Fueron dos auténticos solitarios que se encontraron el uno al otro.

¿Alguna vez has sentido cómo tu cuerpo cae lentamente en el abismo de tus recuerdos?

Querido Eren, todavía te falta tanto vivir.

Recuerdos.

Recuerdos tan vastos como el océano.

Sin saber cómo o por qué ha caído en él, intentando nadar a través de todas esas imágenes borrosas en movimientos que impiden que su avance, esos murmullos de voces que cree conocer, que cree no reconocer, esos que lo están haciendo sentirte atrapado. Haciendo sentirse un monstruo. Grita, una y otra vez una sola palabra. Una que la causaba dolor, un extraño sentimiento de protección, un calor indescriptible en su pecho.

«…Incapaz de expresar mis sentimientos o saber a qué dirección dirigirme…»

«Capitán»

Simple, sencillo y directo. No quería ni podía gritar nada más, como si esa única palabra representara todo lo que quería decir. Gritó, gritó y volvió a gritar mientras sus lágrimas caían. ¿Qué estaba ocurriendo? Eso le gustaría saber. ¿Por qué su cuerpo se hundía? ¿Por qué apenas podía respirar? ¿Por qué lo único que venía a su mente en esos momentos eran aquellos hermosos ojos grises con bordes azules? Esos que sentía ha conocido y amado durante toda una vida, quizás más.

«…me hundí en el océano…»

Estaba siendo arrastrado a lo profundo del océano, observando más imágenes en movimiento, esta vez, menos borrosas. Se volvió a ver a sí mismo, con ropa extraña, armas extrañas, lugares extraños. Personas venías, personas se iban. Sangre, desesperación, dolor. Todo parecía estarlo golpeando. Excepto… esa secuencia. Ahí estaban, esos ojos calculadores, observándolo fijamente, suavizándose solo para él. Podía sentirlo. Estiró su mano hacia él, intentando alcanzarlo, pero estaba lejos. Muy lejos.

«… él me ha devorado… por completo…»

Ya no podía gritar, no, no podía, su cuerpo se hundía cada vez más rápido. Su desesperación aumentaba con cada minuto. Sus ojos se fueron cerrando poco a poco. ¿Así terminaría todo? ¿Sin siquiera… haberlo visto una última vez? Estuvo a punto de tirar la toalla, dejarse arrastrar a la profunda oscuridad, perder la esperanza… hasta que escuchó esa suave voz. La que ya conocía perfectamente, con la que ha estado soñando, la que ha extrañado.

La que amó hace más de dos mil años.

«…Alguien…,»

—«No te rindas aún, mocoso idiota». —Escuchó, y como si una extraña e inexplicable fuerza se apoderara de él, logró nadar hacia la superficie, logró tomar la mano que acababa de aparecer. Pensó que estaría solo, que nadie iría a salvarlo. Que todo estaba perdido.

Pero no fue así.

Ante él, sobre el agua, sobre las imágenes borrosas, estaba el dueño de esos hermosos ojos grises. Le sonrió de lado. Y se olvidó del resto del escenario. Como si solo existiera él, esa persona que está enfrente, esa que siente amar sin siquiera haberlo visto en esta vida.

—¿Vas a quedarte en el suelo toda tu vida, pequeña mierda?

Saliendo de su transe, Eren volvió a "la realidad", miró a su alrededor. El escenario cambió. Estaba en un campo de flores, flores hermosas y de todos los colores. ¿Cómo? ¿Cuándo? Le gustaría saber. ¿Quién era él? ¿Por qué sentía amarlo con todo su ser? Quería preguntar, pero su voz no salía de su garganta.

«…por favor…,»

—¿Qué haré contigo, mocoso?—Lo escuchó suspirar. Lo vio ponerse a la altura en que se encontraba, lo vio sonreír.—¿No crees que es tiempo de recordarlo?

«¿Recordar qué?» Hubiera deseado poder preguntar. Y como si un balde de agua fría cayera sobre él, recordó todo lo que pasó por su mente antes de que los murmullos de sus amigos se desvanecieran, antes de que la visión de su aula de clases se desvaneciera. ¿Recordar? Posiblemente ya lo ha hecho. Sus lágrimas fueron y siguen siendo la prueba.

—¿Por qué lloras?—le escuchó preguntar, su voz llena de amor le hizo temblar, se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza. Ni siquiera se había dado cuenta que había empezado a llorar de nuevo o quizás nunca dejó de llorar, no lo sabía a ciencia cierta.

—Estoy aquí, mocoso idiota. —Su abrazo fue correspondido. Con la misma fuerza, con el mismo amor. Su garganta quema, quiere gritar todo lo que siente, pero no puede. De igual forma, no se rinde, seguirá intentando poder decirle algo… eso que ha querido decirle todo ese tiempo. Incluso si toda su existencia perece, lo hará.

«…alcánceme...»

—Todo está bien. —Su voz, su hermosa voz, se sintió apagada, triste, herida. Lo ha lastimado, otra vez, y no quiere seguir haciéndolo. Ambos se miraron, con amor, nostalgia, dolor. Se pusieron de pie lentamente, sin decir nada más.

Eren intentaba lograr deshacer el nudo que estaba en su garganta, el que no lo dejaba hablar. Todavía quemaba, pero no le importaba, por él, por su amado capitán Levi, soportaría todo ese dolor.

«…y… muéstreme...»

—Lo… ie… to…—dijo con dificultad. No dejó de intentarlo, no quería dejar de intentarlo, volvió a repetir una y otra vez, hasta poder decirlo bien, hasta lograr sentirse satisfecho, poco a poco, su voz fue saliendo con más fluidez, hasta que fue capaz de sentir que podía gritarlo por fin. —¡Lo siento, capitán Levi! ¡Lo amé, amo y amaré más que a nadie! Nunca quise dejarlo solo… mi corazón… murió cuando lo dejé a usted…

—Él mío también, pero nunca dejé de amarte con todo mi ser—respondió, con una pequeña sonrisa, con varias lágrimas cayendo por su rostro.

«…el camino…»

«Gracias»

Susurró el viento. El mundo. Él mismo. La imagen, su figura, su cuerpo, se quebró como el frágil cristal que era y desapareció. En su lugar, se vio a sí mismo, a su otro yo, su antiguo yo. Ha cambiado, puede sentirlo, no es del todo igual a como era en el pasado, pero tienen algo en común, están enamorados de la misma persona. Lo han estado durante mucho tiempo, antes y después de morir. Antes y después de nacer.

—Durante todo este tiempo… he querido disculparme con él. Gracias, gracias por hacerlo por mí. —Observar a su otro yo, sonreírle con las lágrimas cayendo por sus mejillas le hizo entender muchas cosas, o quizás, solo le hizo darse cuenta de lo obvio.

«El capitán… siempre ha estado conmigo.»

El frágil corazón de un joven enamorado se ha roto, en mil y un pedazos, porque él sabía que el mundo no les concedería un milagro.

O quizás no lo sabía.

Lo primero que vio al despertar fue a Mikasa bañada en lágrimas, no estaban en la escuela, tampoco en su casa, no sabía exactamente qué había pasado, pero podía reconocer el olor del hospital. ¿Cuánto llevaba inconsciente? ¿O cuánto tiempo ha sabido que él estuvo a su lado? Era algo que no estaba seguro de querer saber. Las alas de la libertad, las bellas alas que lo protegieron en más de una ocasión, ya no están más con él.

—Eren…—se atrevió a murmurar Mikasa, Armin todavía no regresaba, solo estaba ella y no podía darle… la noticia. Eso lo lastimaría y ella no quería verlo sufrir, no de nuevo.

—¿Dónde…? —Tragó saliva, sería más difícil de lo llegó a imaginar, le aterraba… conocer la respuesta, pero necesitaba saberla. Lo necesitaba desesperadamente. Su mirada se enfocó en la ventana que estaba a su lado, a lo lejos, en el jardín, pudo distinguir a Hanji y Armin hablando. El dolor en su pecho aumentó. — ¿Dónde está… el capitán Levi?

Fueron los segundos, minutos, más eternos de su vida. El silencio de Mikasa fue la dolorosa respuesta que no quería escuchar. Sus manos temblaron, su respiración se entre cortó e intentó con toda sus fuerzas no llorar, pero fue en vano.

El capitán ya no estaba.

Ya no lo recibiría cuando llegara a casa.

No lo obligaría a hacer su tarea.

No dormiría más con él.

El capitán… se había marchado de su vida otra vez.

Así de cruel es el destino, querido Eren.


Y después de un bloqueo enorme, puedo decir que esta vez sí que he publicado. (? Ya casi, ya casi finalizamos el fic. Gracias a todas las personas que leyeron y comentaron. -Corazones-

No se preocupen, todavía faltan un par de sorpresas, pero no me maten en el epílogo. (?

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!