Capítulo 5

Tentación Joven


En la sala de reuniones:

―Tenemos un nuevo objetivo. ― Decía Najenda, con un cartel en la mano izquierda.

―Es un dichoso asqueroso ricachón, ha sido denunciado varias veces por violación… ― Su expresión cambió a desagrado casi de asco ―…de menores, en especial varones. ― Informó la rubia.

― ¡¿Qué?! ― Exclamó Tatsumi.

―Un maldito y asqueroso pedófilo. ― Comentó Mine, sonando igual de asqueada.

―Este es el plan― Continuó hablando la Jefa ―…Chelsea con tu Phantasmagoria: Gaia Foundation no tendrás problemas para infiltrarte, ¿verdad? ―

La joven sacó la paleta de caramelo de su boca, justo para responder, pero en ese instante sus palabras fueron detenidas por el mismo Ariel.

―Disculpe, Jefa… Yo… yo quisiera ser parte de la misión. ― Dijo sonando firme y a la vez un poco nervioso.

― ¡¿Uhm?! ― Expresó Najenda; por la impresión. ― ¿Vaya, y eso…?―

―Sé que puedo hacerlo, así como sé que no he sido de mucha ayuda… ― Miró a un costado algo tímido.

Leone intercedió ― Vamos, Ariel; muchacho…― Le dio una palmadita en la espalda ― ¿Seguro que quieres hacerlo? Digo, tienes todo el perfil de un niño bonito… y…― Se puso a pensar un poco las cosas ―…Ohm… Podría funcionar Jefa…― Comentó viendo hacia Najenda.

―Claro que podría funcionar. ― Reafirmó Ariel sonando más seguro que antes.

Bulat observó de perfil al chico, notándose sereno a simple vista, cuando de igual forma se encuentra sorprendido por aquella conducta tan disparatada.

Najenda entrecerró su único ojo visible, parece interesada, y más en la forma tan dispuesta que se comporta el chico, comentó ―Chelsea tiene mucha experiencia, pero… Pues bueno, no se diga más. Te harás cargo del Barón Gilberd de Reitz. ―

El joven conforme, asentó con la cabeza; diciendo―De acuerdo, me prepararé enseguida. ―

―Ariel, de todos modos Chelsea se infiltrara, estará observando de lejos, y tú serás quien entre en contacto con el enemigo. ― Informó la Jefa seriamente.

―Debes tener cuidado, será básicamente tu primera misión sin ayuda directa. ― Comentó Akame en su tono peculiar.

―Sí, entiendo. ― Respondió el joven con una sonrisa tranquilizadora.


Ariel se dirigió a su habitación; una vez que se levantó la sesión, y en su andar, sintió una pesada mirada que le observaba desde atrás, se detuvo y apenas se giró… Una lanza le pasó rosando sus cabellos verdes, sin hacerle daño por supuesto, se quedó paralizado por la sorpresa del ataque tan cercano. ―E-eso… es de… ―Giró su cabeza y cuello, para ver en la dirección que sintió la presencia de un bulto conocido. Abrió los ojos de sobremanera, era Bulat quien con una impresionante velocidad se aproximó al chico elevando su mano hecha puño.

― ¡Eeeh! ― Expresó rápidamente Ariel, esquivando no uno, sino varios golpes que venían, uno tras otro, sin darle cuartel al chico que iba haciéndose atrás, y atrás. ― ¡Oniisan, qué haces! ― Bulat se detuvo un instante, pero solo fue para realizar una patada frontal contra el joven que se había confiado un poco, y únicamente éste colocó sus antebrazos para cubrirse del impacto, claramente se notó que Bulat no había utilizado toda su fuerza, mas sin embargo el chico salió disparado a la pared.

―Kuh… gaaah…― Exclamó el chico tirado en el suelo, elevó su rostro adolorido al sentir la presencia del otro que se acercó, y este se posicionó en una rodilla diciendo ― Es simple. ― Le está contestando la pregunta de hace rato ― Solo te estaba probando, eres rápido, tienes buenos reflejos; pero eres pésimo en combate. ―Agachó su mirada a un costado viendo a cierta parte ―…No pudiste usar tus manos para detenerme, aún te duele ¿cierto? ―

Ariel atónito aún, contestó con la respiración poco agitada ―Ah… ¿Era necesario todo ese teatrito…? ―

―Ya… No llores, que no te hice daño. ― Se incorporó del piso, y le dio una mano a Ariel, el cual le vio desconfiado, y aun así le tomó, Bulat aprovechó para levantarlo de más; tomándole con más fuerza de su muñeca, Ariel soltó una exclamación de sorpresa, mientras el mayor le observó su mano izquierda ― A pesar de haber pasado poco menos de una semana desde el incidente, estás mejorando muy rápido. ― Dijo tomándole delicadamente de aquella delgada mano. ―Aaah…― Soltó un suspiro ― Es una pena…― Dijo, lo cual sonó más para sí. Soltó al chico y le acarició la cabeza disculpándose ―Perdona por asustarte, te dejo para que te prepares. ― Le dio la espalda caminando de lado opuesto del pasillo.

―Eh… sí, pero… ― Dijo entrecortado el chico con la mano extendida ― ¿… por qué dijiste…"Es una pena"? ― Habló solo con un ligero aire de desconcierto ― ¿…Qué….? ¿Qué te sucede…? No… ¿qué me sucede a mí…? ― Despabiló un poco y siguió su camino.


― Muy bien, Ariel… Irás junto a Chelsea a la ciudad, según la información brindada, el Barón se pasea en carruaje al atardecer, es un simple paseo, pero en cuanto te vea solo y desubicado es muy probable que te lleve con él a base de mentiras dulces. Sé que puede ser incómodo, y no está de más decirte que es posible que llegue a tocarte.

―…― Expresó un silencio incómodo el chico, su rostro lo decía todo ―…Entiendo las circunstancias, ya me he preparado psicológicamente. ―

―Perfecto. Váyanse ya. ―


En la ciudad, alrededor de las 6:00 p.m.

―Bueno, no debería tardar en pasar por aquí, es el camino que usa para regresar a su casona. ― Mencionó la joven pelirroja, mientras se cubría con una caperuza sin despegar su vista de la ruta.

―Sí…―Sonó un poco nervioso.

Chelsea giró su vista casi carmín ―Tu tranquilo, estaré cerca no te preocupes. ― Dijo al joven para darle ánimos, y que se sintiera protegido.

―C-claro, lo sé y agradezco eso. ― Dijo en una voz baja, pero sonreía de todos modos.

―Toma. ― Le ofreció una paleta de caramelo que sacó de sus ropas.

― ¿Eh? ― Expresó el chico con sorpresa.

―Tómalo o me lo comeré yo... ― Exigió aquella chica.

―Muchas gracias, eres muy amable. ― La tomó con su mano derecha ―…Pero pensándolo bien, guárdalo hasta que regrese, y haya dado el informe ¿quieres? ―

―Mmh… Bien. ― Giró su vista a un costado y dijo ― Aquí viene… Deja te echo un vistazo ― Lo tomó del brazo y le observó, su ropaje no era el habitual, sino uno más viejo, un poco sucio y desalineado, pues debería parecer un niño de la calle. ―Ajá, ajá… Estás listo. Bendita estatura y complexión, te ves adorable ― Le halago de cierto modo, causando que Ariel se sonrojara poco ― Te veremos hasta mañana, trata de ser paciente, eh. ― Lo giró y le dio un empujón, pues el carruaje se aproximaba.

― ¡Aaaaah! ―

― ¡Cuidadooo! ―

Se escuchó el derrape de las llantas del vehículo, los caballos relincharon y quien conducía miró al chico hecho bola en medio del camino ― ¡Oye niño, fíjate por dónde vas! ― El soldado se bajó con cinto en mano para darle un escarmiento al muchacho.

― ¡Lo siento! ¡No me di cuenta! ― Exclamó el chico, pedía perdón, mientras aquel hombre le tomó bruscamente del ante brazo, jaloneándole violentamente, a la vez que Ariel escondió el rostro para protegerse de los cintarazos, le alcanzó a dar dos de tres golpes en la espalda, y uno casi en la cara, hasta que la persona dentro del carruaje le detuvo.

― ¡¿Qué crees que haces Frederick?! ― Inquirió severamente; quien es el objetivo.

―Mi Lord… Yo…― Contestó entrecortado el susodicho.

Ariel sintió que lo soltó de la misma forma en que lo tomó, y cayó al suelo dramáticamente, en donde escuchó la voz del otro hombre que le dijo amablemente ― Disculpa pequeño…― Le tomó del hombro y le prestó una mano de ayuda para ponerle de pie, Ariel lo miró con sus ojos apunto de soltar una lágrima, notó que se trata de un hombre relativamente joven, se veía maduro, amable y sencillo, con un cabello negro casi ondulado y corto; peinado hacia atrás, dándole un toque de elegancia, y atractivo, a simple vista no parecía una mala persona.

¿Qué…? ¿Este es el objetivo…? Ni siquiera se parece al de la pancarta… ― Pensó en su confundida mente, hasta el punto de dudar.

― ¿Estás bien? ― Preguntó aquél hombre con una suave voz masculina.

―Ah… Discúlpeme, Lord… ― Se puso de pie con esfuerzo, pero lento ―…n-no fue mi intención, yo… ya me iba…―

―Espera…―Le tomó del antebrazo sin ponerle fuerza ―Estás lastimado ¿no es cierto? Gracias a mi guardia…― Giró su vista oscura al culpable y la regresó hacia el joven de cabellos verdes ―…Sube al carruaje, debemos verificar tus heridas.― Se alejó del chico.

―Pero… ― Hizo el intento de replicar, aunque esa era la principal actuación.

―Deja de objetar muchacho, y hazle caso a tus mayores. ―Dijo el llamado Frederick.

El objetivo ya estaba dentro del carruaje, así que Ariel no tuvo otra opción, echó una mirada rápida al área, ya no se veía a Chelsea, pero podía sabía que estaba cerca. Se dirigió al escalón, pero no se fijó bien así que terminó cayendo boca abajo dentro del carro.

―Waah… ―Se incorporó rápidamente, avergonzado y esto no fue un acto ―Lo siento, perdón…― Se apresuró en tomar asiento, mientras que el dichoso barón reía abiertamente.

― ¡Ah, ha, ha, ha! Eres muy hilarante… Ten más cuidado. ―

―Discúlpeme…― Se llevó sus manos a la boca.

―Ya no te disculpes tanto. No has hecho nada malo. ― Dijo el hombre sonriendo. ―Iba de regreso a mi casa, puedes avisarles a tus padres si…―

Interrumpió rápidamente ―Yo… no quiero molestar… Y, no… no tengo familia…― sonó afligido.

―Ah eso es triste, yo perdí a los míos hace 15 años. Pero era más grande que tú. ―

Ariel se puso serio de repente, y contestó ―No intente entenderme… Al menos usted tiene herencia, en cambio yo, soy nada en este mundo…―

El hombre puso un rostro acongojado ― ¡Oh! Pobre criatura abandonada por el Señor… ― Se aproximó, para sentarse a su lado ―…Puedes quedarte en mi humilde hogar si lo prefieres, no me molestara tu presencia en lo absoluto. ― Se inclinó hacia él, lo acarició de la cabeza, provocando un rubor a esas mejillas del chico, y más aún que se le vino la misma imagen de Bulat.


Una vez que llegaron a lo que parecía más bien un castillo, muy bien vigilado, el Barón junto a otros hombres, lo llevaron a un cuarto, dónde un médico le hizo un chequeo, los cintarazos del guardia le dejaron marcas leves, y sólo le colocó un ungüento para desinflamar.

― ¿Y bien, ya decidiste quedarte…? ― Volvió a preguntar aquél apuesto y amable hombre.

―Ah… Disculpe, mi Lord, pero yo no pertenezco aquí… y…―

Soltó un suspiro ― Aaah… Eso me entristece. Como ya te pudiste dar cuenta, no tengo esposa, y mucho menos hijos… El deseo de mis padres era el que tuviese familia, pero por alguna extraña razón nunca se llegó a dar. ― Mencionó.

―Está diciéndome que…―

―Si deseas quedarte, podré adoptarte legalmente, pero claro no te obligaré si no lo deseas. ― Le dio la espalda, y tomó la perilla dorada de la puerta, y demoró a propósito, hasta que escuchó que el joven le llamó.

―Espere… Incluso siendo un chico de la calle, sin hogar, sin conocerle… ¿Dice que puedo quedarme… aquí? ¿Y…por qué?―

El Barón se giró para verle, sonriendo gentilmente contestó ― Por supuesto y por qué… Eso es más que obvio, ¿no? Me haría feliz tener a alguien joven detrás de mí. ―

Ariel agachó el rostro, pensativo un momento, para responder ―…Puedo pensarlo ¿no? ―

El mayor soltó un suspiro de desaire ― Como gustes…― Dibujo una sonrisa para decir ― En ese caso haré que preparen una habitación. Espera aquí. ―Abrió la puerta sin cerrarla y se escuchó que llamó a alguien más ― ¡Margaret! Prepara un baño, por favor. Tendremos un invitado. ―

―Por supuesto que sí, mi Lord. ― Contestó una mujer de mediana edad, entró a la habitación donde el chico se encontraba parado en medio. ― Acompáñame pequeño. ―

―C-claro. ― Respondió con nerviosismo.

―Mmh…―Pasó su vista aquella mujer hacia atrás, al joven que le seguía e hizo un comentario ― Eres muy lindo, qué desperdicio el ser abandonado en la calle. ―

―Ah… Perdí a mis padres cuando era más pequeño, y he estado viviendo de lo que la calle me da. ― Respondió, a la vez que unos recuerdos que no quería ver se le vinieron a la mente, puso un semblante de fastidio.

―Sí, puedo imaginarlo. ― Se detuvo en una puerta blanca. ―Entra, es el baño… Dejas tu ropa en el cesto, haré que lo laven, y volveré en un rato. ―

―Muchas gracias. ―

La sirvienta siguió su camino, Ariel entró al baño, es realmente lujoso, de igual forma se comenzó a desvestir y dejando lo que se quitaba en donde le indicó la mucama. Se percató de un espejo; en una de las paredes, donde claramente se podía ver de cuerpo completo, pero no le gustó mucho, se sentía observado. Trato de ignorarlo, y le dio la espalda para terminar de desvestirse, e introducirse a la gran tina blanca, llena de burbujas que le resultó muy agradable y relajante.


―Mi Lord, el chico ya está en el baño. ― Dijo la voz de una mujer, entrando a una habitación poco iluminada.

―Perfecto, gracias Margaret, dale un cambio de ropa y guíalo a su cuarto en cuanto acabe, por favor. ―

―Como ordene. ― Hizo una reverencia y se retiró dejando a su amo, que se notaba que algo brillante reflejaba su rostro.


Una vez que el joven Ariel terminó de asearse salió con sigilo de la tina, en donde la mujer le ha dejado un cambio de ropa limpia, con la toalla puesta se colocó la ropa interior, y tomó el ropaje, era un traje en azul que le quedó casi a su medida, esto le causó un ligero escalofrío. Constaba en una camisa blanca, un corbatín en negro, un chaleco en azul rey, y un pantalón corto del mismo color con el borde en negro. Se miró en el espejo, hasta él mismo quedó sorprendido de sí, se veía muy bien, pero a la vez tierno. Terminado esto, salió del cuarto de baño en donde la sirvienta le espantó sin querer.

―Acompáñame, te llevare a tu alcoba. ―

El lugar era bastante grande, y debía recordarlo tal cual, tenía buena memoria visual, aunque no es algo de lo cual alardear, se detuvo la mujer, Ariel casi choca con su espalda, abrió unas puertas mostrándole una habitación muy bonita, y bien arreglada.

―Aquí es. ―Dijo, Ariel se introdujo al cuarto ― La cena estará lista en 30 minutos y el Barón ha pedido tu presencia. ―

―Ah… Muchas gracias… ¿Margaret…?―

La mujer se sorprendió y esbozó una ligera sonrisa de lado ― De nada. ― Salió inmediatamente terminó de hablar, dejando al chico solo de momento.

Ariel caminó alrededor de la habitación, como si inspeccionara cada rincón, en una esquina se encuentra un espejo, el chico curioso por su reflejo en él, se aproximó lentamente. Observando su propia figura en el espejo, su semblante cambió repentinamente, se veía como molesto, disgustado. Era como si se aborreciera ver de ese modo. Dio la espalda al objeto, y siguió husmeando por el lugar hasta que le llamaran para la cena.


Ariel entró al comedor, que realmente es enorme, Margaret le pasó de largo dirigiéndose a la cocina, y el chico miró que el Barón se puso de pie diciendo con una sonrisa gentil.

―Ah, disculpa que me haya desaparecido tan de repente, muchacho. Ni siquiera nos hemos presentado…― Comentó el hombre tomándole de espalda alta para llevarlo a la silla y tomase asiento. ―Mi nombre es Gilberd de Reitz, y te doy la bienvenida a mi hogar, esta cena, es en honor a ti… Come lo que gustes; como si estuvieses en tu casa. ―

El chico nervioso agachó su cabeza. Y dijo ―Ah… Muchas gracias… Lord… ― Elevó su vista dirigiéndola al otro varón diciendo ―…Mi… mi nombre es Ariel…―

―Hasta que le puedo poner un nombre a ese rostro lindo que tiene, eres adorable. ― Dijo tomando un poco de vino.

―…Eh… Gracias…―Miró a un costado, sintiéndose un poco incómodo.

―Bueno, ya terminamos con las presentaciones, empieza a comer. ― Un par de sirvientes se acercaron con unas charolas de plata, donde abrieron la tapa mostrando un exquisito filete, verduras, puré de papá, y chuletas de cerdo, Ariel mostró sorpresa en su cara, y el hombre le observó de una manera distinta, como si le viese con más atención.


Ya entrada la noche, Ariel intentó dormir en aquella lujosa cama, no le gustaba mucho; se sentía incómodo, y de igual modo no podía darse el lujo de bajar la guardia. Trató de dormitar siquiera un poco, pero cerrando los ojos, sintiendo que la somnolencia le comenzaba a pegar, percibió un aroma familiar, abrió sus parpados, y se incorporó tan rápido como pudo; sin levantarse de la cama. Respiró agitadamente, y se le notaba un sonrojo, llevó su mano derecha al pecho, y pasó un trago de saliva, intentando relajarse, pero dijo ― ¿Por… por qué se me vino a la mente… la imagen de él…? ―Giró su vista a la ventana, donde los rayos claros de la luna pasaban.

Decidió levantarse de aquél lecho caliente, caminó para salir de la habitación, y siguió su andar por un par de pasillos más, encontrándose frente a la puerta del dichoso Barón, entró sin hacer mucho ruido, notó el bulto del hombre dormido, se aproximó con sigilo a un costado de repente ese hombre se movió al sentirle más cerca.

―Ah… Ariel… ¿Qué ocurre? ―Preguntó desconcertado, y prendió la lámpara de su buró, observando al chico que le veía tiernamente vestido con un camisón blanco de dormir.

―N-no puedo dormir… ¿Está bien si duermo con usted? ― Preguntó lo más tierno que le dio su voz. Al Barón se le iluminaron los ojos al oírle aquél cuestionamiento, y vaciló un instante, pero respondió ― C-claro… Puedes dormir en aquella…― Señaló a un sofá, pero el chico le interrumpió yendo hasta donde él, ignorándole al parecer, se metió en las sábanas, recostándose en su almohada, el hombre definitivamente quedó perplejo, y una sonrisa se dio a notar en su cara. ―…O bien… Como gustes…―

―He dormido tantas veces solo, que ya había olvidado lo que se siente estar acompañado… Muchas gracias Lord…― Mencionó el muchacho sonando feliz.

―…Llámame por mi nombre, Gilberd. ― Dijo en susurró el Barón volviendo a recostarse en la cama.

―Como guste…― Se giró para verle a la cara con esos ojos cafés, diciendo ―…Gilberd…― Cerró sus ojos, pero antes notó que el hombre se había excitado en ese mismo instante, incluso su temperatura corporal ha aumentado, y sus pupilas se dilataron. El barón tomó de la cabeza al chico y le acarició tiernamente, esto ya se sentía distinto a como lo había hecho en la tarde. Ariel pegó sus manos a su pecho, sus manos estaban hechas puño, mantuvo distancia entre el mayor y él, pero nada paso esa noche.

―Podría hacerlo ahora… ― Dijo con los ojos cerrados, apretó algo entre sus ropas, pero decidió esperar hasta mañana e intentó por lo menos dormir.


A la mañana siguiente

Ariel despertó, se dio cuenta que se encontraba en su otra habitación, se puso de pie de la cama, y notó en una silla otro cambió de ropa. De repente llamaron a la puerta, la misma voz de Margaret dijo ― Buenos días. El desayuno está por servirse. ―

―Oh… Gracias, bajaré en seguida. ―

Escuchó que los pasos de la mujer se retiraban, comenzó a vestirse rápidamente, una camisa blanca, unos pantalones cafés oscuros, y un saco negro, adornado con una corbata color crema, y unos zapatos negros. Se recogió su cabello como último retoque, y al momento de abrir la puerta; el mismo Barón está ahí de pie, sonrió de una manera radiante, pero fue más por asombro.

―Ariel… Buenos días. ― Dijo él como si se hubiese sacado la lotería.

―…Sí… Buenos días… Gilberd…―Dijo pareciendo avergonzado.

De repente, sintió los dedos del hombre tocarle su rostro ― ¿Dormiste bien? ― Cuestionó con interés.

―S-sí… gracias por preguntar…― Respondió penoso.

El barón alejó su mano, y se irguió de nuevo diciendo ― ¡Qué bueno! Parecías un ángel durmiendo en mi cama; que me dio lástima despertarte. ― Dio unos pasos acercándose aún más al chico, el cual comenzó a sentirse acosado.

―Pero… qué cosas dice… ―Decía nervioso, y está vez no era actuación, dio pasos hacia atrás por cada uno que el mayor se aproximaba. ―Eh… yo no parezco tal cosa…―

El mayor continuó hostigando al pequeño, el cual tartamudeaba mientras retrocedía, hasta el punto de caer al piso por culpa de una mesa.

―Ariel… Qué torpe eres…― Dijo Gilberd viendo al chico tirado en el piso, le causó mucha ternura, entre otros sentimientos. ―Aaaah… ―Soltó un largo suspiro, y se inclinó al chico para socorrerle ―… Deja te ayudo…―

―Ehm… No, yo…― Quedó mudo al sentir que le tomó de la cintura con ambas manos, y con facilidad lo volvió a poner de pie.

―…G-gracias…― Bajó su vista mostrándose avergonzado; sintió aquellas manos alrededor de su cuerpo, que el hombre no quiso soltar. ―Entonces… ¿Ya decidiste…?― Lo acercó a él ― ¿…quedarte conmigo? ―

―…Yo… ― Desvió su mirada, se encuentra muy nervioso e incómodo estando tan cerca de otro hombre. ―…Sigo pensando…―

―…Oh…―Expresó desilusionado ―… Es una pena…― Gilberd lo soltó poco a poco, pero no sin antes bajar sus manos a la cadera y de una manera inapropiada hasta en su trasero, lo hizo como si nada, para que el joven no se diera cuenta, cosa que de todos modos intuyó Ariel. ―Acompáñame a desayunar…― Dijo sonriente.

Ariel sintió un escalofrío y contuvo su desagrado todo lo que pudo, para que el Barón no se sintiera rechazado. ―…C-claro…Ya tengo apetito. ― Dibujo una sonrisa nerviosa en su rostro.

―Ah, ha, ha… Qué bueno, vamos…― Caminó primero él para salir del cuarto, y detrás suya como si fuera su sombra salió Ariel.

Ya está mostrando su naturaleza, voy a tener que hacer algo… y no me va a gustar, está noche es cuando debo terminarlo… Además no he visto indicios de Chelsea… ― Pensó mientras veía a sus alrededores. ―Uhm… podría ser cualquiera… o no sé…― Soltó un suspiro sin darse cuenta que Gilberd le escuchó, se detuvo y como el chico anda distraído, chocó sin querer con la espalda de aquél hombre.

―…Lo siento… Yo…― Se disculpó y siguió su camino, pero el Barón le tomó de su saco, causando que se volviera a él.

― ¿Ocurre algo, Ariel? ― Preguntó con una sonrisa, y bajó su mano hasta llegar a la del muchacho, que acarició tiernamente, provocando que se sintiera incómodo nuevamente.

―…No… No es nada, es solo que…― Se quedó callado para provocar suspenso.

―…Dímelo…― Se acercó el mayor y le tomó del mentón con su otra mano libre.

―…Eh… Es que… me gustaría comer unos panqueques… ― El hombre abrió sus ojos con sorpresa ―… Recuerdo que veía a una familia comerlos, realmente se veían deliciosos…―

― ¡Ah, ha, ha, ha! ― Expresó una carcajada ―…Sí que eres adorable, haré que te preparen unos. ― Le soltó ― No te preocupes… ―

―Oh… Muchas gracias… Gilberd… Es muy amable de su parte…―

―No me cuesta nada, Ariel. ― Le lanzó una mirada, junto con una sonrisa confiable.


Gilberd, está en una habitación muy oscura, parece ser que está en los calabozos, se le ve un poco agitado ya que respira con dificultad, se deshace de los primeros botones de su camisa color negro, parece andar en un pasillo y se deja caer sobre un muro cercano, en su mano derecha trae una especie de instrumento, como un látigo que suelta al piso, esa misma mano la pasa por su mejilla, la cual está manchada de un líquido carmín. Se limpia bien con su mano, vuelve a erguirse para continuar su camino.

―Ariel ― Llamó el Barón al chico, al verle de pie en la sala de música

El chico se sobresaltó y volteó enseguida mirándole como si pidiese perdón ―…Gilberd… Lo siento… Yo…―

―No… No te estoy reprendiendo, pero… ¿qué haces aquí? ―

―…Ehm… Solo entré por curiosidad, es todo…― Agachó su cabeza, así que el mayor se percató de que decía una mentira.

―Ugh… Ariel… ― Gilberd se llevó una mano a las sienes, y dio unos pasos, haciendo que el chico elevará su rostro y sintiera un cambio repentino de humor, que le causó ponerse alerta. ―…Si hay algo que detesto… es… justo lo que acabas de hacer…―

― ¿Eh? ― Expresó el chico dando un paso atrás, para chocar con un piano de color blanco

―…Odio que me mientan…― El Barón llevó ambas manos a los costados del cuerpo del chico, que se sobresaltó al oír que los azotó.

―…Lo siento… Lo siento…― Musitó con temor, por su sorpresa de verlo molesto.

―No me quiero enojar… ― Movió su mano izquierda para tomar el rostro asustado que tiene frente a sí y lo acarició de manera gentil ― …pero será mejor que lo sepas si decides quedarte…― Dicho esto, se alejó del cuerpo tembloroso del muchacho, que se quedó paralizado mientras lo veía salir.

―…Eso… Fue extraño… Además entre todo eso… noté su mirada… no era enojo, pero… disfruto verme así de débil… Es peligroso…― Tomó un respiro, para calmarse y decir de manera atónita, y se llevó su mano a la boca ―...Olía a sangre... Estoy casi seguro...―


Ya la noche ha caído nuevamente sobre la casa del Barón Gilberd de Reitz, ya todos se han marchado a dormir, pero Ariel permanecía despierto, sentado en su cama luciendo una bata de dormir en color purpura, que traía abierta notándose sus blancas y delgadas piernas. Pensante, veía a la nada, es como si esperará por algo… Exhaló un suspiro, y se puso de pie, yendo a la puerta donde permaneció de pie unos segundos más… Cerró sus parpados y se concentró en los ruidos de la casona, al menos los que pudiese oír, pero ya era la hora, y de seguro Chelsea debía estar cerca para cuando terminase con el principal objetivo. Abrió sus ojos a la vez que la puerta y se encaminó hacia el cuarto del Barón.

Llegó ahí, y se puso nervioso, se armó de valor y abrió la puerta notando que el hombre seguía despierto, parece que leía algo privado.

―Ariel… ― Le nombró con sorpresa en su rostro y voz.

El chico dio unos pasos dentro diciendo ―Ah… Lo siento… yo… ― Endulzó su voz como lo haría un niño avergonzado, cerró la puerta tras de sí, recargándose en la puerta, aprovechó para echar llave al cerrojo sin que su víctima se percatase.

Gilberd le miró, y sintió un aire diferente en el muchacho, aparte de lucir tan inocente, se veía muy sensual en ese instante, provocándole ahora más que nunca, pensó que esto era un sueño y muy bueno.

―…Lamento lo que sucedió en la tarde…― Decía el chico, aproximándose a él, que permanecía sentado, pero dejando un espacio considerable entre ambos.

―Oh…― Expresó el Barón embelesado, casi no ponía atención a lo que decía, pues veía otros puntos del chico.

―…Así que solo venía a eso…― Le dio la espalda, lo cual fue una oportunidad que el mayor aprovechó. Sintió que le tomó del brazo. ― ¿Eso es todo? No puedes venir solo a eso…―

―Tiene razón ―Agachó su rostro, y le tomó de aquella mano, volteando a verle ―…Ya decidí quedarme con usted… Gilberd ― Sonrió dulcemente con su tierna voz de niño.

―E-eso es maravilloso… Ariel…― Contestó muy contento, guardo silencio unos segundos para preguntar sonriente ¿…No…No quieres dormir conmigo está noche? ―

―Eh…― Expresó el chico, y le miró diciendo ― ¿No le molesta mi presencia? ―

―Por supuesto que no. Me acabas de hacer un hombre muy feliz…― Llevó ambas manos al rostro del joven muchacho que sintió que había logrado lo que quería, el hombre era obvio que se encontraba muy entusiasmado, pero aun necesitaba un empujón más, y ya solo era de esperar a que los demás llegasen y se encargaran de la servidumbre de la casona.

Ariel le tomó de sus manos, para soltarse y decir avergonzado ―Ah… Pero qué cosas dice, siempre hace que me sienta extraño... ―Contestó nervioso, mientras daba unos pasos atrás, para chocar con la cama de colchas doradas. Cayendo sobre aquél lecho de manera tierna, pero provocativa a la vez para que el mismo Barón lo viese y se acercara.

―Oh… Ariel tan torpe como siempre…―Dijo el hombre como si jadeara.

―…Eh… Perdón…―

―No dejaré pasar por alto eso… No esta vez...― Dijo el hombre sonando diferente, como con mucho placer.

― ¿Ah? ¿Cómo dice? ― Inquirió el chico apenas incorporándose, cuando vio que el mayor ante él; comenzó a quitarse su camisa blanca, mostrando un buen cuerpo, bien formado con algunas cicatrices en su pecho y hombros. El joven se sonrojó volteando a la vez que decía ―…Gilberd… ¿qué hace? ―

Sintió que el Barón se subió, y le tomó nuevamente del mentón diciéndole de manera provocativa ―Sabes que odio que me mientan. Es obvio a qué viniste… y además del verdadero porqué te deseo aquí…― Le miró con mucha pasión, pero ya convirtiéndose en perversión.

―Aaah… No…― Exclamó el chico, ante el hombre que abrió su bata, y comenzó a desabotonar el estorboso camisón blanco, se dirigió al delgado y fino cuello, besándole y lamiéndole de manera voraz, hasta incluso manosearle las piernas.

―…Gilberd… Esto… ¡Ah! …Ahí no…― Exclamó en un susurro ahogante, al sentir una de sus masculinas y grandes manos tocarle la entrepierna, y que se deshizo de su ropa interior con prisa.

―Oooh…― Expresó al verle todo sonrojado, y jadeando al pequeño chico de cabellos verdes a su merced, sin tener ninguna oportunidad de escapar. ―Voy a hacer contigo lo que me plazca… No volverás a salir de aquí…― Amenazó de cierta manera, volviendo al chico, apretujando su quijada con otra mano, para besarle casi a mordidas aquellos finos labios. El chico apretaba sus ojos, era inútil resistirse ante tremendo hombre que no le da oportunidad de siquiera respirar… Ariel de repente abrió sus ojos grandemente, al punto de salirle lágrimas incluso, la boca del hombre no lo dejó soltar un quejido, pero en sus partes privadas, Gilberd comenzó a sodomizarle con sus dedos justo en esa pequeña cavidad que no dejaba de palpitar.

Algo raro realmente sucedía en esa habitación, y Ariel entonaba una oración más como una canción celtica, con una voz realmente hermosa, al parecer en latín.

Ha sido violento y exitoso…

A la viuda y al extranjero matan,
Y a los huérfanos quitan la vida. (Salmos 94:6)

Porque no duermen ellos si no han hecho mal,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno... (Proverbios 4:16)

Se encuentra de pie a un lado de la cama, observando cómo el varón parece enloquecer de un placer que no se está llevando a cabo en realidad.

Unos gruñidos, y exclamaciones se oían por parte del mismo hombre, por el corredor una persona pasa con mucha prisa, en esa armadura blanca llega frente a las puertas y con una patada las abre.

Bulat que muy preocupado entra súbitamente al cuarto; sus ojos solo buscan al chico el cual está sano y salvo, confundido por lo que sus oídos le hicieron oír, causando que la transformación desapareciera ante su desconcierto, pasa su vista al tipo en la cama terminando consigo mismo su vida, enterrándose sus dedos en la yugular. La reacción del pelinegro copetudo, fue sacar en ese mismo instante al chico de ahí. Lo toma por la fuerza de la muñeca; ni oportunidad le dio de decir palabra alguna, y lo lleva hasta el pasillo donde sin pensarlo lo azota contra la pared y le interroga a manera de reproche ― ¡Pensé que te violaba ahí dentro...¡ Y que… ¿Qué rayos le pasó? ― Observó mejor al muchacho que tenía un semblante preocupante y de sorpresa, entonces se dio cuenta de un detalle, de aquel collar con forma de concha marina, de oro. ― Esto...― Llevó su mano al colgante ―...Pero si es una Teigu...―

Finalmente Ariel pudo responder al ya ver que Bulat se había tranquilizado un poco y primero se disculpó ―Ah...lo siento. ― Giró su vista en dirección al cuarto del asesinado ― Él sólo tuvo alucinaciones, se encontraba bajo hipnosis... Lamento no habértelo dicho antes... Es que...― Escondió su mirada tras su flequillo verdoso.

―Como sea... ― Contestó molesto y volvió su vista al chico y notó que casi no traía ropa encima. ―Cúbrete bien― dijo, dándole espacio para que se tapara con la bata de dormir color violeta, que en eso Ariel meditaba al hacerse el nudo en su cintura ―…Él… ― Mostró su sonrojo ―…Él… ¿por qué volvió por mí? ¿Dónde está Chelsea…? – Y de repente escuchó ―Bien, vámonos ya― Dijo Bulat; envolviendo al chico con su enorme brazo de la cintura, cargándolo a su hombro, éste exclamó ― ¡Ah, puedo caminar solo...!―

―No me importa, es más fácil así... ― Dijo el fornido sin importarle lo que dijera, mientras que Ariel luchaba por bajar ― Deja de moverte― Reprendió

― ¡Quiero bajar...!― Exclamó remolineándose de tal manera, hasta causar que el fornido cayera al suelo junto con él, Ariel quedó sobre su pecho, enseguida se incorporó diciendo ―Lo siento... No era mi intención ― Bulat y el chico se miraron a los ojos ese corto instante, en donde ambos sin decirle nada al otro, sintieron una clase de conexión, fue diferente está vez que algo les demandaba el momento, Bulat acercó su mano y le acarició el rostro joven y éste lo vio sonreírle de manera despreocupada, pero no como era costumbre ―Está bien, tranquilo…― Dijo suavemente.

―Ah… Esa misma sonrisa… Yo… Qué me…― Ariel confundido a primera instancia, trató de luchar con esa incertidumbre, haciéndole caso a ese sentimiento, que le provocaba el hombre ante él ―…No, yo… Quiero su sonrisa... Me gusta...― Le cautivo sin ser su intención inicial, Bulat sonrojado al tenerlo sobre él, y viéndole fijamente se sintió deseado al notarse en aquellos hermosos ojos café.

―A-Ariel…― Dijo embobado el pelinegro, aceptándolo.

―…Bu-Bulat…―

Escuchó decirle por su nombre de una manera suave, inocente y dulce, fue como si le hubiesen lanzado un cuchillo directo a su pecho, y en su momento de imaginación, el joven de cabellos verdes le tomó del rostro con delicadeza, acercándose más, poco a poco a él; que también lo anhelaba, sus labios lograron sentirse solo un efímero momento.

― ¡Ejem! ― Expresó la rubia de Leone, yendo directo al par tirado en el suelo. ― ¿Oigan, qué hacen? ―

―Ah… ―Expresó atónito el chico, y se puso rojo como un tomate ―…Yo…―

― ¡Ah no! ¡Este niño bonito es mío! ― Se lo quitó de encima al grandote, y lo puso de pie para abrazarlo como acostumbra.

―…Leone… N-no… no respiro…― Decía con dificultad al estar entre tremendos montes.

―Ya te extrañaba…― Lo apretujaba aún más, y lo abrazaba como si no le hubiese visto en años.

Bulat no podía decir nada, era como si estuviese en estado de shock, hasta que se le acerco Tatsumi.

Aniki… ¿Estás bien? ―

―Eh…― Expresó con sobresalto, le miró y respondió tomando un respiro ―…S-sí… ― Se incorporó del suelo, y se limpió sus ropas, miró al castaño el cual notó su mirada distinta, era como si estuviese fastidiado, pero luego observó sus labios darle una sonrisa ―…Vámonos, ya terminamos aquí…― Le dio la espalda, mientras que Tatsumi le veía desde atrás un poco desconcertado.

...Fin Capítulo 5... Continuará...


Notas del Autor: Y aquí otro capítulo terminado… Lo siento, iba a subirlo a su tiempo, pero… Me faltaba algo… y no hallaba el cómo meter una parte de la canción de Ariel que por cierto el nombre es "Ignominia", así que eso que leyeron fue el resultado xD Intenté incluso ponerlo en latín, pero no encontré un buen traductor… xP. Y ahora el dichoso Barón, me imagino que el nombre que le puse a algunos, tal vez les sonó un poco, si saben un poco de historia, me base en el asesino y violador de niños del siglo XV, Gilles Laval de Rais que se le conoce acabo con la vida de más o menos 200 niños y niñas en ese tiempo… En fin, gracias por pasar, iba a incluir otras escenas pero ya no me dio tiempo de editarlo más, además de que ya viene Navidad xD Andaré ocupada, y pues bueno… Que estén bien mis lectores/lectoras ¡Bendiciones!