Día 6. Silencio.
Desde la comodidad de su casa, observaba la foto del antiguo equipo 7, cuando todos eran unos chiquillos. Una sonrisa, imposible de esconder, se pintaba en su rostro.
Naruto era un revoltoso y escandaloso, y aunque aún hacía gala de su habilidad de meter la pata en los peores momentos, había cambiado, había madurado. A veces por la costumbre de verlo diario, parecía que los años no habían hecho mella en ellos, pero en momentos como aquel, que su mente viajaba al pasado, por un acto de comparación, lograba distinguir los rasgos de él que habían cambiado.
Su vista se posaba ahora en el arisco pelinegro, siempre tan callado y silencioso, con una gran carga acuesta, una venganza contra el único familiar que le quedaba, vagando solitario por el mundo sin cicatrizar lo dolido. Y aunque el cambio respecto al rumbo de su vida era sorprendente, seguía siendo como aquel muchacho callado y frio, con un solo objetivo, ver el mundo con otros ojos en un acto de silenciosa redención.
Y apoyado en el marco de la puerta, la observaba con intensidad y una ceja enarcada, y en sus ojos un pequeño atisbo de preocupación y no fue hasta ese momento, que sus pensamientos habían desencadenado una pequeña fuga en sus ojos.
Verlo ahí, era definitivo para ella.
No eran necesaria las palabras, un simple gesto, aunque casi imperceptible de parte del Uchiha, era suficiente. En su silencio ella encontraba la respuesta.
Ella también había cambiado, demasiado, pero aquel sentimiento que sentía por el pelinegro se mantuvo e inclusive se intensificó, porque ahí, justo donde estaba, era donde quería estar.
