—¿Recuerdas nuestra primera vez? —preguntó al aire, más para sí mismo que para su acompañante. No recibió respuesta, tan solo un suspiro delicado que salió con suavidad de los labios rosas. Se quedó en silencio unos minutos, esperando una respuesta tardía mientras inundaba sus sentidos con el olor de la húmeda mañana. Había llegado el mes de septiembre de nuevo y eso sólo deparaba una cosa; ¡un cumpleaños inútil!
El cuerpo que se encontraba recostado se incorporó con torpeza y evidente flojera hasta estar de pie, para posteriormente recoger su ropa del piso.
Kakashi observó con atención cada movimiento del cuerpo femenino, era evidente que lo hacía de forma mecánica, rió para sí al mirar que aquella mujer no había cambiado nada, continuaba siendo la misma niña que odiaba levantarse temprano.
—¿Por qué no respondes mi pregunta? —incordió, mientras la observaba subirse las bragas con delicadeza, acariciado con el encaje cada curva.
—Ehmm —recibió como respuesta.
—¿Me harás repetir una pregunta que obviamente escuchaste? —Kakashi no lo hacía por grosería, más bien estaba curioso por la actitud tan hermética de la chica.
—Hoy estás demasiado charlatán, Kakashi-senpai. —respondió, cortando cualquier avance en la conversación de tajo, a la vez que acaba de abotonar su blusa, él sólo frunció el ceño. No necesitaba tener ni medio cerebro para saber que algo pasaba.
La calidez de una mano atrapó el antebrazo de la chica haciéndola girar. Sus ojos cafés se encontraron con los negros de él y los notó interrogantes.
—Salgo con alguien —soltó ella sin más —No espero que lo apruebes, pero al menos intenta entender. No puedo vivir de sexo sin compromiso contigo el resto de mi vida. Nos hacemos viejos Kakashi, en unos días tú cumplirás 26 y yo te alcanzare dos meses más tarde. —jaló su brazo del agarre, pero sólo consiguió que lo apretara más.
—Entiendo el hecho, pero no las excusas. —La cara de ella se tornó en gesto de confusión, no entendía a qué le llamaba excusas. Él, comprendiendo, intento ser más explícito. —Si sales con alguien está bien ¿pero por qué poner de pretexto el tipo de relación que llevamos? No sales con alguien más por mí ¿o sí?
—No, salgo con alguien más porque me siento sola. —El agarre en su brazo se aflojó, permitiendo soltarse. Lo miró regresar a la cama y sintió una punzada en el corazón. De verdad pensó que al decirle eso él al menos sentiría un leve rastro de celos, aunque solo fuesen de los paternales. Pero ni eso, debía estar loca por sentir lo que sentía por ese trozo de roca que era Hatake. Bufó con resignación y salió sin mirar atrás por la puerta del departamento.
—¿Veamos quién rayos eres? —murmuró Kakashi. Había aprovechado la distracción de Rin para tomar un trozo de pergamino cuidadosamente doblado que se encontraba en la mochila de la chica. Desdobló con tosquedad el escrito y permitió que por primera vez en bastante tiempo algo lo dejará petrificado. No por el contenido, sino por la caligrafía, la había visto muchas veces...
"Gracias por convertirte en una nueva razón para extrañar Konoha"
El estómago de Kakashi se encogió al punto de querer vomitar. ¿Cómo era posible que ella estuviera con ese "criminal"? ¿Es que acaso no pensaba en las consecuencias? Estuvo a punto de dejarse llevar por el impulso de alcanzarla y obligarla a acabar con esa relación enferma. Pero aún su razonamiento podía más que el corazón.
La chica salió del departamento de Kakashi hecha un mar de contradicciones, con la adrenalina al mil y eso que ni siquiera se había atrevido a decirle quién era la pobre alma que ahora era dueño de sus pensamientos. Se recriminó mentalmente por esa afirmación, la realidad es que Hatake aún ocupaba ese lugar, aunque ya no tanto como antes, la reciente pareja de Rin estaba muy cerca de conseguir que la balanza se inclinara completamente a su favor. Continuó su paso veloz hasta su casa sin sentir el paso del camino en sus piernas.
La tarde avanzó hasta dar paso a la noche. Rin se encontraba descansando en su cama, esperando que el reloj marcara la medianoche. Estaba arreglada, con un vestido otoñal que dejaba al descubierto sus hombros y mostraba su pierna mediante una abertura.
Minutos después su instinto de supervivencia la puso en alerta, haciéndola mirar en todas direcciones. Sintiéndose observada, se levantó de la cama y caminó hasta la ventana, asomando la cabeza, buscando lo que era evidente. Sin embargo, no notó nada extraño, salvo la humedad de la brisa nocturna al golpearle la cara.
Con pies descalzos salió de su hogar hasta el patio trasero, recargó su mano en el cerezo del que colgaba un columpio que solía usar cuando pequeña. De nuevo su intuición le indicaba el peligro, tras lo cual sonrió.
—Sé que eres tú —dijo en tono audible. —Siempre sé cuando me observas... deja de esconderte.
Una manos firmes acariciaron la curva que marcaba su cintura, el escalofrío le recorrió la espina dorsal. La persona detrás suyo cerró lo dedos sobre la piel de su vientre y tiró de ella hacia atrás, hasta que el rasero de la chica chocó contra la pelvis de él.
—Estás dejando crecer tu cabello —afirmó con curiosidad.
—Escuché que te gustaba largo —respondió con simpleza. Una ligera risa en su oído fue el signo de aprobación que le dedicó, enchinando de paso su piel.
—¿Has venido sólo para hacerme el comentario sobre mi cabello? —preguntó mientras recostaba su cabeza en el pecho del muchacho y dirigía la vista a las estrellas.
—No —negó en un susurro.
—¿Entonces a qué has venido Itachi? —intentó girarse para ver en sus ojos la respuesta, pero la sostuvo fuerte, obligándola a permanecer de espaldas a él.
—He venido para hacerte el amor —El tono de su voz le pareció tan sexy que casi la deja sin aliento.
Los labios del Uchiha buscaron su cuello con urgencia y a ella el tacto de los besos húmedos le supieron a gloria. Con brusquedad y desesperación se deshizo de la capa de nubes rojas y la tiró al suelo, sus manos buscaron por debajo del vestido de Rin, encontrando unas piernas firmes que necesitaban ser acariciadas con dedicación. Recorrió con los dedos su figura hasta deshacerse del vestido y encontrar la silueta femenina desnuda bajo la luz de las estrellas.
Itachi sintió que no podía perder tiempo en poseerla, no más del que ya había desperdiciado antes. La tomó en brazos y recostó su cuerpo sobre la capa, sacó de un tirón el exceso de ropa que él tenía y procedió a devorar con detenimiento el cuerpo de su amante. Dedicó tiempo a los detalles en el proceso, arrancándole gemidos y jadeos que sólo aumentaban su necesidad de hundirse en ella. El tacto de sus dedos en la empapada intimida de la mujer lo hicieron perder el juicio y enterrar sin delicadeza su erección dentro de la cálida abertura.
El grito que Nohara le regaló, tras sentir la intromisión impulsiva en su vagina, fue música gloriosa en los oídos de Itachi, tanto que casi lo hace correrse de golpe. Contuvo la respiración con el afán de calmarse y comenzó el vaivén, primero suave, para luego dar paso al ritmo acelerado que, acompañado de sus sonidos de gozo mutuo, los llevaron directo al cielo.
Kakashi observaba con su ojo visible como su compañera depositaba la tradicional flor en la tumba de su amigo. Elevó una plegaria y se puso en pie dispuesta a marcharse. Al levantar la vista encontró con sorpresa a Hatake observando.
—Buenos días —dijo sin mayor emoción al pasar por el lado de Kakashi.
—¿No te olvidas de algo? —Ella detuvo su camino y clavó sus ojos en los del ninja. —Creo que a tu novio le agradaría que rezaras una plegaria por sus padres a los que asesinó.
Y así Rin Nohara se quedó fría.
Un millón de gracias a todos los que han tomado el tiempo de comentar estar historia. He levantado el vuelo de nuevo en mis actualizaciones, espero de verdad que les guste. Cualquier comentario es bien recibido y sus reviews me animan a seguir con más.
Besos a todos.
