Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de Las Inadaptadas (Vicky y Josita en este caso.)
xoXOXox
Capítulo 07:
Miércoles 09 de septiembre.
Nataliya se despierta antes que sus hermanos mayores, a eso de las 5:45 de la madrugada. La variedad de posibilidades de lo que podría hacer ahora que de seguro su hermana aún está dormida azota su infantil cabecita y con una sonrisa picara se baja de la cama. Cruza la puerta y sale al pasillo con el corazón desbocado.
No se escucha nada en toda la casa a excepción de algún grifo mal cerrado o los suaves suspiros de Katyusha. La pequeñita mira a todos lados y corre todo el corto camino hasta su destino. Al llegar a la puerta que quería da un mini saltito de emoción y la abre con todo el sigilo que puede. Que no es mucho.
Iván está tapado hasta el cuello con la cobija y no parece que se vaya a despertar pronto. Nat sonríe y va con pasitos quedos hasta la cama donde duerme la persona que más quiere en el mundo, subiéndose mientras monitorea que el chico no se despierte. Y tiene la suerte que el pobre es de sueño pesado. Le toca la cara y le da un besito en la frente para morirse de amor.
El mayor se revuelve y levanta una mano para tallarse la cara. Ella aprovecha y se le abraza como sanguijuela con los ojitos brillantes. Iván deja caer la mano cuando no encuentra nada qué quitar y por inercia aprieta el bulto en su costado. Nataliya se derrite. Y es que por lo general debe obligarlo… y… best day ever.
Se queda frita al instante.
La hermana mayor se levanta una hora después y lo primero que hace es ir por la pequeña, porque le conoce todas sus maromas. Camina hacia el cuarto pensando en la novela de la noche y la cena y que se olvidó de comprar algunas cosas. Rememora todas las cosas que tiene que hacer en el día y levanta las cejas cuando no encuentra a la niña.
Se va corriendo al cuarto del chico, imaginando a su pobre hermanito llorando por el acoso de Nat. Y ahí los encuentra, dormidos y abrazados. Sonríe ante la escena y... ¿por qué no? Se acuesta también, haciendo sándwich de niño.
Él feliz, porque se siente calentito y si nada los despierta no harán lo que deben hacer en el día. Pero sí, suenan las alarmas que pone Iván que le dice que es realmente tarde, se levanta bien rápido y casi las tira a ambas de la cama.
—¡Es tarde, es tarde! —se agobia recogiendo sus cosas.
Justo en ese momento, Alfred toca la puerta principal luego de pensarlo tanto y morirse de vergüenza. Se queda con la puerta pegada a la puerta cuando nota que no le abren. Katyusha se despierta con todo el ruido y el timbre. Ve al ruso correr por la habitación.
—¿Qué pasa, es de mañana ya? —se sienta en la cama y toma en brazos a la menor.
—Es muy tarde —las saca a ambas de su cuarto para poder irse a bañar.
Katyusha se va a abrir la puerta con Nat pero esta se le suelta a medio camino, regresando al cuarto de su hermano y abrazándole otra vez.
—¡Suéltame ya, Natalya! No seas fastidiosa, se me hace tarde para la escuela —la regaña, algo muy extraño en él y se encierra en el baño.
La niña le suelta con ese tono de voz, haciendo un puchero y viéndole irse a punto de llorar.
Katyusha baja las escaleras con una paciencia desesperante y al abrir la puerta se encuentra con la cabeza del americano, quien la saluda muy sonriente y le dice que viene por Iván, que ya es tarde.
—Oh, él aún no está listo —mira hacia arriba. Alfred imagina que hacia donde debe estar la habitación del ruso —, pero pasa, ¿quieres desayunar?
—Yeah, claro! —emocionado.
Iván se arregla a contrarreloj y baja por su desayuno. No nota la ausencia de su pequeña acosadora por estar tan apurado. Al de anteojos sí, que está devorando todo lo que Kat le pone al frente. Nat se quedó llorando en el piso de su cuarto. Si abren la puerta, se inmunda la casa con el rio de lágrimas que está soltando; y es que su hermano mayor NUNCA le habla feo aunque lo esté agobiando mucho.
—¡Ah! Alfred, privet —se sienta a su lado.
—Hi! —se sonroja al verle, riéndose como tonto.
—Lamento la demora —dice para la mayor, poniéndose a comer también.
Al le mira de reojo y sigue comiendo. Katyusha trabajando al triple.
—¿Y Nat? —pregunta ella.
—Creo que se quedó arriba —mira a todos lados, sorprendido —. Hay que aprovechar. Paka, sestra —se despide tomando a Al de la mano y sin terminar de comer. Salen corriendo a todo lo que dan.
Katyusha les dice adiós y se va por Nat. Nat R.I.P ya murió de desconsuelo. Al traga lo último y empieza a reírse. Ve la mano, ve al ruso y se incomoda con todo lo que está sintiendo. Hace un berrinche mental ya que al parecer ni la comida rusa le quitó el hambre, le toma la mano aun así y salen corriendo.
—¡Pobrecita! —exclama refiriéndose a Nat. El ruso le mira con eso.
—Ayer te dije como se pone —se siente culpable igual.
—Sí, pero si mi hermano me hiciera lo mismo me sentiría triste —y lo dice porque no la conoce —, deberías llevarla alguna vez.
—No creo, es muy pequeña —cruzan la calle a la siguiente cuadra.
—Bueeeeno, sí. ¿Pero sabes? Yo también soy el pequeño, ¡Pero sólo por unos minutos, eh! Así que la entiendo. Mattie siempre me incluye y es amable.
—No sabía que fueras un gemelo —levanta las cejas —. ¿Tú eres el menor?
—SEP! —se impulsa hacia arriba aprovechando que van de la mano, olvidándose que quería soltarlo y no a la vez. Iván levanta el brazo y lo hala para que vaya más arriba, sonriendo como si fuese con Nat.
Lo bueno es que Alfred aun está, digo, se ve pequeño. En un año van a estar casi del mismo tamaño y como sigan así... Serán el centro de atención. Y eso nos gusta.
Y así, agarrados de la mano llegan a la escuela.
Las hermanas italianas los esperan en la puerta del edificio escolar cada una con su celular en mano y coquetos anteojos de sol. Al divisarlos, Feli le sonríe al americano y le hace señas con las manos diciéndole que es un conquistador. Señas que seguro sólo su hermana entenderá.
Chiara está que se muere de la risa, aunque no se burla. Está feliz. Alfred ve las manos, ve las chicas y se suelta de un tirón, sonrojándose.
—Sestra dice que crecí mucho por el azúcar —cuenta Iván y se sorprende un poco cuando Al le suelta tan de repente. No piensa mucho con ello al darse cuenta de que ya no hay mucha gente afuera.
—Eh… —mira de nuevo a las italianas y se ríe nerviosamente.
—Ya debemos irnos —señala al profesor que siempre está en la entrada y que cierra la entrada principal.
—Oh… yeah —camina hacia las chicas —, ¿almorzamos en el jardín otra vez?
—Da —el ruso sonríe con el plan.
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Iván mira a dos miembros del trío problemático nada más entrar, extrañado con el amplio espacio que hay entre ellos. Porque sí, puede que este niño sea asocial pero distingue más o menos cuando hay algo diferente en su entorno.
Francis mira a Gil de reojo desde una de las esquinas del salón, desconsolado y suspirando mas no va donde él. El albino sigue molesto esperando a que le hablen primero, muy digno él.
Tony, desde la puerta, se mete los dedos entre las hebras del cabello mirando a sus mejores amigos que sufren con la situación. Le sonríe al francés y se sienta junto a él. El muy traidor pensará el alemán pero, Fran es el que necesita más apoyo emocional.
—No me ha hablado —lloriquea el rubio —, ni siquiera me ha vuelto a ver…
El español se vuelve al albino y le encuentra viéndoles de reojo. Levanta las cejas dándose cuenta que no está tan molesto como parece.
—Voy a hablarle, no te preocupes —le da un beso al francés y se acerca a Gilbert con una sonrisa.
El alemán nota que se dirige a él y muy malote, se cruza de piernas y levanta la nariz.
—¡Hola, tío!
—Jum, ¿qué quieres? —se hace el duro pero por dentro se alegra.
—Saludarte —palmada en la espalda y se le sienta en la mesa —, ¿Cómo estás?
Gilbert refunfuña algo sin sentido y se frota un ojo con exasperación.
—¡Esta awesomidad está súper bien como siempre! —saca su orgullo.
—Eso es bueno —sonríe el moreno y se muerde el labio. Le da una miradita a el francés —. Fran no lo está tanto.
—¡Y a mí qué me importa cómo está ese sinvergüenza! —grita y creo que esta es la versión tsundere de Gil porque sí que notó los ojos hinchados.
A lo lejos se escucha a Fran lanzar un gemido. Antonio frunce el ceño y se le acerca mucho.
—Creí que ya habrías entendido lo que él intentaba decirte.
—¡¿Qué quería decirme?! ¡Odio cuando se comportan así chicos, no los entiendo! Siempre con sus misterios y abrazos y besos, ¡no me metan en eso que me agobian! — pero bien que le gusta hacer de Cupido.
—Gil... —vuelve a sonreír —, ¿no prefieres que él te lo diga?
Gil lo mira con cara de cachorro y es que hace rato no peleaban así. Ni desde el jardín de niños cuando conoció a los latinos.
—Creo que él debería decirle a esta awesomidad que es lo que pretende —aprieta la quijada aunque hay que aclararlo ya; este es de los que le gustan que le rueguen pero si no le siguen la corriente, él mismo busca la atención.
Antonio pone la misma cara pero se abstiene de lanzársele, no quiere asustarlo más.
—Anda, está muy triste. Sería lindo si le hablas tú.
—Nein, fue él el que hizo cosas raras…
—Oh... —se levanta de la mesa, confiando en su próximo movimiento —, está bien. Has como quieras.
Gilbert abre la boca y aprieta los puños, se levanta también con un estruendo. Antonio se gira a él y sonríe, contento de conocer al albino y sus ganas de hacer todo bien y primero que cualquiera. El alemán cruza el aula con su silla en brazos hasta donde Francis.
—Hey! —pega el grito y todos le miran, a él no le importa. Pone la silla junto a Fran —, ¿cuál es tu problema? ¿Por qué siempre en vez de decir las cosas las complicas más?
El francés levanta la cabeza y... Tiene unas ojeras de tres kilómetros y el pelo hecho un asco. Se echa a llorar al verle.
—O-oye —alarga los brazos hacia él, rígido y mira a Tony sin entender qué pasa si él fue el que le dijo que al galo le gustaría que le hablara.
Y sí, lo que pasa es que el francés está feliz porque en su cabeza dramática ya se había hecho a la idea que el albino ya no le iba a volver a hablar jamás y sería toda culpa suya. Tony se ríe de su expresión.
—Que está feliz, tío —aclara el moreno, relajándose al verle llorar.
—Gilbert… —lanza gemidito y lo abraza —, ¡Gil!
Él se deja abrazar algo incomodo. Toño le pone una mano a Francis en el hombro porque sabe que eso lo ocasionó todo.
—Lo siento... —se separa —. Gilbert, lo siento mucho por... Lo de ayer. No quería asustarte.
—Yo no estaba asustado —suelta como la mentira más cochina. Fran sonríe y levanta una mano para acariciarle una mejilla. La detiene y la agarra con la otra.
—Lo sé, mon amour. Yo sólo quería... Estaba triste.
—¿Y por qué estabas triste? —mira la mano y frunce los labios.
—Porque implanté una idea en ti. Algo que ni siquiera habías pensado hacer, Gil —se limpia los mocos.
—Una idea… —intenta recordar qué pero el trauma del beso fue peor. Fran suspira y Antonio se encoge de hombros.
—Mira a Iván —le pide. Gilbert lo hace, no sin rechistar como siempre que es algo con el ruso.
—¿Para qué debo mirarlo? —protesta.
—Sólo haaazlo —le pide el español.
Se queda mirando al eslavo mientras una pequeña vocecilla en su mente grita "¡te cae mal!"
—Es por… no sé si… ¿pero es por lo de las pruebas? ¿Y por qué te sientes triste si quiero hacerle daño a él?
—Me pone triste lo que harás para dañarle. Mira Gil... Él, puede que esté empezando algo con otro chico. Puede ir bien o mal. Eso sólo depende de él. Pero tú podrías quitarle la oportunidad regando que es gay. Y eso es como una cachetada para mí.
—¿Porque tú eres gay? ¿Qué con eso? —pone los ojos en blanco—. Él no nos importa.
—¡Porque si yo soy gay y atacas a otros por serlo, estarías atacando a tu propio amigo! —medio grita y le entra ganas de llorar de nuevo.
—Ah… —baja la cabeza, medio regañado —, no vuelvas a llorar por eso, no lo hare si no quieres.
—¡Pues claro que no quiero! —se le echa a los brazos ahora sí —, además, piensa en Lud.
—¿Y qué tiene que ver mi hermano en todo esto? —ahora menos que entiende. Francis lo abraza como mono araña, feliz y por otro lado sin saber cómo vincular esto. Le hace un gesto a Tony.
—Pues tú sabes que a Lud le gusta la niña que es amiga de Iván, la hermana de mi Chiara y no queremos que ella se enamore del chico de lentes. Es por eso que si lo de Iván funciona ella estará libre, por cierto ellos van a hablar hoy.
—Eso —complementa el francés.
—Ok, ¿entonces ayudaremos a West? —sonríe emocionado. Fran le sonríe y asiente.
—En la hora de almuerzo vamos a juntarlos, obvio te vienes, ¿no?
—¡Claro que sí! ¿No han visto como se pone mi hermanito? —dice el experto. Tony se ríe de eso y es que es tan notorio que hasta el albino lo nota. Pobre Lud. Nadie lo toma en serio. — se tensa un montón y empieza a gaguear es muy gracioso
—incluso Feli me contó que ella pensaba que la iba a golpear
—pero si west riega la baba por ella, kesesese ¡ él no le haría nada!
Y así es como peleas dramáticamente y arreglas las cosas de modo práctico. Los chicos bromean un rato más a costillas del menor de los alemanes y se sientan juntos otra vez, todo ok.
oxOXOxo
El ruso, que perdió el interés a la mitad de la discusión del trío y le estaba poniendo toda su atención al profesor, se sobresalta con la vibración y el tono de su móvil. Lo saca de su mochila con todo el cuidado que puedo y se sorprende un poco porque ella no suele llamarlo durante las clases.
—¡A ver! ¿Quién trae el móvil a…? —empieza a protestar el profesor ya listo para asestarle una tiza en la frente al culpable. Se detiene con la palabra en la boca cuando el gigante contesta.
—Privet sestra… Chto!? —grita y medio salón se sobresalta. El resto se muere ahí mismo. Se levanta con una clara expresión de agobio para salir corriendo, dejando todas sus cosas allí.
De inmediato el lugar se llena de murmuros y ni el profesor sabe lo que pasa.
Iván cruza la salida del edificio, llamando la atención de varios alumnos y profesores a su camino. Sin hacerles mucho caso es que sale al jardín rumbo a la puerta principal, topándose con que el portón ya está cerrado.
—¿Qué está haciendo Iván? —pregunta Feli viendo hacia el jardín desde el segundo piso. Alfred da un salto al escuchar el nombre y se asoma. La curiosidad lo mata de inmediato.
—No lo sé —estira el cuello —, cúbreme, iré a ver.
—Oye… no… —intenta detenerle pero el de anteojos hace un acto de escapismo... Con tantos efectos de sonido que la mitad de la clase se entera. Menos el profe, porque es tonto.
Iván sigue frente al portón, desesperado buscando cómo salir. Alfred le ve a lo lejos y acelera la carrera, tropezándose un poquito con los cordones de los tenis pero sin caer. Llega donde el ruso, estrellándosele en la espalda.
—¡Iván!
—¡Ah! —grita porque estaba concentrado y no se lo esperaba, haciéndose un poco hacia adelante por la inercia —. ¡Al! Mi… mi… —se le hace un nudo en la garganta.
—What's wrong? —le nota la cara de agobio.
—Tú me dijiste que me ayudarías, ¿verdad? —y se le encharcan los ojos. Imagínense la escena un chico como de 2 metros haciendo pucheros casi a punto de llorar —. Nat… ¡Natalya está perdida y es mi culpa!
Y ahí sí se nos pone a llorar. Y como Al es medio lentito, se emboba viéndole la cara. Iván se ve tan adorable y él le... le encantaría con la punta de los dedos… a esas lagrimas…
—Wait! The little one? —sale de su estupor con varias sacudidas de la cabeza.
—Da —asiente quitándose una lagrimita con el dorso de la mano.
—Don't worry, dude. ¡Seguro que la encontramos! —le aprieta un brazo —, ¡vamos!
—Pero el portón… —lo señala.
Alfred mira la estructura de metal, no deben de ser más de dos metros. Sonríe agachándose y colocando ambas manos entrecruzadas.
—Come on! ¡Cuando subas me ayudas a mí!
El ruso mira las pequeñas manos del americano con inseguridad mas se impulsa hasta quedar colgando de la orilla. Levanta una pierna con agilidad y se sienta en el portón como si fuese un caballo. Alfred se aguanta el tirón como todo un héroe y levanta ambos brazos para ser halado.
Iván lo sube y luego se deja caer al otro lado, con el niño detrás. Se lanza a correr en el momento que sus pies tocan el asfalto de la vía pública, gritando el nombre de la niña por todo el camino. La esperanza del ruso es que ella fuese a buscarlo al colegio, pero dos cuadras después y no había rastro de ella.
¡Hasta aquí el capítulo de hoy! ¿Les está gustando?
