Día 8. Dolor.
Y simplemente Naruto era como eso, como un dolor de muelas.
No se conformaba con la respuesta "Hn" que le había dado ante su interrogante de cómo le había ido en su viaje, sino que quería detalles, detalles de su relación con la pelirrosa.
"¿Qué quería que dijera? Oh Naruto, me fue tan bien. Amé cada maldito segundo a su lado, a como resultaba terriblemente agobiante cada paso que daba para volver a la villa, sabiendo que ella se quedaría allí y yo continuaría mi tan necesario viaje.
¿Quería que le explicara lo que ella provocaba en mi? como Sakura era el analgésico para el dolor de la vida, el dolor de mi exitencia, mi remedio, la que llenaba aquel hueco en mi pecho y como su hermosa desnudez lograba tensar cada uno de mis músculos, cerrando mi garganta, mientras su entrega a pesar de darme la alegría que mi corazón y alma necesitaban, también despertaba mis miedos, preso del pavor de romperla algún día, de herirla como ya lo había hecho, y sabía que faltaría besos para poder reparar todo lo hecho, que ese sentimiento que embargaba su corazón provocaba tanto dolor como el que ella misma sanaba. Claro que jamás le diría eso al rubio, pero acaso ¿eso era lo que necesitaba para poder echarlo de su apartamento?"
—Oh vamos, cuéntame Teme, tú y Sakura ya tuvieron, ya sabes…—Decía insinuante con aquella sonrisa zorruna, muy característica de él.
Y antes de siquiera poder condenarlo a algún genjutsu donde podría torturarlo por la eternidad, Sakura hacía gala de su presencia, con una extraña aura oscura con una intensidad demoniaca, ni el susanoo se podía comparar, que hasta los pájaros que se encontraban en un árbol cercano, salieron volando espantados.
—¡Naruto! —Gritó con furia la muchacha.
—Sakura-chan ¡NOOOO! —Gritó antes de que el verdadero daño empezara, la chica no parecía querer contenerse y dolor seria inmenso, pero igual, no dejaría toda la diversión a Sakura, él también debía darle su merecido al rubio.
