Eren corrió lo más rápido que pudo. Se le había hecho costumbre ir corriendo a casa a penas terminaban las clases, estaba seguro de que Capitán se sentía solo cuando no estaba, odiaba hacerlo sentir así. Odiaba pensar que lo estaba haciendo. Su nueva rutina de ejercicio comenzó cuando Armin le dijo «Algunos gatos se van de casa cuando se sienten solos, unos vuelven, otros no».

Eren sintió cómo se rompía su corazón cuando lo imaginó.

Cuando escuchó esas palabras sintió miedo, mucho miedo, lo que menos quería era llegar un día y no encontrarlo. Aquello lo asustó de sobremanera y Armin lo notó, no supo decir si era una buena o mala señal. No sabía si era lo mejor. Recordar sería doloroso, darse cuenta que él ya no podría estar a su lado sería aún peor.

«¡No! ¡El capitán no me abandonaría!»

No otra vez.

—¿Otra vez? ¡Deja de pensar en cosas raras, Eren! —se dijo a sí mismo cuando llegó a la puerta de su casa. Tomó algo de aire, sacó sus llaves y entró. Buscó desesperadamente a Capitán, sus rodillas temblaron al pensar que ya no vería esos hermosos ojos otra vez, tragó algo de saliva. Estaba sacando conclusiones apresuradas, se quitó los zapatos y los dejó en la entrada—De seguro está en mi habitación.

Lo buscó, una vez más, con la mirada. Solo para cerciorarse. Mordió sus labios, nervioso, angustiado, usualmente Capitán estaba esperándolo en la sala. Subió las escaleras con rapidez, su corazón latía a mil por hora, sentía que él iba a desaparecer si no lo encontraba cuando antes. Estaba desesperado, jamás había sentido que las escaleras eran infinitas.

Hasta ese día.

—¡Capitán! —gritó, abriendo la puerta de su cuarto. Estaba sudando, su respiración era agitada y las lágrimas roban por sus mejillas. No se percató de ello hasta que observó algo negro y peludo acostado en su almohada. No terminaba de entender por qué esa sensación de alivio inundó todo su ser, mucho menos por qué el perderlo le afectaba tanto.

«A los catorce años uno no entiende muchas cosas».

Eso es lo que pensaba.

Eso es lo que quería creer.

Eso es de lo que se estaba auto convenciendo.

Eren deseó no perder a Capitán.

Por desgracia, el destino tiene muchas cosas preparadas.

Y no todas son buenas, Eren.

Tienes que ser fuerte.

Porque el mundo no es una fábrica de conceder deseos.


Hay algo que me gustaría aclarar, es verdad que el fic tendrá un final feliz, pero, por obvias razones, serán mis finales felices. xDu Solo espero que cuando llegue el final del fic no quieran matarme.