No es la primera vez que va a visitarlo, tampoco será la última. De igual forma, no iba solo por él, también iba a visitar a otras personas. El Hospital, en esos momentos, era como un punto de encuentro para ella. Aunque solo podía interactuar con una persona de las tantas personas que iba a visitar. Suspiró, estaba cansada. Ha tenía un par de días llenos de estrés, todo empezó cuando Levi colapsó en su casa. Fue entonces cuando se activaron las alarmas.

En un mundo que pocos pueden comprender, el viendo del destino sopla cuando menos te lo esperas.

Después de socorrer a Levi, llamó a Eren. No le dijo con exactitud su estado, solo que debía quedarse unos cuantos días en la veterinaria. La forma tan calmada con la que habló te hacia entender que no era importante, que todo estaría bien. A pesar de todo, Eren se alarmó. Lloró, gritó, gruñó, se disculpó y se desesperó. Todo en cinco minutos. Preguntó varias veces si Capitán regresaría a su lado.

Justo en ese momento, el corazón de Hanji tuvo una cuarteada.

Ni siquiera ella estaba segura que Levi fuera a recuperarse, a despertar, a continuar vivo. Con todo el dolor acumulado, dijo que sí. Poco después de eso, colgó la llamada. Recordarlo le hace sentir que paso a hace años, pero todo ha sido en últimos dos días. Entró en La habitación del Destino, como la denominó ella, y lo vio, recostado en la camilla, como siempre. La maquina marcaba su pulso, iba mucho más rápido de lo usual, miró en todas las direcciones. Sabía que su madre iba a visitarlo, la había visto en otras ocasiones, pero nunca han hablado. Al ver que no había nadie cerca, caminó hasta él y susurró un par de cosas en su oído. Casi de forma inmediata, la maquina empezó a mostrar su pulso usual. Sonrió satisfecha, le habló sobre un par de cosas y se retiró. Todavía tenía un paciente en la veterinaria.

Uno que estaba a punto de despertar.

La vida es solo un juego para Dios.

De eso no había duda.