Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de Las Inadaptadas (Vicky y Josita en este caso.)
Ante todo una gran disculpa por no publicar en dos semanas, surgió algo pero ya estamos de vuelta. Espero disfruten el capitulo.
xoXOXox
La esperanza del ruso es que ella fuese a buscarlo al colegio, pero dos cuadras después y no había rastro de ella.
Capítulo 08:
—No está, Katyusha me llamó y dijo que no la encontraba por ningún lado —se detiene frente un súper mercado con la respiración y el corazón agitados —, ¿crees… crees que le pasó algo?
Al se le apoya en la espalda, resoplando un poco.
—¡No lo creo! Además, no temas, ¡ya sabes que soy héroe y la encontraré! —y por dentro se siente un tanto villano, queriendo ver la cara llorosa del mayor. Se da un golpe en la frente —, ¡sigamos!
El ruso mira con extrañeza lo del golpe pero empieza a correr otra vez, recordando la carita lastimada de la niña esa mañana.
—¡Natalyaaa! —llama por enésima vez a la chica. Al grita también, cruzando a la otra acera y buscando debajo de objetos grandes.
Nataliya camina por un barrio donde nunca había estado antes, querría ir al principio donde su hermano pero este le gritó feo... Así que tomó otra dirección. Pero ahora está perdida y aunque quiere llorar, se aguanta, apretando un bolsito que alcanzó a llevar.
—¡Natalya, izvinite! ¡Regresa a casa, pozhalyusta! —pide casi que para sí el eslavo.
Al le mira y se siente mal por estar pensando en tonterías y… la cara desconsolada de Iván. Aprieta los ojos y decide irse en otra dirección, preguntando por Nat a todo el que se encuentra.
La pequeña llega a un parque donde hay muchos niños jugando en las estructuras de hierro y madera. Los mira durante un rato y luego se adentra pero no les habla, yéndose a sentar bajo un árbol y sacando sus cuchillitos de cocina. Empieza a cortar hojas, llorando ahora sí.
—Al… ¿donde más podemos buscar? —se gira a preguntarle y no le encuentra. Siente que se le seca la boca hasta que lo ve en la calle del frente preguntando por su hermanita, de algún modo se siente feliz entre su angustia.
Alfred asiente a algo que le dice una viejecita y se regresa a donde el mayor.
—No la han visto... —se seca la frente, empezando a desesperarse él también. Iván baja la mirada, asustado —. Pero es una niña, no se pudo ir tan leeeejos solita —intenta reconfortarle.
—Debemos continuar buscando —toma a americano de la mano y sigue caminando, y hasta ahora se da cuenta que eso le da más seguridad. Alfred asiente y pues qué va a hacer, camina a su lado, disfrutando todo y sintiéndose mal por ello.
—Más adelante hay un parque —le aprieta la mano —, ¿vamos? ¿Qué ha dicho tu hermana mayor?
—La ha buscado cerca de casa y en el jardín pero no está por ahí… —hace una pausa —, ella no sabe lo que pasó, yo… le grite a Natalya y por eso se fue —se le encharcan los ojos.
—Oh... —levanta las cejas, valorando si preguntar o no —, ¿qué fue lo que pasó?
—Esta mañana se metió en mi cama, y por eso me quedé dormido más tiempo… ella no me soltaba así que le grité… le dije que era fastidiosa… Yo la quiero mucho pero a veces es muy intensa —se le quiebra la voz en plan "buaaaaa".
El americano se arrepiente de inmediato por preguntar, poniéndose sentimental él también. Le hala del brazo para detenerlo y le mira a los ojos.
—Tú no sabías que esto iba a pasar, Iván —intenta reconfortarle como haría Mathew con él —, no es tu culpa para nada, ok?
—Mmm —le sale una sonrisa medio forzada, medio triste. Obviamente sin creerle nada.
—Don't cry... ¡mira, ya llegamos! —señala el letrero del parque.
El ruso mira el parque desde afuera con expresión angustiada. Al lo empuja del brazo para entrar de una vez, encontrando a varios niños jugando en los columpios y sus madres cuidándolos desde las zonas verdes. Algunas de ellas cuchichean y señalan a otra madre que está de cuclillas a lo lejos.
Esta se gira a ellas encogiéndose de hombros, caminando hacia ellas y mirando de reojo de vez en cuando.
—Dice que no está perdida, que van a venir su hermano por ella o algo así —cuenta la mujer al llegar donde las otras madres.
—Pobrecita —dijo una de ellas, inclinándose para ver. Iván imita el gesto con la garganta seca de pura angustia.
—¡Natalyaaaa! —grita al verla.
Ella mira a todos lados reconociendo la voz de su hermano mayor. Deja en paz la carnicería vegana, su cuchillo y entre las lágrimas —que había reprimido para que esa mujer molesta se fuera de una vez— le ve. Se levanta y se echa a correr, olvidándose que está molesta.
—¡Vanya! —chilla.
Él corre también hacia ella y la carga en cuanto sus manos tocan los pequeños brazos de la niña. Sonríe con alivio al estrecharla contra él. Natalya le abraza de vuelta y le dice que ya no se va a meter a su cuarto pero que no la deje de querer, todo entre balbuceos e hipidos.
Es una escena conmovedora la que le toca ver a Alfred. De hecho, el americano sonríe con ello, limpiándose la mejilla de... Barro. Ajá.
—Vamos a casa, sestra está muy preocupada —dice el ruso acariciando suavemente la cabeza a la niña. Ella asiente queriendo regresar a su casa y a la vez… querría pasar más tiempo con él.
Al se les acerca y le pone una mano en la cabeza a Nat sin detenerse a pensar que tal vez está rompiendo la atmosfera o algo. Ella le mira primero llorosa pensando en su amoroso hermano y después, al notar que no es él, se quita la mano de una palmada. Iván se tambalea un poco con la fuerza del manotazo.
—Nat! —le toma la manita sin agresividad —, él me ayudó a buscarte… no lo trates mal, pozhalyusta.
La niña hace un mohín contrariado y frunce el ceño hacia el americano. Este le saca la lengua en un gesto muy infantil sin estar enojado por el golpecito. Nataliya se lo toma a pecho y nunca en su vida se lo va a perdonar.
—Regresemos a mi casa, no creo que podamos ir a la escuela ya —decide el ruso pero Al no le escucha, molestando aun a Nat —. ¿Al?
—¿Eh? Ah, sí. Vamos —y piensa que sí, si regresan, los castigan. Y si los castigan, a él para ser precisos… Su papá… de seguro lo regañará.
Iván hace el amago de soltar a la pequeña, mas esta, reconociendo el gesto se le abraza del cuello y no le deja ir. Él sonríe incomodo pero no se la despega, dándole el gusto. La carga todo el camino hasta que en un momento suspira con fuerza.
—What's going on? —levanta las cejas el de anteojos, que fue sacado de sus ensoñaciones.
—Me estaba ahorcando… —explica el ruso mientras se acaricia la nuca —. Se durmió.
—Mmm… —entrecierra los ojos —, ¿el amor duele?
El ruso suelta una pequeña risa, que hace sonreír a Alfred.
—Gracias, Al —Iván se detiene y extiende una mano hacia el menor.
—Eh… Why? —la toma sin pensarlo dos veces. Al instante la siente húmeda y pegajosa contra la del ruso.
—Por ayudarme, yo... yo solo no podía encontrarla…. Spasibo —y la sonrisa que le regala es la más natural y bonita que ha puesto nunca. La boca de Alfred se abre en un vergonzoso "eh…". Iván inclina la cabeza porque no responde.
—Ya… Ya te había dicho que era mi deber —logra decir sonriéndole de vuelta, sonrojado.
oxOXOxo
—Vanya! Nataliya! —una muy llorosa Katyusha les abre la puerta al verles llegar desde la ventana.
Iván se queda viéndola culpable con la mano extendida hacia el picaporte. La chica, que está desquiciada de la preocupación, se les abraza como anaconda llorando más fuerte si es posible.
—Lo lamento, fue mi culpa sestra —le dice él con pesar, siendo ahorcado otra vez. Alfred se queda detrás de ellos, intentando con todas sus fuerzas darles intimidad.
—Ay Vanya —le dice en el abrazo —, no te culpes. Ella está bien y tú estás bien y ya están en casa…
—Es que la traté mal —le pican los ojos —, no se hubiera ido…
—Ya, está bien —le mira y sonríe. Pone una mano en la mejilla de la pequeña —, llévala a su cama, debe estar muy cansada.
Iván asiente y se vuelve al americano.
—¿Me esperas un momento? —le señala un sillón en la sala.
—Yeah! Don't worry —entra a la casa, sacando una galleta de su bolsillo. Se pone nervioso al ver como Kat detiene a su hermano antes de que se vaya para darle un beso en la frente.
Iván sonríe y se pierde en el altillo de las escaleras. Al se les queda viendo, tragándose otra galleta a pesar de que todas sus cosas están en la escuela. Katyusha se gira al menor en cuanto se quedan solos en la sala.
—Muchas gracias a ti también —le dice dulcemente, arrodillándose frente a él. Alfred se gana un beso también.
—No… Yo no hice nada… —replica modestamente, un poco incomodo porque en su casa no son gente de besos.
—Claro que sí, eres muy querido por mi Vanya —suelta como si nada, haciendo ahogarse al niño —. ¿Te gustaría comer algo?
Alfred asiente con la cara completamente roja al tiempo que Iván regresa, sentándose a su lado en el sillón y le mira con total agradecimiento. El menor suspira porque al parecer no van a dejar de agradecerle.
—Ya te dije —bocado —, que está bien.
—Da…. —se mira las manos —. ¿Quieres… conocer la casa?
Al con media galleta en la boca se encoge de hombros y asiente. Agarra dos galletas más y se la tiende al mayor. El ruso la acepta y se van al recorrido como hámsteres, con los mofletes inflados.
Iván le muestra absolutamente toda la estancia y si es posible hasta la pelusa de debajo de los muebles, porque nadie nunca ha ido a visitarle y está emocionado. Al mira todo y le pregunta cosas, comiendo y dándole empujoncitos mientras se ríen como tontos. Al final entran al cuarto de ruso.
No hay mucho en realidad en él: la cama, un estante con libros, una computadora antigua reposando donde seguro es el escritorio de Iván y unos cuantos posters de bandas rusas en las paredes. Alfred reconoce apenas a t. y se detiene frente a otro que dice "The Slot". Sonríe y como buen curioso lo mira todo, dado saltitos hasta pegar la carrera hasta la cama. Da un clavado, riéndose.
El ruso lo mira y se sienta en la silla del escritorio, al parecer a todo el mundo le gusta su cama. No, no es la cama, es el dueño. Al se sienta, agarra una almohada y se la arroja en toda la cara. Se pone a reír como enajenado cuando Iván no la esquiva, parándose en la cama y empezando a saltar.
—Haaaa!
—Te cuidado, las tablas pueden caer —advierte mientras recoge la almohada. Sí, ya le ha pasado.
—¡Qué se van a caer!
Katyusha, en el primer piso, se pregunta si estará temblando.
—Sí se caen.
—¡Qué no! —y justo lo dice cuando las tablas se resbalan de sus posiciones por tanto salto. Se caen con todo y niño. Lanza un gritito, quedando todo torcido.
—¡Al! ¿Estás bien? —se acerca a él.
Katyusha está ya bajo una mesa pero luego escucha los gritos de los niños y se sale. Falsa alarma.
—Noooo...
El ruso lo revisa y se da cuenta que no tiene nada destrozado. Al le mira todo acelerado por el susto, le da la risa floja. Hace a levantarse del agujero dónde quedó pero por la risa no logra más que impulsarse hacia adelante y volverse caer. A Iván se le pega un poco la risa y le ayuda a levantarse.
—Siempre se salen, ¿por qué no me creíste?
—¡Es que se veía fuerte! —le sonríe, un poquito tontito con la risa del ruso.
—Da, suele engañar a la gente, a Nat le pasa mucho. Y si me siento fuerte yo también me caigo —cuenta. Al se ríe de eso.
—Pues qué cama tan débil.
—Jugaba mucho en ella, así que la rompí —se pone un mano en los ojos, avergonzado.
—A mí papá no me deja, así que Mattie me cubre cuando quiero jugar —mira el gesto y le parece adorable.
—Parece un buen hermano —le cambia el rostro, recordando a Nat.
—Lo es —y le nota la cara, poniéndose nervioso —, dude! ¡Ahora que despierte jugamos con ella y la llevamos a la escuela otro día y a que conozco a Mattie! ¡Seguro le gusta!
—No puedo llevarla a la escuela, ella va al jardín y sería difícil de cuidar. Pero si podemos ir a conocer a tu hermano.
—Bueh —sonríe —, ¡y de paso vienes a jugar!
—Da —y tienen como media hora de estar de pie a lado de la cama.
Al se sienta de nuevo, yéndose al hueco otra vez. Estalla en carcajadas porque es muy distraído.
—¡Hay que acomodar esto, Iván!
—Da, levántate.
El menor se ríe y estira las manos para que le ayude. Iván lo levanta como si nada porque no le pesa casi nada y se pone a arreglar la cama. Al se siente como un peluche de las máquinas esas para sacarlos. Se sienta en donde el mayor estaba antes.
—Aun tenemos que ir por las cosas a la escuela —cae en cuenta. El eslavo acomoda las sabanas y las almohadas y se sienta en el borde de la cama con sumo cuidado.
—Es cierto, ¿crees que no haya problema?
—Mmm... No lo sé... ¿y si nos castigan? —carita de perrito —, no quiero que me castiguen...
—No es bueno que te castiguen —frunce el ceño y después de un segundo mira de nuevo a su amigo —. Tal vez si se lo pedimos a mi sestra…
—¿Crees que quiera?
—Ella siempre me ayuda, seguro que sí.
—Oh, bueno —sonríe y en un impulso, se levanta del escritorio sólo para ponerle ambas manos en las mejillas.
Iván se deja y sonríe pensando que es eso lo que le está pidiendo hacer. Y aunque no le estaba pidiendo nada, Alfred se siente feliz por ello. Mueve las manos en una torpe caricia y el estómago se le empieza a anudar.
El ruso parpadea porque el niño deja de sonreír, sintiendo algo distinto esta vez con la caricia pero sin entender qué. Se levanta de golpe, separándose del americano.
—Voy a decirle a Katyusha.
Al se queda con los brazos extendidas, un poco descolocado.
—Eh... Yeah... —se lleva las manos detrás de espalda.
oxOXOxo
¿Habían notado que el pequeño Alfred le gusta tocar?
¡Hasta el próximo domingo!
