Los corazones no se unen mediante de la armonía. Lo hacen, a decir verdad, mediante sus heridas. Su dolor. Fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador. No existe perdón que se derrame sin sangre. No existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida.

Una vez dentro de auto, Eren comenzó a sentirse incómodo. Hanji no decía nada, pero parecía estar analizándolo. Podía ser rara, un poco loca, según muchos, pero era una buena persona. Amable y considerada. Sabía el por qué de su silencio, el por qué lo miraba y el por qué lo estaba llevando a casa.

Las preguntas silenciosas fueron lanzadas en el momento que se subió al vehículo.

Y ella quería respuestas.

—Sí he tenido problemas para dormir...

—Eh, yo no he dicho nada.~

—Pero lo está pensando.

—Eres más asusto de lo que pareces, ¿sabes?

Abre esas alas fuertes que tienes. Vuela.

Son tuyas. Las alas de la libertad.

Se encogió los hombros, suspiró y acarició la cabeza del Capitán. No había querido meterlo en su jaula, por lo que prefirió sentarlo sobre sus piernas. No obtuvo quejas, los dos se sentían a gusto. Hanji sonrió al verlos, olvidando, por un momento, lo que vio en el hospital, estaba segura que ellos podrían matarla de diabetes. Son demasiado tiernos. Demasiado dulces.

La vida siempre necesita pequeñas cantidades de azúcar para hacerla menos amarga.

Unos veinte minutos después, Haji se estacionó frente a la casa de Eren. Levi se había quedado dormido, sobre el regazo de él, se veía tan tierno que ninguno quería despertarlo. Los gatos tienen poderes sobrenaturales. No hay duda. Observó cómo Eren, de mala gana, despertaba a Levi con una expresión de terror. No tenía que preguntar para saber por qué la ponía, sabía que el amargadín podía despertar de muy mal humor en ocasiones. Su rostro había tenido que aprenderlo. Intentó despertarlo una mañana, en la que Eren lo había llevado de visita, y este le saltó encima arañándola. Todavía lo recuerda, él tampoco sabía si los calvos tenían que usar shampoo o jabón para el cuerpo. Para fortuna para ambos, Levi no los atacó.

—Gracias por traerme, señorita Zoe.

—No es nada, titán. Cuando quieras.

—Disculpe, ¿cómo me llamó?

Tiburoncín.

—¿Tiburoncín?—repitió. Confuso.

—Tiburoncín, uh, ha, ha.

—¿Ah?

—Tiburoncín, uh, ha, ha.

—Eh... debo irme.—Soltó una risa nerviosa, agradeció un par de veces más y cerró la puerta. Rodeó el vehículo y le regaló una sonrisa, comenzó a caminar hacia la entrada. Capitán caminaba perezosamente a su lado.

—¡Hey, Tiburoncín!—gritó desde el auto, cuando volteó a verla le arrojó un frasco con pastillas.—Eso solucionará tu problema de insomnio.

No hacía falta gritar, no estaban tan lejos. Como mucho, unos tres metros de distancia.

—¿Melatonina*?

—Sí, toma una o dos pastillas antes de dormir.

—Está bien, gracias.

—Antes de que entres a casa... necesito que me respondas una pregunta. Es muy, muy importante.

Tragó saliva. Parecía serio. Es decir, si bien Hanji no lucía seria, su expresión y tono era muy diferente a lo usual. Por lo que, sin pensarlo dos veces, se acercó a paso rápido a la ventanilla del auto. Estaba nervioso, ¿le preguntaría por su condición? ¿O Capitán tendría algo? Se veía sano, por lo que quizás no fuera eso.

—¿Si...?

—¿Los calvos deben usar shampoo o jabón para el cuerpo?


La melatonina es una horma que está de manera natural en el cuerpo, pero, además, también se puede elaborar en un laboratorio y con ello utilizarla como medicamento en forma de pastilla que suele colocarse debajo de la lengua para que la absorba nuestro organismo. Podemos decir que, con esta hormona, nuestro cuerpo se ajusta. De este modo las personas que sufren de, por ejemplo, de insomnio, y no son capaces de regular su sueño, con la melatonina que produce su cuerpo, puede tomar la pastilla. También sirve, por ejemplo, para el jet lag cuando viajamos, los trastornos de sueño si hemos cambiado de turno laboral o las personas ciegas con el fin de que puedan establecer un ciclo de día y otro de noche.

Ahora, sobre lo de Tiburoncín. Eren está confuso de que lo llame de esa manera, de la nada, de igual forma, sabe que no fue ese el apodo que usó. Pero como no alcanzó a escuchar muy bien el otro, no dice nada.