8 años después

El tiempo había pasado tan rápido, parecía como si fuese ayer cuando fueron capaces de admitir sus sentimientos hacia la otra. No había sido la mejor manera y ambas lo sabían, habían perdido tiempo escondiendo sus sentimientos para luego finalmente lograr admitirlos y dar paso a esa relación que se construyó entre ambas.

Después de ese día las cosas cambiaron para las dos e incluso para los habitantes de Storybrooke, quienes vieron como el amor floreció entre ellas. Lo felices que estaban juntas y como no dudaban en mostrarse tal cual y como se sentía la una a la otra, haciendo que muchos suspiraran deseando tener algo similar a lo que ambas mujeres tenían.

Cuando Emma le propuso a Regina en su primer aniversario en un pequeño restaurante a las afueras del pequeño pueblo la morena se sintió muy feliz y termino aceptando bajo la atenta mirada de todas las personas que les rodeaban en el pequeño restaurante quienes luego de su respuesta comenzaron a aplaudir emocionados.

Unas horas más tardes la rubia quedo totalmente sorprendida al descubrir que la morena también había pensado en lo mismo que ella ya que al entrar en la habitación que ambas compartían Emma se encontró que esta se encontraba decorada completamente con velas y pétalos de rosa rojos que le daban un toque sumamente romántico y en la cama en el centro de ella y rodeados de pétalos se encontraban dos cisnes formando un pequeño corazón y en el medio de ellos se encontraba una pequeña caja con un anillo de compromiso.

Esa noche ambas se comprometieron la una con la otra y entre risas y caricias hicieron el amor.

Ambas mujeres se amaban con locura y todos podían notarlo. Incluso eran la pareja más popular del pequeño pueblo y ellas ni por enteradas se daban.

No esta demás decir que como todo ser humano, Emma y Regina no son perfectas ambas tienen un carácter fuerte y por alguna que otra cosa llegaron a tener varias discusiones que en su mayoría siempre terminaban con ellas haciendo el amor salvajemente en cualquier parte de la casa o donde se encontrasen. Incluso hasta en el auto y en la oficina lo habían hecho.

El día de su boda llego seis meses después de que se comprometieran, un primero de octubre. Ese día todo el pueblo se vistió de gala para celebrar entre alegría y amor la unión de su alcaldesa con la mujer que se había convertido en una habitante de la pequeña ciudad y que también con el paso del tiempo una de las personas más queridas.


La morena estaba tan concentrada en sus viejos recuerdos que no sintió cuando su esposa entro en la cocina sino hasta que la tuvo detrás de ella.

-¿En qué piensas?- Le pregunto Emma a la morena al mismo tiempo que se la abrazaba por detrás y comenzaba a besarle el cuello lentamente. Haciendo que a la morena se le erizara la piel.

-En lo feliz que soy a tu lado- Contesto esta, para darse la vuelta sin apartarse de su esposa y besarla lánguidamente.

Emma se pegó más a la morena, al mismo tiempo que sus manos comenzaban a vagar por su cuerpo, haciendo que Regina se rindiera ante el placer que sus dulces caricias le provocaban.

Regina emitió un pequeño grito de sorpresa cuando Emma de repente y sin mucho esfuerzo la alzo para hacerla sentarse en el gabinete de la cocina mientras que con sus manos empezaba a subirle el vestido lentamente haciendo que la morena se impacientase.

-Swan pagaras por esto-Le advirtió la morena entre besos, pues ya se estaba impacientando.

-Estoy rogando por ello Mills-Dijo la rubia antes de separarse un poco de su esposa y admirarla. Regina se encontraba con las mejillas sonrojadas y los labios un poco hinchados, con el vestido arrugado y alzado dejando entrever sus hermosas piernas, esas mismas que invitaban a Emma a perderse entre ellas y llegar hacia donde más deseaba.

-Tan hermosa-Susurro con vehemencia sin apartar la mirada de la mujer que le había robado el corazón y luego volver a besarla y adorarla.

-Emma-Gimió la morena con impaciencia. Pues a pesar de que le encantaba que la rubia la mirase de esa forma. En estos momentos le provocaba que la poseyera.

Necesitaba que Emma la hiciera suya. Ya no podía aguantar más. La deseaba tanto.

La rubia no se hizo rogar pues ella también se moría por hacerle el amor a la morena.

Entre beso y beso empezó a acariciar a la morena, haciendo que esta comenzara a moverse para obtener más fricción allí donde su cuerpo tanto lo ansiaba.

Emma hizo a un lado la tanga que llevaba Regina y la penetro haciendo que esta soltara un sonoro gemido y sin preámbulo empezó a poseer a la morena. Esta última sentía como poco a poco desabrocho los pantalones de la rubia e introdujo su mano en la intimidad de su esposa para encontrarla toda mojada. Sus dedos sondearon el clítoris de Emma haciendo que esta gimiera por la sensación

Tanto Emma como Regina se perdieron en la bruma del deseo que sentía la una por la otra y ese orgasmo que tanto habían ansiado comenzó a construirse poco a poco haciendo que ellas aumentaran más la intensidad de sus movimientos, hasta que no pudieron aguantarlo y entre gemidos e besos ambas llegaron a la cúspide del placer al mismo tiempo.

-Eso fue- Comenzó la rubia con una sonrisa tonta en la cara.

-Intenso-Termino la morena por ella con un suspiro.

Y sin poder evitarlo ambas soltaron una carcajada.

Emma ayudo a bajar a Regina y entre risas y miradas candentes terminaron de arreglarse.

Estaban por salir de la cocina cuando vieron al pequeño Henry aparecer por la puerta acompañado de Lucy, cuando se suponía que debían de estar dormidos desde hace horas.

Con una mirada interrogante Regina se acercó a ambos, seguida de Emma.

-¿Qué paso? ¿Qué hacen despiertos?- Preguntaron ambas al mismo tiempo.

Habían sido cachados. Pensaron los hermanos al mismo tiempo

Henry y Lucy se despertaron hace poco y como quedaron con ganas de seguir comiendo de las galletas que su madre morena preparo en la tarde ellos decidieron bajar a la cocina para comerse algunas y tomarse un vaso de leche para luego volver a irse a dormir porque creían que sus madres estaban dormidas. En un momento cuando vieron la luz de la cocina encendida estuvieron a punto de regresar a su dormitorio, pero las ganas que tenían de comer esas galletas fueron más intensas y continuaron en su misión. Sin embargo, no esperaban ser capturados por sus madres quienes al parecer iban a salir de allí cuando ellos aparecieron.

-No podíamos dormir y queríamos tomar un vaso de leche-Contesto la pequeña Lucy que se encontraba al lado y de la mano de Henry, haciendo un pequeño mojin y con esos ojos de cachorro que siempre colocaba y a los que ni Regina, ni mucho menos Emma que era la más débil de las dos lograba resistirse.

-Y comernos unas galletitas de las que quedaron esta tarde-Secundo este colocando la misma expresión que su hermana a lo que esta pudo asentir.

Regina inmediatamente comenzó a negar con la cabeza y enseguida estos comenzaron a protestar, logrando que se rindiera y terminara por aceptar.

-Está bien, pero solo por esta vez- Respondió la morena y ambos hermanos bombearon un puño en el aire en señal de victoria.

-Pequeños diablillos- Dijo Emma por su reacción y que estos casi siempre se salían con la suya.

-Emma, no les llames así- Le reprendió la morena, haciendo que ambos se echaran a reír al ver la cara de cachorrito regañado que coloco su otra madre al haber sido reprendida.

Lucy era la hermana de Henry ambos tenían 5 años de edad y eran la alegría de ambas mujeres. Emma y Regina se habían sometido a un proceso de inseminación artificial al mismo tiempo. Parecía una locura total al principio y varios de sus amigos e incluso la doctora que las atendió le pregunto si estaban segura de lo que estaban haciendo y ellas dijeron que sí. Nueve meses después, luego de una gran hazaña y con la ayuda de Ruby, Granny, Mary Margaret, David y muchos otros más que las ayudaron ambas dieron a luz sin ninguna complicación. Emma tuvo a Henry y Regina a Lucy el mismo día.

Ambos hermanos se adoraban y el pequeño era muy sobreprotector con su hermana. Aparte de ello eran inseparables. Siempre estaban jugando juntos y a diferencias de otros hermanos muy poco discutían entre ellos.

En fin los Swan-Mills formaban una familia feliz rodeada de amor y alegría y no esta demás decir que Emma y Regina se amaron y fueron felices hasta el último día de sus vidas.


-¿Evie crees que algún día encontraremos el amor al igual que nuestras abuelas?- Le pregunto la joven morena a su hermana gemela, pues recientemente tuvo un novio que la engaño e hizo que dejara de creer en los hombres.

-Estoy segura que si Mal. Mira a nuestros padres y a la tía Lucy. Algún día nosotras también seremos felices al igual que ellos. No pierdas la esperanza- Dijo la joven al mismo tiempo que cerraba el libro de la familia donde se guardaban muchos recuerdos de sus abuelas, de su padre y su tía cuando eran pequeños e incluso de sus primos y de ellas mismas.

Sus abuelas siempre se habían encargado de decirle que tuvieran en esperanza y que nunca se rindieran en sus sueños. Que no dejaran que nadie les menospreciara y que a pesar de las circunstancias creyeran en el amor verdadero porque este si existe y que uno puede amar a quien uno quiera bien sea hombre o mujer. Siempre y cuando sea esa persona te haga feliz y le ames. Eso es lo que importa.

FIN


Finalmente pude terminar esta historia por completo. Sentía que debía cerrarla un poco mas y bueno aquí esta. No quise tardar tanto en publicar este capitulo pero entre tantas cosas apenas pude terminarlo. Espero que les haya gustado.