Las cosas nunca suceden como las imaginas.
¿No es así?
¿Quién hubiera imaginado que su amor sería tan grande?
Hanji había recibido una llamada de Erwin, parecía ser algo casual, pero el problema se dio cuando este le pedía que lo visitara. Había tenido un accidente la noche anterior, lo habían internado y ahora se estaba comenzando a aburrir. Le había pedido que, por lo menos, le visitara por una hora. Intentó decirle que no podía, que estaba ocupada, pero de alguna u otra manera terminó aceptando. Se despidió de la pequeña bolita de pelos y le dijo que regresaría en un rato, este ni siquiera se inmutó, seguía dormido.
Tomó su bolso y sacó las llaves de su coche, no le gustaba mucho conducir pero tenía que hacerlo de vez en cuando. En su camino al hospital solo hizo una parada, la floristería, estaba segura que unas flores no vendrían nada mal. Y con eso se estaba comprometiendo a visitarlo un par de veces más, no era tan cruel para dejarlo solo y aburrido en un hospital con tres costillas, el brazo derecho y la pierna izquierda rota. No podría. Al menos no en ese momento. Cuando llegó preguntó en recepción el piso y la habitación en la que se encontraba el ex comandante, caminó perezosamente hasta los elevadores y espero a que estos abrieran. Entró e indicó el piso al que quería ir. Mientras reproducía, en su cabeza, la clásica música de ascensor, se preguntó quién fue la primera persona que decidió ponerle esa canción. Para empezar, ni siquiera recordaba dónde había escuchado la tonada por primera vez. ¿Una película? ¿Una serie? ¿En un ascensor? No lo recordaba. Y ya que había comenzado a divagar sobre los ascensores... ¿los calvos deben usar shampoo o jabón para el cuerpo? ¿Se lavaban la calva? ¿Deberían usar shampoo de coco? ¿Les ardería la cabeza cuando hiciera mucho sol? ¿Tendrían que ponerse bloqueador solar en la calva? ¿Cuál era el número de la habitación de Erwin?
«Ops. Bueno, estoy en el piso correcto, solo buscaré la habitación»
Salió del ascensor, esta vez pensando en la inmortalidad del cangrejo, después volvería a pensar en los calvos y sus problemas. Estuvo tentada a gritar el nombre de su amigo, pero la terminarían sacando del hospital si lo hacía. Optó revisar habitación por habitación hasta encontrar a Erwin, solo debía disculparse si entraba en la equivocaba. Con su típica sonrisa, entró en la primera habitación que encontró.
Grave error.
Abrió tanto sus ojos que, por un minuto, llegó a pensar que se saldrían de sus cuencas. El ramo de ramo flores cayó al suelo, sus piernas temblaron, se apoyó en el marco de la puerta para no caerse. No podía creer lo que estaba viendo. Era un sueño. Tenía que ser un sueño. Él no podía estar ahí ¿o sí?
Fue en ese momento en que supo que su extraño presentimiento se volvería realidad.
Y no estaba segura de qué sentir al respecto.
