usted solo encargase de entrenar a los soldados yo me encargo de la armas, de acuerdo- dije.
-como usted diga- dijo Víctor resignado.
-bien, ahora quiero que de este tema haya absoluta discreción, nadie debe de enterarse, ni si quiera mi prima- dije.
-la princesa Merida no sabe nada de esto- pregunto Víctor.
-si lo sabe, pero no la quiero preocuparla más, así que prefiero no decirle nada sobre esto y espero contar con su discreción- dije acercándome a la ventana para volver a apreciar mi reino.
-por supuesto que cuenta con mi discreción...bueno entonces con su permiso- dijo Víctor mientras hacía reverencia para retirarse.
Cuando escuche la puerta cerrase me voltee a ver hacia la habitación, estaba completamente sola, eso me recordaba cuando tenía 15 años y mis padres acababan de morir, me sentía sola.
-Elizabeth no recuerdes, esos dolorosos momentos- me dije a mi misma.
Salí de mi estudio mire asía todos lados, no había nadie, no quería regresar a la fiesta, solo quería ir a único lugar donde me sentía tranquila y en paz. Abrí la gran puerta blanca, y entre al jardín privado, este lugar lo amaba con todas mis fuerzas, era el único lugar donde yo me podía sentir cerca de mi madre, este era su lugar favorito, recuerdo que ella se la pasaba horas y horas plantando flores o regando sus rosales, ella decía que las flores la llenaban de energía y era cierto, cada vez que ella salía de este lugar, ella era otra persona, una persona renovada, por eso después de su muerte, venía a menudo a este lugar, claro este lugar ya no era mismo después de la muerte de mi madre pero aun se podía sentir la esencia de ella y eso era suficiente para que me sintiera tranquila y en paz. Me senté en una de las bancas que había, solo quería sentir la paz que había en ese lugar, cerré mis ojos para relajarme quería olvidarme de todo y cuando por fin había conseguido relajarme, escuche pasos, se me hizo extraño porque nadie venia a este lugar excepto yo, me levante cuidadosamente para no hacer ningún ruido, al principio pensé que tal vez era un ladrón, pero después descarte esa idea cuando vi una hermosa cabellera rubia platinada, era Elsa, ella parecía estar maravillada viendo lo rosales, me acerque cuidadosamente a ella no quería asustarla, pero creo que si lo logre porque ella dio un giro brusco, supongo que por el susto, que nos hizo que acabáramos en el suelo, solo sentí el choque de nuestros cuerpos y la dureza del piso.
-es enserio, parece que hoy es el día de chocar con todo el mundo- dijo ella con fastidio, eso me causo una pequeña risa, creo que hasta ese momento no me había dado cuenta de la posición bastante comprometedora en la que nos encontrábamos, ella estaba encima de mí, ella en cuanto escucho mi risa bajo su vista hacia mí y abrió los ojos con sorpresa.
-no sabe cuánto lo lamento, ¿está bien?- dijo apenada, yo solo le sonreí y la mire a los ojos, ella también hizo lo mismo, entonces me di cuenta de que tenía los ojos más hermosos que había visto en mi vida, unos ojos llenos de vida, pero también de frialdad.
-estoy bien, de hecho estoy muy cómoda aquí abajo- dije en forma de burla, ella volvió abrir sus ojos como platos y se dio cuenta en la posición en la que estábamos y se puso roja como un tomate.
-lo siento, lo siento,- dijo tartamudeando con pena, mientras se levantaba y me ayudaba a levantarme.
-no, no se preocupes, fue mi culpa yo la asuste- le dije para tranquilizarla.
-pero aun así lo lamento, yo no debí entrar así sin permiso, será mejor que me valla-dijo ella dándose la vuelta para irse, pero no sé porque lo hice pero la tome de la mano para detenerla.
-no se valla, no quise incomodarla- le dije sin soltarle la mano, ella miro su mano unida a la mía y luego me miro a los ojos.
-de acuerdo- dijo ella, luego la solté, y les sonreí satisfecha.
-es hermosa- dijo Elsa de un forma tan soñadora mientras me miraba como si me quisiera comer, acaso se refería a mí.
-¿Qué?- dije desconcertada sin saber lo que me quería decir con eso, ella rápidamente reacciono y me miro con pánico y nerviosismo.
-me refería a la rosa...a la rosa que está ahí- dijo señalando un rosa que estaba junto a mí, yo mire por un segundo la rosa y luego la mire sonriéndole, cosa que hizo que se sonrojara.
-tiene razón, la rosa es muy hermosa- dije siguiéndole la corriente, cosa que hizo que se sonrojara mas, camine de regreso a la banca me senté de nuevo en ella e invite a que se sentara conmigo, ella se acerco y se sentó a mi lado.
-tiene un jardín muy hermoso- dijo Elsa, de inmediatamente sentí una punzada en el corazón, y mi rostro entristeció, ella se dio cuento de ello porque de inmediatos cambio su cara de asombro por una preocupación.
-lo siento dije algo malo- dijo con evidente preocupación, solo negué con la cabeza.
-no, es solo que... este jardín le pertenecía a mi madre y su recuerdo me entristece un poco- dije con nostalgia, ella me miro con dulzura.
-la entiendo, mis padres murieron cuando yo tenía 18 años, no hay palabras para describir lo que se siente- dijo mirándome directo a mis ojos, y solo agache la mirada.
-lamento mucho lo de sus padres- dijo mientras ponía su mano en mi hombro como tratando de reconfortarme.
-igual yo lamento mucho lo de sus padres- dije, ella asintió y volteo a ver hacia otro lado, mientras yo observaba cada facción de su rostro, pude notar que ella era un poco mayor que yo, pero aun así ella es hermosa, su piel es blanca no pálida como la mía y pude sentir que era muy suave y fría cuando le di la mano, bueno en ella supongo que es normal, ella es la reina de las nieves su temperatura corporal debe de ser muy baja, pero lo que más me encanto de ella fueron sus hermoso ojos azules y su espectacular cabello platinado, su trenza de lado brillaba bajo la luz de la luna llena, ella ahí era como un ser sublime sentada al lado de un ser abominable. Baje mi vista hasta su cuello, su vena palpitaba, mis labios se secaron al notar eso y una sed insaciable se apodero de mi, jamás en mi vida había deseado tanto la sangre humana, sentí como el monstruo que vive en mi quería liberarse y lanzarse contra ella bebiendo hasta la última gota de su sangre, pero algo en mi me detuvo, algo más fuerte que mi sed, me removí en mi asiento tratando de controlarme, pero esto ya era demasiado podía escuchar su corazón latir suavemente bombeando litros y litros de sangre y sin pensarlo dos veces me levante alejándome de ella un par de metros, ella me miro confundida.
-sucede algo- me pregunto, mientras se levantaba.
-no...Será mejor que me valla, los invitados ya deben de estar por irse y tengo que despedirlos- dije con un poco de ¿nervios?, desde cuando siento nervios, desde cuando me pongo nerviosa hablando con alguien.
-ohhh, está bien, entonces yo también me voy- dijo caminado unos centímetros asía mi.
- de acuerdo- dije, para ese entonces ella ya estaba a la par mío, con su tierna mirada, me mordí el labio inferior oprimiendo la sed dentro de mí.
Salimos de allí, caminamos en silencio por el pasillo hasta llegar al salón de bailes.
-le pediré a uno de los sirvientes que prepare dos recamara, espero y se sientan como en casa- dije.
-gracias, iré a buscar a mi hermana para retirarnos a dormir y muchas felicidades por su coronación- dijo con una leve sonrisa en su rostro.
-gracias- le respondí, ella se acerco un poco asía mí, pero después retrocedió.
-buenas noche, reina Elizabeth-
-buenas noches, reina Elsa- dicho esto ambas hicimos una leve reverencia y ella se marcho en busca de su hermana, mi cuerpo se relajo al ya no sentir ese tormento de sed insaciable.
El salón de bailes aun seguía lleno, pero ya varios invitados de distintos reinos se habían acercado para despedirse y felicitarme por mi coronación, busque con la mirada a Merida pero no la encontré, así que supuse que ya se había retirado, como eso de las 2 de la mañana ya todos los invitados se habían ido, así que subí a mi habitación.
Abrí la puerta de mi habitación, el lugar estaba oscuro, encendí algunas velas para alumbrar un poco la habitación, me quite la corona y la guarde en una pequeña vitrina hecha exclusivamente para ella, me quite la larga capa roja y el vestido y me puse una ropa más ligera, estaría despierta todo lo que resta de la noche y lo que me resta de vida, deshice mi peinado recogido haciendo que mi cabello callera como cascada sobre mi espalda y hombros, camine hasta la puerta del balcón la abrí y salí, recargue mis manos y codos sobre el barandal de este, mire las olas del mar que brillaban de bajo de la luz de la luna, eso me recordó a los ojos azules de Elsa, me reí de mi misma, como es que una mujer que apenas conocía podía hacerme sentir así, todo de ella me era lastimosamente atractivo desde lo físico hasta su forma de ser y de hablar y aunque me fuera difícil, hasta la sangre que corría en sus venas me hacia desearla aun mas, mire asía la luna tratando de olvidarla por un momento pero era imposible, esta sería una larga noche.
Amaneció demasiado luego, bueno para mí, me metí al baño me quite toda la ropa y me sumergí en la tina, el agua estaba helada pero a mi así me gustaba, tarde un poco bañándome, salí de la tina y me envolví en una toalla, llegue hasta mi armario y saque un vestido bastante sencillo pero elegante a la vez, me lo puse, me recogí el cabello en un chongo, pero algunos mechones se salían de su lugar dándome un aspecto un poco casual y rebelde. Ya que estuve lista me dispuse a bajar al comedor, cuando entre Elsa y Anna ya estaba desayunando, me percate de que Merida no las estaba acompañando, pero me imagine que estaría en los establos dándole de comer a su caballo, así que me acerque a ellas y las salude.
-buenos días- hable, ellas me voltearon a ver y me sonrieron.
-buenos días- contestaron ambas hermanas al mismo tiempo.
-como durmieron anoche- les pregunte mientras tomaba asiento.
-de maravilla, este castillo tiene unas camas muy suaves, creo que dormí como un bebe- contesto Anna, yo solo reí ante la respuesta de Anna.
-me alegra- respondí.
-no, nos va acompañar a desayunar- pregunto extrañada Elsa.
-lo siento lo olvide, lo que pasa es que ya desayune, discúlpeme por no poderlas acompañar, tenía trabajo pendiente y decidí levantarme un poco temprano para avanzar, ya saben esto de ser reina no es cosa fácil- dije, obviamente había mentido
-claro la entiendo- dijo Elsa, luego nos quedamos en silencio hasta que Elsa rompió con él.
-reina Elizabeth, disculpe mi atrevimiento, pero debo decirle algo, en un principio no creía nada acerca de lo que se decía de usted, pero cuando la vi en la coronación comencé a tener sospechas sobre esos rumores- dijo Elsa mientras me miraba de una forma muy penetrante, sentí mi cuerpo tensarse al escuchar esas palabra "ella sospecha de lo que soy en realidad" dije en mi mente, Anna se atraganto un poco al escuchar a su hermana y abrió sus ojos con sorpresa.
-pero por favor, no me miren así, aun no he terminado de hablar... cuando converse un poco con usted anoche en el jardín me di cuenta de que estaba equivocada, es imposible que usted sea ese monstro que todos dicen que es, usted es una persona muy encantadora, solo simplemente no creo en lo que dicen de usted- cuando escuche eso creo que me sentí peor, ella cree que todo lo que se dice de mí no es más que una farsa, cuando la realidad es otra, abrí mi boca para decir algo pero luego la cerré cuando escuche que me llamaban con desesperación.
-¡Elizabeth!- mi nombre retumbaba por toda la habitación, mire así donde provenía la voz que me llamaba y para en la puerta estaba Merida, tenía un mirada de angustia y desesperación, corrió asía mí y me sujeto del brazo y me levanto del asiento.
-¿Qué sucede?- le pregunte sin saber por qué llego tan desesperada.
-tienes que ver esto- dijo mientras me arrastraba al balcón que se encontraba justo ahí, cuando pude ver a lo que Merida se refería mi rostro cambio radicalmente, sentía la adrenalina en todo mi cuerpo.
-son demasiados- dijo Merida con pánico, en eso reaccione y empuje a Merida asía dentro y cerré la puerta del balcón de golpe.
-majestad tiene que ver lo que está pasando afuera- dijeron dos guardia entrando corriendo con desesperación.
-lo sé, lo sé, busque a Víctor y díganle que lo quiero ver ahora mismo y quiero que manden a cerrar todas la salidas, así como también ventanas, cierren todo el castillo y quiero a todos los soldados reunidos de inmediato en el salón de bailes- dije con una voz fuerte y firme que hasta a mi me sorprendió.
-me podría decir que es lo que está pasando- dijo Elsa con confusión.
ESPERO ACTUALIZAR PRONTO CUÍDENSE...
