¡¿Qué tal mis lectoras/es?! Aquí reportándome después de 15 días, hahahaha D; me había ido de viaje y pues no contaba con internet y no pude subir capítulos pero no perdí tiempo y me puse a escribir y pues tengo un poco adelantada la historia, así que no tardaré mucho en actualizar :3

Reviews:

sslove: A mi también se me olvidaba el nombre del mini cangrejo y tenía que regresarme para ver como le había puesto hahahahha xD. Ahorita está tan interesado en el mismo y sus padres les vale reverendo cacahuate, ocupa un buen jaló de orejas hahaha ;c. De seguro algo hicieron los hermanos de Helena para terminar todos de caballeros hahahah xD. Gracias por tu review c:

Espero que les guste el capítulo :D

P.D: Habrá menciones de algunos personajes de Lost Canvas y posibles parejas


CAPITULO 3: El antecesor de Cáncer II

Manigoldo carraspeó intentando llamar la atención del pobre niño que parecía que se había quedado sin alma.

-De veras que eres imposible- el antiguo caballero desvió la mirada al suelo lodoso bastante frustrado- ni siquiera en el inframundo son tan…

-Alcander- pronunció con timidez el menor interrumpiendo al santo.

-Hasta que por fin- devolvió la vista al pequeño peli azul más aliviado- ¿Así que Alcander eh?- una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios cambiando su humor- bonito nombre.

-Mi madre me dijo que significa "fuerte" o algo así- explicó el oji verde.

-Será mejor que te vayas olvidando de tu nombre- decía burlonamente- en cualquier momento adoptarás un apodo con el que serás reconocido cuando seas caballero dorado… si es que llegas.

-¿Pero qué demonios se trae este sujeto?- miraba a Manigoldo con una expresión confusa ¿Qué demonios quería decirle con eso?

-Tranquilo, no me mires así- intentaba calmar al niño pensando en que estaría infinitamente molesto con él.

-¿Por qué dices que tengo que irme olvidando de mi nombre?- cuestionó confundido.

-Verás- el ex santo se aclaró la garganta- la gran mayoría de los caballeros de Cáncer se nos suele adoptar diversos apodos y con el tiempo nos vamos olvidando de nuestro nombre real, por ejemplo yo- miró el cielo algo nostálgico- mi nombre en realidad no es Manigoldo- suspiró- ese apodo me lo puse yo desde que era un niño, incluso más joven que tú- volvió a fijar la vista en el menor- puedo estar completamente seguro que tu padre es caballero de Cáncer y también tiene un seudónimo.

-Sí- el oji verde contestó indiferente- le dicen Máscara Mortal.

-Vaya apodo, ya me estoy imaginando porque- se llevó la mano derecha a la sien fingiendo sorpresa.

-Por ser un maldito asesino- Alcander abrazó con fuerza sus piernas y desvió la mirada a lado contrario en donde se encontraba Manigoldo, clavándola en el suelo.

-¿Pero qué fue eso?- exclamó el peli azul positivamente y muerto de curiosidad por la reacción del futuro heredero de Cáncer.

-Nada.

-¿Y entonces por qué ese reacción?

-Ya te dije que nada- el niño estaba comenzando a irritarse por la insistencia de Manigoldo.

-¿Qué fue lo que pasó entre tú y tu padre?- el ex santo cambió su semblante a serio.

-¡Ondas infernales!- Alcander atacó al espirítu haciendo que este desapareciera.

El joven oji verde suspiró pesado y se recostó con fuerza en la roca llevando ambas manos a su blanquecino rostro haciendo presión en sus párpados intentando asimilar todo lo que vivió unos minutos atrás con aquella alma.

-¿Tan pronto nos llevamos así?- la burlona voz del cangrejo se escuchó de nuevo en ese claro del bosque haciendo que Alcander se sentara rápidamente mirando con desesperación por todos lados buscando en vano- puedo estar muerto pero conozco a la perfección las ondas infernales, niño. Además, fallaste al querer atacarme- apareció de nuevo tomando asiento junto al menor haciendo que este liberara un grito de horror y sorpresa.

-¡Maldita sea! ¿sigues aquí?- reclamó bastante frustrado por haber fallado.

-Primero:- miró a Alcander firmemente- ese ataque fue muy débil. Segundo: tengo muchísima más experiencia que tú. Tercero: Nunca llegarás a ser un caballero dorado con esa actitud de mocoso, y Cuarto: ¡Maldita sea! ¡Tú miras espíritus, no tienes por qué alarmarte tanto!- esto último lo dijo con tono incrédulo.

-De acuerdo, tú ganas- dijo resignado- llévate mi alma.

-¿Eh?- Manigoldo hiso una mueca de gran confusión sin poder darle crédito lo que sus oídos habían acabado de escuchar para luego soltar una escandalosa carcajada.

-¿Pero de que te estás riendo?- cuestionó confundido.

-No puedo creer…- hacía un gran esfuerzo para dejar de reírse- que creas que vengo por tu alma.

Los esfuerzos de Manigoldo fueron en vano, comenzó a reírse más y más. Abrazó su estómago con fuerza intentando aminorar esa dolorosa molestia que le provocaba pero se trataba de Manigoldo, si algo le causaba mucha risa, iba para largo la espera de que se tranquilizara.

-Gracias Mu- agradecía sin ánimos el del cuarto templo.

-Máscara, ¿no crees que Alcander haya podido escalar ese barranco?

-No lo creo, está demasiado profundo y no siento su cosmos en ese lugar.

-Lo más seguro es que haya cruzado por el viejo puente que se encuentra por ahí.

-Debes de estar loco- Máscara se cruzó de brazos- ese puente de madera no se ha usado en años. Si alguien pone un pie en una de esas tablas, lo más seguro es caiga al vacío.

-Recuerda con quien estamos tratando.

El santo de Cáncer tuvo que admitir que Mu tenía razón, su hijo era igual de necio y terco que él y de alguna forma tuvo que haber cruzado logrando evadir a la muerte que se encontraba en las profundidades de ambas montañas paralelas.

-Ya… listo…- Manigoldo tragaba bocanadas de aire logrando recuperar la compostura de a poco.

-¿De verdad eres un caballero de Athena?- el niño cuestionaba curioso y confundido a la vez.

-Era- corrigió- porque ya estoy muerto- contestó con ese mismo carisma con el que se le identificaba antiguamente.

-Si ya estás muerto ¿Qué haces aquí?

-Es algo complicado de explicar- el peli azul miró hacia enfrente y su mirada volvió a cambiar nostálgicamente- se podría decir que mi alma no puede descansar.

-¿Entonces algo dejó pendiente?- pensó el niño sin quitarle la vista al espíritu traslúcido. ¿Cuál será la causa por la que aún no encuentra la paz eterna? Ahora Alcander sentía una gran curiosidad por saber más de ese curioso guerrero.

-¿Eh?- el peli azul volteó a ver al menor que lo miraba ya no como una amenaza, si no como alguien que quería saber más- ¿intentarás mandarme de nuevo al Yomotzu?- bromeó.

-¿Qué fue lo que dejaste pendiente?- cuestionó directamente queriendo llegar lo más pronto posible al punto.

-Directo a lo que vas- comentó Manigoldo- es algo que aun no entiendo- se llevó la mano derecha a la barbilla.

-¿Cómo que no entiendes?

-Es algo que me había dicho mi maestro, pero nunca logré comprender que era lo que me quería decir. Por cierto, ¿cómo está Shion?- esto último lo dijo bastante animado.

-Está bien- el oji verde lo miró extrañado- ¿por qué tuteas al patriarca?

-Shion fue uno de mis compañeros hace más de doscientos años, protegía la casa de Aries y fue nombrado patriarca después de la muerte del antiguo y fue uno de los sobrevivientes de la anterior guerra santa, ¿Qué no lo sabías?

Alcander tenía la boca abierta y los ojos como platos al escuchar cada palabra del espíritu. Su mente era una guerra total por saber si creerle. Nadie en el santuario le había comentado que Shion era un sobreviviente de la guerra santa de hace más de doscientos años.

-¿Entonces el patriarca tiene más de doscientos años?- Alcander estaba casi sin aliento por la sorpresa.

-Así es, y Dohko de Libra también ¿o ya no está con ustedes?

-Sigue con nosotros- seguía con el mismo semblante sin caber en su asombro.

-¿Qué demonios le pasa a esa generación de dorados?- el ex santo se estaba frustrando- en mis tiempos nos decían hasta lo que no debíamos de saber aun cuando mis compañeros y yo teníamos tu edad o menos- se cruzó de brazos- tendré que hacerle una visita a Shion.

-¿De veras irás con él?

-Aun no, primero me encargaré de ti.

-¿Qué?- el menor volvió a tomar postura defensiva.

-Algo hiciste para que mi espíritu llegara hasta aquí, si no me ayudas a resolverlo jamás podré descansar en paz.

-¿Y qué te hace pensar que yo te ayudaré?

-Veamos- volvió a llevarse una mano a la barbilla- no dejaré de fastidiarte por el resto de tu vida.

-¿Qué hice para merecer esto?- pensó el pobre niño algo molesto dándose cuenta que no tenía otra opción- lo haré solamente para que ya no me fastidies nunca- contestó resignado.

-Así se habla- contestó divertido sentándose de mariposa y apoyando ambas manos en la roca- primero comenzaremos por la parte en que tú me "invocaste". Dijiste algo así de que tu padre es "basura" al igual que todos…

-¡Porque lo es!- exclamó enfurecido, aún sin levantarse, dándole la espalda al antiguo caballero recargando su mentón en ambas manos que descansaban sobre sus rodillas.

-¿Sabes una cosa?- Manigoldo suavizó su tono de voz- yo también pensaba lo mismo cuando era un pobre niño no mayor que tú.

Alcander abrió los ojos como platos y su semblante molesto cambió completamente. Liberó un débil suspiro que apenas fue notorio para el mismo y apretó los puños.

-Ahora dime ¿Por qué dices que tu padre es basura?- preguntó con seriedad.

-Fue un asesino- respondió con la voz entrecortada- mataba por diversión y por beneficio propio y… quería jugar con los sentimientos de mi mamá cuando se conocieron…

En silencio, Manigoldo examinó al oji verde que aún se encontraba de espaldas. Comenzó a pensar para llegar a la conclusión de que era bastante probable que la persona que le hubiera platicado sobre su padre, lo hubiera hecho con mala intención.

-¿Y cómo es tu padre ahora?

-Ahora sirve a nuestra diosa para proteger el mundo y… ama mucho a mi mamá- hizo una breve pausa- pero estoy seguro que volverá a ser el mismo de antes.

-¿Cómo puedes estar tan seguro que eso va a pasar?

-Yo… no… lo sé- Alcander comenzó a sentir mil emociones en su interior como si de planetas chocando entre ellos se tratara. No quería admitir que estaba intentando creer algo que nunca volvería a suceder.

-Escúchame bien mocoso- Manigoldo se volvió a cruzar de brazos y adaptando un tono de seriedad- no todos tuvimos un pasado agradable y muchos hicimos cosas peores que otras personas ¿pero sabes una cosa?- suavizó su voz- la mayoría cambia por alguna razón así como tu padre cambió cuando conoció profundamente a tu madre y de seguro volvió a cambiar cuando tu naciste.

-¿Y si vuelve a ser como antes?- el oji verde se giró quedando a un lado del santo como en un principio mirándolo pensativamente.

-No lo hará- Manigoldo esbozó una sonrisa- teniéndolos a ti y a tu madre te aseguro que será el mismo que tú siempre has conocido.

El menor tenía un semblante ligeramente sorprendido, volvió a fijar la vista en el suelo algo apenado. Las palabras del carismático Manigoldo de Cáncer parecían surtir efecto en él. Su cabeza no dejaba de dar vueltas y comenzó a reflexionar en todo lo que había sucedido en esa mañana sintiendo culpa poco a poco hasta llegar a un punto en que comenzaba a sentirse incómodo consigo mismo. Era increíble como ese espíritu que hace unos momentos que quería deshacerse de él, ahora sentía una pequeña necesidad de darle las gracias.

-Oye… Manigoldo- dijo con ligera torpeza aun sin levantar la mirada del fangoso suelo.

-¿Si, niño?

-¿Tú eras malo?- la pregunta tomó por sorpresa al ex santo.

-Bueno- liberó una risilla y se llevó la mano derecha a la sien- se podría decir que si era "malo". Para que me entiendas te contaré un poco sobre mi pasado.

-Si, por favor- Alcander respondió animado mirando al peli azul.

-Cuando era un niño de ocho años- Manigoldo se inclinó ligeramente hacia atrás recargándose con sus manos y mirando el celeste firmamento- el lugar en donde vivía fue destruido por los espectros de Hades y acabaron con la mayoría de las personas que residían ahí incluyendo a mi familia completa pero yo logré escapar. Estuve vagando por días robando comida para poder sobrevivir y dormía entre las ruinas siendo acompañado por las ya debilitadas almas de mis familiares pero un día…- hizo una pequeña pausa, un pequeño nudo se formó en su garganta debido a la nostalgia que comenzaba a sentir- llegó la persona que cambió mi vida para siempre: mi maestro.

-¿Y qué pasó después?- preguntaba animado cierto niño peli azul animando a Manigoldo a continuar.

-Me encontró cuando intentaba refugiarme entre un par de escombros y me preguntó si aquellas almas que me rodeaban eran mis familiares, ¿y sabes que le dije?- sonrió al recordar- le dije que no eran nada más que basura.

-¿Y tú maestro te dijo algo?- Alcander no cabía en su asombro.

-Vaya que si quería hacerlo, quería sermonearme más o menos como quería hacerlo contigo ¿y sabes que quise hacer? Me abalancé sobre él empuñando un cuchillo que traía escondido entre mis harapos para matarlo creyendo que quería subestimarme- Alcander abrió bastante los ojos- pero fue más rápido que yo y me tomó de la muñeca y me levantó del suelo- contó Manigoldo emocionado- y fue cuando entre sus vestiduras divisé una armadura dorada. Me rendí y le pedí que me matara- esto último lo dijo serio.

-¿De verdad no tenías ganas de vivir, Manigoldo?

-Ya no niño, no tenía nada ni a nadie y yo sólo era un chiquillo que se había convertido en un ladrón, pero deja termino de contarte.- esbozó una sonrisa socarrona para luego seguir con su relato- Mi maestro comenzó a decirme que ni uno de nosotros somos basura para luego dejarme en el suelo. Me sentí tan frustrado y desesperado que le pregunté qué rayos era lo que somos y la respuesta que me dio me dejó bastante atónito: el universo.

-¿El universo?- el menor alzó una de sus azuladas cejas- creo que no entendí.

-Ya lo entenderás en su momento- miró al niño- yo tampoco lo entendía y me sentía más impotente por no comprender las palabras de mi maestro hasta que llegó su debido tiempo. El me invitó a seguirlo aquí al santuario para comenzar con mi entrenamiento, al principio quería rehusarme pero decidí ir con él. Con el tiempo ya que era unos pocos años más mayor me había vuelto fuerte y ni uno podía vencerme. No sentía algún tipo de remordimiento o compasión por mis adversarios, pero ese día, mi maestro me dio una lección que nunca olvidaría- volvió a mirar el cielo- me citó en su oficina para un "entrenamiento especial" que me daría él y fui presuroso a buscarlo. Al principio me burlé un poco pensando que ahí mismo entrenaríamos y no pude evitar en imaginarme el desastre que quedaría al final pero no era nada de lo que me imaginé. Usó las ondas infernales conmigo para mandarme directo al Yomotzu por primera vez y mi maestro fue conmigo. No entendía por qué esas interminables filas de personas lanzándose al enorme agujero que se encuentra ahí hasta que me explicó que ya estaban muertos y a donde se lanzaban no encontrarían nunca la paz eterna y sufrirían por la eternidad. En eso, miré a una pequeña niña a punto de arrojarse y fui rápido a detenerla. Ella gritaba y pataleaba y mi maestro me decía que la dejara, que ya no tenía salvación- suspiró pesado- se me resbaló y lo único que podía hacer era mirar cómo iba cayendo hasta que se me perdió de vista. Me sentí impotente, desesperado… justo lo que mi maestro quería.

-Entonces… ¿desde ese día cambiaste?

-Se podría decir que si, comencé a sentir compasión y no golpeaba nomas por golpear ni mataba nomas por matar- cerró sus ojos con un gesto de satisfacción.

-Dijiste que cuando conociste a tu maestro portaba una armadura dorada y que utilizó las ondas infernales contigo- decía con entusiasmo- entonces, ¿era un…?

-Un caballero de Cáncer- miró fijamente a Alcander sin dejar de sonreír.

-¿Era tu sucesor?

-Así es, luego se convirtió en patriarca. Su nombre era Sage.

Simplemente, el pequeño estaba completamente anonadado al escuchar los relatos del espíritu traslúcido, sobre todo, enterarse que un caballero de Cáncer se haya convertido en patriarca.

-Y a mí también me habían nominado como un candidato para para patriarca- comentó con un toque burlesco, muy característico de él- pero no tenía muchas ganas de estar ahí aburrido sin nada que hacer.

-De seguro hubieras puesto el santuario de cabeza- contestó el niño con el mismo tono burlesco que el de Manigoldo.

-¡Por Athena!- exclamó el peli azul- tengo el presentimiento que soy tu reencarnación- lo miró fingiendo terror.

-Aún hay algo que no me has aclarado- Alcander lo miró un poco más serio- ¿Qué era eso que tienes pendiente que es la causante que tu alma no pueda descansar en paz?

-Verás- Manigoldo sonrió- mi maestro me había encargado como a modo de "castigo" que hiciera cambiar de opinión a alguien que tuviera la misma mentalidad que yo aquella vez en que mandó a Yomotzu, no había encontrado a nadie y con el tiempo comencé a perderle interés y me olvidé de eso. Cuando perdí la vida luchando con el Dios de la muerte, Thánatos, mi alma no encontró la paz por eso que dejé pendiente. A veces pienso que mi maestro me echó un embrujo o algo así- se burlaba.

-¿Luchaste con Thánatos?- el oji verde lo atacó con otra pregunta.

-Así es niño, junto con mi maestro luchamos con ese pedazo de basura- soltó una breve carcajada- esa fue la mejor experiencia de mi vida, luchar a lado de mi maestro- liberó un suspiro cargado de nostalgia.

-Y cuando murió el patriarca ¿el señor Shion ocupó su lugar?- preguntó curioso.

-Aún no, el lugar lo ocupó el hermano gemelo de mi maestro.

-¿También era caballero dorado? ¿Qué signo zodiacal era?

-Vaya que eres un niño muy preguntón- contestó sorprendido revolviéndole los alborotados cabellos azules de Alcander haciendo que este se le dibujara una pequeña sonrisa en el rostro- él era un caballero de plata, Hakurei de Altar, maestro del pequeño borreguito Shion.

-¿Enserio era su maestro? ¿Era fuerte? ¿Después de él, nombró a Shion como patriarca?

-Tranquilízate niño, voy a terminar dándote respuestas intercaladas con otras si me haces mil preguntas a la vez- decía Manigoldo intentando apaciguar las incesantes preguntas curiosas del niño.

-Es que quiero saberlo todo- los orbes verdes brillaban exigiendo respuestas.

-Primero voy a comenzar diciéndote que antes de la muerte de Hakurei, había nombrado a Shion como el próximo patriarca. Aquellos gemelos eran sobrevivientes de la anterior guerra santa, en ese tiempo por su puesto, así que ambos tenían más de doscientos años. El maestro de Shion murió al sellar a Hypnos, el Dios del sueño. Y si- el peli azul cambió su tono a serio como si presintiera que el menor estaba a punto de atacarlo con otra ola de preguntas- Hypnos era el hermano gemelo de Thánatos, mi maestro y su hermano lograron sellar a cada uno durante otros doscientos años y ambos perecieron en el intento.

Manigoldo miraba fijamente aquellos ojillos que aun brillaban. Rogaba a todos los dioses que no se le ocurriera hacerle más preguntas. No era que le molestara pero tantos cuestionamientos lo hacían sentirse como si estuviera en un interrogatorio como si hubiera hecho algo malo y eso comenzaba a marearlo.

-Increíble- fue lo que pudo decir aun sin salir de su asombro.

El peli azul suspiró aliviado.

-Tantas preguntas tuyas me dejaron más cansado que aquella vez cuando pelee en contra de ese espectro travesti para salvarles el pellejo al anterior caballero de Pegaso y sus amigos…- el ex santo se calló en seco, dándose cuenta que había cometido el peor error de su vida.

-¿Había otro caballero de Pegaso? El de la actualidad se llama Seiya y a veces es un poco torpe y habla de más pero es buena persona y también tiene a sus amigos Dragón, Cisne, Andrómeda y Fénix ¿también tenía cuatro amigos el anterior Pegaso? ¿Cómo se llamaban? ¿De qué constelación eran? ¿Eran tan amigos como yo creo? ¿Luchaste contra un espectro? ¿De verdad era un travesti? Creo que me reiré si me cuentas esa experiencia ¿Era fuerte? ¿Cómo lo derrotaste? ¿Usaste tus ondas infernales o tenías más ataques? ¿Qué técnicas usaste? ¿Peleaste con otros espectros…?

El pobre cangrejo antiguo sentía que se desmayaría, Alcander no paraba en hacerle pregunta tras pregunta y a duras penas tenía que respondérselas o quizás nunca podría su alma descansar en paz.

Con toda la paciencia que le faltaba, respondió cada una de las preguntas de las cuales de la nada surgían otras dos y a veces hasta tres por culpa de la curiosidad del infante. Alcander escuchaba atentamente cada una de las respuestas del espíritu y sentía una gran emoción al saber cómo eran los caballeros de antes y las batallas anteriores.

-Nunca pensé que ser un espíritu iba a ser más cansado que estar en vida- logró decir Manigoldo tomando aire después de las enormes respuestas que le daba a su pequeño acompañante- por favor, dime que ya no tienes más preguntas- esto último lo dijo con casi un tono de súplica.

-Sólo tengo tres Manigoldo, te prometo que esas serán las últimas- imploraba como si se tratara de un niño rogándole a su mamá que le comprara un dulce que había visto.

-Me voy a morir… y eso que ya estoy muerto- le dijo bastante frustrado.

-Por favor Manigoldo, te lo prometo- le rogaba haciéndole ojitos.

-Maestro, ¿tan malo fui como para merecer esto?- pensó el cangrejo sufriendo internamente- está bien, pregúntame- dijo finalmente resignado.

El semblante de Alcander se tornó un poco serio.

-¿Se te acabaron las preguntas?- cuestionó el peli azul.

-Manigoldo…- hizo una pequeña pausa como si dudara en hacerle aquella pregunta que rondaba por su cabeza- ¿El patriarca Shion estaba enamorado?

-¿Eh?- el ex santo se sorprendió un poco por aquella pregunta.

-Sí, bueno… me habías dicho que se llevaba muy bien con una de las amigas del anterior Pegaso, ¿Yuzuriha de Grulla?- Manigoldo asintió- ¿gustaba de ella?

-Bueno…- el peli azul se quedó pensativo un momento- yo nunca me metí mucho en la vida privada del borreguito pero de vez en cuando si los miraba muy juntitos a ese par, también porque ambos eran discípulos de Hakurei se solían llevar mucho. La verdad no estoy muy seguro- se llevó una mano a la barbilla- quizás si sentía algo por esa chica. A todo esto- se cruzó de brazos mirando fijamente al niño- ¿Por qué esa pregunta?

-Es que a veces cuando camino por el santuario en las noches lo miro observando el cielo en dirección a una constelación que parece que tiene forma de una grulla. Siempre me pregunté porque siempre hacía eso, le preguntaba a mis padres pero nunca me supieron decir con exactitud. Mi padre me decía que era porque seguramente le recordaba a algo o a alguien y con mi madre era la misma respuesta. Creo que mi duda ya se aclaró.

-Pobre Shion- musitó el peli azul mirando hacia el suelo- tanto tiempo y nunca la olvidó.

-¿Eras muy amigo del caballero de Piscis de tu época?- preguntó de repente.

-¿Eh?- el cuestionamiento sacó a Manigoldo de sus pensamientos.

-Sí, mi padre y el caballero de Piscis de esta época son los mejores amigos, son como uña y mugre.

-Para serte sincero, nunca tuve mucha conversación con aquella florecita de antes, era bastante arisco y siempre se alejaba de todos por su sangre envenenada. Una vez nos tocó ir juntos a una misión pero no terminamos siendo los mejores amigos del mundo.

-Pero el tío Afrodita también tiene su sangre envenenada y nadie ha muerto por estar cerca de él.

-¿Afrodita?

-Así se llama el caballero de Piscis.

-¿Puedo preguntarte porque demonios tiene un nombre de mujer?- preguntó extrañado y alzando una ceja.

-Supongo que porque le dicen que es el más hermoso de los ochenta y ocho caballeros del zodiaco- Alcander se rascó la nuca.

-No sé porque tengo el presentimiento que es algo narcisista ese sujeto.

-Pues- hizo una breve pausa- solo un poco, pero es muy buena persona, me deja decirle tío- sonrió.

-Mi compañero se llamaba Albafica, creo que era completamente diferente a tu tío, si alguien le decía hermoso, bello o algo que adulara su belleza terminaba muerto con rosas clavadas en todo el cuerpo. Era tan frio como un iceberg pero solo una persona logró derretirle ese duro e insensible corazón. Te queda sólo una pregunta niño- advirtió carismático.

-¿Te has enamorado?

La pregunta si que tomó en sorpresa al ex caballero de Athena, abrió los ojos como platos y tragó pesado. Se quedó estático por unos momentos hasta que una infantil voz lo llamaba.

-¡Hola! ¡Tierra a Manigoldo! ¿Me escuchas?- el oji verde agitaba su mano izquierda frente al rostro del espíritu traslúcido sacándolo de su pensamientos.

-¿Por qué se te ocurre hacer preguntas tan raras?- lo miró con el ceño fruncido.

-Simple curiosidad- sonrió pícaro.

-Me da miedo en el tipo de persona que te vayas a convertir- susurró algo incómodo por la pregunta- pues, si me enamoré una vez- confesó un poco sonrojado.

-¿Entonces solo conociste a una mujer?- cuestionó aún más curioso.

-Ay este niño- pensó bastante tenso por la situación- no fue la única que conocí pro si de la única que me enamoré. Y ya no más preguntas que ya sobrepasaste el límite- respondió con un tono de desesperación e irritabilidad.

-Pero tengo otra pregun…

-¡Qué no!- contestó exaltado.

-Era broma Manigoldo- sonrió como si fuera a propósito el hacer enojar al pobre espíritu.

El peli azul respiró profundo para calmarse.

-Al menos ya logré mi objetivo- habló satisfecho.

-¿Entonces ya descansarás en paz?... este…- se interrumpió al recordar que el cangrejo ya no quería más preguntas.

-Ya descansaré en paz. Esa pregunta con gusto si te la respondo- reía burlonamente.

-Me caíste bien Manigoldo- confesó Alcander mirando al ex santo con un gesto de gratitud.

-Tú también, a excepción del interminable interrogatorio- fingió molestia.


No me mateeeeeen hahahahha D:

En el pasado de Manigoldo me basé un poco en la serie original pero no la recordé muy bien. Me disculpo si le cambié algunas cosas. Lo del "castigo" por el que el pobre cangrejo no puede descansar en paz si es idea mía xD.

Dios mío Alcander, va a rematar al pobre Mani con tanta pregunta, pero así son los niños, todo quieren saber, les repondes una pregunta y te hacen cien x.x

Como acabo de llegar, ando un poco atrasada con algunos fics que estoy leyendo y no he dejado comentarios, en estos días ya me actualizo, no desesperen xD

Nos leemos luego :D