«Esa noche se dieron su primer beso. Oficialmente era pareja. No podía estar más feliz, él le había correspondido, le había dicho que lo ama. Que lo necesita. El beso era torpe, ninguno tenía experiencia en el amor, fueron el primer todo del otro. El primer amor. La primera vez. El primer beso. La primera pareja. La primera gran pérdida

—¡Capitán!

Eren despertó de golpe, estaba algo sudado. Se sentía asustado, confundido, desesperado. No está seguro de qué es exactamente con lo que ha soñado, muchos quién es la persona con la que estaba en ese mundo. No entiende qué fue todo eso, pero sabe que es importante. Muy importante. Tardó unos segundos en percatarse que le zumban los oídos. Que hay personas a su alrededor. Que escucha murmullos. Todos le están viendo, preocupados, puede saberlo a simple vista. Sus ojos lo demuestran. Puede observar a Mikasa, Historia, Armin (el cual debió haberse ido hace mucho, él no tenía que ayudar), Jean y Marco. Hay un par de personas más, pero no las conoce, no son de son de su clase. Observa y escucha salir a su maestra de la enfermería (y junto a ella las personas que no son de su clase).

—Eren—Mikasa es la primera en hablar, intenta mantener un tonto calmado y tranquilo—, ¿cómo te sientes? ¿Te duele algo?

No contestó. Prefirió analizar a fondo el cómo se siente, pero ese es el principal problema. No sabe cómo se siente. No está seguro de lo que siente. Su corazón no ha dejado de latir con rapidez, le duele el pecho, pero a la vez tiene un extraño calor agradable. No sabe lo que ocurre con su cuerpo. Con él.

«Cuando tienes catorce años todavía hay mucho por comprender».

—Eren, ¿todo bien?

Esta vez es Armin quien habla. El silencio de su amigo le está comenzando a preocupar, más de lo que está, se siente diferente. No parece ser la misma persona con la habló esta mañana, no del todo, al menos, todo esto le está comenzando a traer malos recuerdos. Contuvo un jadeo de solo pensarlo.

Es aquello que todos quieren olvidar pero están obligados a recordar.

Eren está comenzando a sentirse asfixiado, quiere ir a casa, quiere abrazar al capitán y quedarse dormido. No quería estar solo, sentirse solo. No quería estar sin el capitán, sin Capitán... ¿Sin el capitán? Él simplemente quería irse de ese lugar. Estaba empezando a incomodarse, todos lo miraban como si fuera un bicho un raro, como si fuera un monstruo.

—No soy un monstruo—murmura. Más para sí que para el resto. Armin, que se había acercado un poco más, ha podido escucharlo.

—¿Eh?—dice con duda. No está del todo seguro si lo que ha escuchado es lo que él ha dicho.

—Quiero irme a casa—responde con voz apagada. Todos intercambian miradas y después asienten, será lo mejor.

—No sería correcto obligarlo a quedarse.

—Historia tiene razón, no es correcto. Lo mejor sería que se quedara en casa un par días.—Eren abre los ojos, sorprendido, no esperó que Hanji apareciera en su escuela, en la enfermería, en ese momento. Mucho menos que estuviera despeinada y con arañazos en el rostro. Parecía como si hubiera sido atacada por un animal salvaje.

—Señorita Zoe, ¿qué está haciendo aquí?

—Primero lo primero, ¿cómo conoce a Historia?—Jean alza una ceja, esperando una respuesta. Poniendo a prueba sus conocimientos, sus recuerdos. Hanji se ajusta los lentes y sonríe.

—Oh, eso es una maravillosa historia. Resulta que el mes pasado me topé con Historia mientras esta-.

—¡S-Señorita Hanji! ¡No lo diga!—Historia, obviamente nerviosa, se acercó a ella y le cubrió la boca con sus manos. Hanji asintió un par de veces, descubrió su boca y miró a Eren una vez más.

—Resulta que tu maestra es una vieja conocida, me llamó al ver que no despertabas y quiso que pasara a revisar cómo estabas.

—Entiendo, creo, pero...

—He estudiado medicina y medicina veterinaria.

—Ah...

—Sigo pensando que hubiera sido mejor llamar a sus padres.—Marco toma la palabra, está preocupado. Desde que escuchó el grito de Mikasa y vio a Eren en el suelo, repitió y repitió que llamaran a sus padres. Ellos debían de saberlo.

—No, está bien. No quiero preocuparlos, me encuentro bien.

—¿Realmente estás bien? Si te sientes mal puedo preguntarle a mamá si te puedes quedar en casa, ella estará encantada.

—Está bien, Mikasa. No te preocupes.

—Eh... eres mucho más popular de lo que creí, ¿qué le debo decir al amargadín? De seguro está celoso.

Ni Jean, ni Sasha, ni el resto de los chicos sabía qué decir. Estaban siendo espectadores pero ninguno sabía qué comentar. Todos poseían sus recuerdos o algunos, Marco solo tenía la mitad de ellos y Sasha parecía recordar lo costoso que era comer carne. No estaban seguros sobre comentar o no algo sobre ese mundo, esa época, hasta donde sabían Eren no tenía ningún recuerdo.

—¿Celoso? Un momento, ¿el capitán está aquí?—pregunta, esperanzado. Desea verlo, lo hace con todo su ser.

—¿Quieres verlo?

—Quiero verlo.

—Ya escuchaste enanín, entra.—Con una sonrisa burlona se acercó a la puerta y la abrió un poco, lo suficiente, para el pequeño gato entrara. A paso elegante se aceró a la cama y con gran agilidad saltó hacia ella.

—¡Capitán!—Eren tomó a su peludo amigo, entre sus brazos, pegándolo a su cuerpo. Sonrió contento, feliz, completo.

Fue cuando vieron esa sonrisa de Eren que entendieron el por qué le dio ese nombre a un gato, el por qué se despertó gritando esa palabra. Fue ahí que se percataron quién era, quién fue, el pequeño minino. Armin, Mikasa y Hanji sabían la verdad. Pero para los demás fue como un balde de agua fría. Poco a poco fueron saliendo de la enfermería, lo mejor sería dejar a esos dos solos.