Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de Las Inadaptadas (Vicky y Josita en este caso.)
xoXOXox
Capitulo 03
Martes 8 de septiembre
Arthur se levanta temprano para preparar cuatro almuerzos porque su hijo menor se lo pidió y él es feliz de que tenga amigos. Así que con su delantal puesto maldice mientras se le quema el tocino, cuando el tomate no copera y se corta irregular, cuando el agua se le quema y el pan no se dora lo suficiente. Aún así, empaqueta el resultado (a eso no se le puede llamar de otra forma) y con una sonrisa, se limpia el sudor de la frente.
Su pequeño maleducado lo va a amar. Se quita el delantal y se va silbando muy contento algo de Queen hasta su cuarto.
En ese momento, el mayor de los gemelos que se llama Mathew y va a una escuela diferente, se va a la cocina con andar ninja aunque no lo necesite mucho y cambia el contenido desastroso de la lonchera por algo que él mismo preparó antes que su padre. Y este es el pan de cada día.
—Good morning! —saluda Alfred desde atrás del mayor, listo para irse. Mathew da un brinco y casi deja caer los sándwiches.
—H-Hi! —responde dándose vuelta con el corazón a punto detenerse y le pasa la lonchera esperando que no le haya visto —, ¿no vas a desayunar?
—No! ¡Debo ir por Iván! —mete la lonchera a su mochila y toma lo que ve por ahí, un par de galletas, un jugo del refrigerador y helado —. Bye dad!
Arthur grita "¡Mamaaaaa!" desde su cuarto, súper entonado y feliz ahora gritando la canción y así se enteran que no le escuchó.
oxOXOxo
Felicia se levanta más temprano que Chiara y eso es sumamente raro siendo que ambas no madrugan por nada del mundo. Se recoge el pelo y con los ojos entrecerrados por el sueño prepara sus ingredientes.
En la cocina sólo se escucha el típico repicar de cucharas sobre ollas y un aroma delicioso. Aroma que llama a la mayor de las hermanas, que aparece en la puerta totalmente perdida.
—Sorelaaaa~ miraa~ he hecho el almuerzo —le sonríe al verla —. Es genial, ¿no te parece? Es pasta Alfredo —le muestra los 5 almuerzos.
—¿Y para qué hiciste tantooo? —pregunta sin agresividad porque está medio dormida aún, metiendo un dedo en una de las almuerceras.
—Hoy voy a almorzar con los chicos y no confío que me lleven algo rico así que decidí hacer comida~
—Ah... —se da la vuelta por donde vino y no le presta más atención.
oxOXOxo
Por otro lado, Iván empaca en su lonchera los sándwich y las galletas que horneó su hermana mayor especialmente para ese día con una sensación extraña en el estomago. Ella llora de felicidad porque su dulce hermanito va a compartir las galletitas con otros niños.
Nataliya le mira con ansiedad e intenta saltarle encima.
—Hoy será un buen día —se dice para sí mismo, poniéndose su mochila y volviéndose a su llorosa hermana mayor. Mira con temor a la menor —. Nos vemos en la tarde hermana, gracias por las galletas.
—Qué te vaya bien, Vanya —lo despide ella en la puerta, reteniendo a Nataliya para que no lo siga.
Iván asiente y sale corriendo para huir de la pequeña de la casa lo más pronto posible. Nataliya griiiiita que la lleve con él a la escuela, que se va a portar bien y que lo quiere mucho. Berrinche de niña de cinco años. Porque esos son los que tiene.
Alfred se detiene frente a la casa del ruso luego de una briosa caminata. Levanta las cejas ante los berridos de la niña y suelta un gritillo ahogado cuando Iván se lo pasa llevándoselo, más enfocado en huir que en quien estaba al frente. Se le agarra del abrigo para no caerse.
—¡No puedes venir, eres pequeña y debes ir a tu jardín! ¡Ah! —nota apenas al chico — Lo siento no te vi, ¿estás bien? —le pregunta con una real expresión de preocupación.
Alfred tiene el corazón en la boca porque sintió que lo arrollaba un autobús. Asiente y sonríe.
—Dude! ¡Casi me envías a mejor vida! No es que puedas, soy invencible, ¿Quién es ella? —señala a la niña que ahora está llorando.
—Ellas son mis hermanas, la que llora es Natalyia y la mayor es Katyusha —le dice mientras la mayor le sonríe a ambos chicos y se despide con las manos porque debe entrar a la pequeña que no dejará de llorar.
—HELLO KATYUSHA AND NATALIYA! ¡YO SOY ALFRED! —grita el menor, saludándolas con la mano también.
Nataliya le lanza una mirada asesina, nadie sabe por qué.
—Mejor vámonos o será insoportable —y la pobre niña es la única persona que lo adora con el alma y él la ignora. Toma a Al de la mano y sale casi corriendo hasta la esquina de la cuadra. Al se deja arrastrar, siguiéndole bien el ritmo.
—¡Vas muy rápido! —se ríe sin importarle mucho lo de la mano, porque no le parece raro, con su hermano dormían juntos hasta hace poco.
—Lamento eso, pero no sabes cómo es —le suelta y sigue caminando.
—¡Pero si es una niñitaaa!
—Es por eso, mi sestra es demasiado apegada a mí, todas las mañanas es un problema ir a la escuela porque se me pega y no me deja salir. Llora, muerde, araña, patalea, hace lo que quiera con tal de ir conmigo. Y si mi hermana mayor la toma en brazos o cierra la puerta, se escapa por las ventanas o llora hasta que vuelvo —esta es la línea más larga que va a decir. El pobrecito necesita un tanque de oxígeno.
Al se impresiona por toda la frase y luego se echa a reír, divertido.
—Es que te quiere. Algún día la llevas y se dará cuenta de lo aburrido que es la secundaria. Así ya no hace más para ir contigo —luego se queda callado, pensando que a él le gustaría estudiar en la misma secundaria de su hermano gemelo y por eso entiende a la niña.
—Pero no puede llevarse, es pequeña —él también la quiere pero no puede con tanto amor.
—Cierto —asiente el menor —, aunque la puedes dejar en la enfermería o en un casillero —y se echa a reír el muy tonto.
—No creo que se separe de mí —ríe suavemente por las ideas del chico.
—Awwww —suelta Al, que obviamente NO sabe lo intensa que es Nataliya.
—Es insoportable… pero linda.
—Iván quiere a su hermanaaaaa —pica Alfred y saca un helado de su abrigo, empezando a comérselo.
—Eh… —se sorprende de que sacara un helado de ahí y se le queda mirando.
Al sigue en plan ñam ñam comiéndose ahora un segundo helado, debe tener varios porque son mini sándwich.
—¿Cómo haces para guardar todo ese helado ahí?
—¿Mmm? ¡Pero si es poco! —le voltea a ver, todo embadurnado de chocolate. Y es que con lo que corrieron le dio algo de sed y este es medio glotón —. ¿Quieres uno?
—Oh, da. Me gusta mucho el helado.
—Oh, man! ¡A mí también! —le pone dos en la mano —, me gusta mucho el de chocolate y el de vainilla, pero en mi casa siempre hay de ron con pasas, a mi papá le gusta ese, a mí hermano el de vainilla también, pero le pone mucha miel de maple y eso ya no parece un helado, ¿te gusta? —le pregunta, comiéndose ya un tercero.
—Me gusta el helado de chocolate —recibe los dos helados —. Mi sestra también le gusta el helado de vainilla y la pequeña siempre come el mismo que yo.
—¡Hay muchos sabores! Tienes que probarlos todos, dude, es una regla antes de moriiir —aire solemne, cuarto helado.
—Está bien, me gustan mucho los dulces —y diciendo esto llegan a la escuela.
Al sonríe y en un segundo, a lo lejos, se nota como un Masseratti o como se escriba, viene tan rápido que parece Fast and Furious o que no tiene frenos. Siente como su vena heroica se activa así como el sentido arácnido y empuja a Iván, cayendo ambos al suelo. Con gritito y todo.
El auto derrapa y da un giro completo, quedando pulcramente estacionado junto a la entrada. De él se bajan las dos italianas, una con cara de felicidad y la otra muy seria. Pero ambas radiantes como si eso no acabase de pasar.
—¡Veee~, chicos! —grita Felicia al encontrarles. Chiara mira todo con desaprobación y temor.
Alfred tiene abrazado a Iván de los hombros, en el suelo, haciendo que llora y gritando que el ruso era muy joven para morir. Al escuchar a Felicia corta el drama y la saluda, sin soltar al mayor. El ruso aun no sabe qué ha pasado y se queda en los brazos de Al sin ningún problema.
—Chicos, ¿qué hacen en el suelo?
—¡Es que casi lo atropellan! —exclama el Al, abrazándole más y meneándolo como si fueran unas maracas, no sé cómo no se ha vomitado el otro.
Chiara hace cara de asquillo mientras por fin Iván sale de su mundo, parpadeando y viendo a un montón de personas a su alrededor.
—Privet, no sé qué paso.
—Jajajaja, eso no es cierto. ¡Nuestro abuelo maneja muy bien! —se ríe la menor de las italianas.
—¡Qué el abuelo de Felicia casi te atropella y yo te salvé! —le mira a la cara y se nota demasiado cerca. Se sonroja un poquito, sintiendo el aliento del mayor en su mejilla. Se separa.
—¡Mi abuelo conduce NORMAL! —chilla Chiara y se esconde tras Felicia.
—Ah, gracias por salvarme —agradece Iván, bajito, sólo para Alfred.
—Oh, vamos —Feli toma a su hermana del antebrazo, restándole importancia —, pero debemos entrar ya o llegaremos tarde, y que quede claro que mi abuelo es el mejor conductor que existe.
El ruso se levanta junto con el americano y los cuatro entran a la escuela. Alfred ni siquiera se detiene a protestar mientras que más adelante se ve a varias personas tiradas por un infarto próximo.
Mientras los chicos se alejan el abuelo de las italianas se despide con las manos haciendo drama porque sus niñas están muy grandes y van a la segundaria y ahí se queda unos buenos minutos antes de ir al trabajo.
oxOXOxo
Alfred siente una presencia desde que se separó de los mayores, mas no ve a nadie con su súper poder.
—No puedo creer que en verdad tenga amigos y todos son muy raros —le dice el albino a su hermano.
—Felicia no es... —y se calla, porque sí que se lo parece, pero quiere defenderla.
—Pero nunca antes lo había visto con alguien —sigue Gilbert, medio ignorándole —. Vamos a seguirlos West, ¡hasta que entremos a clases!
Y se van los dos en puntitas.
Al sigue con el trauma pero no se voltea, hablando animadamente con la italiana sobre el helado y que Iván es grandote y tiene dos hermanas.
—No parece de las personas que les gusta el dulce, veee~ —la chica suelta una risita — ¡Y se ve que quiere mucho a la pequeña según lo que me cuentas!
—¡¿Verdad?! Aunque sólo lo conocí ayer me parece... —y se queda callado al sentir la misma presencia. Se da la vuelta, distrayéndose —... adorable... —ni siquiera se da cuenta de lo que dijo.
La italiana lo mira suspicaz, ella sí dándose cuenta de lo que dijo.
—¿Lo oíste, West? ¿Apenas se conocieron ayer y le parece adorable? ¿Ese oso gigante? El caso es que seguramente estaban juntos en el baño, este awesome ser no se equivoca nunca —infla el pecho.
—What? —Al no entiende la mirada de la chica.
Ludwing mira a su hermano y luego a los menores, le parece tonto y sin sentido que dos chicos estuvieran en un baño encerrados, hace los ojos en blanco.
—¿Para qué rayos estarían ellos ahí? —porque es un chico muy serio y no tiene imaginación para esas cosas.
—Nada —le sonríe ella.
—Pues West, cuando dos personas se meten a un baño es para hacer eso —dice con mucha seguridad pero luego agrega no muy seguro —, bueno eso es lo que me dicen Francis y Toño.
—¿Hacer qué? —pregunta el que no sabe cómo hablar normalmente con una chica sin poner cara de ogro.
Alfred entrecierra los ojos y se echa a reír, entrando al aula.
—¡Pues eso! —le responde como si fuera obvio —. ¡Maldición, ya entraron a clase! Deséame suerte bru, iré a investigar más de cerca al gigante.
—¡No... ! ¡Argh!
Pero el albino no le escucha. Lud se pasa una mano por la cara y decide que luego hará algo, o que se rendirá, luego que él no es cobarde.
oxOXOxo
El albino entra silbando a clase como si nada pasara pero con su sed de respuestas y curiosidad activadas.
—¡Tony! ¡Francis! ¿Qué tal chicos?
—¡Hola tío! —lo saluda el moreno con su deslumbrante sonrisa.
Francis, que está sentado en las piernas del español sin que nadie piense que es extraño, saluda también al alemán.
—¡A que no adivinan quien ha hecho un awesome trabajo de espía!
—... ¿Tú? —le sonríe el francés.
—¡Claro! ¿Quién más? —ojos en blanco, pose orgullosa —. Encontré algo muy interesante.
—¿Qué encontraste esta vez? —pregunta el español. Francis abraza al moreno y le pone toda su atención al albino.
—El gigante sí que tiene amigos. Pensé que los extorsionaba o algo pero al parecer se unieron a él por su cuenta —dice muy seriamente —. Lo vi con un par de chicos de primero —asegura.
Fran mira a Gil con las cejas levantadas, se gira a Antonio y es que no lo cree.
—¿Estás seguro, mon amour?
—Claro que sí, ya que ustedes no me creyeron lo he estado espiando con West. Ayer a la salida muchos los vieron, estaban los tres hablando muy animadamente y esta mañana también venían juntos.
Se hace un silencio mientras asimilaban la información. Puede que todo el asunto sea muy tonto, tanto escándalo porque un niño esté haciendo amigos. Pero no se trata de cualquier niño. Sino de Braginski, que no habla con nadie y se desaparece en los almuerzos. Son tres años de verle así.
—Y... ¿conocemos a alguno? —pregunta el francés.
—Mmm… Está la chica italiana a la que siempre intenta hablarle West —no conoce nada del otro chico.
—Ah, ¿la chica que tiene una hermana ruda pero linda? —pregunta Antonio, feliz sólo de pensar en ella.
—La chicaaa rudaaa que le gusta a Toñoooo —pica Francis.
—Es muy mona —se ríe, sonrojado.
—Y le parece monaaaa —se levanta y abraza a Gil, haciéndole ojitos, imitando lo que hace Antonio al verla.
El alemán se pone nervioso porque no está acostumbrado al contacto a pesar de haber estado toda la escuela con este par.
—Pero en verdad es muy mona —sigue el español sin enterarse.
Francis se ríe de la cara de su amigo y se le repega más. Al instante se queda viendo hacia la puerta con una expresión de desconcierto.
Iván entra al salón porque hizo un desastre en su casillero y no pudo arreglarlo antes de que el pruso llegara. Tiene la típica sonrisa que aterra a todos; al parecer no a Alfred; y se sienta lentamente en su puesto.
—En verdad no puedo imaginar a alguien con él —dice el español, que se sentó recto al verlo. En su voz se reconoce un poco de lastima.
—Ni yo —murmura el rubio, viéndole evaluadoramente —, ¿y si le hablamos?
—¿Estás loco? —pregunta el español. Por más lástima que sienta por él, siempre está el hecho de que ese niño le pone los pelos de punta.
—Es una awesome idea, por eso eres mi awesome amigo —declara Gilbert, pero es otro que no irá solo, aunque lo niegue.
—Ya que fue tu idea, adelante —dice el moreno para Fran, suspirando.
Francis hace un mohín porque por lo general, es Tony quien le sigue a la primera y sin chistar, pero bueno, podía comprenderlo, el eslavo era de temer.
—Vamos —agarra a Gil del brazo, usándolo de escudo hacia el pupitre del ruso.
Ambos se van hacia el ruso y el español los sigue, pero se quedándose unos pasos más atrás que ellos.
—Hey, Iván —lo llama el alemán con voz grave para infundir respeto, según él.
—Ah… —los mira fijamente a los tres.
El ambiente se pone tenso de la nada, haciendo a los tres amigos querer largarse de allí y salir de la aplastante mirada del eslavo. Se puede escuchar de fondo el soundtrack de El bueno, el malo y el feo. Iván, por su lado, no entiende qué hacen frente a él esos chicos que nunca le hablan.
—Privet —saluda al final y le sale muy serio.
—Eh... —el francés se acomoda aun más detrás de la mole llamada Gilbert —, bonjour.
—Privet —saluda otra vez, poniéndose nervioso con ese asunto que es entablar una conversación.
—Me llamo Francis y este aquí —acaricia a Gil en la mejilla —, es Gilbert. Y el de aquí atrás, Antonio.
Al instante el francés se siente tonto. Han estado por lo menos esos tres años juntos y no habían hablado nunca. No deja de sonreír igual.
—Yo soy Iván —él obviamente sabía sus nombres, pero no distinguía cual era el de cual.
—Ah, sí, yo te llamé por tu nombre —aclara el alemán con una mano en la cabeza, queriendo gritarle que es un tonto y raro.
—Ah, es cierto —se sorprende, desviando la mirada al francés, descubriendo que tiene los ojos como los de su nuevo amigo. Se queda fijo en él.
Esto hace que le den escalofríos a Francis, sonriendo forzadamente.
—Eh... —Fran se gira al español y le hace una señal para que se acerque, carajo —, nunca hemos tenido la oportunidad de hablar... adecuadamente.
Nada que ver con que le tienen miedo, no señor, tampoco con que tengan ganas de chisme. Lo que pasa es que ellos son muy sociables.
—Niet, no hemos hablado —se pregunta si este es el año en que podrá hablar con todos.
—Alors, ¿cómo estás? —sale de detrás del albino y jala una silla, poniéndola al frente del ruso.
—Bien —responde el ruso sin saber qué quieren.
El pruso hace lo mismo que el galo y se sienta a su lado. Antonio se sienta con Francis y los tres quedan frente a él.
—Hola —le saluda el español que no se quería acercar hasta que vio como miró a su amigo francés. Instinto de protección.
—Privet —y si no dicen más se quedarán en un bucle.
—Hemos notado que... has hecho nuevos amigos —no sólo "amigos", porque no quiere que se enoje.
—¡Ah! —se sonroja un poco —. Da.
Fran y Antonio levantan las cejas con el sonrojo. Gilbert no entiende por qué se sonroja pero le parece que es algo relacionado con el baño ya que a eso va. Y es lo más cercano a la realidad.
—Notamos también que son niños de primero... —sigue el francés. Antonio lo codea. Francis se ríe —. Y de segundo.
—Da, son de primero —no recuerda si la chica es de segundo pero está seguro que Alfred sí es de primero.
—Oh... —mira a Gil a ver si va a preguntar algo, que estaba molestando mucho con lo del baño y está ahí sólo escuchando. Le pone una mano en la rodilla.
—Eh… ¡oh! —no sabe cómo abordar el tema así que le pregunta directamente —. Y dime, ¿estuviste ayer en el baño del tercer piso al lado del aula de historia?
El ruso se sonroja un poco más. Sabía que los había visto y sabía que era raro no sólo que comiera ahí si no que dos chicos estuvieran juntos y el americano no quería que supieran.
—Mmm... niet —responde después de una laaarga pausa.
—Niet? —repite el francés.
—Niet —vuelve a negar pero inevitablemente se sonroja de nuevo.
Antonio mira a Francis y es que no puede creerlo. Este asiente y le genera conflicto interno el no saber si se sonroja por hacer algo malo o por hacer algo muuuuuy bueno.
Para el alemán, que todo le parece muy simple, cree que el sonrojo es porque en verdad lo atraparon y estaba haciendo algo en el baño, pero para su mala suerte y la buena del ruso en ese instante entra el maestro. Y el profesor Zwingli es de temer.
—Oh, qué lástima, debemos irnos. Hablamos luego —Francis se levanta, llevándose a Toño y pensando que Gil sí que vio algo, pero de seguro NO lo que espera. Quiere averiguar más pero sin el nazi.
oxOXOxo
—Tengo hambre~ —se queja la italiana garabateando en su cuaderno.
Al se voltea un poquito y susurra que él tiene más, pero que tiene helado en el abrigo, que si quiere para mientras.
—Pero ya deben estar derretidos, a no ser de que tengas una nevera ahí dentro…
—Pues... —saca un par de papeles pegajosos que anteriormente tenían un relleno —. Ugh...
—No, en definitiva no voy a comer eso —mira los papeles con repugnancia y después con esperanza el reloj en la pared —. Sólo faltan diez minutos para el almuerzo…
—¡Pero si aun tiene! —se lleva el dedo gordo a la boca para chupárselo —, cool!
La chica se da cuenta que fue una buena idea hacer su propia comida. Aunque baba de él no va a encontrar en lo que prepararon. El buen Matt es muy pro. Al se chupa ahora el meñique y luego metiendo el anular en el abrigo para sacar más helado. Dolor de estómago le va a dar.
El pobre profesor que ya está harto de todo los deja salir cinco minutos antes, igual y no le están poniendo atención…
—… ¡Ya se pueden ir!
Y es como abrir las puertas del infierno. La jauría de adolescentes hormonales sale corriendo como si hubieran escuchado que se incendia el edificio. O que hay pizza para el almuerzo.
Al se levanta y con las manos pegajosas guarda sus libros, dejando todo perdido. Ni acata a lavárselas por irse con la chica a la cafetería, bromeando todo el camino y saludando a varias personas de camino.
Al llegar al concurrido lugar, deja su mochila y lonchera en una mesa apartada, hablando con la chica y buscando al eslavo con la mirada. Felicia busca a su hermana para que almuercen juntas. La encuentra a lo lejos, reticente.
—¡Veee~ sorella! ¡Ven, ven! —le grita muy animada.
Chiara se tapa la cara y finge que no la escucha al principio, pero ahí se va hacia la mesa en cuestión.
—¡Deja de gritar! —grita.
—¡Pero si no estoy gritando! —y la escucha media escuela. Saca las 5 cajas de almuerzo, una para Alfred, otra para Iván, una para su hermana y dos para ella.
—¡Sí gritas! —pero ahí se va, porque con la pasta no se juega.
Alfred ve el almuerzo, ve a las chicas, sonríe y da las gracias pero no empieza porque Iván no ha llegado. Las italianas sí comienzan a comer, cuidado te dejan sin comida porque no lo parece, pero tragan igual que tú.
Por su parte Iván sale del salón con la bolsa de sándwich y galletas pero mientras camina a la cafetería su caminar se hace más lento. Recuerda la manera en que todos le miraron ayer, con horror y asombro por estar con alguien y las preguntas de sus compañeros, sabía que si iba sería el centro de atención y no estaba preparado para eso.
Entre tanto miedo, recuerda la manera en que Alfred le habla sin temor y eso lo impulsa a seguir adelante. Finalmente llega a la cafetería y todos, absolutamente todos lo miran. Se queda de pie en plena entrada, queriendo encogerse dentro de su abrigo y al sentirse intimidado los mira a todos con cara de psicópata desquiciado.
El lugar se queda totalmente en silencio y a lo lejos se escucha aterrizar una cucaracha en una cama de algodón. Al quiere echarse un bocado porque se ve muy rico y además Feli le dijo que llevaba su nombre, así que estaría muy bueno.
Ahí nota el silencio y voltea a todos lados. Nota a Iván en la entrada.
—¡Oyeeeeee! —le llama.
Él lo mira con su misma cara de asesino y se va derecho a la mesa. Al ver esa cara Felicia deja de comer piensa que está enojado y Chiara quiere salir corriendo. Pero con los tacones que lleva puestos no puede y tampoco quiere dejar la pasta ahí.
Al frunce el ceño y se pregunta por qué está tan enojado. Se levanta y pone los brazos en jarras.
—What's up?
El ruso mira arriba y responde:
—El techo.
Felicia se ríe sin poder evitarlo y eso le baja los nervios al ruso aunque este no entiende por qué se ríe. Al levanta una ceja y tampoco entiende, sin cambiar de postura.
—Eh, ¿no preguntas que hay arriba? —mira si no hay algo más que no haya visto. Felicia se sigue riendo como loca —. Privet —los mira a todos y ve una chica que no conoce en la mesa.
—... Eh... No, dude! ¿Que qué pasa? —se echa a reír. Chiara nota la mirada y se encoge de la impresión, mas no deja de verle, desafiante.
—Ah… —se sienta en la mesa mirando a las italianas que están contra la pared dándole la espalda a sus problemas —, hay mucha gente.
—Pues no, lo normal —empieza a comer —, ¿tú qué trajiste? Felicia hizo pasta y lleva mi nombreeeee.
—... Veee~ sí, yo también vi esa mirada, ¡qué miedo! pero por lo que dijo quizás sólo esté muy tenso con la gente, ¿alguna vez lo habías visto antes por acá? —pregunta Feli hablando bajito con su hermana.
—Traje sándwiches y galletas. Las horneó mi hermana, son de chocolate y muy sabrosas.
—No, nunca lo había visto, ¿por qué crees que haya decidido venir?
—Cookies?! —ojitos de corazón.
—Ayer estaban hablando de un sándwich que se arruinó y Alfie tuvo la idea de intercambiar almuerzos supongo que es eso.
—Da, las galletas y todo lo que cocina mi sestra es maravilloso.
—¿Ayer? No los había visto hablar antes...
—Yo traje sándwiches también pero Felicia no quiere, así que vamos a comerlos sólo tú y yo.
—Ayer se conocieron, me lo contaron a la salida antes de que me llevaras.
—Che? ¡Pero parecen muy cercanos! —levanta las cejas y vuelve a ver.
Alfred le está dando un sándwich al ruso mientras le sonríe.
—¿Verdad que sí? —suelta una risita —, ¡Oh! ¡Y esta mañana Alfie dijo que Iván le parece adorable!
Iván le da una mordida y asiente, diciéndole que sabe bien pero que es mucha comida.
—Y creo que es cierto que lo ve adorable porque fue algo que dijo sin darse cuenta —sigue la italiana que ya va en su segunda caja de almuerzo. La mayor de las chicas está sin habla, vamos, que ellos no se ven así... Y es que es lo primero que se le viene a la cabeza.
—¡Es poca! Pero si quieres, puedes guardarla para más tarde —dice Al comiéndose el sándwich que le dio el mayor.
—¿Crees que... ? —dice Chiara, viendo a la menor con una mirada cargada de sentido.
—Sí, yo creo veee~ —responde metiéndose una gran cucharada de comida a la boca.
—Oh por San... —abre los ojos... Y es que Chiara no está escandalizada porque sean hombres... Que el amigo del chico que le gusta es bien, BIEN homo (hablamos de Francis.) Pero es que... Es Iván el aterrador y un pobre niñito de primero y...
Iván se ríe naturalmente cuando la boca de Alfred se queda toda embarrada de salsa después de darle un mordisco a su sándwich. Felicia mira su hermana y le dice en un susurro que el ruso es diferente cuando está con el americano.
Chiara es que desde que está en la secundaria, nunca lo ha visto sonreír y ahora está ahí viendo al niño como si fuera un cachorrito. Alfred se ríe con él, pero no se entera del porqué.
oxOXOxo
¡Muchas gracias por leer! Espero que les esté gustando :3
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¡Actualización cada domingo! aunque hoy es la exepción XD
