¡Hola mis lectores! ¡Volví para seguirlos perturbando! Hahahha bueno ok ya xD. Lamento mi repentina desaparición por ¿un mes? Si me desaparecí un buen rato, y pues como ya entré a clases desde hace casi dos semanas pues ya comienzo a consumirme de a poco hahaha.
Los extrañé mucho y también con la continuación de esta historia, este capítulo es mi favorito por el momento. Cuando lo estaba escribiendo si me llegaba sentimiento hahaha D:
Ahora, quiero hacer unas aclaraciones:
Se agradece que quieran ayudarme a mejorar y que sean directos, pero hay varias cosas con las que no estoy muy de acuerdo. Estoy completamente consciente que esta historia al igual que la anterior, no es muy "coherente", como había dicho una vez en mi primer fic, no tengo mucho escribiendo de esta forma, yo hacia videos y usaba mucho el formato "scrip" (creo que así le dicen por aquí a la forma como de obra de teatro) y sumado a que a mi me encanta poner lo primero que se me viene a la mente pues ya de habrán fijado en el resultado.
Se muy bien que Afrodita no es narcisista, ¿pero qué tiene de malo cambiar un poco la personalidad para hacerlo un poquito más humorístico? He leído en varios que fics que en algunos hasta le cambian completamente la personalidad a un personaje.
Sé muy bien que muchas de las cosas escritas en capítulos anteriores "no van" o "no deben de ser" y es aquí en donde yo me pregunto: ¿Qué este no es un sitio para echar a volar la imaginación en donde escribir hasta lo más loco, retorcido e incoherente es válido? En mi caso, (y supongo que también es el caso de muchos que publican sus historias) yo escribo para distraerme. Lamentablemente no busco del todo plasmar una realidad en mis escritos porque exactamente lo que quiero es huir un rato de la realidad. Muchos no sabemos que quizás aquella persona escribe para desahogarse e imaginarse las cosas completamente diferente a como las está viviendo y eso me parece muy bien, pero creo que esta forma de pensar no es el mismo para muchos.
Puede que algunos lectores ya no me lean y mucho menos dejar reviews, pero soy muy feliz con aquellos/as que me siguen y me animan y que les gusta lo que escribo.
De verdad estaba seriamente pensando en volver a reescribir toda esta historia, pero no tengo muchas ganas de que la realidad me tenga que seguir hasta en lo que se supone que uso como medio de distracción, hasta llegué a un punto en querer borrar esta historia. Quizás más adelante comience a escribir historias "como deben de ser", pero por el momento quiero que mi loca y retorcida imaginación de "adolescente" se desate.
No está entre mis metas convertirme en una escritora profesional (alivio de varios) pero quizás en un futuro cuando ya tenga todo en orden y haya cumplido con mis metas principales y me anime a escribir un libro, ahí si ya escribiré como debe de ser.
*inserte imagen de arena aquí*
Eso era todo lo que tenía que decir *suspira relajándose* ahora el tan esperado capítulo 4 :3
CAPITULO 4: Amor de padre
En ese momento se escuchó un extraño rugido al fondo del bosque poniendo en alerta a aquel par.
-¿Qué fue eso?- el menor se puso de pie de un salto mirando desesperadamente a todos lados.
-Hace tiempo que no me tocaba toparme con uno de esos- habló con seriedad imitando al oji verde.
¿Qué es Manigoldo?- exigía nervioso.
Una enorme criatura de aproximadamente dos metros y medio de alto y tres de largo salía de entre los espesos árboles. Tenía una cabeza de león, una de cabra y una de dragón. Sus patas eran gruesas, fuertes y con afiladas largas, una cola larga semejante a la del león y unas enormes alas de dragón. Era de un color café obscuro y los ojos de las tres cabezas eran tan rojos como la sangre.
-Es una maldita quimera- logró decir el peli azul entre dientes.
-Creía que esas cosas no existían- decía el menor sin saber qué hacer.
-Si existen, es muy raro encontrarse con una pero no son nada amigables y son bastantes fuertes- explicó Manigoldo sin dejar de observar a la quimera.
-¿Podrás con ella?- cuestionó Alcander esperanzado.
-Lamentablemente los muertos ya no tenemos poderes.
¿Entonces tendré que enfrentar esa cosa yo sólo?- se exaltó- apenas y puedo dominar las ondas infernales y no hacen ni un rasguño.
En eso, la enorme bestia liberó un feroz rugido con cada una de sus cabezas y comenzó a batir las alas elevándolo unos metros del suelo dispuesto a atacar.
Alcander y Manigoldo bajaron rápidamente de la piedra para huir de ese lugar pero no pudieron ni llegar al comienzo del bosque cuando la quimera aterrizó bruscamente frente a ellos provocando que con el impacto, el menor saliera disparado hacia atrás en dirección a la roca golpeándose la cabeza con ella y el ex caballero desapareciera del lugar.
La quimera caminaba lentamente hacia el hijo de Máscara Mortal quien se encontraba aturdido por el impacto y su visión se había nublado impidiendo ver con claridad a la amenaza.
-¡Reacciona, Alcander!- vociferó Manigoldo quien volvió a aparecer flotando sobre la bestia.
Las tres cabezas voltearon a ver al espíritu traslúcido y no dudaron en atacarlo. La cabeza de dragón escupía fuego y la de león y cabra intentaban morderlo y lanzar zarpazos. El ex santo apenas podía esquivar aquellos feroces ataques pero no podía hacer mucho siendo un espíritu sin poderes.
-Ma…ni…- la débil voz del menor apenas pudo ser escuchada por él mismo.
Su cabeza le dolía bastante haciendo que se llevara su mano izquierda palpando la zona golpeada y unos segundos después cuando su vista ya estaba bien, miraba como su amigo intentaba esquivar los ataques de la quimera. Utilizó todas sus fuerzas para ponerse de pie apoyándose en la fría piedra.
-¡Ondas infernales!- ordenó el oji verde.
Aquel ataque fue a parar en uno de los costados de la bestia, pero no fue lo suficientemente fuerte como para mandarlo a Yomotzu o hacerle algún rasguño. Lo único que consiguió, fue que dejara de atacar a Manigoldo y sus tres cabezas miraran a su nuevo objetivo.
-Tenemos que huir lo más rápido que podamos- explicaba el cangrejo bastante exhausto- es muy fuerte para ti y si me llega a tocar a mí, mi pobre alma va a perderse para siempre.
Alcander abrió los ojos como platos. Vagamente le había llegado un recuerdo, cuando era más joven, había entrado a la biblioteca de la casa de Acuario. Había encontrado un libro que había llamado su atención, lo sacó de su lugar y al abrirlo lo que pudo ver eran cientos de letras pequeñísimas. Al no poder leerlo, lo lanzó sin darse cuenta que había caído a los pies del cuidador de la casa que iba entrando a aquella habitación.
Flashback
-¿A caso tu padre no te ha enseñado que no debes de arrojar los libros y mucho menos entrar a las casas de los demás sin permiso?- le decía Camus levantando aquel pesado libro dispuesto a ponerle una tremenda reprimenda al intruso.
-¿Por qué los libros tienen letras tan pequeñas?- el niño no mayor de seis años contestó disgustado cruzando sus pequeños brazos.
El santo de cabellos verdes lo miró con un gesto de desaprobación, aunque no le extrañaba mucho el comportamiento del infante al saber quién era su padre, que en su tiempo, se comportaba exactamente igual. Miró el título del libro captando su atención.
-Almas atacadas- leyó el título.
-Me llamó la atención- confesó el oji verde un poco apenado- quería leerlo pero… - giraba lentamente en semicírculos la punta de su pie derecho en el suelo- las letras son demasiado pequeñas y no puedo verlas bien.
Camus no pudo evitar en esbozar una pequeña sonrisa, gesto que muy rara vez se presenciaba en él, pero en ese momento el gesto de aquel niño le enterneció. Era bastante claro que tenía un pequeño problema de visión que le hacía difícil ver con claridad las cosas pequeñas, pero lo que conmovió al santo de frio corazón, fue que el próximo heredero de la armadura del cangrejo se interesara por la lectura, no se le hizo raro que se interesara por un libro como el que había tomado puesto que entendía su curiosidad por las almas ya que su signo le permitía verlas. Quizás ya comenzaba a hacérsele frecuente encontrárselas y quería saber más de ellas.
-¿Te interesó el libro?- preguntó el de la onceava casa con voz suave.
-Sí…- contestó tímidamente- escuché a mi papá hablando con el tío Afrodita sobre algo que si las almas eran atacadas se perdían para siempre, quería preguntarle a mi papi pero cuando lo iba a hacer, ya se había ido a una misión a Italia con mi tío.
-Yo ya leí el libro hace tiempo, si gustas, puedo contarte de que trata.
-¿De veras?- los ojos esmeralda del niño brillaron de emoción mientras Camus asentía a su pregunta- pero que sea rápido porque mi mamá me dijo que no tardara mucho- explicaba emocionado mientras tomaba asiento en un enorme sofá de cuero café que se encontraba recargado en una de las paredes azules de la biblioteca, quedando de frente a un enorme estante repleto de libros.
-Entonces te platicaré lo más importante- le decía animado mientras tomaba asiento junto al menor apoyando el libro en sus piernas- cuando una persona muere y deja algún pendiente muy importante o algo que siempre le preocupó, su alma no puede descansar en paz y vaga por la tierra hasta cumplir con su cometido. Muy pocas veces lo logran, para los espíritus que no corrieron con la misma suerte, siguen sufriendo sin encontrar el descanso eterno corriendo un problema mucho más grande: si llegan a ser atacadas por algo o alguien, esas almas ya no vagarán por la tierra pero no significa que hayan encontrado aquella paz que tanto anhelan. Simplemente se pierden en alguna dimensión donde seguirán sufriendo por siempre.
-¿Y no hay forma de regresarlas a esta "dimensión"?- preguntaba curioso.
-No ha habido casos que se hayan regresado almas cuando sucede eso, lo más probable es que sea imposible- explicaba el santo.
-¡Gracias Camus!- agradecía sonriente el infante para luego salir corriendo del templo y llegar pronto a la casa de Cáncer donde seguramente su mamá lo estaría esperando impaciente.
Fin de Flashback
-Lo único que puedo hacer para mantenerme a salvo es desaparecer- explicaba Manigoldo- pero no pienso dejarte sólo con este monstruo.
-Y yo no quiero que tu alma quede vagando sin rumbo en quién sabe dónde- gritaba con fuerza el niño.
-¡ALCANDER, TEN CUIDADO!
Un poderoso zarpazo iba directo al joven que fácilmente acabaría con su vida, y su cuerpo hecho pedazos. Afortunadamente esos entrenamientos ya comenzaban a hacerse notorios y logró esquivar el mortal ataque, que lo único que salió dañado, fue la roca que quedó hecha pedazos y Alcander a un metro de ese desastre tendido en el suelo.
-¡Ondas infernales!- volvió a atacar dándole justo a la cabeza del león, que de igual forma como había pasado hace un momento, no hizo ni un efecto, sólo logró enfurecer a la bestia.
En el santuario, todos se habían puesto alerta por el extraño cosmos que sentían no muy lejos de ahí. No era más que el cosmos de la quimera que se encontraba en el bosque pero nadie sabía de qué se podía tratar, puesto a que nadie había enfrentado, incluso haber visto a una bestia como esa, seguramente a excepción de Dohko que aún seguía ausente. Aunque alguien más ya tenía la idea de que se podía tratar.
Caminaba presuroso descendiendo las escaleras mientras sus cabellos rubios se movían de arriba abajo con suavidad y llevaba sus orbes cerrados pensando seriamente en el peligro que se encontraban o más bien… de quien se podía encontrar en peligro. Cruzaba las primeras ocho casas y cada uno de sus cuidadores lo miraban con confusión por el estado en que se encontraba hasta que detuvo su marcha en el templo del cangrejo.
-Helena- la llamó el patriarca con seriedad.
-Su ilustrísima- la castaña se sorprendió por la visita de Shion al templo. Afortunadamente había llegado hace apenas diez minutos.
-No siento el cosmos de Máscara Mortal aquí, ¿en dónde se encuentra?
-Bajó por las casas restantes buscando a nuestro hijo que se escapó del santuario- explicó la florista con un dejo de tristeza.
Shion frunció el ceño.
-¿No tienes alguna idea de donde se pueda encontrar tu esposo?- cuestionó nuevamente con seriedad.
-Para serle sincera… no lo sé mi señor- bajó levemente la cabeza algo apenada.
En eso, unos presurosos pasos metálicos comenzaron a resonar en todo el templo junto con una impotente voz maldiciendo en italiano.
-¡Máscara!- llamó una angustiada Helena.
-¡Maldita sea! Ese maldito cosmos me está preocupando y mi hijo no aparece- exclamó bastante preocupado aun sin percatarse de la presencia del patriarca.
-Máscara Mortal de Cáncer- mencionó el rubio.
-¡Patriarca!
-Supongo que tú también te has de haber dado cuenta de este peligroso cosmos que sentimos.
-Y parece que viene del bosque que se encuentra a un par de kilómetros de aquí- completó el oji azul.
-Y es lo bastante fuerte como para sentirlo en esta intensidad. Dime Máscara Mortal- clavó su mirada ámbar firmemente en la del cangrejo- ¿no puedes sentir el cosmos de Alcander?
-Alcander aún es un niño y su cosmos sigue siendo débil como para sentirlo a una mayor distancia- respondió resignado.
-Temo que lo más seguro es que tu hijo se encuentre en el mismo lugar de la amenaza.
Helena llevó ambas manos a su boca cubriéndola de un grito que quería escaparse y sus orbes esmeraldas comenzaron a llenarse de lágrimas. El santo de Cáncer se quedó helado pensando con que cosa se estaría enfrentando su primogénito.
-Con su permiso, pero tengo que irme a buscar a mi hijo- el santo estaba a punto de irse de ahí pero la profunda voz de Shion lo obligó a detenerse.
-Espera un momento, Máscara Mortal.
-Perdóneme ilustrísima- miró fijamente al rubio- pero tengo a mi hijo corriendo peligro allá afuera, sus poderes aún son demasiado débiles como para defenderse por sí sólo y no pienso perderlo.
-Primero tengo que advertirte de quien se trata. Es una quimera. Son bestias que existen desde la era del mito, muy rara vez aparecen pero nunca se saben cuándo ni en qué momento podemos toparnos con una y son bastante fuertes. Incluso un solo caballero dorado puede tener problemas con una de ellas.
-Perfecto, ahora sé con qué me enfrento- y con eso último, Máscara salió a toda prisa de su templo.
-Mi hijo…- musitó Helena en un hilo de voz mientras sus ojos derramaban lágrimas.
-Tranquila Helena- el rubio colocó una de sus manos en el hombro de la castaña intentando tranquilizarla- tu hijo estará bien.
-¡Ondas infernales!- volvió a atacar sin tener éxito solamente logrando que la quimera se enfureciera más.
-¡Ya basta Alcander!- Manigoldo intentaba llamar su atención- ¡Sólo harás que te coma más rápido!
Aquel claro estaba hecho un completo desastre: muchos árboles estaban partidos por la mitad y el suelo era una masa de lodo que dificultaba el paso. La cabeza del dragón miraba fijamente al niño quien intentaba huir del alcance de la bestia pero resbaló con el fango quedando boca abajo completamente vulnerable. El dragón iba a abalanzarse sobre el oji verde pero la cabeza de león se interpuso para ser quien devorara al joven pero la cabeza de cabra hizo lo mismo. La quimera estaba en una disputa por decidir que cabeza se comería al pequeño.
-Tengo que aprovechar ahorita que está distraída- susurró el infante poniéndose sigilosamente de pie y marcharse lo más discretamente posible.
La cabeza de dragón se dio cuenta que su presa se estaba escapando y escupió una fuerte llamarada que fue a interponerse justo en frente de Alcander formándose una impenetrable pared de fuego.
-¡Maldición!- exclamó Alcander deteniéndose en seco.
-Nunca me había sentido tan inútil en mi vida- decía Manigoldo preocupado mientras se ponía a lado del niño.
-Manigoldo- la mirada verde se clavó desesperadamente en el espíritu- vete de aquí, no quiero que esa cosa te vaya a mandar lejos.
-Ni que estuviera loco, mocoso- respondió decidido.
La bestia aprovechó la distracción de ambos para lanzar otro zarpazo, pero afortunadamente, se dieron cuenta a tiempo para esquivar la agresión.
-Me siento muy cansado- decía Alcander para sí mismo apoyando una rodilla en el suelo y apoyando una mano en la otra en señal de agotamiento y agachando la cabeza.
-¡No te distraigas!- le gritaba el peli azul desde el otro lado.
La quimera aprovechó la distracción del menor apoyando una de sus enormes patas delanteras sobre él, aprisionándolo contra el suelo. El joven había quedado en medio de un par de filosas garras que, en vano, intentaba apartarlas con sus débiles manos, ya algo ensangrentadas. Su rostro, con varios rasguños de diferente profundidad y algunos hilos de sangre, tenía dibujada una mueca de dolor, sus párpados los tenía fuertemente cerrados y el resto de su cuerpo se encontraba entumecido.
-¡Alcander!- el ex santo llamaba con desesperación.
-¡Vete Manigoldo!- exigía, entre abriendo sus orbes verdes, nublados de algunas lágrimas que comenzaban a aparecer- ¡No puedo protegerte! ¡No puedo ni protegerme a mí! ¡No puedo proteger a nadie!- exclamaba agonizante.
-¡No digas estupideces!- le respondió, pensando desesperadamente en algún plan antes de que la quimera le quitara la vida. Las tres cabezas miraban al niño fijamente, determinados a devorarlo.
-Ondas… in…- apuntaba débilmente con su índice a una de las cabezas de la bestia pero era tanto el agotamiento y el dolor, que su cosmos comenzaba a desaparecer poco a poco. Su vista perdía visibilidad y la mano con la que estaba apuntando ya no pudo sostenerse. Alcander estaba perdiendo la conciencia poco a poco.
-Si la distraigo, Alcander tendrá la posibilidad de escapar antes de que sea asquerosamente digerido- pensaba el cangrejo.
El espíritu traslúcido comenzó a volar frente a la quimera para llamar su atención, pero esta no tenía pensado en dejar al niño en libertad. Lanzó un zarpazo con la pata delantera que tenía libre, pero Manigoldo pudo esquivarlo. La cabeza de dragón escupía poderosas llamaradas pero no lograba acertar a su objetivo.
-Manigoldo… ¿Qué estás haciendo?- se cuestionaba mentalmente el pobre niño a punto de desmayarse- papá… perdóname…
-¡Alcander! ¡No te vayas a morir todavía!- vociferaba el ex santo esquivando los ataques de la bestia que no parecía querer moverse de su lugar- pobrecillo, esto es demasiado para él… si esta cosa no se mueve lo va a matar de asfixia- pensó.
Flashback
Hace unos meses…
-Padre ¿Cuándo voy a poder dominar las ondas infernales?- preguntaba el pequeño oji verde que observaba con detenimiento sus manos.
-Todo a su tiempo mi pequeño aprendiz- le animaba Máscara Mortal mientras le revolvía los cabellos a su hijo- aún eres joven, pero si te esfuerzas un poco más cada día, incluso podrás lograr que las ondas infernales sean más poderosas que las mías.
-Pero papá, tu eres un caballero dorado- le reprochaba.
-Y tú puedes llegar a serlo un día. Ven, sigamos con el entrenamiento- ordenó.
Desde lejos, Helena los miraba desde las gradas liberando una pequeña risilla por el comportamiento de su hijo. Amaba verlos entrenar.
Aquellos dos caminaban al centro del coliseo, varios caballeros y aprendices entrenaban, incluyendo a los dos hermanos menores de Helena que se entusiasmaban con el entrenamiento a lado de sus maestros.
Máscara Mortal llevaba portando su elegante armadura dorada y Alcander llevaba ropa de entrenamiento: una camisa manga corta holgada de tela que tenía un cordel de cuero amarrado por la cintura, pantalones holgados del mismo material que la camisa, zapatos de cuero, una pechera de entrenamiento hecha de acero que todos los aprendices llevan acompañada de dos hombreras del mismo material adornadas por un par de picos de metal en cada una y sus manos y muñecas estaban cubiertos por vendas.
-Lánzame tu mejor golpe- ordenaba Máscara luego que ambos se posicionaran en el centro del lugar. El santo tomó su pose de batalla.
-¡Ondas infernales!- atacó el infante lanzándolas de su índice, pero el cangrejo las atrapó sin dificultad en su mano derecha.
-Tienes que concentrar tu cosmos, no atacar por atacar- cerró su mano disolviendo el ataque- si no, cada uno de tus ataques serán como una simple brisa de verano, no le harías ni cosquillas a tu oponente. Y otra cosa que también tienes que corregir: la velocidad. Si aspiras a ser caballero dorado, tus ataques tienen que ir a la velocidad de la luz, que tu enemigo no sepa por donde lo golpearon. Este poder es más lento que un ataque de un caballero de bronce.
-Papá- Alcander se desanimó- de verdad muero por ser un caballero dorado y portar la armadura de Cáncer pero… creo que seré débil por siempre- agachó la cabeza.
-No digas eso- le dijo Afrodita quien iba pasando por ahí con su típica rosa roja en una mano.
-Tío Afrodita.
-Antes, todos consideraban a tu padre como el más débil, pero después de lo que ocurrió en Asgard hace años y las misiones de las que ha vuelto exitoso, algunos ya hasta lo consideran uno de los más fuertes de la orden dorada- explicó, animando al niño para luego seguir su camino hacia una amazona que llamó la atención de Piscis.
-¿Entonces puedo llegar a ser el caballero más fuerte del mundo?- cuestionó con todos los ánimos hasta el cielo- ¿El tío Afrodita si piensa que llegaré a ser tan poderoso como tú?
-También depende de cómo utilices tu poder- la mirada de Máscara de ensombreció un poco al recordar su pasado con las palabras que le dijo a su primogénito haciendo que este se diera cuenta, pero no le tomó gran importancia.
-¡Cuéntame lo de Asgard! Esa historia aun no me la sé- suplicaba el chiquillo haciendo que el cangrejo rodara los ojos sabiendo lo preguntón y terco que podía llegar a ser su hijo cuando algo le interesaba.
-Cuando terminemos el entrenamiento- ordenó.
-De acuerdo- le respondió animado, haciendo su pose de batalla- ¡Ondas infernales!
Máscara Mortal se movió tan rápido como la velocidad de la luz esquivando el ataque y posicionándose detrás de Alcander haciéndole una llave que lo dejó inmóvil.
-Que no se te olvide que de vez en cuando también se usa la fuerza física- lo reprendía al mismo tiempo que lo soltaba lentamente.
-Pero mi cosmos es lo único que tengo- reprochó.
-Tienes que variar, recuerda que para un caballero la misma técnica no funciona dos veces. Yo utilizo el poder de mi cosmos, pero suelo usar más mi fuerza física.
-¿Tienes otros ataques a parte de las ondas infernales?- el oji verde preguntó curioso.
-Uno que se llama "sufrimiento infernal", el enemigo no puede "vivir" ni "morir", sólo queda sufriendo como si fuera un alma en pena, pero ese ataque solamente se utiliza en Yomotzu. Aunque para serte sincero- se cruzó de brazos y miró pensativo el firmamento- nomas lo he usado una vez ya hace mucho tiempo. Como tú, incluso nosotros los caballeros dorados- miraba a Afrodita, Milo, Aioria, Aioros y Shura que se encontraban en el coliseo, algunos entrenando y otros platicando con algunos caballeros que se encontraban ahí- nos queda mucho por aprender, no lo sabemos todo, aún hay técnicas que no conocemos pero a su tiempo las iremos aprendiendo. Tú también Alcander, en el momento indicado, lo más seguro es que adquieras nuevas técnicas, sólo es cuestión de hacer arder tu cosmos al infinito, así como lo dice el idiota de Seiya- Máscara le dio un tono burlesco al mencionar al santo de bronce elevando su vista de nuevo al cielo.
-Ya quiero aprenderlo todo- musitó el menor mirando el cielo al igual que su padre- papá- llamó haciendo que aquellos orbes azules regresaran a tierra- ¿cómo es el Yomotzu?
-¿Así que quieres saber cómo es?- Máscara alzó una ceja y una sonrisa un poco macabra se dibujó en su rostro- ahorita mandaré a alguien para que te diga como es. ¡Ondas infernales!- apuntó en dirección a Afrodita quien se encontraba coqueteando con la amazona que ahora sostenía la bella flor. El Pisciano estaba tan ocupado que se dio cuenta ya demasiado cuando se encontraba rodeado de almas en aquel tétrico lugar.
-¡MASCARAAAAAAAAAAA!- gritó enfurecido el pobre santo con todas sus fuerzas que juraría que todos los que estaban entrenando pudieran haber escuchado su alarido de cólera.
-Y luego porque el chamaco a veces parece un demonio- decía indiferente cierto escorpión que tomaba asiento junto a Helena.
-Tendré que hablar con Máscara sobre eso- fue lo que pudo decir la castaña mientras apoyaba su mentón en una de sus manos.
-¿El tío Afrodita no se enojará?- preguntaba Alcander un poco preocupado.
-No te preocupes- contestó burlonamente el cangrejo- ya se le pasará luego. Pero recuerda- se puso serio- todo a su tiempo- y al haber dicho eso dio media vuelta para retirarse e ir junto a Helena tras sentir como el cosmos intruso de Milo estaba junto a ella.
-¿No regresarás al tío Afrodita?- cuestionó curioso.
-Ahorita.
A Máscara Mortal se le había olvidado hasta unas horas después que se le hacía raro que su mejor amigo no estuviera de fastidioso como siempre. El pobre cangrejo duró una semana completa sin salir de su templo y mandaba a Helena o a su hijo con el patriarca cuando lo llamaba con la excusa que tenía una enfermedad altamente contagiosa y nadie podía acercarse a él.
Fin de Flashback
Alcander sonreía con aquel recuerdo, le había causado tanta gracia cuando a Máscara se le había olvidado que había mandado a Afrodita a Yomotzu. El niño tenía esa forma igual a la de su padre: acordarse de las cosas más inesperadas en los peores momentos.
-¡Dime que sigues vivo!- gritaba Manigoldo esquivando la mordida de la cabra.
-Ya… no…- dijo en una débil voz, el ex santo no lo escuchó pero pudo leerle los labios.
-¡No te rindas!- le gritó alarmado.
El infante estaba a punto de dar un último suspiro cuando de entre los árboles salió un poderoso resplandor dorado acertando en el pecho de la quimera haciéndola retroceder varios metros quedando seminconsciente dejando al niño libre.
-¡Alcander!- Manigoldo se acercó lo más rápido que pudo al cuerpo cubierto de lodo y heridas del pequeño que yacía, al parecer, inconsciente.
-¡Alcander!- se escuchó la desesperada voz de Máscara, que hizo que el ex caballero de Cáncer desapareciera para no ser visto.
Máscara Mortal se horrorizó al mirar el estado de su único hijo. No dudo en acercarse. Apoyó una de sus rodillas en el suelo para quedar casi a la altura del niño, tomó el cuerpecillo entre sus brazos y lo apegó con fuerza a su pecho.
-Mi pequeño guerrero- le decía entre sollozos- espero que algún día puedas perdonarme porque yo nunca me perdonaré, mis malos actos me han llevado a sentir el peor de los dolores. No quiero perderte, hijo mío. Tú eres fuerte, así como lo dice tu nombre- las lágrimas comenzaban a intensificarse- serás el santo de Cáncer más poderoso de la historia, Alcander de Cáncer. Tienes que luchar,- acariciaba la pálida pero lastimada mejilla del oji verde con su mano izquierda- es mas, lucharemos juntos, tú serás el mejor guerrero y yo seré el mejor padre- el llanto comenzaba a impedirle que las palabras fluyeran- porque… porque tú… eres lo más importante para mí… te amo hijo…
El cangrejo abrazó con todas su fuerzas a su hijo que descansaba en sus brazos, tan débil, tan herido.
-Tú… también…- mencionó una débil voz- perdón papá… yo también… te amo…
El santo no dudó en mirar como los verdes ojos de su primogénito se abrían de a poco. No pudo evitar en sentir ese gran alivio y alegría al saber que Alcander se encontraba vivo.
-¡Alcander!- lo abrazó mucho más fuerte de la emoción, que olvidó que la quimera aún seguía con vida.
La bestia comenzó a gruñir mientras se ponía de pie, las cabezas se encontraban un poco aturdidas pero segundos después, cada una se encontraba mirando a aquel par, liberando un potente rugido.
-Sigue viva- dijo el infante aun sin fuerzas.
-Ponte a salvo en el santuario, yo me encargo del animal deforme- dijo Máscara con una sonrisa retadora que dedicaba a aquella bestia.
-Pero papá, es muy fuerte- insistió llamando la atención de su padre, haciendo que la quimera aprovechara la distracción para abalanzarse sobre ellos.
-Hoy no, bestia- decía retadoramente Manigoldo interponiéndose en el camino de la quimera.
Alcander pudo apreciar perfectamente como aquellas garras cortaron el espíritu traslúcido a la mitad. El ex santo hizo una mueca, no de dolor, pero sentía como su alma comenzaba a ser mandada a otra dimensión por el contacto de aquel ataque.
-Cuídate… mocoso- se despidió vía cosmos con el del niño, para luego desaparecer en un haz de luz.
-¡MANIGOLDO!- liberó un potente alarido, con los ojos húmedos, quería correr pero su padre aun lo tenía en brazos y lo único que pudo hacer fue estirar uno de sus brazos lo más que podía como queriendo alcanzar el alma de su buen amigo.
-Su alma se ha perdido para siempre- dijo Máscara en voz baja.
Para la quimera no fue suficiente deshacerse del antiguo gurrero, ya estaba posicionándose para su próximo ataque.
-Quédate aquí- ordenó el peli azul poniéndose de pie dando algunos pasos hacia enfrente dejando a Alcander en el suelo- ¡ONDAS INFERNALES!- atacó.
La enorme bestia se elevó por el cielo con gran rapidez esquivando por poco el ataque dejando a Máscara bastante desconcertado por la gran velocidad que poseía.
La quimera comenzó a descender en picada y al estar lo suficientemente cerca del cangrejo, le dio un rápido zarpazo sin darle oportunidad de nada. La máscara que portaba salió volando de su lugar partida a la mitad al igual que una de sus hombreras también salió volando, rompió el metal dorado en uno de sus costados dejando la forma de un enorme y profundo rasguño ensangrentado y el resto de su armadura quedó agrietada. El rostro de Máscara poseía una herida profunda en la mejilla que no paraba de sangrar. Quedó tirado en el suelo agonizando del dolor por las laceraciones.
-¡PAPA!- gritó el niño corriendo rápidamente a lado de su padre.
-Esto… no es nada…- le respondió bastante adolorido forzando una sonrisa.
-Fue suficiente- dijo para sí mismo, situándose justo frente a la quimera- acabaste con el alma de un buen amigo y ahora lastimaste a mi padre… ¡NO TE LO PERDONARÉ NUNCA!- miraba a la amenaza encolerizado.
El cosmos de Alcander comenzó a elevarse tanto asemejándose al de un caballero dorado llamando la atención de Máscara que se esforzaba en ponerse de pie. La cabeza de dragón lanzó una llamarada para acabar con el oji verde.
-¡NO MORIRÉ EN TUS ASQUEROSAS GARRAS! ¡FUEGO FATUO!
Unas llamas azules hicieron a nada el fuego de la bestia, envolviéndolo por completo haciendo que lanzara rugidos de agonía.
-Ni yo he podido dominar esa técnica- dijo alegre el cangrejo caminando con dificultad hacia su hijo- ahora hay que deshacernos rápido de esa cosa.
-Papá, me gustaría que peleáramos juntos- le dijo mirándolo fijamente con una sonrisa.
-Será todo un placer pelear junto a mi hijo, futuro caballero de Cáncer.
Ambos comenzaron a elevar su cosmos, era como si hubiera dos caballeros dorados en aquel lugar, haciendo que la quimera comenzara a estremecerse mientras agonizaba aun en las existentes llamas de fuego fatuo.
-¡ONDAS INFERNALES!- exclamaron al unísono, liberando un gran poder mandando a la bestia directamente a Yomotzu en donde solo le esperaría la muerte.
-Ya acabó- suspiró aliviado el mal herido cangrejo mientras llevaba una de sus manos presionando su costado que aun sangraba- Alcander, ¿pasa algo?- se preocupó al ver el semblante triste de su hijo.
-Me alegra que juntos hayamos mandado al infierno a esa quimera, pero…- alzó la vista mirando fijamente a Máscara Mortal- ¿Qué va a pasar con Manigoldo?
Me gustan mucho las criaturas mitológicas y quise poner a una quimera en mi historia haahahha xD. Quizás algunos se pregunten que como demonios pudo hacer el fuego fatuo si son necesarias algunas almas (eso lo leí de internet D:) ya más adelante la explicación.
Padre e hijo se han reconciliado, hay que celebrar (8, ¿pero que pasará con el buen Mani? D:
Espero que les guste este capítulo, lo hice con mucho amor para ustedes.
Muchas gracias a Violet Dragonfly y mcr77 por sus ánimos *insertar corazón*
