Fictober
Día 11. Final
Y así era siempre, y así sería por los siglos de los siglos.
No importaban que tanto hubieran sufrido o que tan mayores se hicieran, sus alumnos, los del equipo siete, siempre serían unos chiquillos ante sus ojos.
Naruto, con su ímpetu y fortaleza salvo a la aldea y al mundo ninja, no importaba por donde lo viesen, ese mocoso hiperactivo se había convertido en una leyenda, casi imposible de superar.
Sasuke, a pesar del odio y dolor que habían sido los hilos conductores de su vida, lucho codo a codo junto a Naruto, junto a la alianza para salvar a Konoha, aquella villa que le arrebató todo, que quizá no merecía su perdón, pero que, al fin de cuentas, la villa por la que el pelinegro luchó.
Y Sakura, la pequeña y enamoradiza joven del equipo. Opacada ante el genio Uchiha, y el bijuu del Kyubi, quizá mucho no se esperaba de ella, al estar en medio de esos dos gigantes, pero poco a poco creció convirtiéndose en una de los ninjas más valiosos, por mérito propio.
Parecía que habían madurado al fin
Pero al final del día, volvían a sus viejas costumbres. Y ahí estaba él, Hatake Kakashi tratando de retratar nuevamente una foto con el equipo siete, pero de alguna manera Naruto y Sasuke terminaron peleando, con su interminables "teme y dobe" mientras Sakura los golpeaba, tratando de hacerlos ver a la cámara.
Al fin y al cabo, esa madurez en los momentos necesarios y la inmadurez de casi todo el tiempo, era lo que hacía al equipo siete en algo especial, y de alguna manera quizá por eso estaba bien, por eso estaba juntos, por eso eran mucho más que un equipo, eran familia.
Y él, se sentía orgulloso de esos chiquillos, de sus chiquillos.
—Sonrían —Dijo el camarógrafo, retratando al legendario equipo siete.
