Especial 2: ¿Y Kageyama?
~~Viernes~~
Era otro día normal y corriente para el Karasuno, sólo que había sucedido algo que ninguno de ellos se podía creer: Kageyama no había asistido a la escuela, por lo tanto, tampoco a los entrenamientos. Era bastante raro que el pelinegro no viniera, algo tenía que haberle ocurrido.
—¿Qué creéis que le ha pasado? —Preguntó Sugawara al resto del equipo.
—Tal vez lo han atropellado de camino a la escuela. —Respondió Tsukishima en tono de burla.
—O quizás lo han secuestrado. —Añadió Tanaka.
—¡¿Q-Qué?! —Exclamó Hinata atemorizado por lo que pudiera haberle ocurrido al armador.
—La pregunta es quién querría secuestrarlo. Con solo mirarlo ya aterra a cualquiera. —Dijo el rubio de gafas con una sonrisa burlona.
—¡Tsukishima! —Gritó Daichi para que este dejase de bromear.— Ahora en serio, ¿qué le habrá ocurrido?
—¿Y si después del entrenamiento vamos a visitarle? —Aconsejó el pequeño líbero con una sonrisa.
A Hinata pareció gustarle la idea al igual que a los otros que con la mirada asintieron ante aquello, pero como era de esperarse, Tsukishima se negó rotundamente.
—¿Qué? No quiero. —Respondió con mala cara.
—¡Venga Tsukki! —Insistió Yamaguchi.
La pregunta ahora era cómo se había dejado convencer ya que se encontraba en la puerta de la casa de Kageyama con un ramo de flores junto a casi todo el equipo del Karasuno.
—¿A qué estáis esperando? Entremos, ¿no? —Dijo Tanaka mientras empujaba la puerta.
—¡¿Qué haces!? —xclamó en voz baja Suga.
—L-Lo que estás haciendo es allanamiento de morada. —Añadió Asahi un tanto nervioso.
—¡Pero si estaba abierta! Además, parece que no hay nadie. —Se unió Nishinoya mientras entraba al salón de la casa y observaba todo lo de su alrededor.
Se intercambiaron miradas y empezaron a entrar al hogar del pelinegro sin permiso de nadie, como si estuvieran en su casa. Yachi se encontraba detrás de Kiyoko con miedo por si aparecía algo extraño y Sugawara aún no se creía lo que estaban haciendo. Fueron investigando cada rincón del sitio en el que estaban pero no había nadie; sólo les faltaba mirar arriba.
—Parece que aquí no hay na... —Sawamura fue interrumpido por un extraño ruido procedente del piso de arriba.
—¿H-Habéis escuchado eso? —Interrogó Yamaguchi algo nervioso.
—¿V-Vosotros también? —Aplicó Azumane con voz temblorosa.
De repente se apagaron las luces y todo quedó oscuro. Encima de que estaba anocheciendo, se pudieron escuchar unos ruidos extraños y pasos de alguien que bajaba por las escaleras. Algunos se pusieron a gritar como niñas y otros intentaron abrir la puerta pero estaba cerrada.
—¿Qué demonios pasa? —Preguntó Daichi mientras contemplaba como una sombra se acercaba poco a poco.
—¡Que alguien encienda las luces! —Ordenó Sugawara preso también del pánico.
Cuando Chikara iluminó la sala, encontraron el cuerpo de Kageyama en el suelo mientras balbuceaba palabras incomprensibles.
—¡OH DIOS MÍO! —Gritó Asahi al ver la escena.
—K-Kageyama... ¡Kageyama! —Exclamó Hinata aterrorizado.
Koushi se acercó al cuerpo en mal estado y le tocó la frente.
—¡Rápido! ¡Está hirviendo! —Vociferó el de cabello gris.
Entre Sawamura y Azumane llevaron al pelinegro a su habitación; Sugawara se puso a buscar por toda la casa medicamentos; Tanaka, Ennoshita y Nishinoya prepararon un baño tibio; Kiyoko, Yachi y Yamaguchi se encargaron de las bolsas de hielo y las toallas; Tsukishima se quedó a observar cómo el resto hacia el trabajo y Hinata estaba tan nervioso y preocupado que se puso a dar vueltas en círculo temiéndose lo peor.
Pasaron unas horas desde lo ocurrido con Kageyama y todos se encontraban alrededor de su cama observando como el pelinegro abría lentamente sus ojos.
—¡Kageyama! —Exclamó el pelirrojo tirándosele encima.
—¡¿Dónde se supone que están tus padres?! —Preguntó Sugawara.
—Qué clase de padres dejan a su hijo con fiebre solo en casa... —Suspiró Chikara.
—¡¿Por qué las luces se apagaron?! ¡¿Y por qué la puerta no se podía abrir?! —Interrogó Asahi recordando el mal momento que pasó.
—Ah... —pensó Kageyama mientras bostezaba— Ah, eso... Mis padres están de vacaciones, las luces las apagué yo sin querer mientras bajaba las escaleras y lo de la puerta suele pasar, aunque hay un truco para abrirla.
Todos suspiraron mientras se levantaban para dejar los presentes que le habían traído. Los de segundo año se retiraron menos Nishinoya y Tanaka, que se quedaron a cenar al igual que los otros. Shimizu acompañó a Yachi a su casa y Yamaguchi convenció a Tsukishima para que se quedara.
—¿Quién preparará la cena? Kageyama debe descansar más... —Comentó Daichi.
—¿No es obvio? —Contestó Suga dirigiéndose al piso de abajo.
Se puso un delantal, abrió la nevera, sacó los ingredientes y se puso manos a la obra. Mamá Suga era todo un experto en la cocina.
Después de gorronear la comida de Kageyama, el equipo se despidió de este y se fueron a casa. Todos, menos Hinata que quiso quedarse un rato más con el pelinegro.
—¿S-Seguro que estás bien? —Preguntó el pelirrojo bastante preocupado.
—Hm. —Afirmó Tobio.
—Entonces será mejor que me vaya. —Dijo Shouyou mientras recogía sus cosas.
–¡E-Espera! —Exclamó mientras agarraba de la muñeca al bloqueador central.— ¿Recuerdas el cupón del amigo secreto?
El rostro de Hinata cambió al instante de escuchar aquellas palabras.
—¡¿Q-Qué pretendes?! —Interrogó mientras se alejaba de la cama.
—Es solo que... —susurró el pelinegro desviando la mirada con un rubor en sus mejillas.— ¿P-Puedes dormir esta noche conmigo?
El pelirrojo no respondió, solo se limitó a meterse entre las sábanas y acurrucarse junto a Kageyama.
—¡E-Espera...!
—Buenas noches, Kageyama. —Le interrumpió Hinata mientras cerraba sus ojos con una sonrisa.
~~Lunes~~
—¡A-Achssss! —Se escuchó en el gimnasio.
—¿Eh? —Se preguntó Kageyama al ver cómo estornudaban sus compañeros de equipo.
—Parece que alguien nos contagió. —Dijo Tsukishima un tanto enfadado.
—Eso nos pasa por ser buenos samaritanos e ir a visitarle. —Introdujo Nishinoya mientras se sonaba la nariz.
—En realidad eso nos pasa por gorrones. —Aclaró Daichi.
—¡Sentimos habernos comido toda tu comida! —Exclamó Asahi.
—¿Por qué Hinata es el único que está bien? —Interrogó Tanaka dirigiendo su mirada al joven pelirrojo que se encontraba como unas castañuelas.
Hinata observó a Kageyama un poco nervioso y luego desvió la mirada.
—Q-Quién sabe...
[…]
