Inicialmente esta historia pretendía ser solamente un one-shot navideño, pero me ha enamorado la relación que van desarrollando, y si os gusta seguiré escribiendo más capítulos. Espero vuestros comentarios y espero que lo disfrutéis como yo escribiéndolo.

...

Las vacaciones de Navidad habían acabado y Felicity volvió a recuperar su tranquilidad. Se había emocionado al despedirse de su madre y de su hermana en el aeropuerto ya que sabía que pasaría algún tiempo hasta que se volvieran a ver. Realmente habían sido las mejores vacaciones de su vida, rodeada de su familia al completo y con lo que estaba ocurriendo entre Oliver y ella. No se atrevía ni a ponerle nombre ni a hablar de ello con él ni con Diggle ni con nadie. Era perfecto tal y como estaba sucediendo. Todo el drama ya había pasado y ahora, solamente eran dos personas dando pequeños pasos que les situaban cada vez más cerca el uno del otro. El siguiente paso, la cena de esa noche. Felicity estaba en la ducha, bajo el agua caliente, recordando sus palabras. Era la segunda vez que le pedía una cita, pero la complicidad entre ellos esta vez no la hizo tartamudear de sorpresa cuando aceptó.

Oliver llegó a casa de Felicity y aparcó su moto en la entrada para coches. Estaba nervioso pero se acercó a la puerta con paso decidido y llamó al timbre. Por fin iban a tener una cita ellos dos a solas, sin todos sus amigos y familia alrededor. Ella tardó apenas unos minutos en abrirle y cuando se miraron, la electricidad volvió a rodearles. Felicity llevaba ya su gabardina negra puesta, y Oliver se fijó en que, en lugar de sus acostumbradas piernas desnudas o con medias, en esta ocasión llevaba unos vaqueros. Él le había dicho que iría a buscarla y que se pusiera algo cómodo. Felicity se había dejado nuevamente el pelo suelto con sus ondas naturales que le daban un aspecto genial. Llevaba los labios pintados de rojo, muy sensuales y le miraba con expectación.

- Hola. - dijo Oliver sonriéndole. - ¿estas lista? - ella asintió y cogió su bolso del perchero. Pasó junto a él, cerrando la puerta tras de sí. En cuanto vio la moto delante de ella se volvió para mirarle con cara de diversión.

- Y ¿adonde vamos Mr. Queen ? - Oliver sonrió todavía más al escuchar aquel apelativo recordando el momento cuando se conocieron.

- Es una sorpresa. - se acercó a ella y con cuidado le puso el casco en la cabeza, quedando muy cerca de ella de nuevo y aspirando su perfume. En todo momento, Felicity le miró fijamente a los ojos, disfrutando de que aquellos ojos azules solo fueran a mirarla a ella aquella noche.

Se marcharon de allí con el viento a su alrededor, dejando rápidamente la casa de Felicity atrás. Ella le rodeaba con sus brazos, abrazada a él y miraba como la ciudad pasaba veloz a su lado. A Oliver le maravilló aquella sensación de llevarla con él, sintiendo la velocidad, el frio viento contra él y a la vez, el calor del cuerpo de Felicity pegado al suyo. Dio un pequeño acelerón para que ella, inconscientemente, se acercara todavía más a él. Ella sonrió. No sabía donde iban y para alguien que siempre tenía todo controlado, era una sensación nueva. En otra ocasión habría insistido en saber más, pero el simple hecho de que Oliver quisiera sorprenderla a ella, le hacía cambiar por completo de idea para dejarse llevar.

Oliver había decidido aquel mismo día donde quería llevarla y aunque era una locura, no se lo pensó mucho antes de acercarse al lugar para poder prepararlo todo. Conforme se iban acercando ella empezó a ser consciente de a dónde se dirigían pero nada tuvo más sentido entonces que antes. Se habían adentrando en una bonita avenida con enormes arboles a ambos lados y grandes vallas ante las imponentes casas que se erigían ante los visitantes. En la oscuridad de la noche y conforme iban avanzando comprendió que se dirigían a la Mansión Queen. Oliver notó el movimiento de Felicity tras él y sonrió para sí mismo. Sabía que ella no entendía nada y poder poner en jaque a su chica IT era todo un reto.

Llegaron a la enorme puerta de entrada de la Mansión y tan pronto como se acercaron, pasaron de largo. Rodearon la casa y Oliver no paró hasta que llegaron a una puerta mucho más pequeña y situada en un lateral del terreno que envolvía la propiedad. Cuando se bajaron ambos de la moto y se quitaron los cascos Felicity fijó su mirada en los altos muros de la Mansión donde se adivinaban enormes ventanales pegados a las copas de los árboles. Él la miraba expectante, esperando que dijera algo. Cuando al fin su curiosidad la venció, Felicity se giró hacia él:

- ¿Que hacemos aquí? - parecía divertida. Conocía a Oliver y sabía que para él un muro con un cartel de "Prohibido el paso" no era un obstáculo.

- Vamos a cenar. - le contestó siguiéndole la broma. Él dejó ambos cascos en el suelo y se acercó un poco más a ella para rodearla cariñosamente por detrás, ofreciéndole un poco de calor. Ella se sonrojó ante el gesto y lo agradeció, se había quedado helada tras el viaje.

- ¿Aquí?¿Y cómo vamos a entrar? Ya no es tu casa... - dijo apenada por él. - ¿Y si vive alguien?

- Ya he comprobado que no hay nadie. Ven. - la cogió de la mano y la llevó hasta la puerta. Le señaló una pequeña ventana un poco más arriba que estaba entreabierta. - Vamos a entrar por ahí. ¿Lista? - y la levantó en el aire como si no pesara más que una pluma.

- Que...oh, sí! - trepó hasta el hueco de la ventana agradeciéndose a sí misma haberse puesto pantalones aquel día. Consiguió entrar dentro y en la oscuridad, fue tentando hasta que hizo pie sobre algo, al parecer, lo suficientemente estable. En cuanto estuvo de pie en el suelo, Oliver con dos ágiles movimientos la siguió dentro y se situó a su lado. Escuchó como él se separaba, andando unos pasos y entonces se hizo la luz. Se giró hacia él y vio que había encendido el interruptor de lo que parecía una alacena. Se conocía aquella casa a la perfección ya que se había criado allí. Salió de esa habitación con Felicity siguiendole, nerviosa por si alguien los encontraba husmeando y llegaron a la cocina.

- Aquí es, bienvenida señorita Smoak.

Felicity se quedó sin palabras. Entendió al momento que él ya había estado allí, y no hacía demasiado. La cocina era tan grande como todo su apartamento. Pero lo que realmente llamó su atención, atrayéndola como un imán, fue la enorme chimenea que había allí encendida. Delante de ella, una pequeña mesa preparada para dos personas con un bonito mantel de tela blanco, una vajilla apreciablemente cara y dos copas. Sus ojos viajaban del crepitar del fuego, a los detalles de la mesa donde había una rosa preciosa y solitaria en un jarrón de cristal. Su corazón latía deprisa. No sabía que decir. Volvió a mirarle a él que se había quedado quieto dejándola explorar la estancia antes de decir nada. Oliver se moría de ganas de escuchar su reacción. Bajo la atenta mirada de Felicity, se quitó la chaqueta, dejando ver una impoluta camisa blanca que junto con los pantalones marrón claro, le daban un aspecto muy elegante. Ella le imitó, sin apartar sus ojos de él en una inofensiva forma de coqueteo. Se quitó la gabardina y dejó al fin que él se deleitara con su aspecto. Llevaba una sencilla blusa negra sin mangas y unos vaqueros ajustados que terminaban en unos zapatos de tacón que la ayudaban a acortar la diferencia de altura con él. Estaba muy guapa. Oliver le cogió el abrigo y el bolso y los dejo en una silla.

- ¿Que te parece? - le dijo cuando volvió a estar frente a ella.

- Increíble. - que no tuviera más que decir no era propio en ella. Se repuso del aturdimiento de la sorpresa y volvió a ser ella misma, tal y como le gustaba a Oliver. - Pero,¿que se supone que vamos a cenar aquí?¿Has pedido comida? -

- No, voy a cocinar yo. - aquellas palabras de Oliver la dejaron muda de verdad. ¿Acaso él cocinaba? Oliver empezó a reír ante su expresión de asombro. - No lo sabes todo de mi.

- Eso parece. - estaban disfrutando aquella situación hasta que Felicity cayó en la cuenta de algo. - Oh, maldita sea... -

- ¿Que pasa?

- He olvidado coger la botella de vino.

Estaba realmente apenada. Iban a compartirla en aquella cena, como habían dicho. Oliver quiso hacerla cambiar de semblante y dijo rápidamente:

- Tranquila, podemos tomar una copa cuando te lleve de vuelta a casa. - en cuanto lo dijo se arrepintió. Había dado por hecho que Felicity le invitaría a entrar una vez regresaran a su casa y, aunque era lo que más deseaba no tenía que haberlo dicho así. Felicity estaba sonrojada por su comentario pero sin sentirse vergonzosa, se acercó un poco a él y le dijo:

- Bien. - simplemente, sin dejar ver mucho más en aquella palabra. Oliver pensó que quería volverle loco. Sus miradas le decían tanto que no necesitaba palabras, pero ella intentaba torturarlo para que su imaginación volase.

Ambos rompieron el tenso silencio que se había posado entre los dos al pensar en que ocurriría más tarde. Oliver empezó a hablarle de lo que iba a cocinar y se puso manos a la obra, no sin antes servirle a Felicity una copa del vino que había llevado él allí. Ella aceptó la copa y empezó a deambular por la estancia bebiendo un sorbo de vez en cuando. Se acercó al fuego y se quedó unos minutos allí, con la mirada perdida en las llamas y su mente en sus pensamientos. Para Oliver era agradable ese silencio entre los dos, en el sótano habían estado muchas veces solos y en silencio mientras cada uno se ocupaba de su tarea. Con las mejillas encendidas por el calor del fuego, Felicity volvió sus pasos hasta quedar al lado de aquél hombre que la hacía temblar. Apartó un mechón de su pelo colocándolo detrás de su oreja. Oliver la miró de reojo cuando ella empezó a hablar. Mantuvieron una agradable charla mientras él cocinaba sobre, cómo había estado ella a punto de incendiar su apartamento una vez intentando cocinar una receta de su madre; anécdotas de Oliver de cosas que le habían pasado en aquella cocina cómo, que le pillaran a las tantas de la madrugada comiendo helado junto a la nevera o, haber estado allí con su hermana Thea y su nana cenando los tres mientras ella les contaba historias. En todo ese tiempo, Felicity permaneció cerca de él oliendo su perfume, observándole disimuladamente. Nunca hubiera imaginado que se movía con tanta seguridad en la cocina y le gustaba descubrir cosas nuevas sobre él. Le gustaba disfrutar de él sin esa coraza que llevaba a diario. Este era el Oliver Queen auténtico.

Cuando la cena estuvo lista, ambos se sentaron a la mesa. Los platos olían de maravilla, realmente era un buen cocinero. Felicity estaba como en un sueño con el fuego de la chimenea a su derecha y Oliver tan guapo y a la vez nervioso, frente a ella. Nunca un hombre le había preparado una cena de aquella forma y mucho menos, alguien que le importara tanto como él.

- Tienes que enseñarme las fotos que hiciste durante las Navidades. - dijo ella entonces.

Oliver sonrió ante el comentario recordando que ese mismo día las había vuelto a mirar todas y cada una de ellas. Las fotos de todos ellos juntos le transmitían felicidad y después estaba la pequeña colección que pensaba guardar para él de fotos de Felicity en las que posaba o simplemente, miraba a la pequeña Sara con adoración o le miraba a él cuando los demás no se daban cuenta. Y por supuesto, las fotos que se habían hecho juntos y aquella en la que ella le besaba.

- Es el mejor regalo que me han hecho nunca. - dijo Oliver pensando en la cámara de fotos.

Siguieron cenando mientras charlaban de cosas sin importancia hasta que llegaron al postre. Felicity se había ido poniendo poco a poco más nerviosa por las miradas que él le dedicaba. El vino estaba ayudando a que los dos se dejaran llevar y la atracción que sentían iba incrementándose con cada pequeña insinuación. Felicity había rozado sutilmente la pierna de él con su pie y Oliver, al levantarse para llevar el postre a la mesa, le había acariciado la mano.

- Felicity... - ella le miró atenta. Oliver le transmitía tranquilidad y la hipnotizaba con sus ojos azules. - estas preciosa hoy. - ella se sonrojó mientras él se preparaba para lo que quería decirle. - Yo, se que no suelo hablar mucho sobre mis sentimientos... - ella esperó, en su cabeza se mezclaban su voz con los latidos de su corazón. - lo que quiero decir es, primero, que cuando hace unos meses te dije que no podíamos estar juntos, siento si te hice daño. Yo me asusté ante la posibilidad de perderte...

- Lo sé. - ella acercó su mano a la de él en la mesa y Oliver rozó sus dedos.

Oliver se pusó más serio, las palabras no le salían, había tanto que quería decirle sin que fuese demasiado para ese momento. Así que, en lugar de seguir hablando, se levantó y antes de que Felicity pudiese decir nada, la cogió de la mano con lo que ella le siguió.

- Baila conmigo. - le dijo aproximando sus cuerpos.

- No hay música. - Felicity, sorprendida, esperó un instante sola en medio de la cocina cuando Oliver se aproximó a un pequeño reproductor y lo encendió. La música empezó a sonar y ellos bailaron mirándose a los ojos. Felicity decidió ser valiente y hablar ella.

- Seguramente ya sabrás que tu me gustas desde hace tiempo. - estaban muy cerca. Felicity había bajado la mirada al decir aquello timidamente pero cuando lo dijo, volvió a mirarle, expectante. Oliver saboreó esas palabras mientras se perdía en los ojos de ella. - haces que me tiemblen las piernas cuando me miras así. - él le sonrió y apretó sus brazos alrededor de su cuerpo.

- No te dejaré caer.

Sus miradas estaban atrapadas, no veían nada más que el deseo del otro. Una corriente recorría el cuerpo de Felicity al sentir a Oliver tan cerca. Desde la cena de Navidad no dejaba de pensar en volver a estar así con él. Pero el momento, silencioso, se alargaba. Seguían moviéndose, guiados por él, balanceándose al son de la música. Oliver quería seguir escuchando las palabras de Felicity, pero aquel momento era tan perfecto. Nunca se había sentido tan compenetrado con una mujer antes. Con ella era todo sencillo, no tenía que actuar de ninguna manera, tan solo era él mismo. Felicity siempre le había aceptado tal y como era, con lo que sabía de él y con sus secretos. Y él había ido descubriendo poco a poco en ella a alguien en quien confiar, una amiga, una compañera. Sus sentimientos hacia ella se incrementaban cada día al comprobar lo valiente que era, al escuchar sus parloteos... A pesar de sus años de juventud con tantas chicas, de haber sido un niño rico y guapo que sabía que lo era, cada vez que ella le había hecho notar que le gustaba, que le parecía atractivo, una sonrisa aparecía en su rostro de sorpresa. Ella decía lo que pensaba sin esconderlo, aunque después se arrepintiera y eso a él le enloquecía. Ellos eran muy diferentes, sus vidas lo habían sido y que ella viera la luz que había en él, era lo que le daba fuerza para continuar. Para ser mejor para ella. Y allí estaba, dispuesto a dar un gran paso.