Después de varias semanas de únicamente ir a dormir a casa y regresar al trabajo sin siquiera haber visto a Eren, guardias pesadas en el hospital, y de remordimiento por haber dejado tanto tiempo solo y sin atención a su bebé, Carla regresó a casa. Asumiendo que hijo que estaría dormido, por lo menos hasta el mediodía, quería sorprenderlo haciéndole unos panqueques. Sin embargo, no esperó encontrar a su hijo despierto... ni mucho menos limpiando. Estuvo tentada a salir y verificar si esa era su casa, pero, por obvias razones, ese tenía que ser su domicilio ¿cómo habría abierto la puerta sino fuera sí? Esa era su casa y ese era su hijo, aunque en ese momento estuviera limpiando. Y estaba tan concentrado en ello que ni siquiera se ha dado cuenta de su presencia.

—Cariño —dijo, después de un unos minutos, su voz sobresaltó a Eren, quien giró lentamente a verla—. ¿Te sientes bien?

Eren parpadeó, confundido, no entendía el por qué de la pregunta de su madre. Recordó que hace poco le mintió, diciendo que estaba enfermo, y asumió que esa era la razón. Asintió varias veces y sonrío.

—Estoy bien, mamá. Ya no me duele el estómago, ¿estás cansada? ¿Quieres ir a recostarte? Yo seguiré limpiando la casa, no te preocupes.

—Cariño…

—¿Mmh?

Eren no entendía por qué su madre se veía tan preocupada. Llegó a sentirse mal, si su madre estaba tan preocupada por un simple daño de estómago, no quería ni imaginarse qué hubiera pasado si tuviera fiebre por varios días.

—Mamá, en serio... no te preocupes, ya todo está bien.

—No es verdad, es muy serio. Demasiado, no puedo creerlo.

—Ma-.

—¡Estás limpiando! ¡Sin que yo te lo pida o pague! ¡¿Qué hiciste con mi bebé?! ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde lo tienes?!

Tardó un par de minutos en darse cuenta que su madre estaba jugándole una broma. En un principio no supo qué responder, pero al ver la forma en que su madre traba de controlar su risa, se sintió avergonzado.

—¡Mamá! No es para tanto... —Después de murmurar lo último, hizo un puchero. Su cara tenía algo de polvo, cosa que hizo que se viera entre tierno y gracioso. Los pucheros de su hijo siempre podían con ella. Pero, por desgracia para Eren, ni siquiera así pudo detener la risa de su madre.

—Lo siento, cariño, pero es que es demasiado extraño que estés limpiando tan temprano en la mañana.—Comentó después de terminar de reír, arregló un poco su ropa, en un vago intento de sonar casual. Aunque no pudo parecerlo.

—Uh, Capitán me hizo levantarme temprano para limpiar.

—¿El capitán...?

Carla hizo una mueca, ella no recordaba a ninguna amistad de Eren que tuviera ese apodo, de hecho, estaba segura que a duras penas se hablaba con el resto de las personas, siempre le había costado ser amigos. Estuvo apunto de exigir explicaciones sobre quién era el capitán, dónde y cuándo lo había conocido, hasta que escuchó un leve maullido venir de las escaleras.

Levi llegó, caminado de forma elegante. Pasó frente a Carla, observando todo a su alrededor. Maulló una vez más para llamar la atención del ya-no-tan-inútil-en-la-limpieza e indicarle que todavía había polvo en algunas de las fotografías que colgaban en la pared, con un ligero movimiento de cabeza por parte del minino, él entendió el mensaje.

Sorprendida, Carla miró a su hijo esperando una respuesta. Tuvo que esperar a que terminara de quitar el polvo de las fotografías, y que Capitán lo aprobara, para que éste la mirara. Ella arqueó una ceja, pidiendo explicaciones. Levi, únicamente, maulló e hizo un gesto con la cabeza, como si fuera una reverencia. Siempre hay una vez para todo, y esta la primera vez que Carla veía a un gato tan peculiar.

—Así que… ¿tú eres Capitán? —Levi asintió, otra vez. Carla sonrió, sintió algo en su pecho al ver su mirada, es como si el destino le gritara que esos estarían mucho más presente en sus vidas de lo que pensaba. Se agachó un poco y acarició su mentón, provocando que ronroneara. —Bienvenido a la familia.

Cuando Eren escuchó a su madre, sintió que el corazón se le saldría del pecho por la alegría. Había estado preocupado de que no le permitieran quedarse con Capitán, de verdad que lo estaba, porque él no quería apartarse de él. No es que hubiera olvidado pedir permiso, es solo que había estado ignorando esa angustia y miedo que tenía de que le dijeran que no. Sin embargo, a pesar de todo, ese día sí lo había olvidado. Estaba más ocupado en terminar de limpiar para que el capitán estuviera feliz. Porque Capitán quería que todo estuviera limpio, y Eren quería cumplir sus caprichos. Todos y cada uno de ellos.

Después de todo la única diferencia entre un capricho y una pasión "de por vida", es que el capricho dura algo más.

—¡Eres la mejor, mamá! ¡La mejor!

Carla sonrío. Observó a su hijo abrir sus brazos y se enderezó, sin dejar de sonreír, e hiso lo mismo. Esperando que su hijo la abrazara. Grande fue su sorpresa al verlo arrodillado en el suelo, abrazando a su peludo amigo. El pequeño gato, intentó alejar su rostro cuando se percató del polvo que cargaba encima.

—Cariño, creo que... Capitán no quiere quedar lleno de polvo.

—Oh, es verdad. Lo siento mucho, Capitán.

—¿Por qué no vas a darte un baño? Terminaré la limpieza por ti.

—No, está bien, mamá. Debes de estar cansada, ve a descansar. Yo terminaré de limpiar, Capitán pensará que soy un niño minado.

Levi soltó un pequeño maullido cuando escuchó el comentario de su mocoso, tanto él, como su madre lo tomaron como una afirmación de su parte.

—Capitán, al parecer, es bueno inculcando valores. —Se rio—Cuida a mi hijo ¿si?

«Con mi vida, lo cuidaré con mi vida»

Escucharon otro maullido de, como ellos pensaban, afirmación. Eren sintió un cálido sentimiento inundar su pecho, uno que no supo cómo describir. Cómo llamarlo. Cómo interpretarlo.

«A los catorce años uno no entiende muchas cosas».

Volvió a repetirse.

—Mamá, puedo cuidarme solo.

Todavía había muchas cosas que él no podía entender.