A pesar de todo, Eren había mantenido su palabra. Llevaba de vez en cuando a Levi a la veterinaria, algo de rutina. En ocasiones lo dejaba ahí mientras estaba en clases, creía que era lo mejor, no le gustaba dejar solo al capitán. Y cuando la escuela empezó a tener un par de actividades obligatorias, tuvo que dejarlo con ella todo el día, en más de una ocasión, cosa que no le molestaba pero lo hacía sentir celoso. Él quería estar con su capitán.
Hanji hacía lo de siempre, hablarle de su vida, de lo que hacía, de Erwin, molestarle un poco y decir algún que otro comentario sobre Eren (aunque ella tampoco mencionaba su nombre). A ella parecía no afectarle el hecho de que su viejo amigo renaciera como un gato. Hasta parecía encantada de poder molestarlo por ese motivo. Levi, por otra parte, comenzaba a verse cansado, dormía la mayor parte del día y de noche, Eren pensaba que solo era un gatito dormilón pero Hanji sabía, presentía, que había algo más. Aunque no podía asegurarlo. Incluso pensó que estaba volviendo a padecer insomnio (siendo esta la razón por la que se encontraba tan cansado). Para asegurarse de la salud de su amigo no estuviera peligrando, le realizó varios chequeos pero fue inútil. Levi estaba saludable.
Hanji tuvo el presentimiento de que algo malo iba a pasar.
Deseó que solo se quedara como un pensamiento.
Pero el mundo no es una fábrica de conceder deseos.
Lo único que Levi podía hacer para fomentar sus conversaciones con Hanji era maullar, arañar o bostezar. Algunas veces asentía, otras solo la miraba. Se había acostumbrado a escucharla hablar de su vida y muchas otras cosas, estaba sorprendido de lo mucho que ella había logrado en tan poco tiempo. Era joven, apenas debía de estar por los veinticinco años. Puede que gafas-de-mierda estuviera loca, pero era muy inteligente.
Algunos dicen: La juventud es lo único que vale la pena.
¿Sería verdad?
Levi bostezó, se sentía tan cansado que comenzaba a ver borroso. Estaba padeciendo una alucinación auditiva, esta vez podía escuchar el pitido de una máquina, una muy fastidiosa, a su parecer. Cerró sus ojos y trató de ignorar, por completo, el molesto ruido. Al cabo de un rato el pitido pasó a ser un zumbido constante y monótono, que puede adormecerte si lo escuchas por mucho tiempo. Era el traqueteo rítmico de un tren. Uno que lo invitaba a dormir.
Detrás de lo exquisito del mundo se esconde una gran tragedia.
Hanji le miró, algo preocupada, dio un pequeño respiro y se fue de su habitación. Decidió dejarlo dormir, en verdad lucía cansado. Deseó que todo en verdad estuviera bien, no quería volver a perder a su amigo, no todavía. Quería pensar que podía recuperarlo como un ser humano.
